In Memoriam

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Manuel Ferreira, policía municipal, y José Miguel Moros, obrero de una constructora

13 de Agosto de 2011 - 09:10:01 - M.J. Grech

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A la una y media de la tarde del día 13 de agosto de 1979, la banda terrorista ETA asesinaba a tiros en Portugalete al policía municipal MANUEL FERREIRA SIMOIS cuando se encontraba regulando el tráfico en la confluencia de las calles General Castaños y Gregorio Uzquiano, muy concurridas por la celebración en esos días de las fiestas patronales.

Hacia las 13:30 horas el agente ordenó a los ocupantes de un Seat 1430 que venían por la calle Gregorio Uzquiano que se detuviesen para dejar paso a los vehículos procedentes de la otra calle. Uno de los ocupantes, encapuchado, se apeó del vehículo con una pistola en la mano y efectuó cuatro disparos, casi a bocajarro, contra el policía municipal. Manuel Ferreira Simois, que resultó alcanzado por los disparos en el pecho y en la cabeza, dio varios pasos y se tambaleó, cayendo sobre el asfalto gravemente herido. En ese momento, los agresores arrancaron el coche y dando un brusco giro de volante, tomaron la dirección contraria a la que circulaban, dirigiéndose por la calle de Gregorio Uzquiano hacia Sestao.

Aún con vida, el policía municipal fue trasladado en un coche hasta la Clínica San Juan de Dios de Portugalete, en donde, a la vista de la gravedad de sus heridas, decidieron enviarlo en ambulancia hasta la Hospital de Cruces en Baracaldo. Pero no llegó a tiempo, falleciendo durante el traslado.

La Guardia Civil localizó, horas más tarde, el vehículo utilizado en el atentado en la transversal Abatxolo, de Portugalete, que había sido robado por la mañana en la localidad vizcaína. En su interior se encontraron dos casquillos del calibre 9 milímetros parabellum, marca Geco. En el lugar de los hechos se recogieron otros dos casquillos más de idénticas características.

La víctima había recibido repetidas amenazas de muerte desde un año antes de ser asesinado, una de ellas en forma de esquela con su nombre, que se la habían hecho llegar a su domicilio por carta, y también pintadas en la paredes de edificios frente a su domicilio en las que se anunciaba su muerte. Manuel había prestado servicio como guardaespaldas del anterior alcalde de Portugalete. Persona reservada y discreta, que no hablaba de política, algunos vecinos hablaron de que tenía vinculaciones con la extrema derecha.

Siete alcaldes de la margen izquierda de la ría (Baracaldo, Sestao, Santurce, Portugalete, Trapagaran y Ortuella), condenaron duramente a los autores del asesinato. El pleno extraordinario del Ayuntamiento de Portugalete, reunido el mismo día del atentado, declaró, con el voto en contra de los tres concejales que Herri Batasuna tenía en el consistorio, dos días de luto oficial. Asimismo, en señal de protesta y de repulsa por el brutal atentado, los policías municipales de Portugalete se mantuvieron en huelga durante todo el día 14 de agosto.

El funeral por Manuel Ferreira se celebró al día siguiente en la parroquia de María Madre de la Iglesia de Portugalete, con la asistencia de familiares y miembros de la Corporación municipal.

Manuel Ferreira Simois, de 47 años, era natural de Untas (Orense), aunque llevaba quince años residiendo en el País Vasco. Residía en Santurce, estaba casado y tenía ocho hijos. Había ingresado en la plantilla del cuerpo de Policía Municipal de Portugalete exactamente diez años antes, en 1969. Uno de sus hijos, Francisco Javier Ferreira Castro, ingresó en el Cuerpo Nacional de Policía. Quince años más tarde, fue víctima de otro atentado de ETA, en el que resultó herido leve. El 18 de junio de 1994, la banda terrorista colocó una bomba-lapa en su vehículo en Santurce, donde vivía. La bomba se activó cuando el agente aparcó en el Cuartel de Basauri (Vizcaya), donde prestaba sus servicios como radiopatrulla, tras haber recorrido casi veinte kilómetros sentado encima de la misma. Por un fallo en el ensamblaje del artefacto, estalló el iniciador, pero no el grueso de la carga explosiva compuesta por medio kilo de amerital. El policía sólo sufrió heridas leves, aunque tuvo que estar dos días ingresado por quemaduras en la zona sacra y una pequeña fisura. Una de las etarras que, presuntamente, participó en la colocación del mismo fue Mónica Martínez López, alias Monike y Julai.

El 13 de agosto de 1986 falleció en el Hospital de Cruces de Baracaldo JOSÉ MIGUEL MOROS PEÑA, a consecuencia de las graves lesiones que le causó la explosión de una bomba, el 27 de junio de 1986, en la empresa Constructora Ugandía donde trabajaba. La empresa estaba subcontratada por Dragados y Construcciones, encargada de realizar el Plan de Saneamiento Integral del Consorcio de Aguas del Gran Bilbao.

José Miguel había resultado herido de gravedad a las 7:50 horas del día 27 de junio, al hacer explosión una bomba colocada en una máquina perforadora, utilizada en las obras de construcción de una depuradora en el término municipal de Portugalete, justamente cuando el joven pretendía poner ésta en funcionamiento. La explosión le causó la amputación del antebrazo izquierdo, además de otras heridas muy graves en la cara. La bomba, cuyo mecanismo de relojería falló, se activó con las vibraciones y el calor originados por la puesta en marcha del motor de la máquina.

La colocación de la bomba fue anunciada por una llamada anónima a la Policía Municipal de Santurce a las 23:45 horas del día anterior, que informó de ello a la Policía Nacional y a la Municipal de Portugalete. Un equipo de desactivación de la Policía Nacional inspeccionó las grúas y retiró paquetes sospechosos sin encontrar ningún artefacto. El jefe superior de Policía de Bilbao informó que los policías de Santurce consideraron que se trataba "de una de tantas falsas alarmas", por lo que no se vio oportuno revisar nuevamente la zona a la luz del día.

De la acción se responsabilizó el grupo Iraultza (Revolución), surgido cinco años antes "como respuesta a la ofensiva represiva e ideológica contra el movimiento de resistencia vasca". En esos años Iraultza reivindicó atentados con explosivos contra numerosas empresas instaladas en el País Vasco, "en una línea de apoyo a las movilizaciones obreras". Además de otras acciones con explosivos contra locales pertenecientes a la Administración estatal, Iraultza había venido atentando en los años anteriores contra empresas y propiedades estadounidenses.

José Miguel Moros Peña, de 18 años de edad, vecino de la localidad vizcaína de Portugalete, llevaba dos meses trabajando en la empresa Constructora Ugandía. Era su primer empleo.

En el año 2002, el Ayuntamiento de Portugalete rindió homenaje tanto a José Miguel Moros Peña como al policía municipal Manuel Ferreira Simois. Durante el homenaje, los padres de José Miguel, Margarita y Julián, colocaron un ramo de flores en el monumento dedicado a las víctimas del terrorismo en el parque de Ellacuría.

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