Conectados

Noviembre 2011


7 vidas

28 de Noviembre de 2011 - 09:16:38 - Carmen Carbonell - 0 comentarios

Ya se ha estrenado la que promete ser la película de las Navidades: El gato con botas. La enorme promoción que acompaña a este filme ha sido aprovechada por varias editoriales para sacar, o rescatar, libros con temática felina (¡bien por ellos!).

Para homenajear a estos entrañables animales, les ofrecemos 7 títulos con los que complementar la película, que probablemente verán (bien por su propia iniciativa o bien obligados por algún hijo, sobrino, nieto, primo... o cualquier niño que tengan cerca).

1. El gato con botas, Charles Perrault con ilustraciones de Javier Zabala, Nórdica Libros, 2011

Gato con botas

La historia clásica, la de toda la vida, la de Charles Perrault. A partir de este cuento surge el personaje de la película de dibujos que sirve de excusa para este post. Pero no tiene mucho más que ver este cuento con el filme. Ni las botas tienen propiedades mágicas ni el Marqués de Carabás aparece en la película. Por eso deben leer este libro, si es que no lo han hecho ya. Las ilustraciones de esta edición corren a cargo de Javier Zabala (Premio Nacional de Ilustración). Además, es una edición bilingüe, con lo que podemos repasar nuestro francés (o empezar, ¿quién sabe?). Un libro-regalo.

2. Historia del gato Guiña y la gata Morisca, Marta Brunet con ilustraciones de mEy, Veintisiete letritas, 2011

Gato guiña

Un cuento en verso sobre gatitos. Parece ser que es un clásico de la literatura infantil chilena, que yo desconocía. Los niños pequeños se quedan con las rimas a base de repetirlas noche tras noche, a la hora de irse a la cama. Por eso, puede ser una buena lectura antes de dormir. Una historia de amor entre un gato pendenciero y una gata coqueta. ¿Les suena?

3. Óscar y los gatos lunares, Lynda Gené Rymond con ilustraciones de Nicoletta Ceccoli, Thule Ediciones, 2011

Óscar y los gatos lunares

Un gato llamado Óscar (nombre muy recurrente en los mininos) acaba en la Luna, con unos amiguetes que nos saludan desde la portada, bebiendo leche de un cráter. Así son los selenitas, ¡y el espacio sigue sin conquistar!

4. Dewey: ¡Un gato en la biblioteca!, Vicky Myron y Brett Witter con ilustraciones de Steve James, Edebé, 2011

Dewey, un gato en la biblioteca

Libros y gatos. Comprenderán que me encante este libro. Y además está basado en una historia real. Dewey apareció en el buzón de devoluciones de libros de la Biblioteca Pública de Spencer y lo adoptó la bibliotecaria -Vicki Myron-, que escribió este libro cuando se jubiló. Existe una edición para mayores, de 2009. La de pequeños cuenta con tipografía en letra manuscrita, perfecta para que aprendan a leer.

5. Gatito y sus amigos, VVAA, MacMillan, 2011

Gatito y sus amigos

Libro de gatos con el que los bebés aprenden las texturas acariciando el pelaje de los cachorritos. Este libro es menudo en cuanto a tamaño y en cuanto a contenido. Contiene 5 retales de peluche que imitan el pelo del animal. Es de cartón y puede ser manejado fácilmente por bebés. Perfecto para que cuando crezcan empiecen a pedir una mascota. Abstenerse aquellos padres que no deseen oir lo de "¡Cómprame un gatito!".

6. Mi pequeño libro de gatitos, VV.AA. Usborne, 2011

Mi pequeño libro de gatitos

También para bebés de más de 6 meses. Apenas 10 páginas de cartón con las monerías típicas de los gatitos: que si salta, que si duerme, que si se lava, que si  come, que si juega... con los que aprenderán sus primeras palabras y a volver a gritar: "¡Cómprame un gatito!".

7. La puerta de los tres cerrojos, Sonia Fernández Vidal. La Galera, 2011.

La puerta de los tres cerrojos

Un gato es el protagonista indirecto de este libro, enfocado en los jóvenes, que combina la física cuántica con las aventuras. ¿Es esto posible? Pues eso cree la autora, que traslada el experimento del gato de Schrödinger a las páginas de esta novela.

***

Hay muchos más: Gatos para dummies, Los gatitos dormilones o Gaturro y los piratas del tesoro perdido también se cuentan entre mis favoritos. Pero los gatos sólo tienen 7 vidas y en este post sólo voy a hacer 7 recomendaciones. Miau.

