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Enviado a las 22/05/2011 21:58:02
A propósito de "El Reloj de la Historia" del profesor don Francisco Rodríguez Adrados. XCª PARTE.

23.- ¿Tiene remedio «lo» de la Izquierda? 

¿Que si tiene remedio «lo» de la Izquierda? Yo, tras los últimos acontecimientos que están teniendo lugar en la «zona cero» de la Puerta del Sol de Madrid con el autodenominado Movimiento 15-M –¿es casualidad o intencionado el parecido de éste con los Movimientos de Liberación de corte comunista y maoísta que se dan por Hispanoamérica? (lo digo por la manía ésa de bautizarlos todos con fechas)– y que quiere mostrarse a los ojos del mundo como el epicentro de una Nueva Era del Cambio Real, cada vez me cuesta más trabajo darle algún voto de confianza a esta Izquierda incorregiblemente incorregible y fantasiosa.

Debo decir que lo peor de esta Izquierda que, cual Ciudad de los Muchachos, ha venido a la Puerta del Sol a mudarse, no son sus protagonistas, los llamados despectivamente perroflautas, –creo que tienen razón cuando se mosquean con quienes así les llamamos– sino sus ideas, aún más hediondas y mugrientas que sus harapos, toldos y cartones. Me hastían en verdad sus frases sesentayochistas, pretendidamente ingeniosas y de vacuo romanticismo: «Los medios de comunicación manipulan, las paredes hablan»; «El capitalismo no se reforma, se destruye»; «Cerrado por Revolución, disfruten las molestias»; aquí pueden ver las que han elaborado también mis paisanos “indignados” de Logroño, alguna incluso (la nº 6) con clamorosa falta de ortografía incluida, pero ya se sabe que la Revolución no entiende de Gramática, siempre va con prisas.

Casualmente en estos días de zozobra e incertidumbre estoy leyendo un libro sobre el Apocalipsis –no, no pretendo hacer ninguna alusión al fin del mundo ni nada parecido, ni rivalizar con el panfleto-Biblia-progre que los acampados leen estos días con verdadera fruición– escrito por el jesuita argentino Leonardo Castellani. El autor, en un momento especialmente lúcido y brillante, de inspiradísima reflexión, que perfectamente podría rivalizar en ingenio con los pasquines de Sol, acierta a distinguir magistralmente entre el Cristianismo y el Comunismo. Dice: «No es lo mismo poner los bienes en común para que sean de todos [eso sería el Cristianismo], que tener los bienes en común para que no sean de nadie [o sea el Comunismo], es decir, para que sean del Estado, [o sea, de «la Bestia», –apostillamos nosotros–]. La Izquierda con domicilio social actual en Puerta del Sol Nº 0, Bajo, Madrid, es muy dada también a los pasquines y a los retruécanos ingeniosos («Somos la generación ni-ni, ni PSOE, ni PP»), pero aparte de frases bonitas y emocionarnos a todos con algunas de sus más que justas reivindicaciones, que compartimos con ellos, ¿qué otras cosas saben hacer? …¿Quizás ganar elecciones que tenían más que perdidas?  

En efecto, los que compartimos el fondo (que no las formas) de «algunas» (y subrayamos el «algunas») de las reivindicaciones de los “indignati”, a diferencia de esa Izquierda perroflautista y pacífica, punta de lanza ahora mismo de la Izquierda «progre-cialista» y burguesa de Rubalcaba –me cuesta creer que lo del 15-M haya salido del laboratorio del químico socialista: sencillamente, quiero creer, está llevando su vela hacia ese inopinado viento a favor– no podemos alimentarnos sólo de frases ingeniosas, aunque sean acertadas, como la anterior de Castellani, y de discursos populistas, aunque éstos digan verdades como puños, sino que debemos acompañar nuestras sentencias, máximas y piruetas léxicas con argumentos sólidos y racionales, que es justo lo que no hacen ellos, cuyas razones consisten básicamente en querer dar al aire pinceladas –brochazos (más bien)– siempre vacías de argumentos, pero llenas (eso sí) de sentimientos a flor de piel. Pero, claro, aunque con mugre, todo eso se vende muy bien en los “mercados internacionales…de la Progresería”. De hecho, la Izquierda lleva toda la vida haciendo lo mismo.

Que si tiene remedio «lo» de la Izquierda, nos preguntamos en este nuevo capítulo... Y también: ¿Por qué se repiten cíclicamente estos episodios entusiastas pre-revolucionarios? O ¿por qué extraña “razón” la Izquierda (sobre todo la «progre-cialista», más que la «perro-flautista»), que siempre se ha caracterizado por no llevar nunca la “razón” (no hay más que leer la Historia), en cambio, siempre consigue ella salirse con la suya, porque siempre da la impresión de que sólo es ella, y nadie más, la que siempre tiene “razón”, cuando es obvio que muchas veces (casi siempre) no la tiene? Eso: ¿por qué?

