Menú

ETA asesina a dos policías y a la mujer de uno de ellos, embarazada de siete meses

0

El 4 de mayo de 1983 la banda terrorista ETA intentó secuestrar al teniente de la Policía Nacional JULIO SEGARRA BLANCO con el objetivo de canjearlo por presos de la banda. Para ello robaron un coche a punta de pistola y se introdujeron en el interior de un garaje situado en la plaza del Carmelo del barrio de Santuchu en Bilbao. Ahí sorprendieron los terroristas al policía, que bajó en torno a las 8:00 horas a recoger su automóvil para trasladarse al cuartel de Basauri. Lo ataron de pies y manos con alambres y lo amordazaron con esparadrapo.

Cuando estaban a punto de meterlo en el maletero de un vehículo, entraron en el garaje PEDRO BARQUERO GONZÁLEZ, cabo de la Policía Nacional, y su mujer, MARÍA DOLORES LEDO GARCÍA, embarazada de casi siete meses. Pedro sacó su arma, pero los terroristas se adelantaron y dispararon contra el policía y su mujer. A continuación, hicieron lo mismo con Julio, que estaba atado y amordazado. El triple asesinato se produjo cuatro días antes de las elecciones municipales.

Julio y Pedro, destinados en el acuartelamiento de Basauri, solían ir juntos a trabajar en el coche del primero. Aquel día Pedro libraba y tenía previsto acompañar a su mujer, en avanzado estado de gestación, al ginecólogo.

Dentro del garaje la escena era terrorífica. Julio Segarra muerto, amordazado y atado de pies y manos, y a unos cinco metros, en medio de sendos charcos de sangre, los cuerpos sin vida de Pedro Barquero y María Dolores Ledo. El cabo sostenía en la mano derecha su pistola reglamentaria, mientras ella yacía a su lado con un brazo recogido hacia el regazo y el otro extendido. En el lugar de los hechos se encontraron cinco casquillos 9 milímetros parabellum SF y cuatro de la marca Santa Bárbara.

La madre de María Dolores fue el primer familiar en llegar al lugar. Vivía con su marido, obrero de la empresa siderúrgica Echevarría, en el barrio de Arabella.

El triple asesinato provocó una fuerte conmoción en la sociedad vasca y en toda la clase política, que lo condenó unánimemente, con la excepción de Herri Batasuna. Felipe González, que se encontraba en la República Federal de Alemania, declaró que el atentado suponía "un incremento de la crueldad y la propia degeneración humana". Varios partidos suspendieron sus mítines de campaña en señal de duelo, y pararon muchos colegios públicos de EGB de Bilbao. El lehendakari, Carlos Garaikoetxea, señaló que el asesinato supone el contrapunto dramático de los momentos alegres que vive el pueblo vasco tras el triunfo del Athletic. "Esperemos que esto termine algún día. No se dan cuenta del espanto que significa para unas familias, esposas e hijos lo que está sucediendo". El delegado del Gobierno, Ramón Jáuregui, afirmó que los autores del atentado están llevando al País Vasco a la ruina e hizo un llamamiento al pueblo vasco para que condenasen los hechos y colaborasen con las Fuerzas de Seguridad del Estado en la detención de los terroristas. El PSOE señaló en un comunicado que se trata de una obra "inhumana y bestial del fanatismo e irracionalidad de los asesinos", mientras que Alianza Popular solicitó al Gobierno que "tomase las medidas necesarias para cortar esta plaga criminal y para cegar las fuentes que la nutren". Un portavoz de Euskadiko Ezkerra señaló que "mientras la mayoría nos empeñamos en construir Euskadi ladrillo a ladrillo, algunos se han empeñado en destruirlo a ladrillazos".

Por este atentado fueron condenados en 1995 Enrique Letona Viteri, alias Masillas, y José Félix Zabarte Jainaga, alias Juan Luis, a sendas penas de 29 años como autores de un delito de atentado con resultado de muerte, a 29 años por un delito de asesinato, en concurso ideal con uno de aborto, y a 17 años por un delito de homicidio.

El 8 de abril de 2011 se celebró un nuevo juicio por este atentado. En el banquillo se sentaron Juan Manuel Inciarte Gallardo, alias Jeremías, y Félix Ignacio Esparza Luri, alias Iñaki. 

