A propósito de "El Reloj de la Historia" del profesor don Francisco Rodríguez Adrados. CLXXXª PARTE.
Algunas conclusiones finales:
La Izquierda, en definitiva, yo creo que no tiene ya marcha atrás (y mucho menos para adelante). Es como un niño grande que juega a ser mayor, pero que nunca crece, sino que es eternamente un impúber, un Peter Paneterno (ya hemos hablado de ello). De hecho tiene hasta sus mismos gestos y comportamientos, y padece los mismos o parecidos síndromes y complejos infantiles. Y así, de la misma manera que un muchacho de once años, al que sus padres lo tienen completamente desatendido en su afectividad, observa hacia los demás una actitud disruptiva y violenta, precisamente para llamar la atención de sus padres, no siendo él consciente de lo que le está pasando por dentro, porque no es capaz de normalizar su carencia afectiva y hacérsela explicar racionalmente a sus progenitores, así también la Izquierda parece estar como enfadada con todo aquél que no piense como Ella, y adopta así una serie de comportamientos «disruptivos» también, que quienes a sí mismos se hacen llamar «de izquierdas» se creen de verdad que son corolario de unos ideales progresistas y libertarios (por eso ellos hablan tanto de libertad, de romper cadenas y de otras «consignas-clichés» similares, siempre huecas y vacías de contenido), cuando en realidad todos estos falsos progresistas de pacotilla no son más que una banda de reaccionarios y «superultraconservadores» (sic) fanáticos, responsables de incontables e injustas acciones violentas y muestras de incoherencia que ni ellos mismos, (como el impúber de once años que no puede dejar de llamar la atención), aciertan a entender realmente por qué profunda razón las cometen.
Para llegar a comprender nosotros un poco esa inconfesable razón que atenaza a la Izquierda necesitaríamos hacer con ella un largo viaje hacia atrás, más allá del tiempo, hacia el Big Bang de su amanecer. Así, desde ese alucinante «superultraconservadurismo» primigenio esos, a los que yo llamaría «proto-progres» –estoy hablando, insisto, desde un tiempo y espacio casi míticos, no históricos, sino de puro realismo mágico– estaban ya tan pasados de rosca, que a lo mejor igual por eso ahora, ninguno de sus actuales descendientes, instalados en esa nebulosa «New Age del Socialismo del siglo XXI» en que viven, podría llegar a imaginarse nunca que en sus orígenes todos ellos fueron unos «conservadores» ultrarradicales, porque obviamente lo fueron, aunque ahora ya no lo sean.
Casi nos parece oír aquí sus patéticas carcajadas, al saberse cómo los estamos calificando ideológicamente: «¡Pues no nos está llamando el jalepata éste “conservadores”!» Y sí, es eso precisamente lo que les estamos llamando, porque es eso lo que efectivamente fueron: unos «superultraconservadores», miedicas de la Libertad, pero está visto que ni siquiera ellos se reconocen ya a sí mismos. Ha pasado mucho, muchísimo tiempo. Son como Gollum en El Señor de los anillos,quien antes incluso de convertirse en el extravagante ser de inframundo en que se transformó al final, había sido también un hobbit feliz, regordete y bonachón, amigo de sus amigos, fiel a las costumbres y tradiciones antiguas de su pueblo, una suerte de «conservador»avant la lettre (así al menos se imaginaba Tolkien a los entrañables personajes de La Comarca), poco partidarios de hacer experimentos y cambios en sus ancestrales modos y costumbres de ser y vivir. Sus casas, por ejemplo, toda la vida habían sido agujeros hechos en la tierra con sus puertas y ventanas redondas, como en una madriguera. Siempre las habían hecho así. «¿Por qué ahora esa repentina obsesión de algunos jóvenes por querer construir casascúbicas levantándolas además hacia el cielo? “¿Por qué?”» –que diría Mouriño–.
Ellos además siempre habían concebido sus vidas hacia dentro, mirando hacia el interior de la Tierra, allí donde late el corazón cálido y nutricio de la Pachamama, la diosa Gea o Gaia de los antiguos griegos. A sus antepasados jamás se les habría ocurrido por ejemplo hacer una casa hacia lo alto, hacia las nubes. «¿Qué extrañas “Torres de Babel” no querrán levantar todos esos jovenzuelos levantiscos y temerarios que un buen día llegaron del norte con nuevos usos y costumbres, con otra lengua muy diferente a la nuestra, siempre belicosos y a la gresca, no pacíficos como eran ellos, siempre con ideas nuevas y revolucionarias, con formas muy distintas de ver y entender la vida, siempre con esa manía de “mejorar la producción” y las condiciones de los habitantes de La Comarca? Pero ¿por qué? ¿Por qué?»
A Gollum le perdió el poder. Hasta que llegaron «esos», era bastante fácil conservarlo, ya que siempre era el mismo clan de la tribu el que solía detentarlo, siempre, generación tras generación, durante la época feliz en que todos sus miembros y miembras eran “más o menos iguales” y salían juntos –¡ah! ¡la añorada «horizontalidad» del 15-M! Ubi est?– a cazar el mamut. «Pero ¿por qué tendrían que aparecer de pronto «esos “liberales”» a decirnos y enseñarnos a nosotros, los hobbits, cómo construir nuestras casas y cómo cazar mejor y con más eficacia?»
Igualmente, a nuestra «proto-Izquierda progresista», de forma muy parecida, le perdió también el poder, pero sobre todo el miedo atávico que de siempre le tuvo a la Libertad y a la Igualdad bien entendidas. Por eso, cuando el «proto-liberalismo» se extendió también como la peste por toda su tribu, metiéndoles en las cabezas a los más jóvenes, (siempre estos más prontos a los cambios), unas ideas muy raras sobre la Libertad y la Igualdad, los otros “hobbits”, los más adustos y reacios a las ideas foráneas se hicieron también «los más conservadores» de toda la tribu, para intentar contrarrestar así el poder e influencia ideológica de los invasores. Durante algún tiempo hubo un cierto equilibrio de fuerzas y ninguno de los dos bandos consiguió sojuzgar del todo a su enemigo, hasta que finalmente el celo proteccionista y ultra conservador de los «proto-progres» se les fue de las manos.
A Gollum le pasó también algo muy parecido. Odiaban (y aún siguen odiándolo) cualquier clase de progreso en que, ineludiblemente, hubiese tenido algo que ver la Libertad –pero ¿qué progreso o avance social o tecnológico puede haber sin el concurso de aquélla?– Así, sus cachorros actuales del Socialismo del siglo XXI o los de la Fundación Ideas de Jesús Caldera –por cierto, ubi est?– han heredado sus mismos genes, tics y querencias: Bachillerato de excelencia, han dicho que no; liberalización de los horarios comerciales, han dicho que no; modificación de la Ley del Menor, han dicho que no; idem de la Ley del aborto, han dicho que no; separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, han dicho que no; y así un largo etcétera. Siempre dicen que no.
Es éste además un hecho objetivo basado en la observación y el análisis de la realidad, ya que siempre que la libertad individual o colectiva está en juego en los asuntos de los hombres –una libertad necesariamente responsable, ya que ésta siempre implica esfuerzo y renuncias– la Izquierda interpone su veto, aunque para dar apariencia ante el mundo de ser “la campeona de las libertades y de los derechos del ser humano”, engaña a todos y se engaña a sí misma cometiendo además el delito de la «suplantación de personalidad», pues llama «Libertades individuales» a lo que no es sino «libertinaje hedonista» –una “libertad” de «pichiglás» y liliputiense, necesariamente irresponsable, porque no se percibe en ésta esfuerzo ni renuncias–, ofreciendo a la sociedad toda suerte de placeres que no son otra cosa que nuevas y sofisticadas cadenas de oro con las que atar aún más en corto al ser humano a la manada-tribu que, complaciente, se tragará una vez más el cuento de que con la Izquierda los hombres son más libres, porque ya no habrá nadie –los ricos, el imperialismo, los neocon, el neoliberalismo, la Iglesia y otros fantasmas suyos similares– que les diga lo que tienen que hacer y lo que no, sino que ahora será el pueblo soberano quien “libremente” tome las decisiones “horizontalmente”, como una falange de hoplitas griegos.
En conclusión, ese estado de libertinaje hedonista disfrazado de Libertad, para nosotros es consecuencia de su «atávico conservadurismo de rosca pasada», enfermizo y patológico, porque aquella actitud precavida y de prudencia que mostraron al principio, en el amanecer del ser humano, en ese tiempo mítico antes del tiempo al que nos hemos desplazado para ver de cerca el origen de todo, el Big Bang de la Izquierda, dejó muy pronto de ser una política y un comportamiento auténticamente conservadores, tal y como siempre hemos entendido el término “conservador” en la Edad Real en la que vivimos actualmente los hombres. Olía demasiado a podrido. Por miedo al presente y a la realidad, tan pronto como ésta empezó a tener unas coordenadas históricas de tiempo y espacio reales, dejaron de interesarse por “conservar”, y empezaron más a preocuparse por huir al pasado, por refugiarse hacia adentro, por volver de nuevo al no-tiempo, al no-espacio, al bosque originario, a la tribu, hacia las casitas-madrigueras de sus ancestros los hobbits, con sus puertitas y sus ventanitas redondas. Así fue como los «proto-progres» empezaron a meter la cabeza en el suelo, igual que los avestruces, en definitiva, a ser otra vez, lo que en el fondo nunca han dejado de ser, unos hobitts, o si lo prefieren, unos auténticos enanos mentales.
Y en efecto, a medida que la tribu más y más se civilizaba, empezaron a sentir vértigo por lo que se les venía encima, a sentir «nostalgia de la tribu». (Allí también se habrían de refugiar, haciendo casi una piña con ellos, nuestros nacionalistas vascos y catalanes, de los que hablaremos en el último capítulo de este blog, razón por la cual se suelen llevar tan bien los progres con los nacionalistas. Está visto que Dios los cría y ellos se juntan).
Así pues, muchos de nuestros «proto-izquierdistas-progres» (llamémosles así) tanto radicalizaron sus posturas «superultraconservadoras» que perdieron por completo el norte y empezaron a abrazar posiciones ideológicas que en principio les eran ajenas, pues estaban al otro lado del espectro ideológico, pasados ya de rosca como quien dice, dándole la vuelta al abanico ideológico por detrás de su cara oculta, donde se toparían con posiciones que tradicionalmente solemos decir que son de Extrema Izquierda, pero que en los «husos de la ideología» coinciden al cien por cien con los de la Extrema Derecha no democrática. Al final es lo que decimos siempre en este blog: misma ética con distinta estética.
Así se entiende mejor que todos estos pobres progres, cuando defienden –o al menos es lo que ellos creen– posturas tan aparentemente libertarias, radicales y tan de izquierdas como la práctica ilegal de la okupación, en realidad lo único que están haciendo es añorar una vuelta nostálgica hacia idílicas realidades sociales del Paleolítico, ya irremediablemente perdidas para siempre, hacia una época casi mítica, fuera del tiempo histórico, en la que aún no existían ni la estructura familiar, es decir, la familia tradicional (por eso la odian tanto), ni la propiedad privada («todo es de todos»), en un falso comunismo que ellos a veces confunden, no sé si deliberadamente o no, con la doctrina católica. Recuerden que diferenciar los matices y contrastes de la realidad no era ni es precisamente el punto fuerte de la Izquierda, que todo lo confunde y lo mezcla. Y sobre todo recuerden también lo que decía aquí el jesuita argentino Leonardo Castellani:«No es lo mismo poner los bienes en común para que sean de todos[eso sería el auténtico Cristianismo],que tener los bienes en común para que no sean de nadie[o sea el Comunismo],es decir, «para que sean del Estado»,[o dicho con otras palabras: «para que sean de «“la Bestia”», apostillaríamos nosotros]. No existía tampoco el capitalismo, sino que los individuos se organizaban en torno a clanes y a estructuras gentilicias de producción, y el trueque era la moneda de cambio habitual. En fin, ¿les suena todo esto? ¿Verdad?
No obstante, el patetismo que algunas de sus más descabelladas acciones {[145]}«superultraconservadoras» pueda provocarnos en nosotros no debe ser nunca el preludio de una conmiseración o comprensión mal entendidas, porque realmente todos estos personajes y personajillos de Izquierdas resultan tan depredadores, despreciables, peligrosos y viles como Gollum, el personaje en que todos ellos se inspiran, o como ese Senador de Virginia o su hijo [cf. minuto 32:00-35:38] que veíamos en El Club de los Emperadores.
Son muchas, en efecto, las cosas que tienen en común unos y otros. Repasémoslas: tanto el perroflauta saltimbanqui como el prepotente Senador de Virginia odian a todos aquellos que no piensan como ellos; no creen en la democracia, aunque curiosamente vivan siempre a su costa, ya que en realidad los personajes del estilo del Senador (da lo mismo que éste sea de Virginia o de La Gomera) no son auténticamente conservadores (menos aún el de La Gomera, claro), ni siquiera ultraconservadores (no confundir, por favor, a estos con los nazis o los fascistas), aunque militen en el P.P. o en el Partido Republicano por el Estado de Virginia, y por lo tanto tampoco son demócratas, ya que los conservadores de verdad, no es que estemos en contra de los avances, sino que sencillamente somos precavidos y cautos con los cambios bruscos, las «res novae» que decían los clásicos, y lo que deseamos es conservar aquellas estructuras sociales, políticas y económicas que más han demostrado fehacientemente que funcionan bien y son las menos injustas de todas las posibles, y como consecuencia de todo ello somos demócratas, aunque de aspecto tradicionalmente huraño y antisocial.
En cambio, esos otros «ultraconservadores radicales y reaccionarios», que se las dan de «progresistas de izquierdas», o aquéllos otros que están todavía con el rollo ése del progresismo moderado y del centro-izquierda (PSOE), no sólo no son progresistas, (mucho menos conservadores), ya que lo que ellos quieren no es conservar nada (salvo el poder), sino volver al pasado, a la tribu, a la manada, casi diría que al útero materno (tal es el miedo ancestral que le tienen todos ellos a la Libertad) a esos espacios o habitaciones donde según algunos no hay Estado de Derecho ni libertades posibles: «¿Libertad? Libertad, ¿para qué?»se preguntaba Lenin.
