30 de Agosto de 2009 - 16:03:33 - Mario Noya - 26 comentarios
Lugoma:
Nosotros te hacemos caso. Nosotros te leemos. ¡Nosotros, todos te queremos, Lugoma!
Y te recomendamos un par de libros; lo malo es que me parece que te va a resultar difícil encontrarlos:
–– Europa del Este. La revolución de la libertad, del difunto Francisco Eguiagaray, corresponsal que fue del ABC en Mitteleuropa y, aunque me da que no tenía en la mesita de noche las obras completas de Carl Menger, como los austríacos gran amante del Imperio. Lo publicó Ediciones del Drac en 1991, así que su valor croniquil no es moco de pavo.
A las 18,57 horas del 9 de noviembre, en el curso de una conferencia de prensa retransmitida en directo por TV, el miembro del Buró Político del Partido y Jefe de Distrito de Berlín Günter Schabowski responde a una pregunta, seguramente preparada, sobre las medidas del Gobierno [de la RDA] frente a la oleada de fugas. "Algo hemos hecho, supongo que ya lo saben... ¡¿Ah, no?! Oh, perdón, pues entonces se lo diré". Y de forma entrecortada leyó una nota que anteriormente había sacado con aire estudiadamente aburrido del bolsillo: "Se ha dado orden a los departamentos competentes para Pasaportes e Inscripciones de Residencia de las Oficinas de Distrito de la Policía Popular para que concedan de inmediato visados permanentes de salida... Las salidas pueden realizarse con carácter múltiple y permanente por todos los pasos fronterizos entre la República Democrática Alemana y la República Federal de Alemania, o en su caso con Berlín Occidental".
Este inoportuno estilo curial logró que de momento casi nadie comprendiera de qué se trataba. Pero los rumores de que se podía salir empezaron a circular por Berlín; a las 9 de la noche ya se arremolinó la gente en los pasos de la Invalidenstrasse, la Sonnenalle y la Bornholmer Strasse. Quienes tienen pasaporte son despachados. La noticia circula como la pólvora. A las diez ya están todos los puestos asediados por la muchedumbre. (...) La guardia de fronteras está desbordada. Un capitán da orden de que levanten las barreras. Las escenas de esa noche y del día siguiente son bien conocidas.
–– Los frutos de la adversidad, de Timothy Garton Ash, Mr. Cal y Arena pero absolutamente imprescindible para quien quiera enterarse de qué pasó aquellos maravillosos días en Europa Central y Oriental. Publicado por Planeta en 1992, la versión original es de 1990, del mero momento pues.
"Veintiocho años y noventa y un días", dice un hombre cerca de la cuarentena regresando de su paseo por la Friedrichstrasse. Veintiocho años y noventa y un días desde la construcción del Muro. Ese día de agosto de 1961, sus padres habían querido ir a ver una película de vaqueros en la última sesión de un cine de Berlín Oeste, pero su hijo de once años estaba demasiado cansado. De madrugada les despertó el estruendo de los tanques. A partir de aquel día, aquel niño ya no pudo volver a Berlín Oeste. (...)
(...) El hombre que había contado los veintiocho años y noventa y un días me comentó que lo que más le había conmovido era un póster que decía: "La guerra no ha terminado hasta hoy".
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[Los germano-orientales] tenían la sensación de haberse ganado esa apertura a pulso. Porque fue la presión de sus impresionantes manifestaciones la que obligó a la cúpula del Partido a dar este paso. "Ve usted, esto demuestra que Lenin se equivocaba ––observó un trabajador––. Lenin dijo que una revolución sólo podía llevarse a cabo mediante la violencia. Pero ésta ha sido una revolución pacífica".
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Le pregunté al hombre que llevaba esta pancarta [una que pedía la confederación entre las Alemanias y la convertibilidad monetaria] a qué partido votaría en unas elecciones libres. Me contestó: "Desde luego, no al mío...". Era miembro del Partido Socialista Unido.
