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ETA asesina a un taxista, a un mecánico y a un policía nacional

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El día 9 de abril de 1969, ocho meses después del asesinato de Melitón Manzanas, las fuerzas de seguridad del Estado habían localizado un piso franco de ETA en la calle Artekale de Bilbao, alrededor del cual se monta todo un dispositivo de vigilancia.

En el piso se encontraban algunos de los etarras que, posteriormente, serían juzgados en el Consejo de Guerra de Burgos, como Mario Onaindía, Txutxo Abrisqueta o Víctor Arana Bilbao. Estos tres fueron arrestados nada más irrumpir la Policía en el piso, pero Miguel Etxebarría Iztueta, alias Makagüen, consiguió alcanzar la calle, pese a resultar herido por dos disparos.

Allí paró un taxi, conducido por FERMÍN MONASTERIO PÉREZ, al que pidió que le sacara del País Vasco y le llevase a Burgos. Fermín se percató de que estaba herido y se negó a seguir si el etarra no le explicaba el origen de las heridas. La reacción de Etxebarría fue meterle cuatro disparos a bocajarro cuando se encontraban a la altura de Arrigorriaga. A continuación, sacó a Fermín del taxi y lo arrojó malherido al suelo, se puso al volante y huyó conduciendo el vehículo. Otro taxista encontró el cuerpo agonizante de su compañero y lo llevó al Hospital de Basurto, donde falleció. Etxebarría le había alcanzado con cuatro balas: una en el corazón, otra en el tórax, otra en la ingle y la última en la mano.

Fermín fue la primera y única víctima mortal del año 1969, y la cuarta de la historia de ETA desde el asesinato de la niña Begoña Urroz Ibarrola el 27 de junio de 1960. Tras los asesinatos en 1968 de José Antonio Pardines Arcay y Melitón Manzanas González, el año 1969 fue especialmente duro para ETA. Los asesinatos de Pardines y Manzanas llevaron a una fuerte represión que diezmó a la banda terrorista. Una buena parte de sus cuadros dirigentes tuvo que comparecer en 1970 ante el Consejo de Guerra de Burgos.

Además, los roces entre la Iglesia vasca y el régimen de Franco iban en aumento. En 1969, el asesinato de Fermín provocó que la tensión llegase al máximo, cuando se arrestó al vicario general de la diócesis de Bilbao para que aclarase qué sabía de la huida del asesino, el etarra Etxebarría Iztueta. Este había conseguido llegar con el taxi de Fermín hasta Orozco, donde fue atendido por un vecino que le curó las heridas. Posteriormente consiguió pasar a Francia, pese al impresionante despliegue de las fuerzas policiales que detuvieron a casi un centenar de personas.

Etxebarría sería detenido, casi treinta años después, el 2 de abril de 1998, en la localidad mexicana de San Luis Potosí. Sería condenado a 8 años por fabricación de explosivos para la banda terrorista. No fue juzgado por el asesinato de Fermín, por ser anterior a la amnistía de 1977.

Fermín Monasterio Pérez tenía 38 años. Era natural de Burgos y llevaba cinco años trabajando en Bilbao de taxista. Estaba casado y dejó huérfanas a tres hijas: Rosario de 12 años, Adoración, de 10, y María del Mar, de 4.

Diez años después del asesinato de Fermín Monasterio, el 9 de abril de 1979 la banda terrorista asesina a DIONISIO IMAZ GOROSTIZA, dueño de un modesto taller mecánico en Villafranca de Ordicia (Guipúzcoa).

Dionisio fue sorprendido por dos miembros de ETA en el momento en el que se disponía a retirar su automóvil del taller mecánico, con el objeto de dejar paso a otro coche propiedad del contable del taller, Obdulio López Ruiz. Todas las mañanas la víctima realizaba a pie el trayecto de apenas trescientos metros que separaban su domicilio del taller. Su contable le esperaba en la puerta del local, para que Dionisio quitase su vehículo y poder así sacar el suyo, que guardaba en el taller por las noches. En el momento en que realizaba la maniobra, los etarras, con la cara cubierta por capuchas, le dispararon cinco tiros a bocajarro. A continuación, los dos pistoleros huyeron en otro vehículo, donde les esperaba un tercer miembro de la banda.

