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Enero 2010


Álvaro Vargas Llosa, lecciones para derrotar la pobreza

30 de Enero de 2010 - 20:48:08 - Víctor Gago - 6 comentarios

T2, P20

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(1:18)

Esta semana, preguntamos por los libros que les habría gustado escribir. Algunos de ustedes han respondido en el Muro de LD Libros en Facebook: 1984 (Señorita Pepis Millenium); A sangre fría (Amador Navarro Morales); Matar un ruiseñor (Carmen Pulín) y la saga de Harry Potter (Carmen Pulín, también, pero en su versión utilitarista, secundada por Carmen Carbonell),…

Mario se sorprende de que nadie haya anotado que le habría gustado escribir la Biblia, el Talmud, el Quijote. Nadie, tampoco, “se ha pedido Shakespeare”.

Carmen se abstiene en esta consulta. “La verdad es que yo nunca he querido ser escritora”. Una razón inapelable.

Mario

Del amanecer a la decadencia (Jacques Barzun) – Un libro que Mario no ha terminado de leer, ni falta que le hace.  En 1.200 páginas, “un libro sabio y erudito que sabe y quiere hacer saber, con elegancia”, la historia cultural de la civilización moderna, entre 1500 y la época contemporánea. La decantación de un siglo de vida, la vida de su autor, que tiene actualmente 103 años de edad- ; Sombras sobre el Hudson (Isaac Bashevis Singer) – “Qué fue de los judíos establecidos en Estados Unidos después de la II Guerra Mundial - ; Ensayos (Montaigne) – un clásico del género ensayístico, de cuando “la gente no sentada cátedra, sino que ensayaba sus conocimientos”-

Víctor

Episodios Nacionales (Galdós); El hacedor (Borges); Cántico espiritual (San Juan de La Cruz)

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(8:16)

Hemos leído Esencia y hermosura, antología de textos de María Zambrano preparada por José-Miguel Ullán  (fallecido poco después de entregar este trabajo a Galaxia Gutemberg-Círculo de Lectores). La edición incluye un “relato prologal” del propio Ullán, memoria de su amistad con la autora de Claros del bosque, El hombre y lo divino y Horizonte del liberalismo, entre otros textos cenitales de la teoría literaria y la crítica de las mentalidades. Zambrano (1909-1991) gustará a quien se interese por la poesía y resultará hermética a quien piense en ella sólo como una discípula de Ortega y espere encontrar una continuidad de los temas que preocuparon a su maestro. La antología contiene lo más significativo y de mayor calidad literaria del pensamiento de María Zambrano. El prólogo de Ullán nos regala una visión íntima de una maestra de la conversación, una mujer que vivió con fidelidad al rigor poético e hizo de su exilio un acicate para amar a España, indagando en las causas de su tragedia.

Mario reseña El Tercer Reich y los judíos, de Saul Frïedlander. Consta de dos volúmenes: Los años de la persecución: 1933-1939, y Los años del exterminio: 1939-1945. Más de 1.700 páginas, que “contienen toda una vida de pesquisas y saberes”, según adelanta Mario. Su autor es un judío de origen checo,  nacido en 1932. Perdió a sus padres en Austzwich. En esta obra se nos muestra “exhaustivo”, sin dejar de ser “claro y didáctivo” en cada página. Aborda las cuestiones “espinosas o controvertidas con la seguridad del que sabe después de mucho estudiar”. Mario destaca que, “sin cargar las tintas”, El Tercer Reich y los judíos “lo dice todo sobre el papel de las distintas iglesias y sociedades en aquellos años de infamia, horror y asco. Que nadie se llame a engaño y que nadie saque pecho de nada”, advierte el director del programa. “Vamos a dejar de exculpar a Iglesias e instituciones porque todos lo hicieron mal”. Un libro “modélico” en su método historiográfico.

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(16:01)

La corresponsalía itinerante recala esta semana en Edimburgo, donde reside Ana Rodríguez Herrera. De sus lecturas recientes, nos recomienda una biografía de Somerset Maugham, libro que, a su vez, acaba de conducirla a una de las obras del autor inglés, Don Fernando. Se trata de una investigación en el Siglo de Oro de la literatura española, en los autores y costumbres de la época. Son notas que Maugham escribió para una novela que no llegó a escribir. Ana ha recorrido librerías y leído suplementos literarios, para informarnos de qué se lee y qué se recomienda leer en Escocia. Al parecer el público ha dejado a un lado el placer de la ficción y le ha dado por leer cosas “muy serias”, según nos cuenta nuestra corresponsal. Mucha biografía. Y entre los autores de ficción nativos, Ana Rodríguez Herrera destaca a Alexander McCall Smith, creador de una singular detective africana y forjador, al parecer, de una especie de nuevo costumbrismo sobre Edimburgo.

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(23:02)

La viajera de LD Libros, Gina Montaner, nos trae esta semana Surviving Paradise. One year on a disappearing island, de Peter Rudiak-Gould. El título lo dice todo: su autor se pasó un año en una remota isla del Pacífico que pertenece al archipiélago de las Marshall. Acababa de graduarse y se arrebató con la idea romántica de perderse en un confín del planeta. Llegó con la expectativa de encontrar un paraíso en la tierra, poblado por gente afable, y la realidad no fue exactamente ésa. Sin perder el sentido del humor, nos relata “lo difícil que resultó la adaptación, en un lugar minúsculo y aislado, donde viven 450 habitantes”.

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(29:08)

Carmen y Mario conversan con Álvaro Vargas Llosa sobre Lecciones de los pobres, su nuevo ensayo. Cinco casos aleccionadores que demuestran que la pobreza puede ser derrotada. ¿Las armas? Esfuerzo, propiedad privada y libertad.  La lección más importante que pueden darnos los pobres que han vencido a la pobreza es que “la empresa no es un mundo elitista y exclusivo, básicamente circunscrito a los poderosos y al poder; al contrario, el ejercicio emprendedor es una práctica cotidiana de millones de personas muy pobres, en todo el mundo, que saben que a través de ese vehículo se derrota a la pobreza”, expone Álvaro Vargas Llosa al comienzo de esta interesante entrevista.

