27 de Febrero de 2012 - 22:32:25 - Víctor Gago - 1 comentario
Hay hijos y también hay hijos de… sus padres. Cuidado con lo que les confías. Eso es lo que, tal vez, pensaría hoy Vladimir Nabokov si viera las precarias notas de la novela en la que trabajaba antes de morir en 1977, publicadas con gran aparato eléctrico y escandalera mayúscula. Hace tres años, los fans del autor de Lolita celebramos la publicación de El original de Laura y los críticos literarios, gente aguafiesta donde la haya, lo lamentaron. El responsable del choque de sensibilidades fue Dimitri Nabokov. En vez de destruir las fichas en las que su padre bocetó a lápiz la novela, tal y como este encareció antes de morir a su esposa, Dimitri las publicó en 2009. Claro que, tampoco la fidelísima había cumplido con lo dispuesto por el genio que tenía por marido y, así, Vera falleció en 1991, con el manuscrito intacto y tentador. Aquí, el que no corre, vuela. Dimitri Nikolaievich Vladimir, hijo único de la pareja, ha fallecido el pasado miércoles 22 de
febrero a los 77 años de edad en Vevey, Suiza, debido a las complicaciones de una infección pulmonar que le mantenía hospitalizado desde finales de enero.
Cantante de ópera, piloto de coches de carreras, alpinista, vividor y, sobre todo, avispado administrador de los royalties generados por las novelas de su padre, Dimitri dejó publicadas unas memorias, Revisiting father’s room, en las que desmonta la leyenda de hombre autista y gélido que rodeaba a su padre y lo muestra como un genio afable y dotado de un agudo sentido del humor. Esto último, lo del sentido del humor, es algo en lo que no necesitábamos ser ilustrados sus devotos, con estampas de la vida familiar, pues si algo descuella en sus novelas y sus cuentos es el filoso y metálico resplandor del vitriolo. A diferencia de su padre, que vivía con una entrega prácticamente monacal sus dos pasiones, la entomología y la literatura, su hijo Dimitri apuró una variada gama de cálices. Con sus casi dos metros de estatura, su eslava presencia en el escenario de la Scala de Milán, donde llegó a cantar junto a Pavarotti, era tan imponente como la de su padre con pantalones cortos de explorador, salakov y una red para cazar mariposas. En 1986, publicó El hechicero, un relato de la etapa rusa de su padre que se reveló como el antecedente juvenil de Lolita. Lo de El original de Laura era otra cosa. Se trataba, no de un texto acabado, sino de un embrión de novela. Pero, ¡cuánto disfrutamos sus admiradores examinando cada palmo de la cocina de una imaginación portentosa, observando el nacimiento de una trama, el meticuloso dibujo de los personajes, la pulcritud genial con la que el lápiz del escritor iba paladeando las palabras!
En las memorias de su vida como hijo de un genio, Dimitri evoca la última conversación con su padre, días antes de su muerte. Lo vio llorar porque ya no podría perseguir una rara especie de mariposa que frecuentaba los Alpes en aquella estación del año. Le molestaba dejar este mundo sin capturar ese ejemplar. Persiguió lo extraño y lo deslumbrante con su cazamariposas y con el lápiz, del que salieron algunas de las ficciones más cercanas a la perfección escritas en nuestro tiempo.
22 de Febrero de 2012 - 18:10:31 - Víctor Gago - 4 comentarios
Es sabido: una de las cuatro versiones supervivientes de El Grito de Edvard Munch se subastará el próximo 2 de mayo en Nueva York. Data de 1895, dos años después de que el artista noruego presentara el primero de sus Gritos, considerada "la imagen definitoria de la modernidad" y hoy reutilizada como un icono pop en Los Simpson o en las películas de la serie Scream.
Pintado al pastel sobre una tela, la pequeña pieza propiedad del empresario Peter Olsen es la que presenta los colores más vivos y la única en manos de un coleccionista privado. Hay versiones de El Grito en el Museo Nacional de Noruega (la primera de 1893, robada en 1994 y recuperada un año después); y en el Museo Edward Munch de Oslo (otra de 1893 y una más de 1910, esta última robada en 2004 y recuperada al año siguiente).