Los terroristas pertenecían al Comando Txefe Sarasola, desarticulado por la Policía once meses después, en marzo de 1980. El Txefe Sarasola estaba integrado por Eugenio Antonio Irastorza Fernández, Agustín Cortés Lorenzo, Francisco Senar Ijurco. Un cuarto miembro, Agustín Imaz Sorozábal, consiguió huir en ese momento, aunque sería detenido en 1987.

En 1981 fueron condenados a 29 años por el asesinato de Dionisio dos de los miembros del Txefe Sarasola: Eugenio Antonio Irastorza Fernández y Agustín Cortés Lorenzo.

Dionosio Imaz Gorostiza tenía 55 años. Estaba casado y tenía una hija. Era de ideología tradicionalista moderada.

Dieciséis horas después del asesinato del policía Vicente Sánchez Vicente, ETA asesinaba de nuevo a un miembro de la Policía Nacional, FRANCISCO FRANCÉS GARZÓN.

Eran las siete de la mañana del 9 de abril de 1981, cuando cinco terroristas tendieron una emboscada a los miembros de dos dotaciones de coches patrulla que habían acudido a instalar un control en las carreteras de acceso al centro de Bilbao. Apenas descendieron de los vehículos para colocar las señales indicativas correspondientes, fueron tiroteados desde una distancia de unos sesenta metros con fusiles Cetme, metralletas y escopetas de postas.

Resultaron heridos tres policías de los siete que formaban la dotación: Francisco Francés Garzón, Antonio Muñoz Muñoz y Antonio Prado Martín. El resto de los componentes de las dotaciones de los dos vehículos policiales intentó repeler la agresión, pero la furgoneta de la que habían descendido los etarras desapareció rápidamente. La huida se vio probablemente favorecida por la intensa niebla de ese día.

La furgoneta utilizada por los terroristas, propiedad de la empresa Limpiezas Villar, había sido robada en el vecino barrio de Santutxu veinticinco minutos antes del atentado. Su conductor fue abandonado maniatado en las cercanías del lugar. 

Los tres policías heridos fueron inmediatamente trasladados por sus propios compañeros a la clínica de la Virgen Blanca, situada apenas a trescientos metros del lugar del atentado. En ese mismo centro sanitario había sido atendido unas semanas antes el teniente coronel Ramón Romeo Rotaeche, asesinado el 21 de marzo.

Francisco Francés ingresó en la Virgen Blanca en estado agónico y falleció poco después por un paro cardíaco ocasionado por las heridas sufridas en ambos muslos, con desgarro de partes blandas. A Antonio Muñoz Muñoz se le apreció herida por metralla en tórax y hombro derecho, de pronóstico reservado, y a Antonio Prado Martín, herida en cara posterior del muslo izquierdo, de pronóstico leve.

Tras realizársele la autopsia en el depósito del Hospital Civil de Basurto, el cadáver de Francisco Francés fue trasladado al cuartel de la Policía Nacional de Basauri, en una de cuyas dependencias estaba instalada la capilla ardiente con los restos del policía Vicente Sánchez, asesinado el día anterior. Pocos minutos después, ambos féretros eran colocados en el patio de armas del cuartel, donde se celebró el funeral de cuerpo presente. Entre las personalidades asistentes estaban el ministro de Interior, Juan José Rosón, el delegado en la comunidad autónoma, Marcelino Oreja y el general Sáenz de Santamaría.

ETA asumió la autoría del atentado en el mismo comunicado en el que reivindicó el asesinato de Vicente Sánchez Vicente. 

Francisco Francés Garzón, de 29 años, era sevillano. Pertenecía a la XIX Compañía de la Reserva General de la Policía Nacional, con base en Granada. Llevaba sólo una semana en el País Vasco. El 10 de abril fue enterrado en el cementerio de San Fernando en Sevilla. Estaba casado, tenía dos hijas de corta edad y su mujer estaba embarazada en el momento del atentado.

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