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(45:49)

El ejemplar de esta semana de Don Evo, le habla el Presidente, del Grupo Risa, recae en don Javier Belda Puig, uno de los fieles de LD Libros, tanto en su versión radiada como en la conversación de Facebook.
Un soneto me manda hacer LD
Para ganar a Don Evo y sus historias
No se me ocurre nada más
Que Karmelé y su Tsunami
Sean la preocupación general
De esta nación singular
En la que siete municipios
Se pelean por ser “nuclear”

Ya saben que estamos encantados de recibir reseñas, comentarios, sugerencias y, si se merecen, quejas. Pueden hacerlo por teléfono, dejando un mensaje en el contestador del número 91 400 86 36; o por correo electrónico, a las señas hojadereclamaciones@esradio.fm.

Damos buena cuenta, además, del delicioso pastel de manzana que nos ha traído personalmente doña Valerie Mora. Ha durado lo mismo que un caramelo en la puerta de un colegio.  Muchas gracias, Valerie. Que cunda el ejemplo, amigos.

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(50:18)

Obituario de J.D. Salinger en la contraportada del programa.

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(52:56)

Despedida y cierre. La cita de la semana es de Elías Caneti:
Ninguna escritura es lo suficientemente secreta  como para que el hombre se exprese en ella con veracidad.

De José-Miguel Ullán a María Zambrano, con posdata para Salinger

28 de Enero de 2010 - 23:04:45 - Víctor Gago - 2 comentarios

De José-Miguel Ullán a María Zambrano, en trayectos bidireccionales, cortos y extáticos, llevo días con sus noches; más las noches que sus días, a decir verdad, pues me he vuelto un poco maniático de la luz y últimamente sólo la tolero en lo oscuro y en silencio. "Luz, más luz", vale, pero para ver contornos y hechuras nocturnas, no el solajero ni la barraca de feria. Pura combustión irreciclable, la Visión es un engorro para Greenpeace.

Los poemas póstumos de José-Miguel Ullán (1944-2009) se han reunido con el perturbador título de Tortuga busca tigre. Me encanta el oído de Ullán para las potencias ocultas, transgresoras, del habla, la publicidad, la cultura popular, la jerga política, toda la chatarra del lenguaje que él muda de sitio y de sentido. Es único creando resonancias. "¿Qué tal de resonancias?", cuentan que saludaba José Lezama Lima a los conocidos con quienes se cruzaba en las calles de La Habana. La poesía es el misterio de la resonancia, lo que suena varias veces, sonando cada vez a cosa distinta. Danza de lo que no acaba de ser y lo que acaba de desvanecerse. Fiesta de un nuevo sentido, mitad ojo mitad oído, al que la razón convencional no está invitada. Ullán es capaz de que una frase perdida en un rap de La Mala Rodríguez ––"Deja que te empape, con lo que yo me empapo"–– resuene, transplantada a su propia poesía, como salida de un éxtasis visionario de San Juan de La Cruz. Tortuga busca tigre. Un heptasílabo redondo. La secuencia vocálica (o-u-a-u-a-i-e) tiene una oscura melodía, un sonido como de selva en la noche. Siento debilidad por los animalarios en la literatura y también en la pintura. Hay algo radical y amenazador en las imágenes de animales: representan al otro agazapado en nuestra casa civilizada, el polo acechante de nuestra naturaleza. Los animales, particularmente si son quiméricos, como esa tortuga ecuestre del poeta surrealista César Moro, dan acceso al mundo unitario de lo uno y su opuesto, lo humano y lo animal. En nuestra tradición hispánica, se dan casos excelsos de imaginación animalística: el Bestiario de Cortázar, Punta de Plata de Arreola, el Animalario de Alfonso Reyes, el Manual de zoología fantástica de Borges, las moscas de Monterroso, el caballo de Neruda, el Ocaso de sirenas de Moreno Durand...

El lugar de Ullán es el de esas tradiciones semisecretas y fronterizas; las que, partiendo del clasicismo, juegan en los límites de la forma y el sentido. En autores como él, se verifica el mundo unitario, en el que la poesía y el habla, lo sagrado y lo profano, el cielo y la tierra, giran y resuenan.


De Ullán a María Zambrano (1904-1991), sin salir de ese lugar. El lunes se presentó en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el libro póstumo del poeta salmatino; de ahí, salté al día siguiente a la de Esencia y hermosura, la antología de María Zambrano preparada por el propio Ullán antes de fallecer, publicada por Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores con la acostumbrada morosidad en los detalles. (Dudo mucho de que el eBook pueda llegar a reemplazar la experiencia de tocar esta clase de libros editados con excelencia; de palpar la rugosa textura de sus páginas; de distinguir matices y ecos únicos de cada palabra en su lugar físico sobre el papel).

Este compendio del pensamiento de María Zambrano es acaso el picaporte que hay que girar si uno quiere entrar, y aún no lo ha hecho, en el mundo de una de las pensadoras más originales y fieles a la poesía. La razón poética se expresa en el siglo XX por medio de dos críticos sobrenaturales: uno es T. S. Eliot y la otra es María Zambrano. En esta antología de Ullán está lo esencial de ese extraño sistema filosófico que constituye, en sí mismo, un misterio poético, un largo poema que se razona a sí mismo creando más y más asombro.

Esta antología es un objeto precioso, además, por el "relato prologal" de José-Miguel Ullán, una memoria de su amistad con María Zambrano llena de digresiones, idas y venidas a otros protagonistas del exilio, en la que suena constantemente la voz de María en la intimidad de sus conversaciones, "lo mejor de su obra", según Jorge Guillén. Aunque hablaremos de esta pieza, con toda la extensión y los matices que se nos permita, en el programa de LD Libros de esta semana, destaco aquí la importancia de la conversación, no sólo en el pensamiento de María Zambrano, sino en la formación de las ideas que hemos recibido. Habla y escritura son dos senderos igualmente forjadores de cultura, pero radicalmente opuestos. "María Zambrano le otorgaba una enorme importancia a las maneras de hablar", cuenta José-Miguel Ullán. La de María entremezclaba "en armonía las rotundas y las medias palabras, la premonición y la huella, la confidencia personal y el alarido en nombre de los muertos, las toses y las risas, la plegaria y el refunfuño, el sermón y la travesura, la religión y la filosofía, la poesía y la historia, la amistad y el escarmiento". En un artículo de 1934, "Por qué se escribe", María Zambrano distingue hablar de escribir, por medio de dualidades rotundas: el habla suelta, la escritura retiene; el habla es liberación; la escritura, perdurabilidad. "Escribir es defender la soledad en que se está". A María Zambrano le pareció siempre un insulto que Octavio Paz dijese de ella, con intención de elogio: "Escribe como habla". Ella admiraba a los grandes conversadores, los portadores de la "flauta mágica". De Emilio Prados decía que "tenía el encanto de la palabra. La gente hacía corrillo en la calle para escuchar lo que él contaba. Eso sí lo ha dado España, ¿ves?, el encanto de la flauta mágica. Lo tenía Valle-Inclán. Y Ortega, si hubiera querido. Federico García Lorca también lo tenía". De Antonio Machado decía: "Tenía voz, pero no la usaba". Sobre Lezama: "Hablaba mucho mejor que escribía, si es que esto fuera posible".

