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'El progreso del amor', de Alice Munro

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El progreso del amor, de Alice Munro. Cuentos. Traducción de Flora Casas. 395 páginas. RBA, 2010

 

Las protagonistas de los cuentos de Alice Munro suelen ser mujeres fuertes, estoicas, abnegadas con la familia y los trabajos en pequeñas ciudades o aldeas, generalmente de Ontario; pero también (y por eso me gustan tanto), son dueñas de una intimidad desconsolada o perpleja, están llenas de secretos chocantes para los convencionalismos de su vida cotidiana, jamás rinden su fuero interno.

 

El talento artístico de estas historias consiste, en gran medida, en el modo en que ambas facetas, el realismo de la vida cotidiana y la expresión de conciencias complejas se iluminan mutuamente; se contraponen, cruzan, separan, mezclan, hablan y callan.

 

La voz que cuenta tiende a la digresión, a los cambios de tiempo, a giros en el punto de vista y en los lugares. Todo ello va añadiendo capas de matices a la historia; hace que la anécdota que nos parecía central, cierta, visible, contante y sonante, se diluya delante de nuestros ojos, se cubra de detalles de una conciencia desconcertante, de todo eso que callan las heroínas, dando paso, casi sin darnos cuenta, a una realidad totalmente distinta, que ya no es ni la vida cotidiana ni los deseos íntimos de los personajes, sino una realidad superior, la realidad única del relato.

 

Es un modo de contar elusivo, fragmentario y, en gran medida, anticanónico para cierta tradición del cuento moderno, tal y como lo conocemos desde Edgar Allan Poe. El procedimiento de la Sra. Munro dispersa el foco en vez de concentrarlo, va desplazando el centro de la historia, indistintamente, de lo real a lo psicológico, cubre

emociones y conflictos turbulentos bajo los matices de una disección psicológica prolija y aséptica.

 

El placer estético que producen no es la sorpresa sino el silencio: esa "página en blanco"  a la que se refiere Isak Dinesen como la página más importante de los cuentos. En el caso de los cuentos de la señora Munro, la "página en blanco" está hecha del hueco abierto al pasar de lo visible a lo íntimo: esa falla elocuente y matizada entre lo que son y lo que hacen estas mujeres laboriosas y resistentes hechas para cuidar de la granja, atender el colmado, mantener a los niños tras un divorcio, o ser "segundo plato" de hombres egoístas y toscos. 

 

El tema de los cuentos de Alice Munro siempre es el mismo: las relaciones humanas; de pareja, familiares, entre vecinos... En todos, se da el dilema moral entre la entrega a los demás y la entrega a los propios sueños. Las heroínas de estos cuentos suelen resolverlo así: entregándose impecablemente a la vida que se espera de ellas y preservando herméticamente un fuero de secretos. A veces, también, experimentan un cambio de prioridades, rompen los lazos familiares y desafían a las convenciones, pero, curiosamente, acaban reconociendo que se equivocaron, como la protagonista de El progreso del amor, el cuento que da título a esta nueva colección de la señora Munro publicada en España.

 

He dicho "curiosamente" porque, para la mentalidad feminista dominante, esta predestinación de las mujeres a la entrega amorosa (amor no sólo erótico, sino en el más amplio sentido: entrega a los demás) es algo sacrílego y repulsivo, máxime si quien lo asume es una mujer. Es una visión estrecha y torpe de los dilemas morales en el arte. Para la señora Munro, el conflicto de sus heroínas no es un problema que ella deba resolver como un juez supremo, sino como artista. Para ella, como para Chejov, Katherine Mansfield, Carson McCullers, Eudora Welty, Raymond Carver, Tobías Wolff y otros autores que me gustan, todos los cuentos tratan sobre dilemas morales a los que nos enfrentamos los seres humanos, pero, a diferencia de un filósofo o un sacerdote, un escritor no busca respuestas morales para esos problemas, sino respuestas estéticas. Dicho de otra forma: un escritor auténtico es fiel únicamente a la voz del cuento y al corazón de sus personajes, y no le preocupa si ambos transgreden o no un código de conducta o un código de formas artísticas. Los cuentos de la señora Munro son bellos y emocionantes precisamente porque sus personajes no responden a las proporciones de la mentalidad convencional, y porque expresan mucho mejor que cualquier discurso o cualquier comportamiento ejemplares las contradicciones de la conducta y los innumerables matices del alma humana. Mira a sus personajes con compasión, no con severidad. En eso, y no en otra cosa, consiste la famosa "ética" de un escritor.

 

Alice Munro (de soltera, Alice Ann Laidlaw) nació en Ontario, en 1931, en una familia de granjeros. Sus antepasados fueron agricultores presbiterianos emigrados de Escocia en época de persecuciones religiosas. La vida puritana característica de los fieles de esta rama del protestantismo ha influido en su sentido del trabajo y, de alguna forma, también en su papel como mujer y como madre, según confiesa la propia Sra. Munro en esta recomendable entrevista publicada por el diario La Vanguardia en 2009. Sus cuentos suelen publicarse primero en prestigiosas revistas como The Paris Review, The New Yorker o Atlantic Monthly antes de aparecer en colecciones como Secretos a voces (RBA, 2009), El amor de una mujer generosa o este último El progreso del amor. En 2006, publicó una novela basada en la epopeya de su familia, La vista desde Castle Rock. Ha recibido los premios más prestigiosos de la literatura en lengua inglesa; el último de ellos, el Man Booker International Prize por el conjunto de su obra, en 2009. Suele aparecer en las ternas anuales de candidatos al Premio Nobel.

 

Apreciado lector: si estima en algo mi consejo, hágase con una colección de cuentos de Alice Munro: El progreso del amor es la más reciente, pero en 2009 se publicó Secretos a voces en la misma colección de RBA, lo comentamos en LD Libros y resulta muy accesible en cualquier librería o biblioteca. Disponga una actitud apartada (en casa, la playa o la piscina) y preste toda su atención a estas historias exigentes y matizadas que le devolverán placer y sabiduría con su original voz, su mundo soberano y consecuente y sus personajes entrañables y reservados. Estoy seguro de que la experiencia no le defraudará y, si lo tiene a bien, le agradeceré que me la cuente aquí o en el muro de LD Libros en Facebook.

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comentarios
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1 Nessie, día

Las entradas y reseñas de Víctor siempre me sorprenden. No sólo da gusto leerlas por lo maravillosamente escritas que están, sino que además tienen el don de llamar mi atención sobre libros y autores que, de otra forma, me pasarían totalmente desapercibidos, me temo. Gracias a él he descubierto obras fantásticas, como los cuentos de Isak Dinesen. Y espero conocer a Ms. Munro este otoño; el verano ya no me da para más...

Creo que ahí se descubre si alguien es un buen crítico: cuando es capaz, no ya de hablar con más o menos conocimiento de un libro y su autor, sino cuando logra transmitirnos su entusiasmo, despertar nuestra curiosidad, hacernos vencer nuestros prejuicios y que nos aventuremos por caminos literarios diferentes a nuestros paseos habituales. Víctor lo consigue. Gracias.

2 vikinga, día

En cuanto pueda, no te quepa duda.

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