Además, en 2004-2005 FAES celebró unas jornadas conmemorativas del 15º aniversario del colapso del Muro que luego publicó en forma de libro: La Revolución de la Libertad. Cómo mola, ver a Lassalle de escudero de Aznar cantar las glorias de modositos de toda la vida como Margaret Thatcher, Ronald Reagan y Lech Walesa, y compartiendo tenida con marditoh neoconeh como Richard Perle. Pero para lo que te interesa, amigo Lugoma, lo mejor de esta obra colectiva ––que, mecachis, no pudo jalear Lassallette desde las páginas de El País–– es, no el artículo de Helmut Kohl ("La unificación alemana y la unidad europea"), sino el del polaco Bronislaw Geremek: "El sindicato Solidaridad y la idea europea de la libertad", que no compuso con la intención de hacer amigos o de templar gaitas; o incluso este parrafito del del viejo rockero Giovanni Sartori ("Victoria y fracasos"):
El Muro se construyó la noche del 13 de agosto de 1961. Nadie se lo esperaba. Los servicios secretos occidentales (...) eran conscientes de que existía un plan para dividir y sellar Berlín. Pero aquel agosto creyeron que todo estaba tranquilo y no iba a pasar nada. Demostraron muy poca previsión, porque la época de mediados de agosto es perfecta para las sorpresas. Muchas guerras se han empezado a mediados de agosto, por lo menos las grandes. El Muro de Berlín se levantó en plena noche, ante la sorpresa de todo el mundo. Pero no se podía hacer nada. El presidente Kennedy estaba de vacaciones y no quiso interrumpirlas. Adenauer protestó, pero no con la energía suficiente. La única protesta que de verdad se dejó sentir fue la del alcalde de Berlín. No fue hasta dos años después cuando Kennedy se pronunció al respecto y dijo aquello de "Ich bin ein Berliner". Si hubiese pronunciado esas palabras el 14 de agosto de 1961, quizás las cosas habrían tomado otro rumbo. Pero dos años después, al margen de ser un gran espectáculo, no tuvo ninguna consecuencia. El Muro se levantó, pero no de manera inmediata. Berlín se cercó durante la noche, pero el muro final, el de cemento, no se construyó hasta dos años después, en 1963. Cerca de 5.000 personas trataron de escapar. Cuando uno miraba aquel muro, podía imaginarlas. Algunas incluso lo consiguieron. Era increíble. La libertad es absolutamente irresistible y, milagrosamente, algunos la alcanzaron.
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Qué cosas, caro Erbilyos: pasas y te sirves de los links. Vikinga, directamente pasa :)
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Estoy con Coetzee, AntiMarx. Con Diario de un mal año antes de caer en Desgracia. Me da que prefiero a Roth, y que algunas mentes privilegiadas creen que las elaboraciones intelectuales arduas o la sola reflexión tomada en serio tienen que desembocar por cojones en el relativismo o en la melonada. Pues vaya.
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Os digo y os comento que en breve el amigo Gago la va a liar parda. Permaneced atentos a vuestras pantallas.
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Lecturas: también Estados Unidos contra Estados Unidos, de Benegas Lynch (h.), y, retomando que es gerundio, Si mi biblioteca ardiera esta noche, de Huxley.
26 de Agosto de 2009 - 21:09:26 - Mario Noya - 12 comentarios
Naipaul a la una y desde la galería de la casa de su abuela en Puerto España
Llegué a conocer bien a la gente, aunque nunca hablaba con ellos, ni ellos conmigo.
El escritor y los suyos, p. 11.
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Encomendándose a san (ejem) Federico Augusto Hayek, Carlos Rodríguez Braun habla y no para de los socialistas de todos los partidos. ¿Porque le gusta hacer butadas? Qué va qué va qué va (yo leo a Kierkegaard). Sino porque así está el patio, con esas ententes cardiacas y
sobre cómo ser buenos.
"Se lee cada cosa...", "A los leones"... ¿Tres serán tres? ¿"P'habernos matao"?
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Naipaul a las dos y a ver qué dice Gago
La rebelión es uno de los grandes temas de la literatura de Europa occidental. La verdadera novela moderna surge cuando el rebelde, el diferente, se siente suficientemente fuerte como para enfrentarse al orden establecido, y cuando ese orden es lo suficientemente fluido y seguro como para dejarle un hueco en él.
Ibid, p. 123.
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Humm, por cierto: se dice y se comenta que en breve mi compadre la va a liar parda. Permanezcan atentos a sus pantallas.
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Naipaul a las tres y que corra el aire
No pasa nada por besar a una chica, con tal de que no te aficiones demasiado a esas cosas.
Cartas entre un padre y un hijo. De una del primero al segundo (p. 34). No querría que la sangre de su sangre le enseñara a hacer lo suyo.
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Erbilyos y las historias prodigiosas
¿Qué hacemos, my friend? ¿Creer por aquello de que es imposible?