Conversar, hoy, ¿tiene sentido? ¿Qué cosa o engendro ha venido a reemplazar al tipo de conversación al que María Zambrano le da tanta importancia, hasta el punto de que, para autores como Jorge Guillén, lo mejor del pensamiento de la autora de Claros del bosque se expresa en sus conversaciones privadas? En las tertulias de radio y televisión, en la tribuna parlamentaria, en las aulas universitarias, en las amistades que cultivamos, ¿qué queda de la conversación franca, matizada y lenta, la conversación que escucha e imagina, forjadora de cultura y de caridad? Cada día llevo peor lo de ir a tertulias, cada día salgo con el alma por los suelos por la cantidad de tonterías que digo, por la incapacidad de decir nada que me represente, nada que no pueda ser dicho por una cacatúa en 30 segundos. Para María Zambrano, el habla nacía de la necesidad; y debía representar de cuerpo entero al hablante.

Pd. Mientras escribo esta nota,  llama Mario para comunicarme que ha muerto J. D. Salinger. El suyo es uno de esos raros casos en que la muerte física de un genio resulta irrelevante. Hace mucho que Salinger decidió morir para la literatura y para el foco de la Opinión Pública. ¿A alguien le importa cómo murió biológicamente Rimbaud? La fecha importante es la que señala su decisión de no volver a escribir un solo verso y dedicarse al tráfico de esclavos en Abisinia. Todos hemos sido maniáticamente devotos de Salinger, en algún momento de nuestras vidas. Quien más quien menos, hemos soñado con peregrinar hasta su refugio, tocar a su puerta y recitar de memoria, antes de que le diera tiampo a sacar su escopeta anti-fans, el diálogo que Seymour Glass y la niña de Un día perfecto para el pez plátano celebran en la playa. Recuerdo que me dio mucha rabia cuando, al ver Magnolia (una película estupenda, dicho sea de paso), había una referencia descarada al concurso "Los niños sabios", del cuento Levantad, carpinteros, las vigas del tejado, y ni siquiera se menciona en los créditos la fuente de inspiración. Salinger es, quizá, el autor que más ha influido en las nuevas generaciones de escritores, y no sólo norteamericanos. Como todos los genios, lo peor es la cantidad de malos epígonos que hay que aguantar. Dudo de que hoy volviera a leer su prosa con la misma fruición que a los 19 años. Temo que hoy llegara a ver algo de misticismo new age donde antes veía iluminación poética, ñoñería infantil donde antes veía niños llenos de misterio y encanto, y diletancia donde antes veía adolescencia rebelde. Temo que sus fábulas pacifistas y su deificación de la infancia llegaran a desencantarme. Todo esto son excusas que me digo para no volver a leer a Salinger y conservar de él, así, el recuerdo de un adictivo universo de mi juventud. Aunque la verdadera razón por la que no he vuelto a leer a Salinger es por ese ejemplar de Raise high the roof beam, carpenters dedicado por una chica de la que estuve perdidamente enamorado y que me regaló en agradecimiento a lo bien que le puse los calcetines y le até los zapatos.

Gloria Lago, la memoria debida

23 de Enero de 2010 - 23:43:33 - Víctor Gago - 6 comentarios

T2, P18

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(1:15)

La encuesta de esta semana versa sobre libros que nos desencantaron al releerlos. Como siempre, ustedes han tenido preferencia en el grupo  LD Libros en Facebook, a lo largo de la semana: Absalon, Absalon (W. Faulkner); Las transformaciones del Estado contemporáneo (García Pelayo), Cien años de soledad (Gabriel García Márquez), Obabakoak (B. Atxaga), Los pilares de la tierra (Ken Follet)...

Aquí van nuestras relecturas chirriantes.
Mario

Gabriela clavo y canela (Jorge Amado): "Una novela exuberante y prolija y rijosa y torrencial como mandan los cánones amadescos, pero, a la hora de releerla, me atasqué", confiesa Mario; La muerte de Ivan Ilich (L. Tolstoi): "A mí me da que el final es un poco tramposo".

Carmen

Los pilares de la tierra (Ken Follet): "Unas historias demasiado enrevesadas, con esa catedral que no se termina nunca", comenta Carmen que sintió al releerlo; Fray Perico y su Borrico (Juan Muñoz): "Lo leí primero en la playa de San Juan, y me encantó; volví a leerlo en el colegio, y ya no era lo mismo".

Víctor

Delito por bailar el cha cha cha (G. Cabrera Infante); Orlando (V. Woolf).
 
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(9:59)

Carmen y yo hablamos de un libro que hemos leído al mismo tiempo: Ante la pintura. Narraciones y poemas, de Robert Walser. Son textos que el autor de El Paseo escribió al contemplar algunas obras maestras de la pintura renacentista y moderna. Artículos, poemas, anotaciones en los que, típico de Walser, el tema es un punto de partida para contar anécdotas personales, aparentemente triviales. Nadie espere disquisiciones canónicas sobre la pintura. A Walser le encanta irse por las ramas, trazar laberintos de andanzas y encuentros personales, historias que entran y salen constamente del objeto contemplado, el cuadro. Otras veces, como ante la Venus de Urbino (1538) de Tiziano, la imagen da pie a una recreación sensual en un soneto o cualquier otra forma poética. Su estilo es siempre puntilloso, ostensiblemente arcaico y ceremonioso. A veces puede parecer naif; otras, que se burla del lector con una solemnidad impostada. La subjetividad de Walser es morosa con los objetos y los caracteres humanos. Consigue ponernos en tensión con trivialidades cotidianas, sucesos muchas veces patéticos o chuscos. ¿Cómo lo hace? Dilatando esos hechos, volcando un lenguaje microscópico en la celebración de lo insignificante. Nos muestra que la vida es una sucesión de acontecimientos sin sentido y, al mismo tiempo, suscita en nosotros la expectativa de una palabra que merodea por el significado del mundo. Walser apuesta toda la poesía a lo que no tiene Verdad, como quien se enamora de una piedra. Lo hace con una entrega gozosa y enfática a cada detalle de cada objeto. Su neurosis es bondadosa y festiva. Ante la falta de significado de todo, su subjetividad no es sombría, sino eufórica. Esta primorosa edición de Ante la pintura. Narraciones y poemas, con reproducciones muy fieles a los colores y texturas originales de los cuadros contemplados por Walser, ha estado al cuidado del señor Bernhard Echte, que firma el epílogo, y se publica en España por Siruela, que ha venido difundiendo en nuestro idioma la obra de este heterodoxo de la literatura alemana nacido en 1876 y fallecido en 1956, de manera absurda, a la manera de sus personajes, tendido sobre la nieve cerca del manicomio de Herisau, donde pasó parte de su vida.

