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José María Herrera Hernández, Francisco Berlanga Robles y Luis García Lozano

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Este homenaje diario a las víctimas del terrorismo etarra lo iniciamos con las semblanzas de tres asesinados por la banda el 2 de enero: José María Herrera Hernández y Francisco Berlanga Robles, ambos en 1979, y Luis García Lozano, en 1991.

El 2 de enero de 1979 la banda terrorista ETA asesinaba a tiros en San Sebastián al comandante JOSE MARÍA HERRERA HERNÁNDEZ. Varios miembros del grupo Otxobi de ETA dispararon contra el comandante cuando se dirigía desde su domicilio al coche oficial que debía llevarlo al Gobierno Militar. Fue alcanzado en la cabeza y en el cuello, y falleció mientras era trasladado a un centro sanitario. Un capitán y el chófer que se encontraban dentro del vehículo resultaron ilesos.

El coche utilizado por los terroristas fue robado a punta de pistola sobre las 6:00 horas en Anoeta. El dueño del vehículo fue obligado a ir hasta Ayete donde lo dejaron atado a la ventana de una casa. Un transeúnte lo liberó a las 9:00 horas. En el lugar del atentado se recogieron nueve casquillos del calibre 9 milímetros parabellum, marca FN.

En 1983 la Audiencia Nacional condenó por este asesinato a 25 años de reclusión mayor al miembro de ETA José María Zubiaurre Portugal. El 6 de julio de 1984 fue detenido en Hendaya el miembro del grupo Otxobi Ángel Castrillo Alcalde, alias El Gordo, al que la Policía le imputaba su participación en el asesinato del comandante Herrera. Un día antes fue detenido, también en Hendaya, José Miguel Galdós Oronoz, alias Historias, que desempeñaba la función de buzón o emisario en el citado grupo Otxobi (El País, 24/09/1984).

José María Herrera Hernández tenía 53 años. Natural de Basauri, Vizcaya, estaba casado con María Teresa Embid Melero y tenía un hijo de 30 años. Era ayudante del gobernador militar de Guipúzcoa y, salvo dos años que estuvo en Melilla, siempre estuvo destinado en el País Vasco. Formó parte de la Policía Armada con el grado de teniente, reintegrándose posteriormente en Infantería. Veinte años después del asesinato su viuda tuvo que convivir con uno de los asesinos más sanguinarios de ETA, Iñaki de Juana Chaos, cuando este salió a la calle el 2 de agosto de 2008. Además, le unían al etarra lazos familiares: el hijo del comandante Herrera Hernández y María Teresa Embid, José María, era por entonces novio de Altamira de Juana Chaos, hermana de Iñaki, con la que posteriormente se casó y divorció. Además, la propia María Teresa fue la encargada de cuidar desde 2004 a su exconsuegra, la madre de De Juana Chaos, cuando ésta enfermó de Alzheimer.

Casi a la misma hora, FRANCISCO BERLANGA ROBLES, cabo del Cuerpo de Artificieros de la Policía Nacional, moría al intentar desactivar una bomba en las oficinas de la Inmobiliaria Jiménez Fuentes de Pamplona. Su cuerpo quedó tan destrozado que un médico del servicio de urgencias del Hospital de Navarra comentó que "no sabía si se trataba de un policía o un civil. Estaba totalmente irreconocible, ya que la explosión le había destrozado los brazos, una pierna, el tórax y parte de la cara".

Los asesinos de Francisco Berlanga - Ricardo Garciandía Solano, Miguel Mateo Asnariz Dicastillo y su mujer, María Gloria del Sagrario Recarte Gutiérrez- fueron condenados por la Audiencia Nacional en noviembre de 1982 a 21 años de prisión mayor, pero a la viuda ni le comunicaron la celebración del juicio.