Y es que en realidad, y en contra de lo que a simple vista pudiera parecer, no son tantas las diferencias que podemos encontrar entre el senador de Virginia y los progres de izquierdas (no ya los radicales, también incluso los «moderados» esos del PSOE).Como ya hemos explicado en otras ocasiones, la diferencia fundamental consiste básicamente en una cuestión meramente estética, ya que su ética, para nosotros,es prácticamente la misma: unos encienden puros-habanos, llevan tirantes, ropas y perfumes caros, son especuladores y antiabortistas, por naturaleza y por tradición ideológica más bien, no porque lo sientan realmente (las cuestiones morales y éticas les tienen sin cuidado a todos estos, ya que son los mismos que hace unas décadas mandaban a sus hijas a abortar clandestinamente a Londres: recuerden lo que le contestó en el baño Sedgewick a Mr. Hundert). Otros, en cambio, fuman tabaco de hebra o porros de hachís, llevan rastas y visten siempre con camiseta y gorra-progre, y son abortistas, también por naturaleza, por tradición ideológica y porque así lo «piensan/sienten» (estar a favor del aborto es «lo progre»). Sin embargo ambos modelos son igual de prepotentes y soberbios, y entre ambos le hacen siempre la pinza a Mr. Hundert, es decir, ala auténtica Derecha Liberal y/o Conservadora, que es la única que ha hecho progresar de verdad a la raza humana desde su amanecer, y de cuyo trabajo y esfuerzo se han visto beneficiados siempre los depredadores de la selva, tanto los de la Extrema Derecha, como los de la Extrema Izquierda y Moderada, que son todos aquellos seres hoscos, huidizos e incivilizados que siempre han querido volver a los sistemas de producción del Paleolítico, alejados de las ciudades y el sedentarismo al que éstas obligan, especies ya en extinción, pero que sin embargo se resisten a desaparecer del todo, como fósiles vivientes. Ahora en Febrero tienen ellos una oportunidad magnífica para decorar definitivamente y per saecula saeculorum alguna de las vitrinas de algún museo de Paleontología.
JALEPÀ TÀ KALÁ (Las cosas difíciles son hermosas).
[145] No olvidemos tampoco que muy a menudo todas estas acciones y actitudes antidemocráticas que protagoniza la Extrema Izquierda, suelen ser también tutorizadas o comprendidas ideológicamente por sus hermanos de sangre, los progres moderados (PSOE) que son los más dañinos de todos estos eslabones perdidos de la evolución humana (ideológicamente hablando), ya que el PSOE es de los que mejor han aprendido a nadar y guardar la ropa. Al menos los perroflautas –y esto siempre se lo hemos reconocido en este blog– son más coherentes con sus principios y su forma de «ver» la realidad que los socialistas.
A propósito de "El Reloj de la Historia" del profesor don Francisco Rodríguez Adrados. CLXXIXª PARTE.
Y si tan fácil ¿verdad? es dejar ese vicio de ser de Izquierdas, si tan sólo hace falta desearlo para escapar de sus empalagosas garras, ¿por qué entonces esa terquedad en tantos?
En parte es por lo ya explicado antes: no les gusta el modelo que «la Derechona» les ofrece como alternativa. Pero yo, que como he confesado y reconocido en más de una ocasión entre mis pecados de juventud figura el de haber estado durante muchos años por allá abajo, en las ciénagas del «Tártaro de la Izquierda», y he visto cosas que nadie jamás ha visto, «cosas que vosotros no creeríais…», sospecho que es mucho más que eso. Creo en efecto que tiene que haber algo más que ni ellos mismos incluso se imaginan qué es.
No es que les disgusten los «Imperios» –que también–, es que ellos quieren tener el suyo propio e imponérnoslo a los demás. De eso se trata, amigos, nada más. Sí, yo creo que no es más que eso. En el fondo aborrecen ese modelo de hombre que propone a sus alumnos el profesor Mr. Hundert, no porque éste sea honrado, cabal, con principios y valores, esforzado, es decir, un hombre hecho a sí mismo, un ciudadano ejemplar que se dice, un gentleman, –¿pero quién va a posicionarse en contra de un modelo tan virtuoso?–, sino porque lo que se les propone les recuerda demasiado a…, es decir, que es un ciudadano excesivamente…¿conservador? –¡eso es! –, y quizás por eso a los progres no les gusta conservar nada.
Y no sólo eso. El «Homo de Mr. Hundert» tiene además un tufillo a liberal que para la Progresía es igual de odioso que el hisopo del cura cuando asperja agua bendita sobre «la piel en la que habita» el laicista recalcitrante que, orgulloso, acaba de estrenar su apostasía. Ciertamente, la Izquierda odia a los liberales más que a nadie en el mundo, más incluso que a los conservadores, porque el modelo liberal es el que quizás más se halla en las antípodas ideológicas de «su» proyecto liberticida, ya que es muy fácil y rentable además criticar y ridiculizar la hipocresía y prepotencia de algunos políticos conservadores {[144]}, quienes por su vil actitud y nula ejemplaridad ensombrecen lo que de positivo (que es mucho) aporta el mensaje de la Derecha conservadora.
En cambio no resulta tan fácil meterse con el modelo liberal, y no porque no haya también entre sus filas casos de prepotencia, hipocresía o autoritarismo, sino porque desde nuestro punto de vista su esquema ideológico, sin llegar a ser perfecto (que en absoluto lo es), es bastante más sólido y presenta quizás menos fisuras que el de los conservadores, salvo en lo económico, donde a menudo los liberales desbarran una barbaridad. No es que los liberales sean mejores que los conservadores (que no lo creemos), sencillamente aquellos tienen mejor prensa que estos, saben vender mejor el producto (dentro de las limitaciones y carencias propagandísticas que tradicionalmente y en general aquejan a la Derecha entera, torpe y con muy poca gracia a la hora de hacerse publicidad).
No me cabe duda, en efecto, de que las propuestas de los liberales suelen ser mucho más atractivas que las de los conservadores. Lo reconocía incluso –aunque veladamente– el profesor Silverio Sánchez Corredera, cuando al principio de este blog hablábamos de él y de su reseña sobre El Reloj de la Historia de Rodríguez Adrados(véase en este mismo blog la parte Vª, capítulo 4.- La libertad y su fiel compañera de viaje, la Igualdad).En dicha reseña el profesor Sánchez Corredera decía que «el liberalismo lo que tiene de bueno es, sin duda, su defensa de la libertad» (sic). Por cierto, «gran conclusión» la del profesor, ¿no creen?
No sé, pero a lo mejor las propuestas de los liberales son…como más «de izquierdas» (entiéndaseme bien), mientras que las de los conservadores, quizás por el gran esfuerzo que conlleva siempre el llevarlas a cabo y lo poco atractivas además que resultan entre la gente –es duro ser de derechas, actuar como tal y no morir en el intento, sobre todo si encima eres conservador –, sean… como más «de derechas».
Piensen si no en la inquina especial con que la Progresía odia a personajes tan liberales como Federico Jiménez Losantos o Esperanza Aguirre. Ni el más fiero de los conservadores, nacionales o internacionales –un Manuel Fraga por ejemplo solía ser objeto más de burla y escarnio que de odio–, consigue acumular en torno a él tanto resentimiento y animadversión por metro cuadrado como el pequeño periodista turolense o la brava Presidenta de la Comunidad de Madrid. Prueba de ello también es ver cómo la Izquierda sectaria de María Antonia Iglesias, que ahora va de buena samaritana visitando presos por las cárceles,intuye dónde está el verdadero peligro y por eso siempre dirige y concentra en esa dirección todos sus dardos.
Por contra, la Derecha Conservadora, aunque suele ser bastante más sensata que la Liberal, porque acostumbra a ofrecer argumentos y soluciones mucho más prudentes y menos temerarios que los de sus compañeros de partido liberales, atrae sin embargo las chanzas de la izquierda y suele por ello ser la presa más codiciada de las acometidas de los progres, tanto más sórdidas y chabacanas cuanto más conservadora y tradicionalista sea su víctima, quien además suele permitir y hasta dejarse también caricaturizar, a diferencia de la Derecha Liberal que repele siempre con crudeza y rigor intelectual los ataques del rojerío.
No obstante es posible también que otra de las razones que justifican esa predilección u obsesión progre por los liberales como rivales suyos naturales en lo ideológico, no permitiéndoles a los conservadores interpretar otro papel que no sea el de ser meros sparrings o comparsas de la Izquierda, en los que desahogarse a gusto y así golpearles de forma más inmisericorde, sea quizás la procedencia ideológica de aquéllos, ya que muchos de esos liberales en otros tiempos fueron antiguos correligionarios fieles a la Izquierda más radical, y que por consiguiente ahora ésta se siente de alguna manera traicionada por quienes antaño fueron considerados sus «camaradas».
Y ante esto ¿qué no nos replicarán los progres? Desde aquí puedo oír todas sus protestas y baladronadas. ¿No las oyen también Vds.?
–«¡Insidias! ¡Calumnias e infundios ridículos e inadmisibles de un renegado de izquierdas! Para empezar: ¡cómo no vamos a desear nosotros también la honradez, los valores y los principios éticos! Por supuesto que los reivindicamos como nuestros, y además lo hacemos muchas más veces y mucho mejor que la Derecha. ¡Pero si los hemos inventado nosotros, como quien dice! Es lo que tiene “la dignidad de ser de Izquierdas…” Que la Derecha puede igualmente ofrecer ejemplos de honestidad y honradez… No vamos a negarlo, pero seguro que cuando lo ha hecho, habrá sido por equivocación y sin querer, y en cualquier caso, habrá sido siempre una minoría, porque lo típico de la Derecha ha sido siempre hacer el mal. Y eso es algo que lo sabe todo el mundo».
–Por consiguiente –les contrarreplicaríamos nosotros, siguiendo punto por punto con su «lógica»–, si tal cosa es como dicen,es obvio que, aun tratándose de una minoría, el que es honrado es honrado, porque lo es, da igual que sea un hombre honrado de izquierdas que un hombre honrado de derechas. Es decir, el resultado final va a ser el mismo: un hombre honrado. ¿Dónde estará, pues, amigos progresistas, el problema con la honradez de la Derecha –aunque ésta sea rara y poco frecuente, según decís–, si al final el que es honrado lo es, y da igual la ideología que uno tenga, si va a Misa o si deja de ir?»
Yo, al llegar a este punto, no sé exactamente lo que nos contestaría la Izquierda, pero sí me atrevería a sugerir aquello que estoy seguro que piensan casi todos los que a sí mismos se hacen llamar «hombres y mujeres progresistas de izquierdas», y que sé además que nunca se atreverían a decirlo públicamente:
–Que “¿donde estaría el problema con el proyecto ideológico de Mr. Hundert/la Derecha?” Pues en que…no aguantamos su “moralina”. Nos saca de nuestras casillas. Es que es algo que nos supera y hastía...(Y nos da verdadero pavor)».
¡Eso es! Realmente, lo que les impide de verdad, de verdad, abrazar el proyecto de hombre de Mr. Hundert no es sólo por «la moralina» –que también–, ésa de la que hablábamos el otro día, tal y como ellos mismos creen y explícitamente además nos lo dicen,ya que efectivamente ellos, como cualquier otra persona medianamente sensible, en principio no deberían estar en contra de ese hombre honrado, con los principios y valores que Mr. Hundert quiere forjar en sus alumnos. No creo que aquí sean tan hipócritas. Lo que les pasa es que el «yunque ideológico» que permanentemente –no nos olvidemos nunca de él, aunque no se lo veamos ni ellos se lo vean– arrastran consigo les pesa y les tira tanto hacia abajo, hacia el Tártaro, que lo que en verdad quieren y anhelan es cambiarlo todo «desde la raíz a las puntas», y ya saben para qué, para regresar a la tribu, al bosque originario… de “Panoramix” –precisamente sobre nacionalismos hablaremos en el último capítulo de este blog–, es decir, para crear un mundo de ensueño y fantasía a su imagen y semejanza, una especie de parque temático de Disney, donde poder construir un «Hombre Nuevo», no el «Homo Real de Mr. Hundert» que tanto les huele y les duele a «moralina» (y…a naftalina), sino el suyo propio, su propia «creación», volviendo si hiciera falta al útero primigenio.
El grado de perfección y pureza de este «Homo Novus» dependerá de lo totalitario que sea el progre de turno, habiendo aquí una amplísima gama que va desde el clásico muñeco de trapo, pasando por el articulado, hasta llegar a ejemplares de gran independencia y realismo con posibilidad de andar, hacerse pipí y caca, y hasta de articular algún que otro sonido humano. Los de última generación (los ha sacado la factoría PSOE) son una clase de androides que parecen de verdad humanos: incluso tienen las mismas emociones que una persona de verdad y «su capacidad de raciocinio y de sentido común» son verdaderamente sorprendentes, si no fuera por su excesivo consumo de material televisivo, alto en calorías e hidratos, y escaso en vitaminas y proteínas. Y tiene también otro pequeño fallo, casi insignificante, ¿verdad?, el de su deficiente percepción visual de la realidad, que le hace confundir a las víctimas con sus verdugos y a estos con aquéllas. Pero por lo demás, es igual-igual que una persona normal.
Este «Hombre», más o menos «Nuevo», es algo que cualquier buen progresista de Izquierdas lo suscribiría a pies juntillas. ¿No ven cuán gozosos se ponen, cuando se encuentran todos los de su misma cuerda en las manifas, ahí todos juntitos? Y todo es porque no les gustan las individualidades, claro, aunque paradójicamente es con lo que más trabajan, pero no para darle libertad al individuo, sino para atarlo indefinidamente al resto de la manada, para que éste se sienta a gusto consigo mismo y se identifique bien luego con aquélla. Su lema ya saben cuál es: «desde el individuo para el individuo, pero siempre dentro de la manada».
No les gusta tampoco que haya nadie que vaya por libre, ni que personas ajenas a «su Obra» se inmiscuyan en aquellos terrenos que, como el de la Cultura o la Educación, consideran que sólo a ellos, a «los hombres y mujeres de izquierdas», les pertenece por Derecho propio y, por lo tanto, para los forasteros es poco menos que territorio comanche. Tampoco les gustan mucho las discrepancias, que las suelen resolver por la vía rápida. ¿No recuerdan que les encanta sobremanera la homogeneidad, la horizontalidad –salió mucho esta palabra cuando las «Revueltas de los Perroflautas»de Mayo del 2011(«Todos somos participantes, no voluntarios. Es necesario relevarnos para mantener la horizontalidad»)–, el “todos somos iguales”, lo de “el pueblo unido, jamás será vencido”, etc.? Y en esas están. Disfrazan «su Libertad» de participación y su cacareada «horizontalidad», dando un falso protagonismo al individuo, su momento de gloria, para posteriormente ahogarlo en la hediondez horizontal de la manada, cuando no de sus rastas, de sus ridículos ropajes medievales y sus cartones de poetas muertos.
Porque al final es eso lo que aflora de cierto, no sus palabras ni lo que te dicen que van a hacer con la sociedad, sino sus hechos. A la hora de la verdad siempre se olvidan por completo de la honradez del «Homo de Mr. Hundert» con la excusa vaga, que no explica nada, de que «sí, pero que no; que sí que estamos de acuerdo en lo de ser honrados, pero que no nos gusta nada, nadita “su moralina”, que así no», cuando en realidad lo que nos están queriendo decir entrelíneas es que no les gusta nada, nadita el mundo que les ha tocado vivir, porque ellos quieren proponernos otro «mejor», con honradez, «¡por supuesto que sí!», con principios éticos y valores, «¡cómo no!», pero sin «moral-ina», ¿verdad?,o lo que es lo mismo,anestesiados todos… con morf-ina, con mucha morf-ina.
JALEPÀ TÀ KALÁ (Las cosas difíciles son hermosas).