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(15:39)

Mario nos comenta esta semana su decepcionada lectura de Adán y Eva, de Ayaan Hirsi Ali y Anna Gray. Esta nombre es, en realidad, un pseudónimo de alguien que teme por su vida por colaborar con Hirsi Ali, sobre quien pesa una fatwa de muerte por su libro Mi vida, mi libertad, en el que denuncia el horror de la opresión islámica contra las mujeres.

Adán y Eva es un cuento para jóvenes que narra una historia de amistad que transcurre en Amsterdam, en nuestros días. Sus protagonistas son Adán, un niño de origen marroquí habitante de los suburbios, y Eva, una niña judía de una familia acomodada. Mario explica por qué es un relato "fallido". "Un dramón que fracasa en sus pretensiones moralizantes, con el telón de fondo de los problemas de integración en Holanda", señala el director del programa. A las autoras se les ha ido la mano en la división maniquea del mundo de su historia. "Se abusa de la brocha gorda. Los malos son muy malos, a los buenos les pasa todo lo malo y, encima, termina mal", advierte Mario a nuestros lectores y oyentes. Se lo perdonamos casi todo a Ayaan Hirsi Ali, porque es una "campeona de la libertad", pero hay que admitir que ha escrito una literatura de mala calidad en esta ocasión.

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(19:21)

Justivir, uno de nuestros colaboradores más fieles, ha reseñado para nosotros esta semana Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo, de Gregorio Marañón. Publicado en 1941, este ensayo "trata de aportar información novedosa sobre uno de los reyes más denostados y mitificados de la Historia de España". "Impotente, pusilánime, cornudo, mujeriego...". No es de extrañar, nos dice Justivir, que con estos calificativos, la verdad de su carácter y su contribución política fuesen desconocidos cuando Gregorio Marañón emprendió la investigación en la figura de Enrique IV. La "dudosa descendencia" del Rey dio lugar a una guerra civil en España, con el trono como objetivo en disputa. Enrique IV es el padre de Juana la Beltraneja, así apodada por los rumores cortesanos que la señalaban como la hija de un noble, Beltrán de la Cueva. Las dudas sobre la legitimidad de Juana dieron origen al conflicto por el Trono, que concluyó con la entronización de la hermana de Enrique IV, que pasaría a la historia como Isabel la Católica.

Marañón "trata de aportar algunas verdades donde sólo hay rumores y mucha mala baba", destaca Justivir. El autor formó parte de una comisión autorizada a exhumar los restos del monarca. Analizó la morfología de su esqueleto, lo que le permite anotar en este ensayo algunas teorías sobre el historial patológico del rey. Lo califica como un sujeto "displásico, deforme, eunucoide, con rasgos acromegálicos". Todo ello "determinaba diversas anomalías de su conducta, pero no necesariamente su incapacidad para procrear", observa Justivir en su lectura del libro de Marañón. El autor "concluye que no se puede descartar que Juana fuera hija del rey, aunque hay testimonios sobrados del distanciamiento de Enrique IV de las mujeres y de su dificultad para completar el acto carnal". Marañón nos presenta "un personaje psicológicamente anormal, con dificultad para mantener relaciones normales con mujeres; bohemio, desganado y con rasgos de crueldad asociables a su baja autoestima". También considera Marañón "muy probable que tuviera tendencias homosexuales". Marañón analiza también la fama de promiscuidad que acompañó a la esposa de Enrique IV. El autor de este ensayo justifica esta posible conducta en la escasa atención que recibía de su esposo.

Gracias, querido Justivir, por esta nueva reseña.

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(23:28)

Con Gina Montaner, remontamos el Nilo esta semana, a través de Down the Nile, de Rosemary Mahoney, una autora norteamericana aficionada al deporte del remo. Se embarcó sola en un bote de remos y navegó el Nilo durante un año. Este libro es el relato de esa experiencia. Su viaje comienza en Asuán, en el sur de Egipto, y concluye río arriba, en Cuna. Mahoney tiene en mente los precedentes históricos de Herodoto, Julio César y Cleopatra, que en el pasado también remontaron el curso del Nilo. Su desafío es este: el viaje de una mujer occidental sola, en condiciones de extrema dureza física, en "un país donde las mujeres no pueden hacer lo que hizo" Rose Mary Mahoney. Gina destaca un detalle del libro: la evocación que en sus páginas se hace del viaje de Flaubert a Egipto en 1849.

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(29:39)

Mario y Carmen conversan con Gloria Lago, presidenta de Galicia Bilingüe, por la publicación de su primera novela, El reloj de cuco. Una historia que nace de su propia memoria y cuenta el kafkiano e injusto proceso contra su padre y su abuelo en la España de los años 60. Una novela debida: a su familia, a la verdad.

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(41:11)

La corresponsalía itinerante del programa hace escala en Alemania. En Bayreuth, la patria chica de Wagner, nos encontramos con Alberto Escudero, químico, investigador en la universidad local y autor del blog Doce Doce. Nos recomienda dos clásicos: El lobo estepario, de Herman Hesse, y El Quijote, de Miguel de Cervantes. De las librerías alemanas, Alberto señala que se parecen mucho a las librerías de cualquier otra parte del mundo: mucho Dan Brown, mucho Stephanie Meyers, mucho audiolibro. Entre los españoles con plaza fija en los escaparates de las librerías alemanas destacan Carlos Ruiz Zafón e Ildefonso Falcones. Los lectores de una ciudad se parecen cada día más a los de cualquier otra.