A lo largo de muchas de las páginas de este blog hemos intentado dar respuesta a estas preguntas. Todavía creemos poder aportar alguna otra idea nueva más, que puede quizás servirnos para hallar el origen de esa fuerza sobrenatural e invisible que sólo la Izquierda es capaz de concentrar y movilizar, como un tsunami ideológico que arrasa con todo, en donde este Movimiento de los “indignados” del 15-M sería tan sólo la base de esa ola gigante que quizás se esté ahora mismo generando, o que simplemente, como tantas otras olas que se quedaron en nada, esté también abocada a menguar y a desaparecer, aunque siempre con la amenaza permanente de regenerarse y volver a crecer y crecer, como ya otras veces ha sucedido en la historia reciente de nuestro país.

Pero apartémonos un poco del “poblado” de los “indignados” de la Puerta del Sol, para que entre sus calles aledañas, lejos de los “gritos mudos” y las emociones a flor de piel de estos jóvenes libertarios de izquierdas que han organizado todo este tinglado pre-revolucionario reflexionemos con calma sobre las razones por las que a todos nosotros nos parece que esta película ya la hemos visto más veces en nuestro pasado reciente y en los libros de historia del siglo XX. Es un insulto a nuestra inteligencia que nos quieran hacer creer que el Movimiento ha sido absolutamente espontáneo y que hay en él una amalgama de ideologías indefinida: aún no he visto a ningún pijo en paro, de los de jerseicito sobre los hombros, sentado en alguno de los mugrientos tresillos que hay repartidos por el “poblado” confraternizando con algún progre con la foto del Che estampada en su camiseta.

En el siguiente link [cf. sobre todo del 0:40 al 2:02] he colgado un video (se actualiza continuamente con nuevos videos, pero cualquiera puede valer) de lo que parecen ser también intervenciones libres y espontáneas de algunos de los “indignados” de Logroño reunidos en una de sus asambleas. ¿Localizan Vds. entre los asamblearios a algún “indignado” simpatizante de la Derecha que esté también en paro e igualmente harto de la situación de desamparo y caos a la que nos han conducido los gobiernos sucesivos de Rodríguez Zapatero camuflado quizás entre los jóvenes que intervienen en ese acto? ¿O se creerán los allí acampados que la crisis sólo golpea a los que son de izquierdas? Yo desde luego no he conseguido ver a ninguno, pero a lo mejor es que quiere pasar desapercibido, enfundándose en alguna roída y ya descolorida camiseta del Che, prestada por alguien para la ocasión. Porque estar tiene que estar ahí seguro: nos han dicho y perjurado todas sus «portavocías» que este Movimiento no quiere saber nada de banderas ni de ideologías políticas. Sí, sí…, si ya se ve que es un grupo totalmente apolítico. Aborrecen a los políticos, de quienes aseguran que no les representan, pero en cambio utilizan luego sus mismos términos, idéntico argot, gestos, tics, hasta las mismas «instituciones», aunque sea de forma precaria y liliputiense, las mismas herramientas en definitiva que el político profesional, es decir, la persuasión a través del buen uso de la palabra y la oratoria, ordenando los argumentos, dotándolos de racionalidad y emoción. Es sabido que cuando ese don de la palabra el agraciado lo desvía hacia otros fines, en donde prima más el interés propio o el de partido, deriva siempre en demagogia, pero ése, queridos amigos chiripitifláuticos, es el riesgo que hay que correr si queréis regiros por una «Democracia “Real”» (en vuestro caso, “Republicana”), es decir, el riesgo de ser libres, porque el Parlamento no está, como falazmente decís, en vuestras asambleas populares, sino en la Carrera de San Jerónimo.

Haría la vista gorda por la más que intolerable situación de ilegalidad de todo este Movimiento y de su acampada (cf. el excelente artículo de David Jiménez Torres y la no menos excelente réplica de su padre) siempre y cuando, en primer lugar, el inequívoco sesgo ideológico de comuna de pueblo abandonado con huerto ecológico incluido no monopolizara descaradamente a todos los habitantes del “poblado” de Sol, solapando a otros colectivos de gentes igualmente “indignadas”, pero también y en segundo lugar, si hubieran acampado en La Moncloa, donde vive el inquilino que es el principal y verdadero responsable directo de buena parte de las calamidades que sufrimos todos, y por las que justamente están aquéllos indignados, y en tercer lugar, si hubieran añadido en sus tablas reivindicativas comuneras alguna mención a las víctimas del terrorismo y contra la ignominia de ver cómo un Tribunal Jurídico, como es el Constitucional, se metamorfosea por arte de birlibirloque en la Tercera Cámara Representativa del país, donde en vez de Justicia se hace política.