Sotheby's ya ha seleccionado a la selecta docena de coleccionistas que pujarán por el cuadro y estima que el precio de salida estará en torno a los 80 millones de dólares. "¿Quién querría tenerlo en casa?", bromea la señora Rachel Campbell Johnson, crítico de arte de The Times, a propósito de la atmósfera de paranoia y angustia concentrada en esta imagen autobiográfica. "La enfermedad y la locura fueron los negros ángeles de la guarda en mi cuna", escribió Munch, precursor del expresionismo y hombre atormentado y proclive a la depresión, como sus coterráneos escandinavos Ibsen y Strindberg.
Menos sabido es que la versión de El Grito que se subastará el próximo 2 de mayo la pintó Munch para ilustrar un poema propio, en el que evoca la composición de su cuadro más famoso.
Pido perdón por una traducción del inglés carente de la menor gracia literaria:
"Estaba paseando con dos amigos. El sol se ponía. El cielo se volvió de un rojo sangriento. Sentí un vahído de melancolía. Me sentía mortalmente cansado sobre el fiordo azul y negro. De la ciudad colgaban sangre y lenguas de fuego. Mis amigos siguieron caminando. Yo me quedé atrás, estremecido de ansiedad. Sentí el gran grito en la naturaleza".
Ciertamente, Munch no era lo que se dice la alegría de la huerta escandinava. Pero gracias a sus propias palabras, hoy sabemos un poco más de una imagen que no deja de irradiar misterio, más de cien años después de ser inventada.
(Nota: la imagen que ilustra este post corresponde a la versión de El Grito que será subastada el próximo 2 de mayo en Nueva York)
20 de Febrero de 2012 - 13:13:54 - Mario Noya - 2 comentarios
¡Malo malo malo!, no, ¡NO!, eso no se toca.
Pero no hacían caso a sus madres cuando niños, nuestros gobernantes estupendos, de vocación controlaores. Así que es normal que traten de salir de la crisis que padecemos por su culpa, por su culpa, por su gran culpa con más de lo mismo: dirigismo, intervencionismo hasta en la sopa, saqueo inmisericorde del españolito/europeo/norteamericano medio.
Rallo los tiene calados desde hace tanto... Y como ellos no se cansan de vendernos sus mulas matalonas, él igual insiste en que con estos salvadores no hay manera de salir del pozo.

La entrevista de la semana versará sobre su más reciente libro, Los errores de la vieja economía, una minuciosa refutación de la Biblia de los intervencionistas de todos los partidos, la Teoría general de Keynes.
¿Ruegos, preguntas, comentarios?
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Los audios de la semana pasada: el del programa completo y el de la entrevista con Ignacio Sánchez Cámara a cuenta de su libro La familia. La institución de la vida.
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Lecturas. The world America made, de Robert Kagan. Qué buenos son los libros de este hombre, al que igual han leído dos de sus numerosos detractores.
13 de Febrero de 2012 - 15:01:47 - Mario Noya - 1 comentario
Con la razón buscaba un Dios racional, que iba desvaneciéndose por ser pura idea, y así paraba en el Dios Nada á que el panteismo conduce, y en un puro fenomenismo, raiz de todo sentimiento de vacío. Y no sentía al Dios vivo, que habita en nosotros, y que se nos revela por actos de caridad y no por vanos conceptos de soberbia. Hasta que llamó á mi corazón, y me metió en angustias de muerte.
Unamuno, ¡que me quitan mi yo!, fue el eje de la entrevista que mantuve el viernes en la noche con el padre García Nuño, y que emitimos el sábado en la tarde y bien de mañana el domingo. Una entrevista distinta, quizá. Extraña y prójima, que diría el Sentidor.
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Aquí, el audio del programa completo... ¡Y aquí, clic y clic, los de la semana pasada! ¡Mil perdones por el retraso!
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Lecturas: El escalofriante Tierras de sangre de Timothy Snyder y The world America made, del siempre provechoso Robert Kagan.