¿Quién mató a Efialtes?

26 de Noviembre de 2011 - 15:13:43 - Víctor Gago - 0 comentarios

Esta novela trata del fracaso de la verdad como virtud cívica. Habla del conocimiento y de sus promesas incumplidas. Su tema principal es la razón que puede hacernos libres y nos hace inútiles, en una sociedad que prefiere la mentira y venera a demagogos y pornógrafos sentimentalistas; el saber que tiende a la justicia y realiza la corrupción; el escepticismo que debería inspirarnos humildad y nos vuelve superficiales; la curiosidad que podría alentarnos a la compasión y nos envenena de relativismo. 

Esta novela trata del amor a los hechos y del triunfo aplastante de las ocurrencias. 

Los hechos de ¿Quién mató a Efialtes?, segunda novela publicada por el señor Emilio Campmany (Madrid, 1958), son históricos. Su punto de vista, su trama y sus dilemas morales son contemporáneos. Es una novela de entretenimiento y también es una novela de tesis. Novela histórica y novela detectivesca, sí; pero también (y creo, humildemente, que sobre todo), novela de ideas: ideas sobre la naturaleza del poder y sobre el lugar de la verdad en las sociedades democráticas. 

Se narra, aquí, el asesinato de Efialtes, líder del Partido Democrático en la Atenas de Pericles (495-429 a. C.), un político radical y demagógico que consigue el favor de los atenienses, y las pesquisas para esclarecer el caso llevadas a cabo por Esteságoras, un aristócrata bien considerado por su inteligencia y ecuanimidad al que la Asamblea democrática encomienda la investigación. El relato, contado en primera persona por un Esteságoras enfermo y moribundo, nos presenta también a su inseparable compañera, Magnesia, que le ayudará en la investigación, componiendo, juntos, un tándem clásico de las novelas detectivescas.

Si uno de los grandes temas de la tradición occidental, desde Antígona, es la disyuntiva de amar la verdad o cumplir ante todo la ley, entonces, creo que esta novela se inscribe conscientemente en esa caudalosa corriente. Lo hace, claro, con una mentalidad moderna, es decir, escéptica. No ve solución para ese dilema. O, si la hay, es siempre una solución individualista, trágica, incomunicable, irrelevante para el bien común. 

Lo moderno de esta novela es lo moderno que hay en Shakespeare, Coleridge o Kafka, por poner tres ejemplos muy distintos que tienen algo en común: la intuición o la certeza de que la búsqueda de la verdad paraliza al individuo, lo convierte en un ser negado para la acción, porque la acción, que es lo característico de la política, es una forma de la mentira.

Es el dilema que atenaza a Hamlet, por ejemplo: pensar o actuar. Ser fiel a la verdad o serlo a los actos que se esperan de un ciudadano virtuoso. Es, también, la incapacidad de actuar de Sweeney agonista, de T. S. Eliot o de los personajes de Fin de Partida, de S. Beckett

El lúcido relator moderno -precisamente porque ama la verdad- es un ser negado para el drama, advierte el señor George Steiner en su indispensable Antígonas.

¿Y qué es la política, particularmente la política democrática, sino un fastuoso espectáculo teatral? "Hay algo intrínsecamente innoble en toda acción", escribe Coleridge, para quien actuar es siempre tomar partido por el propio interés, y no necesariamente por la verdad. El mandato de Santa Teresa de "andar en la Verdad", esa síntesis deslumbrante, solo posible en la contextura poética y espiritual española, que resuelve de manera tan brillante el dilema de actuar o saber, es inconcebible para una mentalidad típicamente moderna, escindida, como la de Esteságoras, el narrador de ¿Quién mató a Efialtes?, que acaba asumiento que "quizá en política haya que tener el valor de llegar hasta el final, con justicia o sin ella", un precepto que él mismo es incapaz de seguir, pues, como hombre de razón, ama la verdad, pero como escéptico de la política, sabe que la verdad no regenerará una democracia corrupta ni abrirá los ojos a un pueblo voluntariamente servil.

Me atrevo a decir que la elección de la Atenas de Pericles como escenario del relato no obedece solo a una personal afición del autor por este periodo. Más bien, creo que es el tema lo que le ha guiado hasta el escenario. Su idea del fracaso de la razón en las sociedades populistas o democráticas no podría haberse desplegado con más potencia simbólica que en la cuna de ambas, del racionalismo y de la democracia.