[144] Véase el caso del padre de Sedgewick Bell o el propio Sedgewick, aunque en realidad estos personajes no sean conservadores, ni siquiera ultraconservadores, sino lisa y llanamente fascistas que, como los aqueos en las tripas del caballo de Troya, parasitan entre aquéllos.
A propósito de "El Reloj de la Historia" del profesor don Francisco Rodríguez Adrados. CLXXVIIIª PARTE.
Segunda carta abierta a los «hombres y mujeres de izquierdas pajinianos». Segunda Parte.
Sin embargo, y al igual que le ocurriera a Dorothy(Judy Garland) en El mago de Oz, trasunto de la Izquierda sectaria y embotada (como lo es también Alicia en el País de las maravillas), cuando la bruja buena le decía a la niña que para poder llegar de nuevo a su casa de Kansas (a la realidad, diríamos nosotros), tan sólo tenía que desearlo {[140]}, así también en la Izquierda, aunque difícil, no es imposible tampoco salir de ese mundo de ensueño y fantasía en que viven muchos de esos hombres y mujeres que, sin saber que no lo son, se creen patéticamente que son de izquierdas. Igual que hizo Dorothy, estos tan sólo tendrían que desearlo. No se trata más que de eso. Esténse, pues, tranquilos, amigos y amigas progresistas: para escapar de ahí, no van a tener que renunciar a nada, no traicionarán tampoco a la clase trabajadora. Créanme, amigos progresistas, yo estuve antes ahí. Sé lo que me digo. Lo suyo no es más que un sueño, un bonito sueño, nada más, que quizás podría ser incluso eterno, maravillosamente eterno y, por consiguiente, inocuo –tampoco les pasa nada, ¿verdad?, a quienes todavía no se creen que el hombre haya llegado a la Luna–, pero el problema es que a menudo se corre el riesgo de convertir el sueño en pesadilla. Y tampoco pasaría nada si la pesadilla la sufriera sólo el que la tiene (allá él), pero lo que sucede es que muchas veces los sueños de la Izquierda son contagiosos, y lo que es peor, saltan del mundo de fantasía de la Ciudad Esmeralda, en la cual viven, a nuestro mundo, a «Kansas», al mundo real. Por eso yo creo que el hombre de hojalata, el león cobarde y el espantapájaros, o el sombrerero loco, la reina de corazones y la oruga opiácea donde mejor están es en el mundo de los sueños y las utopías. Recuerden: ¡cien millones de muertos provocados directamente por los sueños y pesadillas del comunismo y el socialismo! Nada comparable con todos los muertos que Vds. pudieran ponernos a nosotros encima de la mesa, provocados por la «barbarie» del Capitalismo, el neoliberalismo, los neocom y la Iglesia Católica juntos.
Por eso también es imprescindible despertar del sueño cuanto antes. Se puede hacer. No es imposible. De verdad. Es como cuando estamos soñando algo muy bonito y muy agradable, y de pronto cambia toda la escena y vemos que lo que parecía un lindo sueño se está convirtiendo en una terrible pesadilla y somos nosotros mismos quienes desde nuestro estado de semiinconsciencia tenemos aún la capacidad de ordenarle a nuestro cerebro que nos despierte de ese mal sueño y nos devuelva a la realidad. ¿No les ha pasado esto alguna vez? Pues bien, amigos y amigas progresistas (y progresistos), abandonar la Izquierda es un poco lo mismo. Sólo hay que desearlo, como Dorothy; no tienen que hacer nada más. Y si no me creen, junten tres veces uno contra otro los chapines «rojos» –¡´Rojos`! ¡Tenían que ser ´rojos`!–, como hizo también Dorothy, yya verán cómo ahora, ¡por fin!, verán cumplido –¡qué ironía!– uno de sus mayores sueños: cada uno de Vds. se sentirá, ahora sí, un «Hombre Nuevo», pero un hombre de verdad, no de fantasía, como Pinocho, que cuando dejó de mentir y de hacer travesuras se hizo también un niño de verdad, «de carne y hueso», para poder ser más tarde un hombre cabal.
El «cuento», pues, ha terminado, hombres y mujeres progresistas y progresistos del PSOE. Ahora en Febrero tienen Vds. una oportunidad magnífica de hacer algo grande por su partido y, sobre todo, por España. Aprovéchenla y disuélvanse, por favor. Crezcan, háganse mayores y háganse un favor a sí mismos y a todos los españoles.
Y no se preocupen: tras la pesadilla, lo volverán a encontrar todo en su sitio. El tornado sólo se habrá llevado sus espantajos y quimeras de «SuperHombre». Lo esencial seguirá en su sitio. Sólo tendrán que abrir los ojos de la razón y del corazón para verlo {[141]}. Incluso podrán seguir viendo las payasadas del Gran Wyoming, si tal es su deseo, con el mismo aprovechamiento y disfrute que antes. A lo mejor es posible que ya no les haga tanta gracia como antes, pero si a este gran comunicador, ¿verdad?, conseguimos aislarle su sectarismo de base, aún podremos disfrutar de él como antaño.
También cabe la posibilidad de que ahora, en lugar de ver El Intermedio, se pasen a El gato al agua, que lo emiten, creo, a la misma hora. No pasa nada: siempre podrán grabar su programa favorito de la Sexta, y verlo después o al día siguiente, para que así no tengan cargo de conciencia de que se han vuelto fachas por completo por ver sólo programas de Intereconomía Tv. Esto sobre todo es importante hacerlo durante las primeras semanas de su conversión, para que el tránsito ideológico no les resulte tan traumático. Así, dejar la Izquierda será casi como dejar de fumar, es decir, que hay que ir poco a poco y no dejar el tabaco de golpe.
O incluso puede pasarles que ahora ya no les haga tanto tilín El País o el diario Público, y en el quiosco del barrio empiecen a echarle los tejos a La Gaceta, pero así, descuidadamente, como quien no quiere la cosa, ¿saben?, como aquél que en la consulta del dentista está nervioso y le echa un vistazo por encima a una revista cualquiera, sin prestarle mucha atención, y luego coge otra, y la suelta otra vez, y ojea otra, pendiente más de que por fin le toque su turno que de atender a lo que está leyendo o a si la revista es del corazón o una especializada en técnicas de imprantes odontológicos. Algo parecido podrían hacer también con La Gaceta, el ABC o La Razón. No los compren todavía; no tengan prisa. Vds. sigan fieles a Prisa o al progre-rico de Roures –por lo menos hasta que quiebren–, pero mientras estén en la fila de su quiosco esperando a pagar, échenle un vistazo a los diarios de la Derechona, como quien está haciendo tiempo, ¿saben? Así, poco a poco se irán acostumbrando a su nuevo rol de fachas.
Bueno, Vds., no se preocupen. ¡Ah! Y otra cosa: si finalmente han decidido rascarse de «la piel que habitan» el barniz-roña de la Izquierda, es posible que al principio huelan un poco mal. Sí, pero no se apuren. No es cosa de sus esfínteres. Tranquilos, que no se han ido por los pantalones. Es más, quizás incluso huelan un poco o bastante a azufre. Tampoco se alarmen por eso. Todo es normal. Recuerden que a los de la Derechona nos tienen por el diablo. Es por eso, nada más; así que tranquilos. Al final te acostumbras al olor. En fin, son sólo pequeños reajustes de su conciencia. Nada más. Pura ilusión. ¡Ah! Y si es por lo de tener que ir a Misa los domingos y fiestas de guardar, esténse tranquilos también, progres, que la Derechona ya no pasa lista como antes.
Y otro detalle más, para terminar. No tengan cargo de conciencia por los curas y monjas que mataran los suyos durante la República y la Guerra Civil, de quienes antes Vds. no se compadecían y hasta se burlaban despiadadamente, y ahora en cambio, de un tiempo a esta parte han empezado a compadecerse. Al final les pasará como a mí, que se compadecerán de los muertos de un bando y del otro: es lo que tiene ser un «Tiresias»{[142]}. Vds. sigan así, no desfallezcan que ahora sí por fin me parece que van por el buen camino y ya casi casi están a punto de salir del Espejo de Alicia. Así que ¡Ánimo! y no desfallezcan.
Y así, cuando finalmente lo hayan atravesado y estén ya por fin con nosotros, les recibiremos con un «¡Bienvenidos al mundo de la realidad!» «¿Cómo? –nos preguntarán, quizás, alarmados– ¿Ahora a la Derechona se la considera que es el “mundo de la realidad”? Y entonces nosotros ¿qué somos?... Ya, claro: ser de derechas representa la Luz y ser de izquierdas la Oscuridad. ¿No?» ¡Que no, que no es eso! Que no es que ahora Vds. vayan a ser de derechas y antes fuesen de izquierdas, o que ser de derechas sea mejor que ser de izquierdas. Que no es eso, hombre, que no. Que no se trata de eso. Que eso ya no existe. Que en realidad, todo ese rollo de la Derecha vs. la Izquierda se lo inventaron Vds., para separar irracional y absurdamente a la gente. ¿No se acuerdan? Fue hace ya mucho tiempo, durante la Revolución Francesa. Ahí empezó el sueño (o la pesadilla, más bien). Así que, no vean prepotencia ni autosuficiencia en nuestra invitación a que salgan del espejo. ¿De acuerdo?
Miren: para no herir demasiado sus sensibilidades, aún frescas por haber sido antaño antiguos «hombres y mujeres de izquierdas pajinianos», los recibiremos aquí, «citra speculum»{[143]},como seguro lo habrían hecho también los tíos de Dorothy, sin ese tan prepotente«¿ves-cómo-tenía-yo-razón:-que-es-mejor-la-Derecha-que-la-Izquierda?», sino con cariño, el mismo que encontró la niña en compañía de sus seres queridos, cuando ésta volvió en sí, al regresar de su largo ´viaje` por el mundo de ensueño y fantasía de El Mago de Oz, después de haber estado perdida en el maravilloso mundo de las ideas imposibles. Y lo haremos sin gestos ni actitudes de superioridad intelectual, sin alharacas, sin recriminaciones de ningún tipo, como las de aquél hombre de la fábula de Esopo, que recriminaba a un niño por haberse metido en una lugar muy peligroso del río, mientras que aquél, al ahogarse y pedirle auxilio al hombre, le decía con buen sentido que dejara las broncas para después, pero que hiciera el favor ahora de salvarle. Nada de eso habrá al cruzar de nuevo el speculum, no habrá collejas, ni siquiera los recibiremos como aquél padre a su hijo pródigo. No encontrarán paternalismos de ningún tipo en nuestro comité de bienvenida. Todo quedará en un sencillo y sentido «¡Bienvenidos a casa! ¡Bienvenidos a la cruda realidad! ¡Bienvenidos al sentido común!»
Ojalá mi lindo sueño se cumpla, sí, porque también nosotros aquí soñamos, pero no en sueños de libertad, como hacen allá Vds., sino que aquí nosotros los hacemos realidad, porque nos hemos acostumbrado a hacer continuamente pactos con el mundo de las cosas reales, precisamente para que la libertad tenga acomodo y sea algo real.
Tan sólo espero de Vds., que como hiciera antes también Judy Garlan, liberen, aunque sea con un nudo en la garganta, un pensamiento que me consta tienen Vds. ahora mismo atragantado y cargado de cadenas en lo más hondo de sus conciencias y que, por miedo, no se atreven a liberarlo. Al principio será sólo un hilo de voz, apenas perceptible, pero pronto se convertirá en una gigantesca y ensordecedora cascada de libertad.
JALEPÀ TÀ KALÁ (Las cosas difíciles son hermosas).
[140] Recordarán que Dorothy había perdido el globo que la habría tenido que llevar hasta su casa, (hasta la realidad), y ella temía que ya nunca jamás podría salir de ese mundo mágico al que había llegado tras el tornado.
[141]Antoine de Saint-Exupéry decía precisamente que «sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos».
[142]Es decir, un «renegado» (cf. parte CLXIIIª) (cf. pg.460), quien, igual que el famoso adivino tebano, que durante un tiempo fue hombre y luego mujer, también yo he pasado, en sentido figurado, por una intensa «doble vida o experiencia ideológicas». En efecto, cuentan que una vez Tiresias,el famoso adivino de Tebas, antes de serlo y de quedarse ciego, sorprendió una vez a dos serpientes que estaban copulando y a continuación las separó. Al parecer no gustó nada este gesto a Hera, la esposa de Zeus, quien automáticamente castigó al futuro vate convirtiéndolo en mujer. Siete años más tarde, volvió a ver a las serpientes en circunstancias similares y entonces Hera le hizo recobrar su sexo. Esta experiencia única hizo que Zeus y Hera recurrieran a él como árbitro en una discusión sobre quién experimentaba más placer sexual, si el hombre o la mujer. Y quién mejor para dilucidar sobre esta delicada y sensible cuestión que alguien que había sido primero hombre y luego mujer. Cuando Tiresias afirmó que el hombre experimenta sólo una décima parte del placer que la mujer, Hera, indignada, lo castigó dejándolo ciego. Zeus, sin embargo, le otorgó el don de la profecía y una larga vida.
A propósito de "El Reloj de la Historia" del profesor don Francisco Rodríguez Adrados. CLXXVIIª PARTE.
Segunda carta abierta a los «hombres y mujeres de izquierdas pajinianos». Primera Parte. [¡es una repetición!]
Mi «conversión», por ejemplo. No fue debida a un rayo de Luz que atravesara de pronto mi mente abducida por la sinrazón del Príncipe de las Tinieblas. No, no se imaginen nada parecido. Fue todo mucho más prosaico y simpleque todo eso. Tampoco me hizo falta leer mucho para darme cuenta del engaño en que vive y hace vivir la Izquierda. Sólo hay que darse una vueltecita. A Federico Jiménez Losantos, por ejemplo, le bastó con hacer un viaje a la China de Mao, para bajarse del burro. (Cosa distinta es ver ahora a don Federico a qué costas tan apartadas de la oposición ideológica al marxismo y a sus «golfos» {[134]} sentimentales socialistas o socialdemócratas ha llegado a recalar su nave: me refiero a su furibundo y sectario modelo de liberalismo económico y a su torpe deriva anticatólica utilizando para ello como fiel escudero al prolífico Don César). Su odio fue tal que cuando salió del Espejo de Alicia casi lo rompe. Y en esas está todavía. Les pasa a muchos renegados. Creo que no es mi caso, que los clásicos griegos y latinos me ayudaron quizás a atemperar y suavizar un poco mis nuevos planteamientos ideológicos. Nunca son buenos los radicalismos, aunque tampoco lo es cambiar de tiesto continuamente. En este sentido Séneca, por ejemplo, decía que «no arraiga la planta que a menudo es trasladada de sitio»{[135]}. En fin, lo de siempre, lo de los griegos: mesura, medén ágan,«nada en demasía».
