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Tiro en la nuca a un militar en Vitoria y triple asesinato en Pamplona

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A las dos de la tarde del domingo 13 de abril de 1980 ETA asesinaba en Vitoria de un tiro en la nuca al jefe de la Policía Municipal y comandante del Ejército EUGENIO LÁZARO VALLE.

A las diez y media de la mañana el comandante Lázaro Valle había estado en el cuartel de la Policía Municipal donde, tras inspeccionar los servicios, había recogido su coche. Posteriormente asistió a misa en la parroquia de Los Ángeles.

En esos momentos tres terroristas, que habían solicitado los servicios de un taxi para llegar hasta la iglesia, se identificaron como miembros de ETA y tomaron el volante del vehículo, conminando al taxista a que se estuviese quieto.

El comandante salió de misa y se dirigió hacia la calle de Sancho el Sabio. Ahí se detuvo unos segundos en un semáforo. Un etarra bajó del vehículo y se acercó al semáforo, donde le esperaba un tercer terrorista. Se colocó detrás de Eugenio Lázaro y le disparó un tiro en la nuca. En el lugar de los hechos se encontró un solo casquillo de nueve milímetros parabellum. El comandante fue trasladado al Hospital de Santiago, donde sólo se pudo certificar su fallecimiento.

El asesinato se interpretó como la continuación de la campaña etarra contra mandos militares que ocupaban puestos importantes al frente de la Policía Local. El nombre de Eugenio Lázaro se había barajado como sustituto de Jesús Velasco Zuazola, jefe de los Miñones de Álava, asesinado por ETA el 10 de enero de 1980.

ETA reivindicó el atentado en un comunicado enviado el 15 de abril a diferentes medios de comunicación de Bilbao. Por el asesinato de Lázaro Valle fueron condenados en 1982, a 8 años de reclusión mayor como cómplices del atentado, Moisés Izar de la Fuente y Martínez de Arenaza y Pedro Manuel González Alonso. Estos dos terroristas fueron los que proporcionaron a los dirigentes de ETA en Francia la información necesaria para cometer el atentado. En 1999 fueron condenados a 30 años los autores materiales del atentado, los etarras Ignacio Arakama Mendia y José Ramón López de Abechuco Liquiniano.

Eugenio Lázaro Valle tenía 49 años y era natural de Santoña (Santander), aunque tanto él como su padre, también militar de profesión, eran considerados como vitorianos desde siempre. Dentro de su carrera militar en Infantería, eligió el cuerpo de la antigua Policía Armada (hoy Nacional), desempeñando el mando en la guarnición de Vitoria como teniente y, posteriormente, como capitán. Tras el atentado se confirmó oficialmente que había sido amenazado en repetidas ocasiones. Estaba casado y tenía cuatro hijos.

El 13 de abril de 1984 ETA asesinaba en Pamplona a un comandante de Infantería retirado y a dos policías nacionales en dos atentados diferentes cometidos, con apenas una hora de diferencia, por los mismos terroristas.

Como cada día a las siete de la mañana el comandante del Ejército de Tierra retirado, JESÚS ALCOCER JIMÉNEZ, se dirigió a Mercairuña, centro mayorista donde realizaba las compras de suministros que luego vendía en tres supermercados de su propiedad ubicados en Pamplona. Cuando se disponía a entrar en el edificio, dos etarras lo tirotearon alcanzándole dos veces en la cabeza y provocándole la muerte en el acto.

Los etarras se dieron inmediatamente a la fuga en un automóvil Renault 18, de color verde claro, donde les aguardaba un tercer terrorista. Varios testigos pudieron identificar el vehículo utilizado en el atentado y, alertadas las dotaciones policiales de Pamplona, se establecieron diversos controles, procediéndose también a realizar una amplia operación de rastreo por diversas calles de la ciudad a fin de localizar este turismo, cosa que ocurrió unos 45 minutos después.

Una dotación del 091, compuesta por tres policías nacionales, localizó el Renault 18 abandonado en la ronda de Ermitagaña, justo enfrente de un instituto de Enseñanza Media y a varios kilómetros del lugar en que se produjo el asesinato de Jesús Alcocer.

El cabo primero TOMÁS PALACÍN PELLEJERO y el policía nacional JUAN JOSÉ VISIEDO CALERO procedieron a inspeccionar el automóvil. Tras abrir una de las puertas delanteras del vehículo, se produjo la explosión de una potente bomba, compuesta por unos 15 kilos de Goma 2, que había sido colocada en el interior del vehículo. Los cuerpos de los dos policías nacionales fueron lanzados en direcciones opuestas, decapitados y mutilados. Sus restos quedaron esparcidos en un radio de unos cien metros y tuvieron que ser recogidos posteriormente por voluntarios de la Cruz Roja. El conductor del coche de la Policía Nacional, Juan Sánchez Martín, que observaba desde el vehículo a sus compañeros, sufrió heridas leves. El dispositivo que accionó el artefacto explosivo es de los conocidos como pinza y estaba conectado a una de las cerraduras del vehículo.

Por el asesinato de Jesús Alcocer fueron condenados a 29 años en 1988, como autores materiales, Mercedes Galdós Arsuaga y Juan José Legorburu Guerediaga; en 1989, fue condenado Juan Carlos Arriaga, también a 29 años, por haber realizado el control y seguimiento de los movimientos de la víctima; en 1991 fue condenado, como autor material, José Ramón Martínez de la Fuente Inchaurregui.

A las mismas penas fueron condenados por el asesinato de los dos policías Mercedes Galdós Arsuaga, Juan José Legorburu Guerediaga y José Ramón Martínez de la Fuente Inchaurregui. Y también fue condenado a 29 años Jesús Jiménez Zurbano, que fue quien facilitó el explosivo para el vehículo trampa utilizado en la huida.

Jesús Alcocer Jiménez, natural de Sos del Rey Católico (Zaragoza), tenía 65 años. Estaba casado y era padre de cuatro hijas. Fue comandante del Ejército hasta 1977, año en que se retiró y pasó a ejercer actividades empresariales privadas en Pamplona. También fue delegado provincial de Fuerza Nueva. Ambas circunstancias lo  pusieron en el punto de mira de la banda terrorista. En 1978 Jesús fue víctima de un doble atentado. Una bomba estalló en uno de sus supermercados y, poco después, un segundo artefacto hizo explosión en su vehículo. Esta segunda bomba se programó para que estallase cuando el exmilitar se montase en el mismo y fuese a inspeccionar los desperfectos provocados por la primera explosión. Sin embargo, la víctima retrasó su salida del domicilio y eso evitó que fuera alcanzado por la explosión del vehículo.

Juan José Visiedo Calero, de 26 años, era natural de Melilla. Estaba casado y tenía una hija de dos años.

 

 

 

Tomás Palacín Pellejero, también casado, tenía 43 años y dos hijos. Era natural de Cervera de Cañada (Zaragoza).

 

 

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