7 de Febrero de 2012 - 20:56:51 - Víctor Gago - 5 comentarios

Es fama que, en noches de insomnio, abandonaba su casa de Bloomsbury y caminaba durante horas hasta salirse de Londres. A esas horas, las calles ruidosas, mugrientas y enfangadas que subrayan las desdichas de sus personajes lucirían silenciosas y lóbregas.
El escritor más famoso del mundo, cuyas lecturas públicas en atestados salones provocan desmayos de damas, pasea a grandes zancadas, enfebrecido, por un fantasmal Londres victoriano. En el sueño del hogar han quedado Catherine, su esposa, y sus diez hijos. La energía de Dickens no está hecha para la vida ordenada del padre de familia.
El niño pobre y típicamente dickensiano que él mismo fue, empleado infantil en una fábrica de betún, con un padre que entraba y salía de prisión, con una familia acostumbrada a una precaria supervivencia, se juramentó para conseguirlo todo de aquella ciudad feroz en algún momento de sus lecturas juveniles de El Quijote, de las novelas españolas de pícaros, de Los viajes de Gulliver, de Robinson Crusoe y del Tristram Shandy.
La energía de Dickens esculpió en el barro y el hollín el alma brutal y a veces compasiva de la ciudad. Fue un caricato genial, un humorista ingenioso, un observador agudo, un reformador comprometido, un crítico implacable de los vicios y los abusos del Estado. Dickens no estaba interesado en la singularidad psicológica, en la innovación formal o en los significados sutiles, y por eso exasperaba a Henry James o suscitaba el desdén aristocrático de Virginia Woolf. Dickens es el contador de historias instintivo y torrencial que convierte los conflictos sociales en dilemas morales individuales. La violencia y la injusticia del mundo en el que viven los miserables de sus novelas exigen no un lenguaje impresionista como el de James ("La novela es una impresión directa y personal de la vida", dijo el autor de La copa dorada), sino el trazo del sumario y la sátira, quizá un material algo más tosco que el lenguaje sutil y la orfebrería del alma de su coetánea Elizabeth Gaskell, pero sin duda el único capaz de extraer un sentido de las penalidades humanas. Y, no obstante, cuando, en 1852, Dickens inicia la publicación seriada de la que será su obra maestra absoluta, Bleak house (Casa desolada), su estilo se transforma y su genio demuestra que es capaz de superar en profundidad psicológica y riqueza de la trama a todos los innovadores, frente a los cuales Dickens siempre ha sido considerado un autor popular y superficial. Es curioso, pero, en nuestra literatura, también Galdós fue calificado como autor "garbancero" por autores con una vocación innovadora sincera y hasta cumplida pero que no han resistido el dictamen del tiempo con la entereza del creador de Miau.
Con Casa desolada, Dickens mostró mucho antes que Sartre que las palabras son actos y tienen consecuencias. Su demoledor retrato del sistema judicial británico inspiró una corriente de opinión pública que acabaría obligando al Gobierno a reformarlo en 1870. Pero su mayor efecto fue de naturaleza literaria. Casa desolada anticipa el arte de la novela del siglo XX y prefigura su tema principal: el individuo de la ciudad, solo, mugriento y aplastado por la violencia, la sinrazón y el poder, ese individuo que, a pesar de todo, no ceja en su empeño de caminar a través de la noche, en busca del sentido.
1 de Febrero de 2012 - 12:12:39 - Mario Noya - 4 comentarios
¿"Silenciosa"? Me parece que será la primera pregunta que haremos a Juan Pablo Cardenal, uno de los autores –el otro es Heriberto Araújo– de este libro por tantas razones recomendable, y que el maestro Florentino Portero juzgó uno de los cinco mejores de 2011.
Como siempre, se admiten ruegos, preguntas, digresiones, comentarios. En Comentarios o en el muro de nuestra página en Facebook.

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¡Los audios del sábado! El de la entrevista al maldito Jesús Laínz (Desde Santurce a Bizancio) y el del programa completo, con bien de Gina y Carmen y Víctor y Dickens y más.
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"El sector editorial español publicó más de 103.000 títulos en 2011"
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Lecturas: Bruce Bawer. Intensivo.