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(46:58)

El programa sigue obsequiando ejemplares de Don Evo, le habla el Presidente, del Grupo Risa. Para optar, recuerden, hay que dejar una coplilla en el Muro del grupo de LD Libros en Facebook.

El ganador de esta semana es don Francisco Peñalver.
Suena esRadio, suspiros de España
Las mejores síncopas, leer más
Programa
Los tres mosqueteros
Primero, Federico el mañico
Segundo, César el castizo
Tercero, Luis el bilingüe
Nunca desconectes esRadio
Sus ondas alegran el alma
Trío de las risas
Informa al corazón
Destrozan a los malvados: ZPestes
Educan en defensa del castellano y la nación
Enseñan al pueblo y, sobre todo,
Son libres.
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(49:52)

Comentamos, en la contraportada, el "derecho a copiar" de los alumnos de la Universidad de Sevilla.

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(51:39)

Despedida y cierre. La cita es de Arcadi Espada:
Así trabaja la muerte: levanta una gran polvareda con su impacto, de hecho, inexorable, visible de inmediato para los curiosos. Pero quien en realidad la llora, se toma unos días para otorgarle crédito.

"¿Es verdad que tu padre está en la cárcel por matar a la gente?"

20 de Enero de 2010 - 12:47:18 - Mario Noya - 6 comentarios

(...) al comienzo de una clase de un grupo de atención específica, una alumna me dijo que quería hacerme una pregunta. Intuí por su tono de voz y por su expresión que no se trataba de algo relacionado con la asignatura. Le dije que había mucha tarea para aquel día pero, ante su insistencia y para no perder más tiempo, accedí.

––¿Es verdad que tu padre está en la cárcel por matar a la gente?

––No ––le respondí––. Está en el cementerio y lo siento porque era un buen padre.

Gloria Lago (Feijóo, no huyas) ha escrito la novela de su familia. El reloj de cuco. El viernes la vamos a entrevistar. Se admiten ruegos y preguntas.

Me costó mucho encontrar al cuco del reloj. Alguien que desconocía el valor que tenía para los nietos de mi abuelo se había deshecho de él. Seguí su pista hasta una relojería del barrio de El Calvario.

Albert Camus, por Carmen Grimau

16 de Enero de 2010 - 22:06:10 - Víctor Gago - 6 comentarios

T2, P17


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(1:24)

El primer programa del nuevo año empieza con una consulta sobre el teatro selecto. Los amigos de LD Libros ya han emitido su veredicto en Facebook. He aquí nuestra aportación:
Mario

El comunicado (Vaclav Havel) –"teatro del absurdo concentrado y tenso, con la incomunicación como eje"–; Hamlet (W. Shakespeare) –háganse con un ejemplar de la nueva edición de Nórdica: versión de Leandro Fernández de Moratín, el de El sí de las niñas, ilustrada por Javier Zabala, premio nacional del ramo–; Los justos (A. Camus) –"El terrorismo, el mal, el bien y la conciencia, llenándolo todo. Una obra chiquitita pero matona"–.

Carmen

El Rey Lear (W. Shakespeare) –a Carmen le tocó ser Cordelia en una función escolar–; El burlador de Sevilla y convidado de piedra (Tirso de Molina) –una compi de Carmen lo confundió con "El combinado de piedra" y Mario le saca punta al asunto– ; El retablo de las maravillas (M. de Cervantes).

Víctor

Antígona
(Sófocles); Julio César (W. Shakespeare); Luces de Bohemia (Valle-Inclán).
 
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(10:14)

Hoy traemos Cuentos de las orillas del Rin, del tándem Erckman-Chatrian. Cuentos escritos a cuatro manos por estos dos genios, muy populares en Francia en el siglo XIX, a quienes llamaron "los hermanos siameses". Historias con personajes estrafalarios y recintos inquietantes. Maestros del género del terror, inspiradores de Lovecraft, dotados de un humor negro esquinado y amoral, Erckman y Chatrian fueron inseparables durante cuarenta años y dejaron algunas piezas memorables del cuento fantástico moderno. En esta edición para Reino de Redonda, con prólogo de Javier Marías, se recogen algunas de ellas.
 
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(14.37)

Mario nos avisa de la publicación de un nuevo número, el 42, de La Ilustración Liberal, la revista que está a su cuidado y es la "niña bonita" de Libertad Digital. Destacamos un artículo de Roberto Ampuero, escritor chileno, ex militante de la izquierda que conoció en propia carne la tiranía comunista de la antigua Alemania del Este. Juan Ramón Rallo contribuye con un ensayo, "¿Nos roban los intermediarios?", en defensa de la intermediación en la economía como una de las actividades que "más beneficio procuran" al bienestar de la sociedad "y con peor prensa", según Noya. Óscar Elía Mañú, del GEES, reflexiona sobre "Las dos crisis de la derecha española". Carlos Alberto Montaner evoca La Habana que fue. Sugerente ensayo de Inger Enkvist, experta en política educativa, sobre dos modelos contrapuestos de promoción social: "Maradona vs. Pelé, o la importancia de la educación". Estos y otros contenidos igualmente interesantes integran el número 42 de La Ilustración Liberal, que ya puede adquirirse a través de Criteria Club de Lectores.
 
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(18:17)

Uno de nuestros colaboradores más queridos, comentarista él de este blog, nos ha dejado una reseña de una de sus últimas lecturas, Los apóstoles y los primeros discípulos de Cristo, de Joseph Ratzinger (hoy Papa Benedicto XVI).

Justivir se hizo acreedor de un ejemplar en uno de los concursos del programa, y ha tenido a bien correspondernos con una meditación sobre el libro. Se trata de una colección de "treinta discursos de catequesis pronunciados por el autor en su papel de sucesor de Pedro". Su tesis principal se expone al principio: "La Iglesia es la depositaria de la verdad confiada por Jesucristo a los que directamente le conocieron y a los que convivieron" en las primeras comunidades cristianas. El propósito del autor, señala Justivir, es "demostrar que no es posible decir que se cree en Jesús y no se cree en la Iglesia, ya que ésta es la que nos explica (...) el mensaje, la verdad y la fe revelada a los hombres por el Hijo de Dios". No estamos ante una narración histórica ni ante "un sesudo ensayo teológico", sino ante una empresa de catequesis "con objetivos fundamentalmente pedagógicos".

Muchas gracias, Justivir.
 