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Naipaul a las cuatro y los grandes hombres
(...) a Cicerón le había alterado la conducta de un esclavo fugitivo propiedad del célebre actor Claudio Esopo, que era amigo suyo, y escribió una carta sobre el asunto a su hermano Quinto, propretor en el Asia romana. Licinio, el esclavo, en compañía de Patrón, un epicúreo, se había hecho pasar por liberto en Atenas y después había ido a Asia. Al parecer se abrió camino como hombre libre, pero se confió demasiado. Regresó a Atenas y entabló amistad con Platón, otro epicúreo, que poco después recibió una carta de Esopo en la que le hablaba de su esclavo fugitivo. Platón ató cabos e hizo que arrestaran al pobre Licinio. Cicerón no sabía si le habían llevado a la cárcel o a un molino. Quería que su hermano lo averiguase y que se lo enviara a Roma. Esopo estaba apenado por la "criminal audacia" de su esclavo, y quería que se lo devolvieran. "No te pares a considerar la valía de ese sujeto", escribió Cicerón. "No tiene ningún valor. Es un ser insignificante".
Los esclavos molían grano en los molinos; era un castigo inmemorial. (...) La descripción más auténtica, que parece sacada de la vida real, aparece en Apuleyo. Los animales se encuentran en un estado deplorable; (...) los esclavos son seres desmedrados y desfigurados, con los párpados entrecerrados y casi pegados por el humo de los hornos, letras marcadas en la frente y la cabeza medio afeitada, hierros en las piernas y el cuerpo cosido de antiguos latigazos. (...)
Parece extraordinario que Cicerón pudiera concebir que un hombre con cierta educación, dotado para la vida social y que había actuado últimamente como hombre libre estuviera destinado a tal desvalimiento, pero para Cicerón, con su saña instintiva de abogado hacia los esclavos y su deseo de político de mantener el orden social en una república, Licinio había sido simplemente audaz y había cometido un delito al huir, traspasando todos los límites.
Despacha este asunto en un párrafo. Después continúa con las noticias políticas de Roma en el año 60 a. C.: "Y ahora voy a contarte lo que más deseas. La constitución se ha perdido por completo para nosotros...".
El escritor..., pp. 166-167.
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Lecturas: tomo nota y muchas gracias, queridos. Pero quiero más. Así que sigo tomando nota.
24 de Agosto de 2009 - 15:04:00 - Mario Noya - 6 comentarios
Yucatán. Ida
Mi vecino de asiento, Juan Carlos, de la España profunda, albañil autodidacto, me cuenta que va a ver a su lupita al DF y que por él no me moleste, que siga estudiando, que si quiero baja la pestaña del ventanuco y todo. Yo voy leyendo a salto de mata El libro de los hechos insólitos y, ah, eh, le digo que como vea, que no se preocupe, que no me molesta.
A mí también me gusta leer, me dice cuando me ve con un libro, Cómo ser buenos, y no una novela. Y yo no le digo que Cómo ser buenos no es un libro, sino una novela. Me ve subrayar o hacer círculos con un portaminas y no acaba de convencerse: él así no se entera: prefiere los subrayadores gordos y de colores.
A mí también me gusta leer. De nuevo. No acaba de concentrarse en la mar océana. Y por si me quedaran dudas saca un libro de dos por dos centímetros. Sobre la vida, milagros y alineaciones de los aries.
Ojalá que le fuera bonito a mi parlanchín compañero de viaje (con perdón de la expresión).
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Veinte años no es nada
En la edición de Los versos satánicos ("Dedicado a las personas y organizaciones que han apoyado la publicación de este libro") que Debolsillo ha lanzado este año, la traducción la firma "Documentación y Traducciones, SL".
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Yucatán. Vuelta
En el aeropuerto de Cancún no hay manera de comprar un libro en español, pero sí de autores españoles: The Bible of Clay (a porrones) y (algunos menos) Cathedral of the Sea.
En la biblioteca (entiéndanme) del hotel tampoco había libros en español. Ni, creo, de españoles.
Los españoles, allí, al parecer no leen. Los ingleses sí. Best sellers y también a Mishima.
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Aprovechamiento de los recursos naturales
El sultán selyúcida Key Coubat I ha pasado a la historia por fabricar 300 tiendas de campaña para su ejército con los testículos y escrotos de 30.000 enemigos capturados en batalla.
Gregorio Doval, El libro de los hechos insólitos.
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Lecturas. Ahora mismo no sé no sé. ¿Qué me recomendáis?