Por lo que a mí respecta, el viraje de rumbo me salió mucho más barato que a don Federico. No tuve que irme hasta la China. Me sirvió la lectura de El Reloj de la Historia del profesor Rodríguez Adrados, quien como saben, y con permiso del gran Aristófanes, ha sido mi mentor y la excusa perfecta para todo este torrente incontrolado de palabras que ha sido mi blog. Y no, no, tampoco Adrados ha sido mi única «Biblia». No siempre estoy de acuerdo en todo lo que él dice y piensa. Éste, por cierto, suele ser el error de muchísima gente: apuestan todo al mismo número, en vez de repartir, aunque he de reconocer que Adrados sí fue uno de los intelectuales que más me ayudaron a despegarme del Espejo y a despertarme del letargo ideológico en el que había caído adormecido, como tantos otros –¡esa página 87 de su libro, El Reloj de la Historia, donde recuerdo haber anotado al margen un signo de interrogación y exclamación que para mí supuso un antes y un después! {[136]}–, como Ulises, cuando también él estuvo a punto de equivocarse eligiendo una vida eterna y perfecta, pero insulsa, en la mítica isla de Ogigia, rodeado de placeres sin cuento en compañía de Calipso, la ninfa enamorada, en lugar de proseguir su viaje hacia Ítaca, que al final fue lo que hizo, hacia la imperfección de la realidad, eligiendo una vida mortal (y moral), una vida sencilla, tradicional, llena de dichas y de fracasos, pero llena de sentido en compañía de su esposa Penélope y su hijo Telémaco (o sea, «lo que le va» a la Izquierda: la «moralina» final de los cuentos).
Por consiguiente, en ese «cambio ideológico» míono hubo ningún cortocircuito especial digno de mención, ningún fogonazo o flechazo de ningún tipo, parecido al que debió de experimentar San Pablo en su camino hacia Damasco, cuando la voz de Jesús que le decía «Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?» le hizo caer del caballo. ¡Qué va! Fue todo mucho más sencillo que todo eso. En realidad, tras el «cambio» que supuso para mí esa caída del caballo, todo siguió igual. Yo, por ejemplo, no dejé de usar la misma ropa que me ponía antes. Conservé mis amistades (las de toda la vida). Tampoco empecé a echarme gomina en el pelo ni a ponerme con mucha gracia y delicadeza sobre los hombros los jerseycitos y los politos, ahora de marca, con los puñitos bien metiditos uno en el otro, como dicen los progres que hacemos los de la Derechona, ni a hacer esas cosas con las que siempre nos han relacionado. Es más, a mí el Gran Wyoming me sigue pareciendo, a día de hoy, igual de «graciosillo» que cuando me creía que yo era de izquierdas (sin serlo), y presentaba él en la Cinco su programa estrella, C.Q.C. (Caiga quien caiga).
En otras palabras: yo seguía pensando que había y que sigue habiendo injusticias en el mundo que no se pueden tolerar. Que los palestinos tienen derecho a tener su propio Estado –¿pero hay alguien que pueda estar en contra? ¡Si hastael mismo Estado de Israel está de acuerdo en ello!– Que, en general, las personas tenemos los mismos derechos y obligaciones. Etc., etc., etc. Es decir, que mi supuesto «cambio ideológico»–en realidad, un simple posicionamiento o reajuste de ideas y sentimientos, o sea, parecido al «cambio climático»: mucho ruido y pocas nueces– me resultó de lo más sencillo y natural, porque en honor a la verdad tampoco tuve que hacer demasiadas rectificaciones y renuncias. Y «¿cómo» –se preguntarán Vds., amigos y amigas “pajinianos”?– «¿Cómo fue ello posible? ¿Cómo que tan “sencillo”? Lo nuestro parece tan distinto de la Derechona, visto desde aquí dentro, desde el Espejo, que resulta difícil creer que un cambio tan drástico como es pasar de la Izquierda a la Derecha no se traduzca en cambios ostensibles». Pues es muy sencillo de explicar. No se dan cambios bruscos porque la Izquierda basa todo su ideario en el sentimiento, que no es tan profundo como ella se cree –salvo los «muy progres muy progres» que esos son rojos hasta los tuétanos–, sino muy superficial, muy de epidermis. La mayoría de aquellos a los que comúnmente llamamos progres (yo fui uno de ellos) pertenecen a esta sub-clase.
En efecto, se puede afirmar con total rotundidad que casi todo el ideario de la Izquierda cabe escrito en «la piel que habita» un progre modelo estándar, porque en ella no hay mucho que rascar. Tampoco es un juicio de valor lo que acabo de decir. Es una idea que además la Izquierda la suele repetir hasta la saciedad: «Verás que nos dirigimos más a las emociones que al cerebro, cosa que me parece necesaria. ¡Es para siempre, coño, es para siempre! Ese camino no tiene fin. En el ser humano siempre van a estar reñidas la codicia y la conciencia social. Es el cuento de nunca acabar. Ese camino puede ser muy escarpado, cuesta arriba y sin fin. Yo lo llamo “el tren de la Libertad”»{[137]}. Todo en ella es, pues, superficial, en especial su ideario. El suyo no es desde luego un mueble de madera maciza. Por fuera, láminas de pan de oro. Por dentro, aglomerado prensado (y del malo). En realidad, ser de izquierdas, pues, queridos «hombres y mujeres de izquierdas pajinianos», es sólo eso, una capa de barniz, y poco más. A menudo son tan sólo gestos: el puño en alto, determinadas consignas miméticas, hermosos cánticos revolucionarios decimonónicos que se añoran como cuando con nostalgia oímos, tras muchos años olvidadas, viejas canciones que nos devuelven al presente bellas evocaciones del pasado y nos trasladan al maravilloso mundo de la adolescencia perdida, ciertas actitudes de rebeldía contra fuerzas oscuras opresoras, reales o ficticias –esa «dignidad de ser de izquierdas», que decía el actor Juan Diego Botto–, determinadas ideas-argumentos cíclicos, obsesivos, preconcebidos, recurrentes, a menudo irracionales y cerrados sobre sí mismos –es el triunfo de la sociedad cerrada (lo dijo Popper, lo ha dicho también Adrados)– o clichés axiomáticos, muy simples de entender, pero sin profundizar: que si los gobiernos imperialistas, que si la Derechona que roba («porque la Derecha siempre roba; la Izquierda, sólo a veces, muy pocas, pero la Derecha, en cambio, siempre»), que si el Capitalismo, que si el Neoliberalismo y los neocon que enloquecen al hombre llevándolo a su perdición, a la esclavitud por culpa del individualismo egoísta, la plusvalía y la ganancia a través de la usura, que si la Banca Internacional, que si los yanquis, que si la Iglesia Católica aliada siempre con el Poder y el dinero, falaz, manipuladora, hipócrita, creadora de mil y un embustes para poder engañar mejor a la pobre gente ignorante a la que le promete una quimérica vida en el Más Allá que no existe, todo a cambio de su dinero y su fidelidad a Ella aquí en la Tierra,… y así un largo etcétera de argumentos-clichés muy bien estructurados y organizados por temas, que es de donde habitualmente suele sacar el material «intelectual» para sus puyas-coñazo el cuñado progre que, como el turrón, vuelve siempre por Navidad.
Yo no sé Vds. qué pensarán, pero muchas veces, cuando hablo mal de la Izquierda, a menudo no soy consciente de cuándo estoy exagerando {[138]} al viejo estilo del italum acetum de los antiguos romanos, y cuándo estoy haciendo una mera descripción de lo que es la Izquierda. Lo anterior, por ejemplo. Eliminen, si quieren, lo que he dicho antes de que el ideario de la Izquierda es sólo «epidermis» y lo del «pan de oro». ¡Venga! ¡Vale! ¡De acuerdo! Lo reconozco: son juicios de valor y además todo mi discurso contra la Izquierda carece de argumentos y sólo ofrece adjetivos y opiniones subjetivas. Evidentemente lo que acabo de decir no lo digo en serio ni lo pienso así, porque creo que, aunque pueda ser cierto que me adorno mucho, no es menos cierto también que debajo del ornato y el epíteto hay también una infinidad apabullante de ejemplos, hechos y argumentos que aporto. Pero, vale, de acuerdo. Concedámoselo. ¡Anda que me va a importar a mí mucho quitar aquí o allá éste o aquél otro epíteto! ¡Será por palabras!... Vale. ¿Pero y el resto? Sobre todo la parte final del párrafo anterior. Con la mano en el corazón, amigos y amigas del «progresismo pajiniano», ¿dónde empieza ahí la hipérbole, si es que la hay, y dónde la descripción?
Y a pesar de esa fragilidad que estamos comentando que caracteriza al ideario de la Izquierda, formado por apenas una delgada y fina capa, aunque muy corrosiva, fuerte y rocosa por fuera, ciertamente, y hueca y vacía por dentro, es capaz sin embargo de ofrecer a todos sus fieles, correligionarios y simpatizantes en general un útil y dinámico manual, práctico y de uso muy fácil y manejable con un listado de preguntas y respuestas ya hechas para todo tipo de situaciones y lugares, muy cómodas y sobre todo muy convincentes a simple vista, porque dan sensación de veracidad.
Y así, cuando alguien o algo –a menudo la propia contundencia del oxígeno de la realidad– consigue arañar la fina capa de su espléndida pintura exterior y dejar desnuda y a la intemperie de la realidad su carne trémula e indefensa, en seguida ésta se vuelve roja, sí, su color natural, pero «roja» del óxido que la corroe, como un yunque oxidado, (un yunque ideológico). De ahí su éxito, sólo inicial –la Progresía al principio siempre da el pego–, ya que la Izquierda y sus ideólogos, o bien no profundizan nunca en los problemas,limitándose tan sólo a tirar piedras al aire,o bien, cuando sí lo hacen, (o creen más bien hacerlo), transpiran tal odio y tal resentimiento por cada demostración que creen ellos aportar a sus tesis, que deslegitiman por completo las razones de fondo que pudieran tener.
Como ejemplo ilustrativo de lo que acabamos de expresar acerca de la ligereza y simpleza del “argumentario” de la Izquierda ahí está «el cuña(d)o-progre de Navidad» que acostumbra a acorralar a su víctima de la Derechona con preguntas «capciosas» que nunca vienen a cuento de nada, pero que, como se aburre el pobre en la mesa familiar, tiene que hacérselas para entretenerse un poco entre polvorón y polvorón. Normalmente «el cuña(d)o-progre de Navidad» se cree además que sus preguntas son siempre muy ingeniosas e inteligentes y suele acompañarlas de una sonrisa triunfal, que él confunde con una expresión irónica de superioridad intelectual. Suelen ser del tipo a la siguiente: –Oye, “cuñao”, ¿tú no crees que la Iglesia Católica no ha tenido mucho tacto a la hora de elaborar su calendario religioso de fiestas? Me refiero al hecho incuestionable de que carece de una lógica mínimamente creíble y racional. Fíjate: –aunque se dan distintos modelos y estilos de «cuña(d)os-progres navideños», la mayoría tiene tendencia aquí a apuntalar su sabia observación con algún gesto doctrinal del dedo índice de su mano derecha agitándolo como si de la batuta de un director de orquesta se tratara– ¿cómo es posible que Jesucristo naciera la noche del 24 de Diciembre (el «dedo-batuta» señala hacia un punto cualquiera imaginario de su izquierda), el 28 (ahora el mismo dedo apunta hacia el centro) tuviera lugar la matanza de los Santos Inocentes y el 6 de Enero (y por último hacia la derecha) la adoración de los Reyes Magos? ¿No te das cuenta? ¡No tiene sentido! La matanza de los Inocentes ¿no tendría que haberse producido con posterioridad a la Adoración? –nos preguntará nuestro «cuña(d)o-progre navideño» metido a historiador, al tiempo que nos mirará fijamente a los ojos para escrutar en ellos algún tipo de reacción que semeje derrota o asombro por su agudeza intelectual, y como si le interesara en verdad lo más mínimo la resolución de tal enigma histórico y no más bien lucir en su rostro una de sus sonrisas más triunfales y cínicas–. Pero un formidable y espectacular espárrago de la ribera riojana, ya untado con su correspondiente mayonesa, que uno de mis hijos arrojará sobre sus pantalones, (creo que sin querer), dejará inconclusa la respuesta a tan sabia pregunta formulada por nuestro querido «cuña(d)o-progre navideño» en este particular «simposio de Nochebuena» que él, haciéndose pasar una vez más por su anfitrión,volverá a presidir y a monopolizar todas las conversaciones, como hace todos los años.
Y sin embargo, y a pesar de esa lasitud en el ideario de izquierdas, su insoportable e infantil estrechez especulativa, y de lo fácil que resulta siempre atravesar sus endebles líneas defensivas, los que están dentro de esa «piel que habitan» no lo tienen tan fácil para rasgarla y escapar de esa fina red que conforma su férrea estructura mental, porque como venimos diciendo muchas veces en este blog, paradójica y trágicamente, es precisamente en la debilidad de la Izquierda donde se halla su mayor fuerza. Tan es así que, cuando alguien o algo –casi siempre la fuerza de la cruda realidad– consiguen por fin penetrar en esa correosa coraza externa, toda la Izquierda por dentro se desmorona en segundos, precisamente porque su fuerza –pura apariencia de solidez– se concentra exclusivamente en la belleza y arrogancia de su epidermis, como esas figuras mastodónticas de miles y miles de fichas de dominó que conforman bellas y espectaculares imágenes, y que basta que haya una sola que se mueva un poco y caiga sobre la que está a su lado, para que todo el bello conjunto se desmorone por completo. Y aun así, son tan tozudas muchas de esas «fichas», que aun caídas y abatidas en el suelo, estando clínicamente muertas y derrotadas, todavía tienen ganas de volver a levantarse de nuevo y crear el que llaman «el socialismo del siglo XXI» o «la refundación {[139]} del nuevo PSOE».
Por eso yo siempre he dicho que tienen que ser muy pocas las personas que puedan afirmar en verdad y en conciencia que son «de izquierdas», pero «de izquierdas de verdad» (y aun así, lo seguiré dudando), desde la cabeza a los pies y desde la piel para adentro, hasta la médula, hasta el corazón y el cerebro. Al contrario, estoy totalmente convencido de que la inmensa mayoría de sus votantes sólo son de izquierdas por fuera, por pura estética, porque «parece» que es así como se tienen que defender mejor y en justicia los derechos de las personas y de los ciudadanos, zombis abducidos por un dulce sueño –realmente es eso y nada más que eso lo que le mueve a uno a ser de izquierdas–, al cual se dirigen todos como moscas a la miel.
JALEPÀ TÀ KALÁ (Las cosas difíciles son hermosas).
[134] ¿En la acepción de ´ensenadas` y ´bahías` o de ´sinvergüenzas` y ´holgazanes`?... ¡Me queda la duda, oiga!
[135]Séneca:Epístolas Morales a Lucilio. Editorial Gredos. Madrid, 1986, pg.98.
[138] Uno, ¿verdad?, siempre exagera cuando quiere poner a caldo a alguien o a algo, sobre todo cuando en otro tiempo le has sido fiel. Así, las separaciones bruscas de los otrora amantes o amigos del alma suelen acabar en odios eternos e irreconciliables.