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(22:32)

Año nuevo, nuestra Gina Montaner de siempre. La viajera de LD Libros nos trae noticia de Up in the air, de Walter Kirn, la novela en la que se basa la película En el aire, interpretada por George Clooney, que se estrenará en España el próximo 22 de enero. Su protagonista es un viajero empedernido que sólo es feliz yendo de un sitio para otro, "en el aire". La historia de "un hombre obsesionado con acumular millas". Su profesión, ejecutivo de recursos humanos dedicado a la consultoría y ejecución de ERE, le proporciona la oportunidad de viajar por todo Estados Unidos. "Huye de cualquier atadura sentimental y sólo se siente a gusto en las zonas VIPs de los aeropuertos y en hoteles impersonales", comenta Gina.

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(29:07)

Mario y Carmen conversan con Carmen Grimau sobre Albert Camus, de cuya muerte en accidente de tráfico acaban de cumplirse 50 años. Carmen es corresponsal literaria de Libertad Digital, colaboradora de sus suplementos; de artículos tan notables como "El sol de Albert Camus en el Panteón" y "Los últimos días de Albert Camus"

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(41:46)

La sección de corresponsales lectores viaja esta semana a Lima, la ciudad natal de Martín Higueras Hare, uno de los puntales Libertad Digital.

A ella regresa para incorporarse como corresponsal de LD, después de casi diez años en la redacción de Madrid y de haber echado raíces en España. Antes de regresar, nos ha comentado su lectura de De Gabo a Mario, de Ángel Esteban y Ana Gallego. También nos ha entregado un panorama de las letras peruanas; de lo que se escribe y lo que se lee en su primera patria. Mucha historia política contemporánea y mucho examen de las heridas del terrorismo de Sendero Luminoso infiltrados en las obras de los nuevos autores de ficción: Alonso Cueto (La hora azul), Santiago Roncagiolo (Abril rojo, La cuarta espada), Iván Thays (Un lugar llamado Oreja de Perro), todos publicados en España, y con éxito.

De los clásicos modernos de las letras peruanas, Martín Higuera nos recomienda a Ricardo Palma, Alfredo Bryce y, sobre todo, al gran Julio Ramón Ribeyro. En el anaquel de poesía de todo lector que se precia, no pueden faltar las obras de Vallejo, Carlos López de Gregory, Diego Otero...
 
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(48:33)

Reanudamos los concursos. El de coplillas lo ha ganado esta semana don José Batalla Fernández; con ésta:
Si la mañana quieres disfrutar, a Federico deberás escuchar.
A partir de las cuatro, serás siempre el primero si te pones "En casa de Herrero".
De noche podrás admirar el arte de César Vidal.
Y el fin de semana, para no aburrirnos, escuchamos el programa de los libros.

 

Un segundo ejemplar del libro del Grupo Risa, Don Evo, le habla el presidente, va para don Francisco Javier Prida Huerta.

El concurso sigue activo. Dejen sus coplillas en el muro del grupo LD Libros en Facebook.

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(51:12)

Comentario, en la contraportada del programa, para la polémica por la película El cónsul de Sodoma, presunta biografía de Jaime Gil de Biedma.

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(53:50)

Despedida y cierre. La cita es de Albert Camus:
Hay que vivir y crear. Vivir hasta llorar, como delante de esta casa de tejas redondas y celosías azules sobre una colina plantada de cipreses.

Cuando los sindicatos defendían a Solzhenitsyn

11 de Enero de 2010 - 11:55:29 - Mario Noya - 10 comentarios

¿? ¡!

Pero si no en España, no en España...

George Meany, presidente de AFL-CIO, la mayor central sindical norteamericana.

Washington, 30 de junio de 1975.

Cuando pensamos en las luchas y conflictos de nuestro siglo, pensamos espontáneamente en líderes célebres: en los que gobernaron pueblos, mandaron ejércitos e inspiraron movimientos, ya sea en defensa de la libertad o bien sirviendo a ideologías que pretendían aniquilarla.

Pero hoy, en esta hora de terrible peligro para la humanidad, cuando las fuerzas que luchan contra la libertad del espíritu humano son más poderosas, más crueles, más mortíferas que en cualquier otra época anterior, el hombre que elevó a las mayores alturas la antorcha de la libertad no encabeza un Estado, no manda un ejército ni dirige un movimiento visible.

Pero este movimiento existe; un movimiento oculto, que no dispone de oficinas ni cuarteles generales, cuyos delegados no concurren a los amplios salones donde se reúnen los representantes de las naciones y que, cada día, sufren por ejercer el derecho de hablar, el derecho de pensar, el derecho de ser ellos mismos y arriesgan más que cualquiera de nosotros en toda nuestra vida.

¿Dónde están los miembros de este movimiento oculto? Mientras nos disponemos, esta noche, a honrar a uno de ellos, pensemos en los restantes: millones que sufren en los campos de concentración soviéticos; millares y millares de drogados, sometidos a camisas de fuerza en las así llamadas "clínicas psiquiátricas''; pensemos en multitud de mudos, dedicados al trabado esclavo en fábricas, bajo la dirección de comisarios; en todos aquellos que tratan de escuchar mínimos fragmentos de la verdad en las interceptadas ondas radiales prohibidas por el régimen, y en aquellos que, en las sombras de la tiranía, registran y pasan de mano en mano los pensamientos prohibidos.

Pero, aun permaneciendo invisibles, ahora podemos escucharlos: una voz escapó del yugo de la opresión y exige que se la escuche: nadie se negará. Escuchemos esta voz, y no porque hable en favor de la izquierda o de la derecha de alguna fracción, sino porque enrostra la verdad al totalitarismo, sin miedo alguno.

¡Cuánto más fácil y cómodo sería someterse y aceptar la mentira que sostiene al poder!

¿En qué reside la fuerza de esta voz? ¿Cómo llegó hasta nosotros mientras otras voces fueron silenciadas?

Su fuerza reside en el arte. Alejandro Solyenitzin no es un caballero de las cruzadas, ni un líder político, ni tampoco un general. Es un artista. El arte de Solyenitzin ilumina la verdad. En cierto sentido es subversivo porque subvierte la hipocresía, el engaño y la gran mentira. Muy pocos, en nuestra historia, y nadie en nuestros días, ha demostrado con tanta fuerza como Solyenitzin el poder de la pluma aliada al coraje. Esta fuerza es hoy indispensable para demostrar a las nuevas y olvidadizas generaciones lo que significa carecer de libertad. El arte y el coraje de Solyenitzin nos ayudaron a entenderlo. Su arte es un don excepcional, intransferible. Roguemos para que su coraje se torne contagioso. Es indispensable que resuene el eco de sus palabras, que lo escuchen la Casa Blanca, el Departamento de Estado, las universidades, las masas y, permítanme decir, también nuestro embajador Patrick Mainiham [sic, por Moynihan], en las Naciones Unidas, debe escucharlo.