Si así lo hubieran hecho, habrían ganado (al menos para mí) en credibilidad, porque es verdad que no siempre la Ley de los hombres debe imponerse a la Ley moral (que se lo pregunten si no a Antígona), pero tampoco es bueno sobrepasarse en adoptar esa actitud heroica (a menudo suicida y que muchas veces no compensa los grandes males que provoca por los pocos bienes que revierte), pues si continuamente estamos dudando de nuestras leyes, aunque éstas sean clamorosamente injustas (Ley electoral, por ejemplo), o estirándolas fuera de la legalidad como repugnantemente hace el Presidente y el Vicepresidente Primero del Gobierno de mi país, estamos poniendo en peligro a la Ley misma (que se lo pregunten si no a Sócrates, que prefirió antes apurar «el trago más amargo de su vida», que eludir la Ley, aun a sabiendas de que ésta la condenaba injustamente a la muerte). Y es que, como acertadamente le contestaba ayer Federico Jiménez Lossantos a su hijo, «en política las ilusiones colectivas suelen ser mortales. Por eso, toda indignación no controlada por la razón y la experiencia resulta preocupante».

La situación actual de incertidumbre en el Movimiento 15-M, a día de hoy, domingo 22 de Mayo, jornada de Elecciones Municipales y Autonómicas, de ausencia clara de liderazgo –forzada por el carácter rigurosamente asambleario de este Movimiento– y de no saber muy bien por dónde tirar, indecisión que sobrevuela por esta especie de Ciudad de los Muchachos instalada en el corazón mismo de Madrid, demuestra la inconsistencia e incoherencia, no tanto de algunas de sus propuestas concretas, que son justas y perfectamente asumibles, como de ciertos principios básicos de su ideario sectario absolutamente absurdos y fantasiosos. Son todas esas viejas ideas ridículas, quiméricas y liberticidas que, bajo la falsa apariencia externa de libertad, la Izquierda trotamundos viene trasladando de un sitio para otro en su «yunque ideológico» que arrastra consigo penosamente por todos los campamentos que monta y que de nuevo vuelve a cargar en su mochila cuando los levanta. La ligereza y sencillez de sus bienes y enseres habituales –no me refiero, claro está, a los progres ricos, cada vez más ricos y numerosos– consistentes las más de las veces en una muda, un can y un caramillo, símbolos de su “libertad” que, alegres, llevan siempre consigo allá donde vayan, contrasta trágica y grotescamente con la “pesadez” –lo digo en el doble sentido de la palabra– del «yunque ideológico» que, tristes (si bien sus rostros no lo reflejan), igualmente portan en lo más hondo de su mochila, aunque no sean conscientes de ello.

Quizás todos estos “indignados” lo que tendrían que hacer es fundar un nuevo partido político y salir así de esa irresolución en la que ahora mismo dicen estar (un último comunicado de sus portavocías nos informa de que piensan seguir una semana más), porque el sistema se cambia desde dentro, nunca desde fuera. Es muy fácil decir que el sistema está podrido y que, como no funciona, lo que hay que hacer es probar las recetas mágicas que bajo los «toldos de la Democracia Real», la nueva Atenas reunida en torno a la Pnix madrileña, ha ideado para todos nosotros un grupo de personas anónimas que se arrogan además representar al pueblo, cuando sólo se representan a sí mismos. Ideas que ya las conocemos, porque son las de siempre: odio al Capital, a la libertad de mercados y a la iniciativa privada e individual, sustituida ahora por una romántica colectivización y organización asamblearia de la vida pública, que esconde una realidad asfixiante y liberticida, donde la Igualdad consiste, no en dar a todos las mismas oportunidades, sino en maniatar en el lecho de Procrustes las legítimas aspiraciones humanas, que ellos llaman desigualdades, cortando ahí donde sobre y estirando ahí donde no llegue. Todas las veces que ha sucedido esto, siempre, siempre ha habido alguien, un funcionario del servicio de limpieza del Ayuntamiento o el propietario de una tienda, cuyo escaparate acaban de romper, el que ha tenido que limpiar la calle de coágulos de sangre.