[139]¿Y ya puestos, no sería mejor, como le he oído a alguien, hacer ya una definitiva ´fundición` del PSOE, en lugar de una ´refundación`?
A propósito de "El Reloj de la Historia" del profesor don Francisco Rodríguez Adrados. CLXXVIª PARTE.
Cuando antes hablaba de acercarles a la Izquierda menos sectaria nuestro mensaje más universal y desideologizado, para compartirlo con nosotros, porque realmente éste no pertenece ni a las derechas ni a las izquierdas, en ningún caso entraban en ese paquete de acuerdos mínimos las cuestiones económicas, en donde ahí sí que las posturas de la Izquierda y la Derecha están necesariamente enfrentadas a cara de perro.
Soy consciente de que puede parecer frívolo, con la que está cayendo, no hablar ahora de otra cosa que no sea la Economía, porque es posible que más de uno de Vds. esté ahora mismo en el paro o a punto de estarlo, pero asumo el riesgo ante Vds. de afirmar que incluso ahora, con la prima de riesgo por las nubes –casi la veo a mi altura desde mi actual posición a lomos de las nubes de Aristófanes–, el asunto que me ha traído aquí ante Vds. es mucho más importante que la Economía.
Estoy hablando de los valores universales de Occidente (aquellos que Mr.Hundert/la Derecha quería imprimir en sus alumnos), de rectitud, de honradez, de honorabilidad, de orden, de todo aquello que conforma lo que es un ser humano, que sólo Grecia, Roma y el Cristianismo –al menos aquí en Occidente– supieron entre los tres juntos vislumbrar un poco lo que es –que desde luego es mucho más que una piel en cuyo interior habitan organismos pluricelulares que desde la materia cósmica inerte han derivado a seres con conciencia de sí mismos a partir del australopithecus–, de todo aquello en lo que, en definitiva, Mr. Keating/la Izquierda no creía, ni sigue creyendo.
Subir o no subir impuestosThat is the question? ¿De verdad creen, como así parece creerlo Mr.Rajoy, que «todo» es Economía? ¿Son esos los únicos problemas de los españoles, como dice el nuevo Gobierno? ¿Es entonces el aborto un tema menor? ¿Lo es también la Educación?... ¿Estará cayendo también Mr. Rajoy en el mismo simplismo reduccionista en el que cayó Mr. Keating/la Izquierda de querer reducir todos los problemas del hombre a uno solo, dándole a éste un protagonismo estelar y una categoría universal, que en el caso de Mr. Rajoy consistiría en querer solucionar el que ahora mismo es «el mayor problema de los españoles»: el paro, es decir, la Economía? ¿Frente al «Homo Novus» o «Superhombre» de Mr.Keating, el «Homo Oeconomicus» de Mr.Rajoy? ¿Va a ser éste el nuevo «soma»de los españoles para los próximos cuatro u ocho años? Pues si es así, me rebelo como Umbralcon su libro: ¡yo no he votado a Rajoy para hablar sólo de Economía! ¡Me niego a que la Economía se convierta en una tapadera para no hablar de lo verdaderamente importante! (Y que me perdonen los parados por lo que acabo de decir).
JALEPÀ TÀ KALÁ (Las cosas difíciles son hermosas).
A propósito de "El Reloj de la Historia" del profesor don Francisco Rodríguez Adrados. CLXXVª PARTE.
Me decía el otro día Caminant (véase su comentario a mi post del 04/01/2012) que la Estética y la Ética siempre deben ir, preferentemente, de la mano. Como el asunto no me parece baladí, me gustaría añadir algo más a lo que el propio Caminant me dice en su comentario y hacerle una réplica a la que él me hace, porque quizás estemos confundiendo dos acepciones distintas del término ´estética`: la que se identifica siempre necesariamente con lo Bello, y aquella otra que particularmente y de modo privado y subjetivo tenemos cada uno de nosotros sobre las cosas o aquella otra que tienen en común un grupo de personas con una ideología afín {[132]}.
¡Claro que es importante la estética, pero no a cualquier precio, porque tampoco la veo yo tan imprescindible! Este maravilloso Preludio BWV 999 de Johann Sebastian Bachpor ejemplo suena igual de bien cuando el intérprete, (siempre que éste sea bueno), está vestido como un progreque cuando viste con el pulcro y elegante uniforme del consumado concertista. Aun así, es cierto en parte lo que piensa Caminant: lo normal y deseable es que ambas cosas, Ética y Estética, vayan de la mano. Mr. Hundert, por ejemplo,no se habría dejado vestir nunca como un progre, menos aún como un perroflauta, porque es verdad que existe una especie de comunión natural entre las dos, pero no es menos cierto también que no se puede poner el carro delante de los bueyes, porque la Ética tira siempre de la Estética, nunca al revés, y porque no es indispensable que vayan las dos siempre al unísono, aunque sea deseable. Lo que sucede –y éste es el sentido de mi último post– es que para la Izquierda en cambio la estética es casi una obsesión. De ahí el «cambio» de estética que yo les proponía en ese post del 04/01/2012, que evidentemente hay que tomarlo como una hipérbole de mi discurso.
Porque yo sí que creo que puede haber una Ética sin estética, pero no siempre que hay estética hay Ética (los ejemplos aquí serían innumerables), a no ser que nos refiramos al hecho incuestionable de que toda Ética, por el mero hecho de serlo, tiene que ser algo necesariamente Bello y Estético, que creo que es el sentido en que lo dice Caminant. Si es así, no tengo nada que objetarle, pero yo aquí estoy hablando desde un campo mucho más prosaico del término. Lo digo todo esto –y ése suele ser el sentido de muchos de mis comentarios– porque parece ser que para bien que nuestro mensaje liberal-conservador (subráyese lo que más guste) cale en la sociedad, es imprescindible aunar fuerzas éticas allá donde las haya, aunque sea en los lugares más insospechados, antiestéticos, sucios e inhóspitos. Así en el aborto, verdadera lacra de nuestro tiempo. Es vital por ejemplo que algunos sectores de la Izquierda no sectaria (la hay, poca, pero la hay), incluso la más atea y fea, se comprometan más con ésta y con otras causas éticas que no deberían ser patrimonio ideológico de la Derecha (porque ciertamente no lo son), sino de la Ética más universal, la cual no es ni de derechas ni de izquierdas. Sería un golpe de gracia para los postulados abortistas de la Izquierda que salieran del armario (o del Espejo de Alicia, más bien) todos esos ateos y gentes de estética discutible de izquierdas, que sé que defienden la vida, pero que al sentirse atrapados dentro del Espejo, no se atreven a romperlo y a salir de él. Me gustó sobremanera por ejemplo la imagen de ese psiquiatra pro-vida, el doctor Jesús Poveda, vestido casi como un perroflauta, con una camisa hortera a más no poder en laentrevista que le hicieron en El gato al agua, cómo era detenido sólo por manifestarse pacíficamente ante la puerta de una Clínica abortista de Madrid el pasado 28 de Diciembre. Es posible que el doctor Poveda sea también de derechas (o no). En cualquier caso me gustaría que no sólo los curas, las monjas y las familias católicas numerosas de cinco u ocho hijos se manifestaran en contra del aborto, y que hubiera más «Povedas» arrastrándose por el suelo con camisas de tan poco gusto, antiestéticas la verdad, porque sólo así podríamos quizás mover las conciencias de muchas personas que viven hipnotizadas por una estética muy específica, la de izquierdas, en un país tan cainita como el nuestro, que para acercarse a la Ética, paradójicamente, necesitan de esa estética, que para ellas es como una suerte de muletas con las que poder andar o como un salvoconducto especial sin el cual por lo visto no pueden ni salir de casa. Para esta gente, sencilla, (quizás excesivamente simple), no es lo mismo que el mensaje pro-vida se lo intente explicar el Arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco Varela a que se lo explique Javier Nart, que será progre, es cierto, pero no sectario, ya que suele tener un discurso bastante crítico contra la Izquierda, que me consta causa, cuando menos, extrañeza entre las ´huestes` progresistas. Estarán Vds. conmigo en que las posibilidades de éxito para nuestra causa serán mucho mayores teniendo a Javier Nart como principal orador que a Don Antonio María. Les parecerá a algunos de Vds. rara mi propuesta, pero recuerden que los caminos del Señor son insondables. Es decir, no se trata tanto de cambiar nosotros nuestra estética –¡Dios nos libre!– como de acercarles a los menos sectarios de entre la Izquierda nuestro mensaje más universal y desideologizado, aquél que no es patrimonio exclusivo de la Derecha (el concepto de Libertad,el concepto de Igualdad{[133]},el respeto por la vida humana en todas sus fases, una visión del ser humano mucho más humanista y cristiana, menos hedonista, la aceptación de los valores del esfuerzo, el trabajo, la honradez, etc.), a través de la estética…¿Cuál?...La que sea, aquélla con la que consigamos mayor número de adeptos a nuestra Ética, o mejor aún, a la Ética Universal, la que es de todos, aquélla en la que quepan católicos y ateos. Vds. saben tan bien como yo que testimonios de fe, de compromiso con la Justicia, con la Ética, cuando se dan desde posiciones de izquierdas descolocan muchísimo a «la Izquierda bien pensante», en especial a sus votantes. Por eso hay que «ayudar» a toda esa gente a salir del Espejo, a romperlo si hace falta. No me refiero, evidentemente, a sacar del armario a nadie. De esos ya se encarga la Izquierda ella solita de sacarlos de ahí y subirlos luego a las horterísimas carrozas del Día del Orgullo Gay (allá ellos y su conciencia). A mí sólo me preocupan los que se han quedado atrapados dentro, al otro lado del Espejo… el de Alicia en el País de las Maravillas. A esos son a los que hay que sacar.
Si ha habido algo que la Izquierda ha sabido cuidar siempre muy bien ha sido su propia imagen entre sus electores, a través de unos canales de comunicación muy diáfanos y un mensaje siempre claro y directo. Así, lo increíble de la Izquierda es que ha logrado colar en la población un mensaje absolutamente liberticida, de esclavitud perenne del ser humano, como si realmente fuera todo lo contrario, lo cual dice mucho del enorme poder que tiene la propaganda y el uso de una estética determinadas. En nuestro caso, pues, se trataría más bien de aprender a utilizar también nosotros todos esos recursos, pero para hacer siempre el bien, nunca el mal –como hacemos con los usos civiles de la energía nuclear frente a los militares–, es decir, sin prostituir jamás nuestro mensaje por un puñado de votos, porque nunca vamos a defender aquí nada que vaya, no sólo contra todos aquellos principios universales éticos que pertenecen a todos, y a los que la Izquierda ha renunciado desde el principio por «la cosa ésa» de la «moralina», sino menos aún contra nuestros propios principios morales y religioso-espirituales, aquellos con los que muchos nos identifican exclusivamente, ya que hay que conocer bien las limitaciones del ser humano y darse cuenta de que no se puede explicar teología a los cerdos (cf. mi post del 02/09/2010 20:11:22 parte XIVª, último párrafo) y evidentemente tampoco estamos insinuando modernizar con «otra estética diferente» las costumbres religiosas de los fieles católicos mediante, por ejemplo, el uso del rosario electrónico, pero… si podemos explicar nuestro mensaje de una manera que nos entienda mucha más gente, aunque sea con una estética foránea, ¿vamos a renunciar a una oportunidad así? Sólo así conseguiríamos que la Ética y la Estética (en mayúscula) caminaran de la mano.
Por otro lado, que la Izquierda está obsesionada por la «estética» (en minúscula), ya lo sabemos, no es nada nuevo y es además su mayor activo. En eso ha basado siempre su fuerza y es ahí donde consigue siempre sacar todos sus votos. Lo que me preocupa es que también la Derecha se vea excesivamente contaminada por ese mismo vicio (es lo que pasa cuando se utiliza la «energía nuclear» con fines no pacíficos). ¿Cómo si no habría que interpretar actitudes tan incomprensibles como la de nombrar Secretaria de Estado de Ciencia e Investigación a una «“miembra” del sindicato de la zeja», si no es por pura estética de izquierdas, por un querer quedar bien con la Izquierda omnipresente y todopoderosa? Cada vez más (y aún no han pasado ni veinte días de su llegada al poder) la Derecha acomplejada de Rajoy me recuerda demasiado a Zelig (Woody Allen),aquella película-documental en la que el protagonista, Leonard Zelig, mostraba una patológica inseguridad ante las personas, que le llevaba a camuflarse constantemente, adaptando su apariencia para poder ser aceptado. Así, cuando estaba con personas judías le crecían barbas y caireles; cuando se mezclaba con personas negras, su piel y hasta su tono de voz cambiaban; cuando estaba con gordos, se inflaba como ellos;... Era un patológico mecanismo de autodefensa que el protagonista usaba inconscientemente para ser aceptado por todos. Les pasa a muchas personas, también a nuestra Derecha, que sigue acomplejada, haciéndole continuamente a la Izquierda guiños de complicidad, para caerle bien, para que le perdone por su persistente olor a incienso (como si tal cosa fuese algo de lo que avergonzarse). Por eso, la Derecha española necesita sacudirse ese yugo que la Izquierda le ha impuesto de intolerante y fascista, pero no radicalizando sus posturas, echándose al monte, y menos aún queriendo quedar bien con la Izquierda –cosa distinta es que, como explicábamos antes con lo del aborto, les acerquemos la Ética (no precisamente «la nuestra», que ésa sería más bien «nuestra moral», pero sí la universal, la de todos) a través de su estética–, sino explicando, explicando y explicando –«Programa, Programa, Programa», solía decir el ´bueno` de Anguita, ¿se acuerdan?–, sin complejos y, por supuesto, metiendo dentro del corral sólo a nuestra gente (no a la zorra para que cuide de los nuestros). Una cosa es que intentemos seducir a los menos sectarios de entre la Izquierda utilizando su propia estética si hiciera falta, para hacerles ver que nuestro proyecto, el del «Homo Mr. Hundert», es un proyecto sólido y bello, y otra muy distinta es hacerlos Ministros y Secretarios de Estado. ¿Se entiende? ¿No? Y sobre todo, la Derecha necesita urgentemente ya tomar la parte que le corresponda en el campo de la Cultura, la Educación, la Ciencia y la Investigación, no dejárselo siempre a los progres –es intolerable el nombramiento de esa “miembra” de izquierdas (a eso me refería yo cuando en mi sueño del otro día, en mi post del 04/01/2012, veía las bodegas del barco llenas, no de la Ética, con mayúsculas, de Mr. Hundert, sino de las obras de Marx)–, porque entonces siempre van a tener ellos el poder mediático y esa insufrible e insoportable aureola de «Superioridad Moral» que avala siempre a la Izquierda, haga lo que haga.
Por eso, hoy más que nunca…
…JALEPÀ TÀ KALÁ (Las cosas difíciles son hermosas).
[132] Para distinguirlas a las dos y así no confundirlas, he escrito en este post de manera convencional en mayúscula a la primera, y en minúscula a la segunda.
A propósito de "El Reloj de la Historia" del profesor don Francisco Rodríguez Adrados. CLXXIVª PARTE.