El muestrario de detalles históricos es notable. El autor ilustra cómo vivían, paseaban, vestían, discutían o se divertían los atenienses del siglo V a.C. Su dominio de las opiniones políticas, de los debates que encendían al pueblo, las intrigas de sus dirigentes políticos, las ideas filosóficas y el gusto artístico de la época sostienen con verosimilitud la acción de los personajes.

Pero, en mi opinión, creo que el lector de esta novela advertirá con facilidad que el autor no ha querido escribir una novela de época, sino, ante todo, una novela de ideas que resulte entretenida.

Su narrador no piensa ni habla como un aristócrata contemporáneo de Pericles, sino como un detective racionalista que investiga un asesinato. Su aristocracia es de la inteligencia y su voz es contemporánea nuestra.

El procedimiento es, digamos, opuesto al de Robert Graves con Yo, Claudio, aunque el resultado sea, en uno y otro caso, novelas que sugieren una reflexión moderna sobre la naturaleza del poder.

Si Graves sitúa a sus personajes en la Roma imperial como consecuencia de una larga dedicación de estudioso a la literatura clásica, el señor Campmany sitúa a los suyos en la Atenas de Pericles para componer una fábula sobre la democracia como régimen de opinión pública incompatible con la verdad. 

Graves llega a la novela histórica por los mitos; el señor Campmany lo hace por la reflexión sobre el orden social.

Graves, sin dejar de ser fiel a la hechura clásica, pone el acento en los personajes, en su complejidad psicológica; el señor Campmany, sin dejar de ser fiel a las hechuras clásicas de los dos géneros en los que simultáneamente se mueve, historicista y policiaco, resulta más sugestivo por la actualidad de las ideas que plantea en su novela.

Personalmente, habría disfrutado aún más con esta novela si, en algún que otro pasaje, no pareciera que, por momentos, la reflexión ahoga el movimiento de los personajes y suspende la trama.

También animaría a su autor a soltarse un poco más con el retrato de los personajes: a definirlos y comprenderlos en una humanidad más matizada y contradictoria, a no guiarlos, sino a dejarse guiar por su misterio.

Por ejemplo, en el capítulo en el que Magnesia le cuenta a Esteságoras la historia del Rey Creso de Lidia (una escena crucial, a mi juicio, en el retrato de los dos protagonistas de esta novela), me saben a poco los detalles físicos de la escena y creo que la historia contada por la heroína daba para un desarrollo más abierto, menos sujeto al plan de que la acción y el habla del personaje lleven a una conclusión clara sobre el tema, en este caso, sobre el escepticismo de Esteságoras ante los vaticinios de los oráculos, que es sobre lo que hablan los dos protagonistas en este pasaje.

La visión de Magnesia acogiendo a un Esteságoras fatigado y melancólico para contarle un cuento lleva la semilla de los grandes momentos, esos en los que Sherezade, o cualquiera, empieza a contar una historia con el propósito de aplazar la muerte.

La situación pedía a gritos, a mi juicio, que el narrador respetara el misterio, que no lo esclareciese moralmente, y que el propio cuento dejara paso al silencio, como en las historias de Isak Dinesen, que siempre comienzan después del punto final y quedan como suspendidas en un hueco que ellas mismas han abierto.

Acariciad los detalles, recomendaba V. Nabokov a sus alumnos en Cornell. Se lo pedía a los lectores, pero solo porque antes se lo había exigido a sí mismo como escritor de historias.

También yo se lo pido a los escritores que me gustan.

Que sean morosos en los detalles (la mano de Magnesia jugando con los rizos de Esteságoras al empezar a contarle un cuento...¿Cómo era? ¿Qué textura y color tenía? ¿Algún anillo?), que hagan hablar los detalles, que cuenten un cuento misterioso hecho solo de detalles, que no teman a la digresión de los detalles, que los vean, que los acaricien y consigan que sus lectores los acariciemos.

No hay nada más verdadero que el momento en que alguien empieza a contarme un cuento. Ese momento es sagrado. Hay que respetar su misterio. Acariciarlo.

En lo fundamental, he descubierto en las páginas de ¿Quién mató a Efialtes? a un novelista que sabe contar historias y que tiene una mirada lúcida sobre el individuo y la sociedad. Regresaré sobre sus pasos y leeré próximamente Operación Chaplin, su anterior novela, galardonada con el Premio Río Manzanares, basada en los hechos del atentado contra el ex presidente del Gobierno, señor Aznar, en 1995. 