El movimiento sindical norteamericano, desde sus orígenes, proclamó su fe inquebrantable y sin compromisos en la libertad. En la libertad para toda la humanidad y también para nosotros. Es precisamente por este espíritu que tenemos el honor de presentar al orador de esta noche

(Alejandro Solyenitzin, En la lucha por la libertad, Emecé, Buenos Aires, 1976)

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El sábado volvemos a la carga. Invocando el nombre de Camus, esperemos que no en vano.

Nuestros criminales no son ya esos muchachos desarmados que invocaban la excusa del amor. Por el contrario, son adultos, y su coartada es irrefutable: es la filosofía, que puede servir para todo, hasta para convertir a los asesinos en jueces.

Heatchcliff, en Cumbres borrascosas, mataría a la tierra entera para poseer a Cathie, pero no se le ocurriría la idea de decir que ese asesinato es razonable o está justificado por el sistema. Lo realizaría y ahí termina toda su creencia. Eso supone la fuerza del amor y el carácter. Como la fuerza del amor es rara, el asesinato sigue siendo excepcional y conserva entonces su aspecto de quebrantamiento. Pero desde el momento en que, por falta de carácter, corre en busca de una doctrina, desde el instante en que el crimen se razona, prolifera como la razón misma, toma todas las formas del silogismo. Era solitario como el grito y he aquí que se hace universal como la ciencia. Ayer juzgado, ahora dicta leyes.

(A. Camus, El hombre rebelde, Losada, Buenos Aires, 1953, p. 9)

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Lecturas: en el e-book, On one foot, de Mitchell G. Bard; en modo analógico, enseguida Adán y Eva, de Ayaan Hirsi Ali y Anna Gray.

Los escolios de Gómez Dávila

7 de Enero de 2010 - 21:59:26 - Víctor Gago - 4 comentarios

Dieter nos invitó ––a Mario y a mí–– a hablar de los libros que regalaríamos o recibiríamos con gozo, si nos los regalasen. No me canso de regalar y regalarme los Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila (1913-1994).

Escolios ––del griego schólion, comentario–– son notas al margen, que aquí se interpolan en un texto ideal que no aparece pero debemos imaginar a partir de esta colección de apostillas fragmentarias. Para Gómez Dávila, el fragmento es la forma del "pensamiento honrado": se corresponde con la infinidad de partículas que contienen el universo entero y asume que "el hombre vive entre fragmentos". El discurso "tiende a ocultar las rupturas del ser", mientras que el fragmento acepta las cartas con las que el hombre lúcido juega en la interpretación del sentido. El aforismo no renuncia al absoluto, esa "maravilla de las maravillas", sino que atisba el universo "en cada uno de sus aparentes fragmentos". Su obra consiste en repertorios de aforismos, que él presentó como Notas, Escolios y Nuevos Escolios a un texto implícito.

La coherencia de sus conclusiones y la identidad de estilo y asunto conforman un auténtico sistema filosófico pese a su forma fragmentaria: una rareza de la inteligencia, un erudito (leía perfectamente en latín y griego; su biblioteca de treinta mil volúmenes aparece fotografiada en esta edición de los Escolios al cuidado de Jacobo Siruela) que escribió desde y para la tradicíón, pero con un ojo puesto en la carne del mundo.

Fiel (a su modo, es decir, provocador y heterodoxo) a la doctrina cristiana y reaccionario orgulloso de su condición, Nicolás Gómez Dávila fustiga inmisericordemente todos los dogmas de la modernidad: la democracia, el industrialismo, la pornografía, la cultura de masas, los ansiosos desplazamientos, la Iglesia postconciliar...

Su estilo tiene "la dureza de la piedra y el temblor de la rama". Sobrio, preciso, diamantino, fulgurante. También en esto, Gómez Dávila es un raro en la selva de exuberancias barrocas e invenciones mágicas de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Tan raro, aristocrático y deslumbrante como Borges y Mutis. Como señala Franco Volpi en el prólogo de esta edición, la mejor forma de entrar en la inteligencia de Gómez Dávila es zambullirse aleatoriamente en sus escolios.

Aquí les dejo a ustedes una muestra:
La historia no es venerable como obra del hombre, sino como lugar de unas cuantas epifanías gratuitas.

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Es difícil simpatizar con el clero moderno desde que se volvió anticlerical.

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Limitemos nuestra ambición a practicar contra el mundo moderno un metódico sabotaje espiritual.

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La historia literaria enseña que la obra de todo gran poeta se divide en dos partes: la que seguimos admirando y la que influyó sobre la literatura.

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Los pecados que escandalizan al público son menos graves que los que tolera.

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Llamamos historia a lo que acontece a quien tenga alguna clase de importancia.


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Única alternativa en este fin de siglo: cuartel oriental-burdel occidental.

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Las revoluciones de la izquierda sólo cambian el orden de los naipes.
La Revolución es inútil mientras no se inventen barajas nuevas con palos inéditos.

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El reaccionario, hoy , es el antípoda del conservador. Es decir: del defensor de la democracia burguesa de ayer contra la democracia pequeñoburguesa de mañana. Pero el reaccionario nada espera de una revolución. Cuando el tedio y el asco engendren tiempos propicios, la reacción no será trivialmente revolucionaria sino radicalmente metanoiática".


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El izquierdista inteligente admite que su generación no construirá la sociedad perfecta, pero confía en una generación futura. Su inteligencia descubre su impotencia personal, pero su izquierdismo le impide descubrir la impotencia del hombre".

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La política es la ocupación de las almas vacías.

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El liberalismo no ha luchado por la libertad sino por la irresponsabilidad de la prensa.


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El mundo moderno nos obliga a refutar tonterías, en lugar de callar a los tontos.


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El progresista se sulfura, de viejo, viendo que la historia archiva lo que llamó progreso de joven.

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Nada enternece más al burqués que el revolucionario de país ajeno.

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El hombre inteligente llega pronto a conclusiones reaccionarias. Hoy, sin embargo, el consenso universal de los tontos lo acobarda.

Cuando lo interrogan en público niega ser galileo.