Primera carta abierta a los «hombres y mujeres de izquierdas» pajinianos.
¡Pero vamos a ver, amigos progresistas, que a lo mejor hasta podemos llegar a un acuerdo, aunque sea in extremis! ¿Que no os gusta la estética de Mr. Hundert, pero sí en cambio su ética? Porque eso es lo que nos queréis decir siempre, cuando apeláis a la «moralina», para poner entre vosotros y nosotros una pantalla artificial divisoria entre vuestro modelo y el nuestro. Como no podéis contrarrestar la intachable ética de Mr. Hundert con nada mejor que vuestros sueños del doctor Frankenstein a través de esa absurda regeneración que proponéis siempre del ser humano (sin religión, sin moral judeocristiana, sin premisas previas, sin tabúes, sin Banca, sin familia tradicional, etc.), os dedicáis a insultarla tildándola de «moralina». Porque no se trata más que de eso. Ahora no nos digáis lo contrario. Así que sed consecuentes.
Mirad. Si hace falta, estamos dispuestos a poneros a Mr. Keating al frente de la nave con la estética progre que a vosotros más os cuadre (ésa que no os dé tanta «moralina»: con calzas medievales y rastas o con el estilo «progre-vogue-Bosé», lo que queráis), pero con las bodegas del barco llenas de la ética de Mr. Hundert. El casco tendrá buenos aislantes. No os preocupéis por eso. No se escapará de la carga ningún «hilillo de moralina», como le pasó al Prestige. Por fuera parecerá incluso un barco «enrollao», de esos que sabemos que os gusta tanto a la Izquierda. Podríais incluso, si así os apeteciera, izar la bandera pirata. ¿Cabe acaso mayor libertad que ésta que os proponemos? ¡Un barco pirata! ¡Pero si es lo vuestro! ¡Es vuestro habitual modus vivendi! ¡Robar a los ricos para dárselo luego a los ´progres` (perdón, quise decir a los ´pobres`)! «Con diez cañones por banda, / viento en popa, a toda vela, / no corta el mar, sino vuela / un velero bergantín. / Bajel pirata que llaman, / por su bravura, el Temido, / en todo mar conocido / del uno al otro confín». ¿Qué os parece? ¡Eh! ¡Mola! ¡A que sí! Nadie en el Sindicato ni en la Casa del Pueblo se dará cuenta del cambiazo. Todo el mundo se sorprenderá además, contra lo que suele ser habitual en la Izquierda, de que todo vaya de maravilla, de que por fin el barco navega que es un primor y nadie sabrá que todo es por la carga que el barco lleva escondida en sus tripas.Keating además, con lo histriónico que es Robin Williams estará soberbio haciendo de Capitán Sparrow.Lo veo en proa sobre el bauprés, sujeto a una mano en el estay de velacho y como si se creyera el dios Eolo dirigiendo los vientos hacia el velamen con la mano que le queda libre, entusiasmado y sin entender muy bien por qué razón ahora de repente el barco va viento en popa a toda vela –aún no sabe quién gobierna en realidad la nave–, cuando los días anteriores con las mismas condiciones de viento se vio incapaz incluso de llevar el barco a alta mar.
Emocionado y desbocado, como toda su tripulación de piratas, el Capitán Keating lanzará a la brisa marina aquellos versos de su adorado Walt Whitman, los mismos que enseñaba a sus alumnos en sus clases de Literatura:
El barco ha enfrentado cada tormento, el premio que buscamos fue ganado;
El puerto está cerca, las campanas oigo, toda la gente regocijada,
Mientras los ojos siguen la firme quilla de la severa y osada nave:
Pero ¡oh corazón! ¡Corazón! ¡Corazón!
Oh las sangrantes gotas rojas,
Cuando en la cubierta yace mi Capitán
Caído, frío y muerto.
II
¡Oh Capitán! ¡Mi capitán! Levántate y escucha las campanas;
Levántate —por ti se ha arriado la bandera— por ti trinan los clarines;
Por ti ramos y coronas con cintas— por ti una multitud en las riberas;
Por ti ellos claman, el oscilante gentío, sus ansiosos rostros a ti se vuelven;
¡Arriba Capitán! ¡Querido padre!
Este brazo bajo tu cabeza;
Es tan sólo un sueño aquél en la cubierta,
Tú has caído frío y muerto.
III
Mi Capitán no responde, sus labios están pálidos y quietos;
Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad;
El barco se encuentra anclado sano y salvo, su viaje concluido y terminado;
De una horrorosa travesía, el barco vencedor, viene con un objeto conquistado;
¡Regocíjense, oh riberas y repiquen, oh campanas!
Pero yo, con lúgubre andar
Camino la cubierta donde yace mi Capitán,
Caído, frío y muerto.
Me voy tranquilo sabiendo que el barco lo dejo en las buenas manos de Mr. Hundert gobernándolo desde la sombra. Veo a Keating/la Izquierda atendiendo a los periodistas con sus bravuconadas habituales de izquierdas, pero estoy tranquilo porque ahora sé que la nave llegará a buen puerto. ¡Qué me importa la estética si la ética está a buen recaudo! Sólo espero que el Capitán Keating no deje de recitar al viento más y más versos, y que ni él ni nadie de su tripulación, a consecuencia de su emoción desbocada les dé por soltar algún cabo o nervio del barco, o que en su imaginación, también desbocada, se crean los personajes de otro cuento infantil y que Keating, creyéndose ahora Peter Pan –¡Oh, cielos! ¡No! ¡Robin Williams ya hizo también ese papel en una película!– se suba a la verga del sobrejuanete del palo mayor a pelear contra un imaginario Capitán Garfio y nos desgarre todo el velamen del barco.
Bueno, ¿qué, progres? ¿Hace el cambio?
POSDATA FINAL: No suelo echarme la siesta, pero esta tarde sí. Se ve que los muchos días de fiesta agotan a cualquiera y al final pasan factura. La cabezada no habrá durado más de veinte o treinta minutos. Sin embargo, el descanso que pretendía conseguir con ella se ha tornado en desasosiego, pues he tenido una terrible pesadilla. He soñado que quien estaba al timón no era Mr. Keating vestido de JackSparrow, sino José Mota disfrazado de Rajoy (¿o sería el propio Rajoy?) y que las bodegas del barco no estaban llenas de la ética de Mr. Hundert, sino de las obras completas de Karl Marx que el diario Público repartió entre sus lectores hace un tiempo. Como comprenderán, me he despertado sobresaltado.
¿Hay alguien de entre Vds. ahí fuera que sepa interpretar sueños?
JALEPÀ TÀ KALÁ (Las cosas difíciles son hermosas).
A propósito de "El Reloj de la Historia" del profesor don Francisco Rodríguez Adrados. CLXXIIIª PARTE.
Porque vamos a ver. Esta parte del mundo a la que llamamos Occidente, en la cual vivimos unos cuantos millones de personas es evidente que no tiene unas fronteras claramente bien definidas: Occidente, fundamentalmente, es Europa (aunque cada vez menos), pero está claro que no es Turquía, sí, en cambio, es Israel, un “poco” también lo es Rusia y el resto de los países eslavos; es, por supuesto, EEUU, afortunadamente; es Hispanoamérica; es Japón; a veces es hasta China, pero no Corea del Norte, sí, en cambio, la del Sur; es también Australia, etc., y tiene un epicentro indiscutible que es (o que ha sido) Europa.
Pues bien, este mismo mundo, al que comúnmente llamamos también civilización occidental, basado en el legado de Grecia, Roma y el Cristianismo, no será, ni muchísimo menos, perfecto, porque la realidad nunca lo es, pero ha demostrado ser el menos injusto de todos los modelos, (no estamos diciendo ´justo`, pero sí ´el menos injusto`: esto es un hecho incontestable), ya que todos los países occidentales y aquellos otros que, aun perteneciendo a otras civilizaciones o áreas culturales distintas, motu proprio (o incluso invite, contra su voluntad) se han visto influenciados por Occidente, al final, inequívocamente han tenido más oportunidades de desarrollarse que aquellos otros que se han dejado arrastrar por las teorías marxistas, o incluso por aquellas otras que aun estando sólo edulcoradas ideológicamente por el marxismo, conservan aún en sus tripas trazas y añoranzas de éste (es el caso de la socialdemocracia o el nefasto peronismo en la Argentina {[128]}). Y es que está más que demostrado, teórica y empíricamente, que ni el comunismo ni el socialismo funcionan. Siempre ha sido así, y si alguna vez han «funcionado» lo han hecho a sangre y fuego o, en el mejor de los casos, con una ruina económica de por medio descomunal (cf. la socialdemocracia en los países escandinavos {[129]} o en la propia España).
Y sin embargo, ¿verdad?, ellos, «los hombres y mujeres de izquierdas pajinianos» erre que erre, prefieren abrazar el humo de la utopía de la Izquierda amordazando en cambio y encorsetando con una camisa de fuerza, es decir, con una camisa de «moralina», a la Derecha, que es la única que a pesar de todas sus imperfecciones ha demostrado ser la más eficiente, o, si lo prefieren, la menos dañina {[130]}.
[véase la posdata final]
Por eso sigo sin comprender del todo la actitud de la Izquierda tan absolutamente suicida. Es verdad que el otro día me atreví a adelantar una posible explicación del por qué de la «moralina» –el «cinturón sanitario» de los progres– contra todo aquello que proceda de la Derecha, pero ello no explica del todo su actitud hostil contra Occidente, o lo que es lo mismo, contra sí mismos, porque también ellos son parte de Occidente, aunque abominen de él. En definitiva, la «moralina» quizás sirva para entender por qué razón los progres,sin renunciar al mensaje de honradez de Mr.Hundert, se niegan en cambio a que el modelo o alternativa tenga que ser el de la Derecha, en vez del suyo. En otras palabras: que no les agrada la idea de que sea Mr. Hundert quien pilote la nave. Hasta cierto punto esta caprichosa exigencia suya puede tener cierta lógica. Vale, de acuerdo. Entendemos que no les guste, pero de ahí a empeñarse en sabotear y hundir la nave del Estado, sólo porque a los progres les desagraden los uniformes, los cánticos de los oficios religiosos y la estética en general de la Derecha, francamente, eso ya no le veo ningún sentido. Carece de toda lógica y es además suicida. No es algo que por ejemplo caracterice a la Derecha {130}[véase la posdata final] Muy al contrario, ésta, igual que hacía también la antigua Roma con los pueblos a los que conquistaba, si hay algo que funciona, aunque la idea no haya sido suya, lo absorbe como propio. Para eso la Derecha no tiene ningún remilgo ni aplica contra nadie ningún «cordón sanitario» o «moralina» de ningún tipo. Así por ejemplo ¿alguno de entre Vds. pondría pegas en ponerse rastas en el pelo y vestir con las calzas medievales de los progres-super-progres (tranquilos, amigos, que si se lavanbien y con frecuencia, pueden ser prendas incluso más cómodas que las americanas y las corbatas), si supieran que el modelo de sociedad que nos proponen es mejor y más justo que el nuestro?
Se lo voy a poner más fácil, por si a alguno de Vds. les da “cosa” lo de las rastas {[131]}, que no es por nada, pero que, vuelvo a insistirles, bien lavadas no deberían criar piojos. Miren, en vez de calzas y rastas, ¿qué tal la pana y la ropa sport de los sociatas?, que además, como ya últimamente ni las usan siquiera, porque se han dado cuenta de que se puede vivir del cuento de ser progres –todos sabemos lo que les mola ir de progresistas por la vida–, pero usando ropa cara, se van a sentir todos Vds. bastante más cómodos que con las rastas y las calzas de los perroflautas. ¡A que sí! Y así, vestidos de tal guisa, ya sea con rastas y calzas, ya sea con el estilo vogue de los progres ricos, les haría la misma pregunta que antes: ¿acaso no seguirían todos Vds., y sin dudarlo además, la estela de las huestes progresistas de Rubalcaba y Zapatero, si supieran con certeza que ese es «el Camino», aunque fuese haciendo el ridículo vestidos como un bufón medieval? (No les conozco personalmente a ninguno de Vds., pero me cuesta trabajo imaginármelos a Vds. vestidos… como en la imagen de la izquierda). Porque los progres no es que estén en contra del «Homo Mr. Hundert», lo que no quieren –por aquello de la «moralina» que tienen: que les da “cosa”, te dicen– es que éste dirija el cotarro.
Pero si sólo se trataba de eso, de «la cosa» ésa de la «moralina» que tienen ellos, ¡que lo hubieran dicho antes! ¡Bastante le importará a Caminant o a mí mismo, el primero, ponernos las calzas de rayas horizontales o las camisas negras del Bosé –siempre de marca, por supuesto–, si supiéramos que su modelo de sociedad es el más justo y el más beneficioso para todos! Nosotros no tenemos problemas con lo de la «moralina» (ellos sí). No usamos de eso. ¿Verdad que no, Caminant? (Espero no ponerle en un compromiso con lo del cambio de look). Las cosas o tienen una moral o no las tienen. Y lo mismo sucede con la ética. En cambio, Keating, Bosé y la Izquierda en general, curiosamente, hablan mucho de la «moralina» del contrario y poco o nada de moral, ya sea la suya propia (que no tienen), ya sea la nuestra, a la que despectivamente la llaman así. Claro. En parte es lógico. Cada uno habla sólo de lo que tiene.
Y lo mismo si es al revés. ¿O No? Es decir: nosotros no tendríamos ningún reparo en ir vestidos como les diera a ellos la república gana, si les reconociéramos capacidad intelectual para defender la viabilidad de su proyecto. Evidentemente, si no lo hacemos no es porque nos parezca que lo suyo tiene «moralina», sino porque, lamentamente, no tiene ni ética ni moral y por lo tanto es un suicidio colectivo, pero lo haríamos sin dudarlo, si creyéramos que su proyecto no es liberticida. Nuestra oposición es, pues, una enmienda a la totalidad. Pero ¿y al revés? ¿Lo harían ellos? Algunas veces la Izquierda, sin llegar a hablar bien del todo del proyecto Liberal-Conservador de la Derecha, le concede de alguna manera el beneficio de la duda (se ve que no son tan tontos). Ello sucede muy pocas veces, es cierto, y curiosamente, cuando tal milagro tiene lugar, siempre tiene que salir a relucir la dichosa palabra: la «moralina»:
-«Sí, sí. Si no digo yo que eso que hace la Derecha no esté bien hecho, pero es que… es que… es que tiene tanta «moralina» la cosa, que ya sólo por eso no nos gusta tanto».
-«¡Uy! ¡Uy! ¡Uy!, ¡Uy!, ¡Uyyyy!, amigo, un poco más y te sales del Espejo de Alicia, por lo que acabas de decir! ¡Menos mal que al final lo has arreglado echando mano a vuestro siempre seguro bálsamo de Fierabrás que es… la moralina».