22 de Agosto de 2009 - 21:09:42 - Víctor Gago - 4 comentarios
El sr. José Blanco dice que oponerse a la subida de impuestos es ir en contra de la modernización de España. Otra variante del "antipatriotismo". Aunque parezca increíble tratándose de la rama autodidacta del socialismo, la doctrina tiene pasado. Se trata, en realidad, de una vieja losa. La historia que va de Cánovas al sr. Blanco puede contarse como la del aplastante consenso de la modernización nacional.20 de Agosto de 2009 - 23:38:35 - Víctor Gago - 1 comentario
De visita en el bullicioso barrio africano –la misma humedad relativa, idéntico secarral en fiestas–, lo primero es parar delante de la biblioteca familiar como haría ante el frigorífico en una noche de insomnio. Tener hambre ––que no apetito––, y no saber de qué.Nabokov considera exagerada la equiparación artística de Cervantes y Shakespeare, un lugar común del canon literario occidental.Empezamos (...) en el capítulo 3, con el ventero que permite que un loco ojeroso se aloje en su venta únicamente para reírse de él y que se rían de él sus huéspedes. Pasamos con un rugido de hilaridad a lo del chico semidesnudo azotado con un cinto por un robusto labrador (capítulo 4). Volvemos a retorcernos de risa en el capítulo 4 cuando un mozo de mulas deja al indefenso don Quijote machacado como trigo en el molino. En el capítulo 8 soltamos nuevas carcajadas viendo que los criados de unos monjes que van de camino le arrancan a Sancho todos los pelos de las barbas y le muelen a coces. ¡Qué juerga, qué estupendo! En el capítulo 15 unos arrieros apalean a Rocinante hasta dejarlo en el suelo medio muerto; pero no importa, en seguida el titiritero volverá a poner en pie a sus chirrientes muñecos.
Adoro a Nabokov. Lo adoro siempre, en sus novelas, en sus cuentos, en su deslumbrante libro de memorias ––Speak, memory–– y en sus lecciones sobre literatura europea, siempre perspicaces, detallistas y razonadas. Y creo que Monterroso, al que también sigo con cierta devoción como un autor innovador de cuentos, es tan poco riguroso cuando critica a Nabokov como cuando habla de política.No, por favor: aunque redujéramos a Shakespeare a sus comedias, Cervantes seguiría yendo a la zaga en todas esas cosas. Del Rey Lear, el Quijote sólo puede ser escudero. Lo único en que Cervantes y Shakespeare son iguales es en influencia, en difusión espiritual.
9 de Agosto de 2009 - 16:54:50 - Mario Noya - 29 comentarios
Para Vikinga, para que no se deje engañar por los que quieren poco a Birmajer (clic, clic, clic) y de una vez confiese sus lecturas dizque inconfesables:
LA PACIENCIA
Según los hombres, la virtud del elefante es ser paciente.
Estaban un día juntos el elefante y la jirafa, recostados en la tierra, rodeados de árboles frutales, a pocos pasos de un río, tomando el sol.
Los intensos rayos de Febo y el espeso calor hicieron decir a la jirafa:
––Estoy muerta de sed. Acompáñame al río.
––Qué impaciente has resultado ––respondió el elefante––. Espera que el río venga a nosotros.
Pero como no había bifurcación alguna que les trajera el río, la jirafa se acercó sola hasta el cauce y bebió.
Por la tarde, el cielo se encapotó y llovió torrencialmente. El río desbordó y el agua llegó al elefante.
Unas horas después, la jirafa dijo:
––Ya hemos saciado la sed. Ahora tengo hambre, y creo que tú también. Incorporémonos y comamos los frutos de los árboles.
––No te sabía tan impaciente ––dijo el elefante––. Deja que los frutos vengan a nosotros.
Pero como ningún viento azotaba los árboles, la jirafa se incorporó, estiró un poco el cuello y comió.
Unos minutos después, un ananá maduro y henchido se desprendió de la rama, atravesó un peral en la caída, soltando algunos de sus frutos, y explotó en el piso. Todo aterrizó junto a la trompa del elefante.
Esa noche, cuando después de hacer la digestión se disponían a dormir, apareció la Muerte. Fosforescentes, la calavera y la guadaña brillaban en la oscuridad. El elefante se alzó en sus pesadas patas y salió corriendo con ligereza impropia de un ser tan gigantesco. La jirafa, creyendo haber aprendido y estar superando a su maestro, se quedó sentada, sin mover ni un músculo mientras las Muerte se le acercaba.
––¡Pobre jirafa! ––exclamó el elefante internándose en la selva––. ¡Tan impaciente por todo, incluso por morir!
Marcelo Birmajer, Fábulas salvajes, Alfaguara, Buenos Aires, 2006.