En el programa LD Libros de esta semana, hemos hablado con el señor Emilio Campmany, quien, como saben todos los lectores de Libertad Digital, es comentarista político de este diario y también en los principales programas de actualidad de esRadio y Libertad Digital TV. Su estilo es preciso y sobrio, y sus puntos de vista resultan esclarecedores por su fidelidad a los hechos, su capacidad para seleccionar lo relevante, su sólida argumentación y la independencia de su criterio.

Confío en que la conversación radiofónica anime a quienes ya disfrutan de sus comentarios periodísticos a disfrutar también con la lectura de la nueva novela del señor Campmany.

Día de las Librerías

24 de Noviembre de 2011 - 07:42:00 - Carmen Carbonell - 1 comentario

Día de las librerías

Este viernes, 25 de noviembre, se celebra el Día de las Librerías por primera vez en España. Me sorprende que no tuvieran aún un día propio, habíendo días de todo. Bueno, pues ya lo tienen.

Así que este viernes, para celebrar su DÍA, abrirán hasta las 22.00 horas todos los establecimientos que pertenezcan a Cegal (a saber, la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros), que es la entidad organizadora del sarao.

Con esta jornada, según cuentan, pretenden reafirmar la relación del lector con el librero, y apoyar su labor en nuestra sociedad. Labor que, por cierto, puede verse recompensada con noticias como ésta.

¿Habrá descuentos ese día?, se preguntarán ustedes. Pues no lo especifican, pero esperamos que sí. Aunque, como sabrán, la ley solo permite un máximo de un 5% de descuento. Según parece, esto busca favorecer la competencia justa entre las grandes superficies y el pequeño comercio. Pues ya me dirán qué justa es esta medida que perjudica al consumidor. Por suerte hay algún libro gratis, a cero euros, total free, disponible en el Proyecto Gutenberg.

Pues que ustedes lo celebren bien. Y si puede ser leyendo, mejor. Ya lo dice el Grupo Risa: LEER PARA CREER.


Y... se hace sabeeeeeeeeeeeeeeer, por orden del director de este programaaaaaaaaaa, que está ya disponible el audio del programa de la semana pasada, en el que entrevistamos a Pedro J. Ramírez.

Aquí la entrevista, y aquí el programa completo.

A la vista

20 de Noviembre de 2011 - 21:18:40 - Víctor Gago - 0 comentarios

Del señor Daniel Sada hablamos en LD Libros  el año pasado por la publicación de Ese modo que colma, un libro de cuentos del que salí hechizado por el festín de su lenguaje: al mismo tiempo barroco y coloquial, torrencial y cortante, un cruce imposible pero real entre Juan Rulfo y José Lezama Lima, o entre Robert Walser y Severo Sarduy, o entre Emilio Gadda y Juan Carlos Onetti; un territorio verbal mestizo y nuevo, con resonancias y también con inocencia; una cosa digna de verse en nuestra lengua.

Acabo de leer la nueva novela del señor Sada (Mexicali, Méjico, 1953). Se titula A la vista porque en ella todo está expuesto, en cueros, a la intemperie, en carne viva: empezando por el narrador, que se entromete e interpola comentarios que nos guían o nos despistan de esta historia de crimen y castigo afincada en el desierto del norte de México.

Ponciano Palma y Sixto Araiza -personajes con nombres de romance popular- matan de cinco disparos ("Dos tiros en la panza, otro en el mero corazón (dizque) y dos en la cabeza para que se muriera tranquilo") a Serafín Farias, su patrón en la empresa de transportes en la que trabajan, un déspota, un explotador y un crédulo. Primero lo embelecan para que compre, a precio de ganga, unas tierras con árboles y saltos de agua cristalina, dicen. Tierras que en realidad están en el desierto y en las que no hay nada, ni árboles ni agua ni un alma: solo una barranca seca.

"Lo estupendo de aquel paraje se limitaba a la eficacia de las palabras", nos dice el narrador. Tate. ¿No es eso lo que hace el narrador en todas las novelas? ¿No es el gran pícaro, el que nos promete un valle fértil a precio de ganga allí donde no hay nada, solo viento, piedras y vanidad?

El narrador de A la vista tiene el cuajo de los grandes embaucadores, es un hablador y un hechicero, un jeta y un filósofo, un cómico de la legua y un orfebre prodigioso. Es el Tío Celerino de Juan Rulfo y es Guzmán de Alfarache. Es José Cemí y el doctor Díaz Grey.