¡Y a mí que me da que todo este Movimiento asambleario se parece mucho a Las asambleístas, la conocida sátira del gran Aristófanes sobre los bienes comunes, en la que las mujeres atenienses consiguieron convencer a los hombres para que les cedieran el control de la ciudad, para ver si ellas eran capaces de gobernarla mejor que ellos! En efecto, en esta conocida obra aristofánica las mujeres, disfrazadas de hombres, se cuelan en la Asamblea y votan la revolucionaria medida, convenciendo a algunos hombres para que votaran también por ella, ya que era la única cosa que no habían probado todavía. Las mujeres instituyen entonces un gobierno protocomunista en el que el estado dará alimento, hogar y cuidado en general a todos los atenienses. Déjà vu? ¿Les suena esta historia? ¿Verdad? La pesadilla de Aristófanes que en 390 a.C., cuando se representó por primera vez esta obra, pretendía provocar la hilaridad de los espectadores, para que tomaran conciencia de los peligros de una democracia salida de madre, y que ya nuestros padres y abuelos la sufrieron en sus carnes Aristófanes y el Platón de La República serían tristes premonitores de esa realidad–, se vuelve a repetir de nuevo, ahora mismo, en un día de elecciones como hoy, en las plazas y glorietas de nuestras ciudades, bien es verdad que en otro contexto sociopolítico muy diferente, que no nos debería hacer temer que la historia pudiera otra vez repetirse… Aunque…¿acaso no es verdad que el último gobierno de la Monarquía de Alfonso XIII probablemente también tendría la misma predisposición que yo aquí tengo de que nada especialmente grave va a suceder? Miren si no qué reflexión más visionaria hizo el otro día el ex-director del diario Público, el periodista Ignacio Escolar: «La última vez que una protesta ciudadana, unas elecciones municipales y la Puerta del Sol se cruzaron, llegó la IIª República».

Y si entramos mejor a un cine y nos relajamos un poco mientras esperamos tranquilamente la decisión del pueblo… en las urnas, no en las asambleas comuneras de Sol, que a nadie representan, más que a sí mismas. ¿Qué les parece? Allí hay uno abierto. Entremos, dejémonos abrazar por la cálida penumbra de la sala, que nos habrá de recibir ajena por completo a todo lo que tan sólo a unos metros de ella se está ahora mismo fraguando. Cuando termine la sesión saldremos de nuevo a la calle y conoceremos entonces los resultados, y sabremos también hasta qué punto los “indignados” eran sólo los chicos del Circo del Sol o si, como nos tememos, eran los chicos del Circo de Rubalcaba. Fuera se oyen voces de más y más grupos de jóvenes que siguen llenando la Puerta del Sol (–«Ya está petada», gritan algunos–), enarbolando improvisados mensajes líricos escritos con la pluma del sentimiento a flor de piel sobre bastos carteles de cartón, –pobreza en su tecnología, nobleza en las ideas que sobre aquel sencillo material de escritura descargan con ira contenida–, reclamando paz y democracia real para todos, hoy son chicos serios, juventud comprometida, responsables, abstemios por exigencias del guión (–«¡Camaradas, tendremos que aguantar una semana más sin botellón!» –¡Tontolaba, no digas “camaradas”, que te van a oír! Recuerda que aquí sólo “somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean. Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos... Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros... Por la indefensión del ciudadano de a pie”{[77]), mensajes que estarán destinados a convertirse muy pronto en los nuevos «versículos» de la Nueva Biblia Laica, la Nueva Constitución ¿Bolivariana?, cuyo germen se halla ahora mismo en la “Spanish Revolution”. De nuevo el mundo entero otra vez pendiente del «simpático» y espontáneo movimiento popular español que como en el 36 exige Libertad, Justicia e Igualdad a sus déspotas gobernantes, que viven todavía como si el tiempo se hubiera detenido para ellos en la época ignominiosa de la Santa Inquisición y de las Guerras de Religión de Felipe II. Pero sentémonos ahí mismo. El cine está casi vacío, podemos elegir el sitio. Hoy dan sesión doble. Veamos qué echan. Parece una reposición. Comienza la proyección de la primera de las dos películas que veremos. Ya apenas oímos los ruidos de la gente de la calle. Las imágenes y el sonido del cine inundan toda la sala, reclamando nuestra atención. Aún un último ramalazo, como de preocupación, se nos cuela en la retina, que nos traiciona haciéndonos ver, como en un espejismo, entre los personajes que aparecen en las primeras escenas de la primera película la ominosa calva del científico Rubalcaba. 

JALEPÀ TÀ KALÁ (Las cosas difíciles son hermosas).

[77] En el fragmento final «Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. “Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros... Por la indefensión del ciudadano de a pie”» ¿debe entenderse que los sintagmas en negrita Por la corrupción de los políticos”, etc. son complementos que dependen sintácticamente de la anterior frase, en concreto de los participios “preocupados e indignados” o más bien esos sintagmas deben interpretarse como una oración desiderativa?... Je, je. Es sólo una maldad aristofánica… Aunque…¿y si lo de ellos fuera un mensaje subliminal y realmente estuvieran hablando en serio?

NOTA ACLARATORIA: En la entrega o parte LXXXIIª de este blog hay un error histórico clamoroso, del que me hago único responsable. Hitler nunca invadió Suiza. Evidentemente me quería referir ahí a Austria, no a Suiza, y aun así tampoco ésta fue una invasión, sino más bien una anexión “consentida” por el propio país alpino y “tolerado” por el resto de las potencias europeas.

 

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