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Ayn Rand. El otro día se habló aquí de ella. Hmm, me parece que está sobrevalorada. ¿Es el sarampión de los liberales y hay que pasarlo por cajones? Hmm. A mí acabó cayéndome mal, la tía pelleja: a veces me recuerda al Equis Arzalluz del chiste, que le pasó a su hijo el que desposara a una maketa a condición de que, en la noche de bodas y a la hora del l/hecho, dejara a la susodicha con un palmo de narices y en cambio se pusiera de inmediato a sacarle brillo a su aitoresquísima espada: ¡que no quepan dudas de que los vascos somos independientes, kaixo Sabin!
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Han pasado ya diez días, Paserifo. ¿Qué tal es eso de leer a Maupassant?
Y Antimarx, ¿seguirá embarcado en La conjura contra América? No creo que sea la mejor piedra de toque para valorar a Roth. Si no hubiera feeling, yo le daría una segunda oportunidad, caro amigo: con el abrasivo Pastoral americana, por ejemplo; o con El animal moribundo, la ley del deseo; o con, en el nombre del padre, Patrimonio. Una historia verdadera.
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En ti confío
Le Temps Retrouvé. Después de mucho tiempo se encuentran dos viejos. Uno de ellos exclama:
––¡Cómo estaré yo, si vos estás así!
Adolfo Bioy Casares. Descanso de caminantes.
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Como dudaba entre los fiordos y polonia, enseguida me iré para el yucatán, a tirarme a la bartola. Pero en los momentos de relajo (2) habrá que leer, ¿o qué? ¿El qué?
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Lecturas: Los Ojos de agua de Domingo Villar, qué pronto Cómo ser buenos; a ratos en su pésimo español la confusa y desprolija Sangre y rabia, que no es una historia cultural del terrorismo.
3 de Agosto de 2009 - 14:16:17 - Mario Noya - 20 comentarios
Me he levantao yo hoy con el pie izquierdo y con mu poquitas ganas de que me toquen las palmas.
Vamos a ver, molt honorable y pertinaz Antodasa:
¿No cree vuesa merced que, antes de leer la cartilla al prójimo ––pobriño––, conviene leerla uno en su mismidad para sí, y aprendérsela? Ande, repase su primer comentario del otro día, con sus errores de puntuación y de concordancia, y sus comas que no están puestas sino aventadas, y luego póngase un espejo a la vera de la pantalla pa cuando se lea eso suyo del "Pues eso, mas [sic] respeto a nuestra lengua común".
Luego me hace el favor de tomarse unos segundos de relajo, un respirito, y cuando ya se vea suelto se vuelve a leer el post de la cruz a la fecha, a ver si de una vez repara en que el "Lleida" que tanto le suliveya no es de mi cosecha, sino de mi amiga Simy Benarroch, que hace perfectamente bien en escribir el nombre de esa ciudad/provincia catalana como le salga de la real o republicana en un correo en principio informal y en principio sólo para los ojos de sus amigos.
¡Se da cuen! Y ahora, ¿preferirá leer con más atención las anotaciones de éste y los demás servidores de usted antes de encajar un nuevo sermón al personal?
Que caiga esa breva.
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Hitchens: Dios no es bueno. Corrosivo. Opiniones, digresiones, argumentos: Comentarios.
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Para el niño y la niña
Siempre he pensado que los más difíciles problemas humanos deben ser afrontados con voluntad e inteligencia. Voluntad para hacer frente a las adversidades; inteligencia para arribar con la mayor rapidez y el menor dolor a la situación. Con voluntad e inteligencia los hombres han curado enfermedades mortíferas, han modificado sistemas sociales y han llegado a la imposible Luna. Pero esta convicción, que me acompaña desde que tengo memoria, no es aplicable a los problemas de amor. Cuando nos enfrentamos a una dificultad amorosa, de nada sirven la voluntad ni la inteligencia. Esa es mi sincera opinión. Con la voluntad no lograremos que la mujer que amamos nos ame también, ni podemos usar la inteligencia para olvidarla. Yo he visto a las chicas más voluntariosas llorar por el chico que las engañó, y a las más inteligentes ser rechazadas por chicos tontos. Uno puede entrenar todos los días para correr cada vez más y mejor, pero no existe gimnasia que nos permita olvidar a una persona. Si tal gimnasia existiera, seguramente yo no podría haber escrito muchos de los cuentos que forman hoy este libro. Porque muchos de los relatos tratan sobre amores que me hicieron sufrir, y hubiera preferido, en su momento, olvidarlos antes que escribir un cuento.
Marcelo Birmajer, Hechizos de amor, Santillana, Buenos Aires, 2001. Prólogo.
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Lecturas (para Antimarx, faltaría engels): El Padrino, El arte de ensayar de Savater, Un encuentro (Kundera), veremos si a la vez 1984 y Un mundo feliz, ayer Un americano en París.