Hay que creerle, vale, lo dicen las normas de urbanidad de la novela, género devastado por el escepticismo moderno, pero él se exhibe adrede, todo el rato, para que nos riamos de las costuras del relato, naif y guiñolesco, vale, pero también, y ahí está el embauque, para recordarnos quién maneja el cotarro y de quién es el planeta verbal en el que hemos caído: un lugar extraño, aparte, una selva de palabras que eluden o merodean lo que nombran y en la que es fácil perderse si no aceptamos las reglas del charlatán embaucador que nos cuenta la historia.

Las andanzas de Ponciano Palma y Sixto Araiza por el México salvaje y desértico, en el que Daniel Sada edifica el portentoso edificio verbal que le distingue dentro de la lengua española, dan lugar a episodios extraños, entre la comedia y la pesadilla. Léase el velatorio del cadáver de la anciana Raquelita, trasladado al jardín y cubierto con una manta para disuadir a los buitres, porque en la casa solo hay una cama que Ponciano y Noemí comparten en turnos de media hora.

Imágenes con resonancias surrealistas que recuerdan a las fotografías de Manuel Álvarez Bravo o a los cuadros de Leonora Carrington, pero verbalizadas con un lenguaje denso y elusivo, que cubre lo que está a la vista: la violencia, la muerte, el desierto, la miseria, y lo transforma en "una realidad colmada de albricias y colores y placeres delirantes". Después de todo, "la vida es un engaño con aura de fascinación enloquecida", nos dice el gran embaucador.

Descubrí las historias del señor Sada por casualidad, a través de un camino muy secundario y caprichoso, como casi todo lo que leo por primera vez y luego me gusta mucho y convierto en monotema de emails con los amigos y tuits y citas en el muro de Facebook. Hasta que hago otro descubrimiento, y entonces dejo reposar un poco a lo sublime anterior. Y así, en este plan, todo lo que uno va leyendo. Daniel Sada había ganado el Herralde en 2008 con una novela titulada Casi nunca, pero yo, ni caso, ni flores, no sé ni lo que estaba leyendo en 2008, probablemente alguna cosa triste y profunda sobre los huesos.

Una cita de Roberto Bolaño (otro monotema total), leída por puro azar, o no, mientras buscaba un libro que comprar, me lo puso en bandeja. Dice así:

"Sada, sin duda, está escribiendo una de las obras más ambiciosas de nuestro español, parangonable únicamente con la obra de Lezama, aunque el barroco de Lezama, como sabemos, tiene la escenografía del trópico, que se presta bastante bien a un ejercicio barroco, y el barroco de Sada sucede en el desierto"

Para qué más.

Rosie Inguanzo, la mujer del coronel Montaner

15 de Noviembre de 2011 - 11:42:44 - Mario Noya - 1 comentario

Nuestro querido y admirado Carlos Alberto nos hace llegar este vídeo con la presentación dramatizada de su más reciente novela en la Feria del Libro de Miami. Habla, Rosie. ¡Habla!

***

Los audios del sábado: el de la entrevista con Xavier Roig (La dictadura de la incompetencia) y el del programa al completo: (Carmen + Gina + Gago +).

***

Por qué leer

La lectura de los grandes autores me enseña que nunca he dejado de ser un bárbaro, un ignorante, un imperfecto de gran categoría, y que nadie piense que me vanaglorio. Carezco de paz interior, la lectura no me la ha aportado. No acuso de ello a los libros.

Charles Dantzig.

***

Lecturas: la Historia patriótica de España de José María Marco. Próximamente, la entrevista.

Quién mató a Carrero. Quién empujó

7 de Noviembre de 2011 - 13:46:36 - Mario Noya - 0 comentarios

"Veinte indicios (al menos) de que el asesinato del 20-D se pudo evitar. Y veinte sospechas (hay más) de que ETA no actuó sola". Ernesto Villar, Todos quieren matar a Carrero, p 261.

El sábado entrevistamos a Ernesto Villar. Esto es lo que dio de sí la entrevista.

El audio del programa completo: Murakami + Pushkin + Semillas de gracia + leer en el baño + un aforismo + los manejos de la Academia.

***

Lecturas: La noche hambrienta, de Rafael Balanzá ("Soy feliz a regañadientes").

Libros en Halloween

2 de Noviembre de 2011 - 10:25:21 - Carmen Carbonell - 0 comentarios

Si usted ha acabado en este post pensando que vamos a hablar de la literatura propia de estas ¿entrañables? fechas, se equivoca.

Hoy mostramos una ocurrencia, prestada del blog {cbda}, que a su vez tomó prestada de otra bitácora, ésta. Y nosotros lo reproducimos (¡por su interés!), porque los libros no solo son para leer.

Voilá.

CalabazaLibro

En formato RSS© Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899