Sí señor, enseñabas y demostrabas cómo la madera que pasa por tus manos dice: He visto llorar ríos en su tránsito al mar al presentirse ríos volviendo a la Madre.
Central, ni Sur, ni Norte, Central, ni Sur, ni Norte, eres la lira rica, la palmera salada de mis lazos azules.
En todos tus caminos tengo un velero próximo frente a la costa verde, tengo tres montes coronados de estrellas blancas, blancas, muy blancas con mi Sol que amanece.
Y tengo otro velero allí en el horizonte entre tus pechos. ¡Mira como navega!
Una caricia leve, te rozas el abdomen, --te sientas-- haces un alto en el camino breve de los justos, la calle nueva frente avenida, junto al árbol te encuentras educando aceitunas en el paralelismo donde se fraguan ciclos, sin quejas, con un ánimo de acero anudado, y con una sonrisa de Sol cierto, --saludas, te muestras-- transeúntes mancos a tu pregunta, dicen: ganaron los de allí, los de bella tierra donde se encuentra tu hijo plantadora serena, y más contenta aún reanudas tu paseo, con los tréboles vas hablando por bulevar, y a tu paso susurran: va con dos corazones, esa muchacha hoy nos trae el inicio del mundo.
Vivir a la europea donde no hay europeos vende, causa la risa de naciones en rastro, por usadas se queman las tierra marginadas; son oportunides. ¿Está todo perdido?
El perro cojo y te lo escribo con mi cariño y aunque el letrero dice: No puedes entrar aquí --lo puedo leer junto a mi foto de perro raso por callejero-- yo te deseo sinceramente paz y bien; sigue, sigue mirando con esos ojos de escritor noble y transmítelo en esta lengua más española amigo mío.
Amándote deslumbra minúscula tajada con su lava adornada son hechos esos remos, persistentes y leves son de veta alargada y de luz enfrascada durante el día, o ciemos al color de tu cara; como breve estocada indefinidamente los rostros rozaremos; cuando la tierna espina descubra en el combate que límites se borran siempre con chocolate.
Sí, tú eres mi única riqueza, la verdadera, y memorízalo siempre para que nunca me temas.
Jamás dudes de mi amor, aprende rápido, puedes iluminar realidad que aquí es llama terrena.
Y nunca te avergüences de ser tú mismo: sencillo; para que puedas estar cerca de Dios todo el tiempo.
Quiero que sepas mirar... aceptar dificultades, ¡mira mi simplicidad! Para conseguir dejar de ser complicado. ¿Sabes? Tú naciste en nuestra casa para alegrarnos en todo esta complicada vida.