[POSTDATA: Por cierto que cuando hablo de Derecha, hablo siempre en abstracto y no me estoy refiriendo a ninguna en concreto, con unas siglas determinadas, P.P., por ejemplo, sobre todo, después de la inopinada subida de impuestos y el increíble nombramiento de una miembra activa de la zeja como secretaria de Estado (¡?) Tras conocer en especial esta última noticia en la tarde de hoy, he sentido cómo el cierzo, soplando muy fuerte de abajo a arriba, desde la base misma de las nubes de Aristófanes, desde donde les escribo a todos Vds., me va impulsando como un cohete hacia la estratosfera a una velocidad endiablada alejándome más y más del suelo. Mariano es ahora mismo un puntito minúsculo. Al Señor de los Guindos sólo alcanzo a verle su límpida calva. Ganas me dan ya –y aún no han pasado todavía los preceptivos cien días de plazo– de tirarle una tortuga encima, como dicen que le pasó a Esquilo, pero creo que, al igual que le sucediera al genial trágico, sería una muerte poco noble para su insigne cabeza. Paciencia. Démosles cien días (ni uno más). ¡Uy! No sé, pero me parece que me estoy acercando ya al mundo de las ideas de Platón. Como vea por aquí al clon y esposo al mismo tiempo de la impresentable Celia Villalobos, el que dicen que es el ideólogo de cabecera de Mariano,Pedro Arriola, le pienso dar una bien fuerte en lo más alto del velo del paladar].
¡MARIANO! ¡JALEPÀ TÀ KALÁ! (Las cosas difíciles son hermosas).
[128] Recordemos que Argentina, antes del peronismo, era una de las primeras potencias mundiales, y hoy en cambio ya vemos en qué lugar está.
[129] En España es ya una constante: vez que triunfa el PSOE, vez que el país acaba en desgracia o en bancarrota. Caso distinto es el de la socialdemocracia en los países nórdicos, donde, aunque el llamado Estado de bienestartambién hace agua por todos lados, consigue por lo menos salvar los muebles, pero fundamentalmente por tres razones:«En primer lugar, la población sueca [es] pequeña y homogénea, con altos niveles de confianza entre la gente y el gobierno. Debido a que Suecia nunca tuvo un período feudal y el gobierno siempre permitió algún tipo de representación popular, los agricultores propietarios se acostumbraron a ver a las autoridades y al gobierno más como una parte de la gente que como enemigos externos. En segundo lugar, el servicio civil era eficiente y libre de corrupción. En tercer lugar, una ética protestante de trabajo –y fuertes presiones sociales de la familia, los amigos y los vecinos para encajar en esa ética– significaba que la gente trabajaría duramente, incluso si los impuestos se elevaban y la asistencia social se expandía. Finalmente, el trabajo sería muy productivo, dada la población bien educada de Suecia y su fuerte sector exportador».
Es decir, que no todo lo que funciona en un sitio es necesariamente extrapolable a cualquier otro rincón del planeta. Ésta es una de las manías en las que con mayor frecuencia incurren nuestros políticos, sobre todo aquí en España, consecuencia quizás de cierto complejo de inferioridad que nos afecta sobre todo a los españoles, porque nos creemos que sólo aquello que triunfa en Europa es válido y que sólo entonces podemos luego copiárselo nosotros, sin tener en cuenta las particularidades e idiosincrasia del «invento». Así, en Suecia, en Noruega o en Finlandia la socialdemocracia «funciona» por las particularidades que hemos comentado antes, pero eso no quiere decir que aquí en España se pueda hacer igual. Pasa lo mismo con la Democracia. Nos creemos que como aquí en Occidente «funciona» (de aquella manera, pero “funciona”), nos parece que en Túnez o en Egipto también, y que nuestro «invento» se puede exportar a cualquier rincón del planeta. Es una situación deseable que así sea, desde luego, pero antes, igual que hace el labrador, habrá que preparar y acondicionar bien la tierra de labranza, porque no van a ser siempre iguales las condiciones. Ahora ya se puede plantar de todo en cualquier sitio, pero con cabeza. La democracia no es una alcachofa que pueda plantarse en cualquier terreno sin antes hacer un estudio serio, porque si la agricultura de regadío y de invernadero es casi un arte por la complicación que siempre entraña plantar algo en un medio hostil, la realidad social, económica e histórica de un país musulmán tiene que ser aún muchísimo más compleja.
[130] ¿Serviría de algo recordarles aquí a los progres que la Derecha no tiene por qué tener indefectiblemente una comunión con la Banca, que es en lo que ahora mismo están pensando los progres que estén leyendo esto? ¿Que la Banca no tiene más ideología que el dinero? ¿Que el dinero no es de derechas ni de izquierdas? ¿Que hay mucho progre millonario? ¿Serviría de algo recordárselo?...No, ¿verdad? Ya me lo imaginaba. Era por si acaso.
[131] ¡Amigos, me parece que acabo de descubrir la «moralina» de la Derecha contra la Izquierda!
A propósito de "El Reloj de la Historia" del profesor don Francisco Rodríguez Adrados. CLXXIIª PARTE.
Queremos ya ir concluyendo con este capítulo nº 23 –que creo que ya va siendo hora, aunque no sé si lo lograremos, porque la Izquierda da siempre mucho de qué hablar– en el que utilizando como hilo conductor el análisis y contraste de estas dos películas, El Club de los poetas muertos vs. El Club de los Emperadores, donde las dos cintas nos han mostrado esquemas ideológicos claramente enfrentados, hemos llegado a la conclusión de que ciertamente, en lo fundamental, se corresponden también con el ideario de lo que representan hoy y siempre la Izquierda y la Derecha, lo que nos ha ayudado muchas veces a asomarnos a ver en primera persona y con mayor nitidez algunas de las características que no se suelen tratar –o bien se ven distorsionadas por los prejuicios de quien las analiza– en los tratados al uso sobre estas dos antagónicas concepciones ideológicas del hombre en su relación con la realidad que le rodea. Ocasionalmente también hemos visto que estas dos películas comparten algunas ideas básicas ante los problemas y retos que plantea hoy en día la educación, pero no coinciden en el tratamiento y consideración de determinados valores universales que según nuestro criterio deberían regir más la vida pública y privada de las personas y los ciudadanos.
Así por ejemplo, en la película protagonizada por el profesor Mr.Keating/la Izquierda, incomprensiblemente, se pretende renunciar a esos valores que en realidad no son patrimonio ideológico de nadie, y lo hacen además por puro sectarismo, no porque sean un riesgo para las personas –más bien todo lo contrario–, sino sólo porque lo son para la supervivencia de la Izquierda (cf. más adelante). En cambio, en la que protagoniza su colega Mr.Hundert/la Derecha se lucha por preservarlos contra todos aquellos individuos que ponen por delante su egoísmo y la consecución de sus deseos más primarios antes que el bien común (es el caso de su alumno Sedgewick Bell), o bien no tienen ningún escrúpulo en engañar a los demás haciéndoles creer que están interesados por la solución de sus problemas, cuando no es más que su propio interés y las ansias de poder lo único que les mueve a actuar (sería también el caso de Sedgewick Bell, yacomo adulto, como aspirante a senador,o también el de su propio padre, el Senador de Virginia: de tal palo tal astilla).
Por otro lado se podría decir también que El Club de los Emperadores es una película cíclica, en el sentido de que empieza tal y como termina. Así, la primera escena por ejemplo es un anticipo de la última y ésta de aquélla, ya que el personaje histórico real de Shutruk-Nahhunté, antiguo rey de Elam, cuyos únicos méritos, (como los de tantos y tantos otros personajes y pueblos de la historia), fueron los de la destrucción y la conquista gratuitas, es un trasunto del personaje de ficción Sedgewick Bell, el villano de la película que, como él mismo dice, vive «en el mundo de los que consiguen cosas», y si tiene que engañar y mentir a alguien para conseguirlo, no tiene ningún reparo ético o moral para hacerlo. Tan es así que cualquiera de estos dos personajes podría ser intercambiable por el otro, aunque no deja de resultar irónico, ¿verdad?, que Sedgewick Bell desconociera la existencia de su doble –al parecer Sedgewick se incorporó más tarde al Colegio, perdiéndose la inolvidable primera clase del curso– en la famosa escena en la que por segunda vez perdería también la final del Concurso de Don Julio Césarpor no saber quién era Shutruk-Nahhunté, cuando era una pregunta tirada que todo el que había estado en clase ese día se la sabía, menos él. Sin duda, pues, el personaje de ficción Sedgewick Bell es un personaje tan real como aquel soberano de Elam, pues la historia de la Humanidad ha demostrado que ha estado (y estará) siempre llena de “Shutruks-Nahhuntés”.
Y vuelvo otra vez a lo de la «moralina» de la Izquierda,que es una cosa que me corroe de verdad por dentro, porque no alcanzo a entenderla, a no ser como corolario natural del típico pensamiento de izquierdas: sectario, falaz y escurridizo ante la contundencia y el reconocimiento humilde de la realidad tal cual es. Es decir, cuando los progres repiten tantas veces eso de que les molesta «la moralina» que, según ellos, encuentran siempre en este tipo de películas tan americanas, realmente, ¿qué es lo que nos quieren decir con eso?, ¿qué les desagrada tanto? Lo digo porque nunca nos lo aclaran. Se ha convertido casi en una muletilla muy común, leída en numerosas críticas cinematográficas y musicales,sobre todo de diarios «progresistas», tipo El País o Público, pero casi nunca explican en qué consiste la tal «moralina». Te dicen: «Esta película tiene mucha moralina». Vale. ¿Y? ¿No será porque en el fondo muestran algún grado de simpatía por personajes tan abyectos y canallas como el hijo del Senador y que por eso no les gusta que gane siempre el “bueno”?... No, evidentemente que no es eso. Nos consta que ese tipo de personajes les resultan igual de odiosos que a nosotros. Quid? ¿Qué, entonces?
Yo he llegado a la conclusión de que lo que en realidad les desagrada es el modelo o alternativa que a cambio del suyo se les ofrece. Es decir, no es que estén en contra de ser honrados –pero ¡cómo iban a estarlo!–, sino que no les hace ni pizca de gracia que quien lidere ese proyecto humano sea Mr. Hundert. Dicho en otras palabras: no les gustan los reyes (sean conquistadores o no, sean pacíficos como los de los cuentos infantiles o belicosos como los romanos Tulio HostiliooJulio César), menos aún si tienen que memorizar una larga lista de ellos con todos sus nombres y gestas, y más aún, si la lista es la de los godos («¡Qué horror!») Tampoco les agradan los emperadores (ni la película de los idems) por la misma razón que antes, y en especial, si estos son romanos, ni les gustan, lógicamente, los imperios (tampoco los de la Ley, dicho sea de paso), aunque la destrucción y conquistas que aquéllos y sus legiones protagonizaran en la historia revertieran «en el bien común» a corto, a medio, o a largo plazo, de cuyas bondades por cierto se han beneficiado, como todo el mundo occidental, pero tengan Vds. por seguro que esto no nos lo reconocerán jamás de los jamases. ¿Verdad? Y es que, cuando los progres se sienten incómodos con películas como ésta de El Club de los Emperadores, te sueltan siempre el rollo ése de que «es que la peli está bien, pero tiene mucha “moralina”». Y se quedan tan anchos.
Por cierto, en nuestro último post dimos por hecho que la «moralina», de ser algo, debía de ser algo recíproco, pero pensándolo mejor, ¿creen Vds. realmente que la Derecha tiene también «moralina» contra la Izquierda? En principio, parece lógico llegar a esa conclusión. Si a los progres les da “cosa” este tipo de películas de la Derechona, ¿no nos debería pasar lo mismo a nosotros con respecto a las suyas? Sin embargo, no sucede así, porque cuando nuestros ojos y oídos se tragan películas progres –pagadas con nuestros dineros– del tipo Los girasoles ciegos o Las trece rosas, ¿ha habido algún crítico de cine de derechas que por ejemplo haya escrito en su blog algo parecido a esto: «la película está muy bien estructurada y mejor dirigida: muy buena fotografía, interpretación impecable, el vestuario de cine, buen guión…, pero quizás peque un poco de “moralina”»? ¡A que nunca Vds. han leído una reseña crítica así en el ABC, en La Razón o en La Gaceta! Todo lo más: «la película es el producto de una mente sectaria de izquierdas, donde el guión está basado en unos hechos reales que el director idealiza torticeramente, porque no ocurrieron exactamente como él dice –y él lo sabe–, ya que esas trece rosas no eran tan buenas chicas como se nos quiere hacer ver en la película…» Pero nada más, ni rastro de «moralina», oigan. ¿“Ande” se fue? «¿Ande, ande, ande “la marimolina”?» Y se supone que lo de la «moralina» tendría que ser como la morriña de los gallegos. La palabra ´morriña` será suya, pero el sentimiento es universal. ¿O no? Pues ¡no señor! No sucede lo mismo con la «moralina», que por lo visto es una invención unipersonal, para uso y disfrute exclusivo de la Izquierda. Es como esas pastillas que sirven para aliviar la pesadez de las digestiones. Te las tomas y las molestas bolsas de aire del intestino te desaparecen como por encanto. Lo único que te prescribe el prospecto es que este medicamento está contraindicado para los fachas de la Derechona como nosotros y que sólo se les puede administrar a «los hombres y mujeres de izquierdas». ¡Mira tú por dónde!
¡La «moralina»! Ma che cosa è la «moralina»? ¿No será una manera más que tienen los progres de eludir sus responsabilidades morales y/o éticas, sacándose de la manga otra más de sus palabritas megaguays, otro rizo léxico con el que despistar y burlar así a sus propias conciencias?
Encuentro comprensible que personajes tan poco atractivosy nada rentables para el acervo cultural de la Humanidad como Shutruk-Nahhunté apenas hayan pasado a los libros de historia y que por consiguiente sus gestas no resulten nada gratas o interesantes ni a Mr. Hundert ni a los progres ni a nadie. Sin embargo, ¿qué oscura razón habrá para que a estos mismos «progres de “la moralina”» les resulten igual de despreciables (si no más) que el rey elamita Shutruk-Nahhunté, aquellos otros reyes y emperadores, y aquellos otros pueblos y civilizaciones del pasado y del presente, o Instituciones benéficas como la Iglesia {[126]}, que a diferencia del rey elamita sí abrieron en cambio las puertas de la prosperidad cultural y del bienestar general común? Es cierto que muchas veces ese «progreso» vino precedido o seguido de golpes y hachazos, como los que sin duda dio también su colega de Elam –en eso no parece que se hayan diferenciado mucho–, y que todos esos benefactores de la humanidad cometieron infinidad de actos infandos y vergonzantes en nombre de la Fe o la Razón de Occidente. Y sin embargo, aunque todavía haya mucho por hacer y la columna del debe sigue siendo enorme, tampoco podemos por ello echar abajo la del haber. No sería justo. Y sin embargo,… es eso precisamente lo que la Izquierda ha querido hacer siempre desde aquel infando día en que por primera vez saltó de la bolsa de marsupial que para Ella fue siempre la Revolución Francesa.