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El mundo moderno ya no censura sino al que se rebela contra el envilecimiento.

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Sólo son "verdades eternas" las tautologías. Toda verdad es una epifanía casual.


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Respetar a nuestros superiores es ante todo una prueba de buen gusto.

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La verdad no se adopta, se engendra. Procreada y autónoma a la vez.

El raro solitario del Palace

2 de Enero de 2010 - 14:19:49 - Mario Noya - 13 comentarios

Empiezo este año diez que igual se queda en nueve y medio ––y bien estará: que a la perfección, y si es que te empeñas pero no molestas al prójimo ni al que está un poquito más allá, sólo se aspira–– como terminé el pasado/pisado, erre que erre en la ele del que lee: a Camus en sus Carnets (1 y 2) y los Apuntes (I y II) de Elías Canetti. También y administrándome las pausas El Tercer Reich y los judíos (1939-1945). Los años del exterminio, de Saul Friedländer.

Ah, y un "Confuso recuerdo" de Julio Camba: Ruano en ABC, 1963 y en Luca de Tena Ediciones, 2006:

El día veintiocho de febrero se ha cumplido el primer aniversario de la muerte de Julio Camba y presumo ––aunque me gustaría equivocarme–– que no lo han recordado muchos.

La muerte de Camba influyó probablemente demasiado en la de Juan Belmonte y suscitó, hace un año, comentarios particulares poco frecuentes entre los que le conocimos y en quienes le trataron con alguna asiduidad. (Tal vez los últimos supervivientes de esa asiduidad sean Sebastián Miranda y Luis Calvo, aparte de algún ilustre doctor que le ayudó hasta el final de su vida).

El argumento principal de esos comentarios a los que me refiero, no porque parezca a primera vista indelicado debe ocultarse: la total falta de amor que hubo en Julio Camba por los seres y por las cosas. Comenzando, bien entendido, por sí mismo y por su literatura, que no sólo no estimaba, sino hacia la que sintió como una especie de desdeñosa antipatía. Creo que sólo le hizo cierta ilusión las traducciones al italiano de alguno de sus libros.

¿Qué quiso Camba a lo largo de su no corta vida? Es curioso que, tratándose de una criatura muy inteligente, muy aguda como él, apenas sepamos encontrar en su existencia otro apetito que el de la buena mesa. Fuera de comer bien, yo estoy seguro de que a Camba no le interesaba nada. No conozco detalles de la juventud de Julio, o sea, que ignoro una cosa muy importante: si siempre fue así o la decepción de algo le inclinó hacia una tozuda indiferencia, hacia un raro egoísmo que tampoco exigía demasiado para él.

Con Julio me unió una amistad relativa. Últimamente le encontraba casi todas las tardes en el Palace, donde él vivía, o mejor, donde él dormía. Al anochecido bajaba al hall con su bastoncito. Se ponía, en invierno, cerca de la calefacción y nunca le vi ni pedir un agua mineral, ni leer un libro, ni ojear un periódico.

Sabiendo que las invitaciones a comer no le eran indiferentes, tres veces me lo llevé por ahí desde el hall del Palace, pero tampoco era fácil. Aunque con cortesía, Camba era muy exigente y quería asegurar varios detalles antes de aceptar:

––¿Con quién iremos?
––Con quien usted quiera.
––Mejor que no traiga a nadie.
––Bueno.
––¿Y a dónde vamos?
––Donde usted diga.

Entonces se le animaban algo los ojillos irónicos y humados, como su misma tierra gallega. Elegía el restaurante. Pero seguían las condiciones.

––Yo no ando. ¿Me llevará usted en coche?
––Naturalmente.
––Bien, ¿pero al salir?
––Le traeré a usted al hotel.

Camba transigía:

––Bueno, pues vamos a cenar.

Su conversación era a ratos muy brillante, ingeniosa, enriquecida por recuerdos, por anécdotas. De pronto entraba en un largo y profundo bache y no hablaba. Oír yo creo que no oía, o mejor dicho, no escuchaba nunca. En cuanto terminaba la comida sentía una prisa sin disimulo.

––¿Nos vamos?
––Cuando usted quiera, Julio.

Una tarde, aunque tenía gusto en ello, más que nada para ver lo que hacía, le dije:


––Camba, quiero pedirle a usted un favor...

Le noté ponerse en guardia. ¿Qué es lo que pensaría? Debía estar [sic] poco acostumbrado a que se le pidiera nada.

––Si puedo hacerlo... ¿Qué quiere usted de mí?
––Me encantaría tener un retrato suyo.
––¿Un retrato mío? ¿Una fotografía?
––Sí, una fotografía de usted dedicada.

Quedó un momento perplejo. Como no cabiéndole en la cabeza, honradamente, que yo quisiera tener un retrato suyo.

––Se lo voy a dar ahora mismo. Subo a la habitación y se lo traigo.

Volvió en seguida con una fotografía pequeña y no muy buena, donde había puesto una dedicatoria muy amable.

––Muchas gracias, querido Julio.
––Muchas gracias a usted. Lo menos que podía imaginarme es que le pudiera interesar un retrato mío.

Creo que estaba azorado e incluso algo emocionado.

La otra noche, en una encantadora cena que dio [sic] el doctor Vega-Díaz y su mujer en su casa, hablábamos de Camba. Estaba con nosotros el señor Pastora.

––Éste yo creo que fue la única persona al que [sic] Camba tenía cariño...

Y volvimos a hablar del raro solitario del Palace. ¿Qué quiso él a lo largo de su vida? Hasta la literatura propia y ajena le importaban [sic] un pimiento.


––Sin embargo ––dijo sutilmente Paco Vega-Díaz––, a él si le quisimos [sic] mucha gente.

Yo me quedé pensando en esa extraña circunstancia que puede darse ciertamente; que despierte cariño una persona que sabemos que no nos quiere, que no quiere a nadie ni nada. A nada.

Camba, en su desamor desconcertante, ni siquiera hablaba mal de ninguno.

Al año de su muerte se recuerdan estas cosas llenas de confusión. Y no sale uno de estar ya irremediablemente confuso.

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¿Tirar un libro, nunca, Iuris? Ah, pues yo ese vicio no lo tengo. Tampoco, me da, el coco Reich-Ranicki, santón de la crítica alemana. Diógenes igual sí :)

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"Ni la desesperación ni la alegría me parecen fundadas frente al cielo y al tufo luminoso que de él desciende". 

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