La etarra Gloria Recarte fue detenida el 20 de octubre de 1981. Pese a haber sido condenada a más de 60 años de prisión (también participó en el asesinato de Pedro Fernández Serrano el 5 de abril de 1979) salió en libertad en febrero de 2000, habiendo cumplido sólo 19 años de prisión. Nada más ser excarcelada, asumió la dirección de Gestoras Pro Amnistía y desde entonces ha liderado las sucesivas asociaciones de presos de ETA (Gestoras, Askatasuna y Etxerat).

Francisco Berlanga Robles tenía 26 años. Era natural de Casarabonela (Málaga) y dejaba viuda a Catalina Navarro Florida con tres hijos (Juan Ignacio, Francisco Javier y Tamara) de 9 meses y 3 y 5 años. Francisco Berlanga llevaba destinado en la capital navarra desde que terminó el curso de desactivación de explosivos, un año antes de morir asesinado. Cuando la viuda y los padres de Francisco llegaron a Pamplona, les pidieron que fuesen discretos y les ofrecieron calmantes para soportar el dolor (Revista Bake Hitzak, 63). Los restos mortales de Francisco Berlanga fueron trasladados al día siguiente de su muerte en un avión militar a Málaga para ser enterrados. Sin medios económicos, y con una pensión por "muerte natural" de Francisco, Catalina tuvo que ingresar a sus hijos en un colegio para huérfanos y ganarse la vida en cualquier empleo. Las repercusiones psicológicas provocaron que ninguno de sus tres hijos pudiese estudiar. En enero de 2004 Catalina asistió en el acuartelamiento de Beloso en Navarra a un homenaje que hicieron los compañeros de su marido. Allí conoció a Fernando Jiménez Fuentes, el empresario al que iba dirigida la bomba que asesinó a su marido (Javier Marrodán, Regreso a Etxarri-Aranatz, Sahats Servicios Editoriales, 2004).

En 1991, el previo a las Olimpiadas de Barcelona, ETA intensificó su actividad terrorista. La primera víctima mortal de las 45 de ese año fue el coronel del Ejército de Tierra, LUIS GARCÍA LOZANO, asesinado el 2 de enero. García Lozano fue acribillado a balazos en San Sebastián por miembros de la banda terrorista ETA. Los disparos fueron efectuados con una metralleta y el cuerpo del coronel García Lozano recibió dieciséis impactos.

Luis García Lozano volvía en coche oficial a su domicilio desde el Gobierno Militar de Guipúzcoa, donde estaba en funciones sustituyendo al gobernador militar, el general Juan Eleta Sequera, de vacaciones en ese momento. El coronel García Lozano no utilizaba escolta y se desplazaba diariamente, y por los mismos trayectos, tanto a la residencia de oficiales como a su domicilio. El chófer, Jacinto Romatez Aguirrezabalaga, soldado de 22 años, resultó ileso, aunque sufrió una fuerte crisis nerviosa.

Durante el funeral por García Lozano, el vicepresidente del Gobierno vasco en funciones, el socialista Ramón Jáuregui, expresó su preocupación por un aumento de la actividad terrorista en 1991. "ETA va a atentar todo lo que pueda. Probablemente ha centrado durante este año todas sus perspectivas de desestabilizar y presionar a la democracia". Por su parte, el ministro del Interior, José Luis Corcuera, calificó de "canallada" el asesinato, añadiendo: "ETA asesina cuando puede y de la forma más vil posible".

La Audiencia Nacional consideró probado que Francisco Javier Balerdi Ibarguren y Juan Ignacio Ormaechea Antepara fueron los autores del ametrallamiento de Luis García Lozano. El primero fue condenado a 30 años de reclusión mayor en 1994. El segundo había fallecido en agosto de 1991 en un enfrentamiento con la Guardia Civil. Balerdi Ibarguren fue detenido en 1992 cuando trabajaba como empleado contratado en el seno del grupo municipal de Herri Batasuna en el Ayuntamiento de San Sebastián.

Luis García Lozano era natural de Cetina (Zaragoza) y tenía 56 años. Casado dos veces, tenía cinco hijos. Este atentado, a tres días de la Pascua Militar, era el cuarto que ETA cometía contra altos cargos del Gobierno Militar de Guipúzcoa.

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