Ya, pero ¿por qué en la Izquierda esa obsesión destructiva, casi diríamos que suicida, contra todo aquello que se identifique con Occidente? ¿A qué se debe? ¿Acaso no han mirado para otro lado o excusado también ellos mismos los excesos cometidos por el socialismo o el comunismo? Más de cien millones de personas ha sido el precio que ha habido que pagar por «gozar» de sus supuestas bondades. Un poco caro nos ha salido aquí el ser socialistas o comunistas. ¿No creen? ¡Más de cien millones de seres humanos asesinados por el Comunismo o el Socialismo!... ¿Por qué razón «los hombres y mujeres de izquierdas», que dirían la Pajín y la Valenciano –¡qué homérico suena esa muletilla progre, cuando la dicen estas osadas mujeres, hijas del socialismo patrio de un «demócrata» tan «incuestionable» como Indalecio Prieto!–, no iban a ser mínimamente condescendientes también con los excesos de Occidente, cuando es un hecho objetivo que sus «daños colaterales» no llegan ni a la mitad de la mitad de los causados por la Izquierda? Ello ha sido así, entre otras razones, porque la Izquierda sólo tiene oídos para la leyenda negra, regodeándose además con ella y magnificándola. Pero ¿alguna vez la Izquierda ha tenido en cuenta a los millones de seres humanos que sólo la medicina del hombre blanco y occidental {[127]} (a menudo misioneros y religiosos de su odiada Iglesia Católica) ha salvado en el tercer mundo, al cual antes o incluso ahora mismo, paradójicamente, masacró y expolió?... ¡Oh! ¡No, progres, por favor, no! ¿Vais a empezar otra vez recordándonos el rollo ése del genocidio de los indios de Hispanoamérica y Norteamérica?... ¿¡Otra vez!? ¡Ah! ¡Venga! ¡Vale! De acuerdo ¡Venga! ¡Dale!... (Si es que son como niños, pero sin el “como”). ¡Pero entonces no os olvidéis por favor de incluir en la nómina de pueblos masacrados por el Imperialismo «proto-capitalista», «proto-neoliberal», «proto-neocon» y «proto-ultacatólico» de la occidental e imperialista Roma a los berones (mis antepasados), y a los pelendones, y a los vacceos, y a los sioux, y a los ilergetes, y a los turdetanos, y a los carpetanos, y a los seminola, y a los autrigones, y a los caristios, y a los várdulos, y a los apaches, y a los comanches, y a los vascones…! ¿Vale? Pues eso.
JALEPÀ TÀ KALÁ (Las cosas difíciles son hermosas).
[126] La imaginación de los progres no conoce límites cuando se nos ponen a hacer comentarios sobre las noticias de la Iglesia (como si les interesara algo de Ella, ¿verdad?), de la que por cierto son sus hijos más descarriados, y a la cual, velis nolis, siguen perteneciendo, porque aunque hagan apostasía, la Iglesia aún se queda con listados de los apóstatas, por lo que aún siguen estando en su seno. (Ya sé que es una maldad lo que estoy diciendo, y como sé que es algo que les pone a ellos como harpías, disfruto rebañándoselo). Pues bien, una de esas noticias de las que se hace eco el diario Público–¿quién si no iba a ser?– y que a su vez comenta Libertad Digital es «la misa multitudinaria que se celebra este viernes en Madrid: “La misa de las familias persigue derogar el aborto y el matrimonio gay”. Hasta ahí "bien", pero es que luego rematan con un “Apenas hace cuatro meses, las huestes católicas colapsaron el centro de Madrid con motivo de la JMJ”. Ahí creo yo que no estuvo fino el redactor. En vez de ´huestes` tenían que haber puesto ´hordas`, que tiene más sonoridad. ¿No creen? Me parece que están perdiendo reflejos estos muchachos. A lo mejor me bajo esta tarde un momento al Tártaro (la Redacción de Público) y se lo comento a ver qué les parece.
[127] Los progres muy progres nos recordarán aquí que la medicina del hombre blanco, cuando a éste le interesa, es utilizada con aviesas intenciones y transformada en «medicina negra» para negros (y gorilas). ¡A que sí, Chávez!
A propósito de "El Reloj de la Historia" del profesor don Francisco Rodríguez Adrados. CLXXIª PARTE.
Mr. Hundert, pues, tras explicarlesa sus alumnos en la famosa escena de la placa del rey elamita Shutruk-Nahhunté«que la gran ambición y la conquista sin contribución al bien común no tienen ningún valor», les hace a continuación esa pregunta tan vital que estamos aquí comentando y contrastándola con la que les ha formulado también a sus alumnos su colega del otro Club, el de los muertos, y con la que Mr. Hundert/la Derecha quiere marcar su propio estilo, su proyecto de vida y su modelo de educación, mucho más enriquecedor desde luego que el de Keating/la Izquierda. El análisis que aquí estamos haciendo sobre los problemas de la Educación coincide además con un momento especialmente delicado por el que ahora mismo está pasando España, en que de nuevo –la enésima vez– un nuevo Gobierno se planteará que algo habrá que hacer con la Educación. Esperemos que esta vez, por fin, los cimientos y las zapatas de ese futuro proyecto educativo sean sólidos y no de arena como hasta ahora.
Por consiguiente, en esa escena tantas veces aquí comentada, no menos memorable que la de Mr. Keating, (véase el post de 17/12/2011 03:08:49), que logra igualmente captar la atención de sus alumnos con la misma intensidad dramática (si no más) que su colega, el de los muertos, y en la que delante de nuestros ojos y durante tan sólo unos instantes de película se enfrentan entre sí los dos únicos modelos antagónicos que hay de entender la realidad, Izquierda vs. Derecha, (cf. los dos fotogramas que inmortalizan ese momento agonístico), Mr. Hundert les preguntaba en qué pensaban ellos«…contribuir[al bien común y]cómo[en base a esas obras] les recordará la Historia»,transmitiendo la misma o parecida emoción que Keating, aunque la suya mucho más contenida, y emplazando para el futuro (para dentro de veinticinco años en que de nuevo se habrán de volver a ver todos en un Hotel, los alumnos y su profesor) la contestación a esa pregunta que hasta que llegue el día del reencuentro, habrá de quedar ahí, pendiente de respuesta, flotando en el aire, rebotando sin eco entre las paredes de ese aula, testigo mudo y de excepción del aprendizaje y evolución personal de cada uno de esos muchachos, pregunta que, en boca de un profesor de un Colegio norteamericano tan pijo como el St. Benedict, ya se sabe que tendrá ineludiblemente un sabor a «retórica y “moralina” que tanto suele disgustar a los progres».
No obstante, ¿verdad?, a menudo me pregunto por qué razón será que en este tipo de recordatorios y sermones ejemplarizantes tan típicos de «la Derechona», y que tan poco gustan, (más bien nada), a los progres, por aquello de «la dichosa moralina», mal que les pese, al final resulta que casi siempre se suelen cumplir sus advertencias «morali-na-zantes», como las que sin duda transmitió también a sus alumnos Mr. Hundert.¡Eh!¿Por qué será?¿Verdad?
No de otro modo también los «sermones morali-na-zantes» de Mr. Hundert en sus clases de Historia Antigua habrán de tener necesariamente su corolario natural en el futuro, ya que, veinticinco años más tarde aquella pregunta que el profesor había lanzado a sus alumnos, tan “molesta” al decir de los progres por la “moralina” que llevaba escondida en la recámara, saldrá por fin de las paredes del aula de Mr. Hundert, quien, tras la larga y paciente espera, como la del experto enólogo cuando en enero prueba por fin el vino joven de la pasada vendimia, encontrará igualmente cumplida respuesta (vean la escena completa y degusten su “moralina”)a su preguntaen aquella célebre conversación que mantuvo con uno de sus alumnos en aquel Hotel, al que sus antiguos alumnos, agradecidos, invitaron para homenajearlo, en un lugar, la verdad que poco apropiado y nada académico como fueron los urinarios de ese Hotel:
[...]–«Le he fallado como profesor –le dirá Mr. Hundert a su ex-alumno, flamante candidato ahora al Senado del Congreso de los EEUU–. Pero, si me permite, voy a darle... una última lección. Todos nosotros, llegados a un punto, nos vemos obligados a mirarnos al espejo –es lo que le llevamos también diciéndole a la Izquierda en este blog no sé cuánto tiempo– y ver cómo somos en realidad. Y cuando ese día llegue para usted, Sr. Sedgewick, tendrá que afrontar el hecho de haber vivido una vida sin virtud, sin principios. Le compadezco por ello [...]».
A lo que su incorregible y pérfido ex-alumno, genuino representante de la Derecha más fascista y más antidemocrática, con la que la Izquierda pretende confundirnos a todos nosotros, le replicará:
–«¿A quién de ahí afuera le importan sus virtudes? ¡Me importan una mierda sus virtudes! ¡Yo vivo en el mundo de los que consiguen cosas!»
Esta escena representa, por una parte, el triunfo del modelo de la Derecha frente al de la Izquierda, y no porque ésta no sea capaz de hacer lo mismo que hizo Mr. Hundert en los baños de ese Hotel, sino porque la Izquierda aunque siempre diga que ella también lo haría, lo dice siempre de boquita, porque al final nunca lo hace. Y ¿por qué será? Ella misma nos aclara este misterio: «Sí que nos gusta…, pero es que…es que…es una escena y un modelo ideológicos que tienen para nosotros, para la Izquierda, mucha…mucha…moralina». ¡Acabáramos, Mr. Keating! ¡Haber empezado por ahí! ¡La moralina! ¡Pues claro! «¡Ande, ande, ande la “marimolina”!»
Pero por otra parte, esta escena representa también el triunfo de la razón y el bien hacer frente a la sinrazón y la prepotencia que no tienen aquí una afinidad ideológica concreta, pues se da tanto entre la Derecha como entre la Izquierda extremas (no democráticas).
¡Conque era la “moralina”! ¡Eh! ¿Acaso también sus perros rastreadores han vuelto a encontrar en esa última y merecidísima lección magistral que le da el profesor a su ex-alumno trazas de esa «retórica y “moralina” que tanto disgusto causa a los hombres y mujeres progresistas»? Y digo yo: ¿no sería mucho más fácil reconocer más bien que aquello que han hallado los progres en los urinarios de ese Hotel, más que “moralina”, es la consecución lógica de una serie de malos hábitos del pasado que, al arrastrarse sin haberlos podido nadie corregir a lo largo de los años, han dado a luz de forma natural a ese tipo despreciable que «ha vivido una vida sin virtud, [y] sin principios» y que por enésima vez ha intentado engañar a su viejo profesor, es decir, los frutos esperados de todo aquello que veinticinco años atrás ya se había ido fraguando y sembrando, jornada tras jornada, en aquella aula del curso de 1972, llena, al decir de la Izquierda, «de tanta retórica y tanta “moralina” que tanto disgusto les causa a los hombres y mujeres progresistas»?
Pero ¿por qué será, ¿verdad?, que a los progres siempre les resultan tan odiosas y patéticas las mismas escenas de «retórica y “moralina” épicas» de las películas yanquis, tipo El Club de los Emperadores –no voy a discutir aquí con nadie que la escena del “Concursito” ése de marras de Don Julio César, vestidos todos con toga, a la vieja usanza romana, que volvió además a repetirse veinticinco años más tarde en el Hotel, me chirriaron una barbaridad las meninges cuando la vi, se lo reconozco, porque ya sabemos que la estética de los americanos y su sentido del ridículo no tienen nada que ver con la de los europeos– y en cambio, les parecen fantásticas, sin retórica y sin “moralina” (o a lo mejor sí la tienen, pero con un poquitín menos, ¡a que sí!) las «carreras de saltos sobre la mesa del profesor» [cf. especialmente del minuto 1:43 hasta el final] o las “pruebas físicas” de «“Alzamiento” sobre pupitres»?¡Eh! ¿Por qué será? Porque según parece lo de ¡A las barricadas! –y quien dice ¡A las barricadas! dice también ¡Sobre los pupitres!– por lo visto eso no tiene para ellos la carga de “moralina” que tanto les molesta a ellos. ¡Eh!
Tampoco hay “moralina” en la visión sectaria que tienen los progres del ejército, una especie de «ONG-Cruz Roja» que ayuda a los damnificados en los «conflictos» que llaman ellos, o que enseña a leer y escribir a los afganos, donde las acciones de guerra no son tales, sino misiones de paz. Sin llegar a negar que entre las labores que puede llegar a cumplir un soldado figuran todas esas y alguna más, lo cierto es que ninguna de esas es su misión principal. En un determinado momento un soldado puede poner adornos de Navidad en Haití o ayudarle a una niña afgana a bajar su gatito del árbol en que se ha quedado colgado, pero él sabe muy bien que no es ése su cometido fundamental. Todos lo sabemos, los soldados lo saben, la mayoría de los españoles de bien lo saben igualmente, pero en cambio su ex-ministra de Defensa no lo sabía, pues se empeñó en convertir un ejército de hombres y mujeres que defienden los intereses de España y los de la comunidad internacional de sus aliados, en un ejército de voluntarios de la Cruz Roja. Los progres nos dirán aquí que si la Derecha tiene su “moralina”, que ellos no comparten, también ellos tienen el mismo derecho a tener la suya. Sí, lo tienen, es cierto, pero con una fundamental diferencia: que la nuestra se basa siempre en la realidad, la suya en cambio, en sueños de ejércitos de la Señorita Pepis.
A mí en particular –he de decirlo alto y claro– me molestan por igual, tanto los que se «ponen»trajes que no se los pagan de su bolsillo, como los que se «ponen» hasta las zejas de marisco y cerveza,la versión comunista de «¡A las barricadas!/¡A las mariscadas!» {[125]}, que tampoco se lo pagan de su bolsillo, como los que se «ponen» a su nombre prejubilaciones falsas que tampoco se las pagan de su bolsillo. Pero lo que más, más me molesta son todos esos a los que les molesta sólo la «moralina» de la “Derechona”, que dicen, pero nunca la suya, y aún más me molestan aquellos que ven sólo la paja en ojo ajeno y no ven la viga que llevan en el suyo, es decir, aquellos que no les da la “real” gana (perdón, quise decir la “república” gana) de reconocer que de la misma manera que no es lo mismo asesinar a una sola persona que asesinar a veinte, tampoco será lo mismo mangonear unos trajes de Milano o una mariscada pantagruélica en el mejor restaurante de Bruselas, que mangonear a destajo y al por mayor en los EREs fraudulentos de la Junta de Andalucía. ¿No se les podría aquí aplicar a todos estos «guiones reales de película» un poquito de la «moralina» de Mr. Hundert? ¡Anda que no lo iba a agradecer la sociedad entera! Incluso aquellos a los que les salen sarpullidos en la piel cuando ven este tipo de películas con tanta «moralina» que dicen ellos. ¡Qué pobres! ¡Les da “cosa” la “moralina”!
JALEPÀ TÀ KALÁ (Las cosas difíciles son hermosas).
[125] El hipervínculo no tiene desperdicio, y es que «hasta las cáscaras de las quisquillas estaban ricas», y si no que se lo pregunten al protagonista de ese video.