Inciarte Gallardo negó su participación en los hechos, alegando encontrarse en esos momentos trabajando en un mercado de Managua (Nicaragua) de donde sólo regresó a mediados de los 80 cuando su madre enfermó. Esparza Luri aseguró ante el juez que podía  acreditar documentalmente dónde estaba, porque registró en esas fechas la petición de "asilo político" en el País Vasco francés por "la fuerte represión policial y las torturas cometidas" en España.

En la vista declararon dos policías que han contado cómo el ya condenado Letona Viteri se enfrentó al "dilema moral" de haber asesinado a una mujer a punto de dar a luz. Los testigos relataron que, según contó Letona en el interrogatorio, tras los crímenes se desató "una fuerte discusión" entre él y Esparza Luri. Letona se había mostrado dispuesto a "cumplir, y pegar un tiro en la nuca al teniente", pero "no encontraba ningún sentido a matar a una mujer en muy avanzado estado de gestación, que además no suponía ningún peligro" para Esparza Luri. Después de la "ejecución" de Maria Dolores Ledo, que el etarra calificó de "salvajada", Letona admitió que había abandonado las filas terroristas. El representante del Ministerio Público pidió a la Sala que valorase este testimonio que da cuenta de cómo Esparza Luri "remata de forma absolutamente innecesaria y gratuita" a la mujer embarazada. En su declaración el 8 de abril, sin embargo, Letona Viteri negó la participación de Inciarte Gallardo y Esparza Luri en el atentado.

En la vista también declaró un testigo de los hechos. Según explicó al tribunal, aquel día entró en el garaje de la plaza del Carmelo de Bilbao donde aparcaba su coche. El testigo protegido notó "una cierta oscuridad que no era la de todos los días" y escuchó lo que le pareció "un sollozo, un lamento". Al girarse, pudo ver al cabo de la Policía Nacional Pedro Barquero González y a su esposa, María Dolores Ledo García. Ya en el coche, dio marcha atrás y enseguida reconoció los "destellos" de varios tiros. Pudo observar por el espejo retrovisor a uno de los pistoleros empuñando un arma y disparando a "una distancia corta" a los cuerpos del cabo y de su mujer. Según explicó, uno de los asesinos estaba agachado y "estaba rematando" a las víctimas. "Me puse a cien, salí temblando de allí", indicó el testigo, que añadió que cuando salió del turismo uno de los terroristas le enseñó una placa de Policía.

El 4 de mayo de 2011, el mismo día que se produjo el asesinato de Julio, Pedro y María Dolores, pero veintiocho años después, la Audiencia Nacional condenó a 85 años de prisión a Esparza Luri por el triple asesinato. Juan Manuel Inciarte Gallardo fue absuelto del asesinato de uno de los agentes y del de María Dolores, por lo que sólo ha sido condenado a 39 años de prisión.

Julio Segarra Blanco era de Cabanillas del Campo (Guadalajara) y tenía 50 años. Estaba casado con la bilbaína María Nieves Echevarría y tenía tres hijos: los dos mayores de 14 y 13 años, y el pequeño que había nacido una semana antes. Llevaba en Bilbao desde 1966. En el momento de su asesinato estaba destinado en la Segunda Compañía Móvil del acuartelamiento de Basauri.

 

Pedro Barquero González tenía 30 años. Era de Alcalá del Valle (Cádiz). Se había casado hacía siete meses con María Dolores Ledo García, de 25 años y natural de Baracaldo, que impartía clases a alumnos de tercero de EGB en el colegio Zumalacárregui del barrio de Arabella.

María Dolores Ledo era la cuarta mujer asesinada por el hecho de encontrarse en compañía de policías y guardias civiles, o personas confundidas con policías por la banda terrorista. El 6 de enero de 1979, Hortensia González Ruiz, de 20 años, era asesinada en Beasain cuando viajaba en un automóvil en compañía de su novio, el guardia civil Antonio Ramírez Gallardo, que también resultó muerto. El 22 de marzo de 1982, la banda terrorista ametrallaba brutalmente a un grupo de policías en el Rancho Chileno de Sestao. Con ellos estaba Cristina Mónica Illarmendi Ricci, que también resultó muerta. El 12 de febrero de 1983, Patricia Llanillo Borbolla, esposa del detective privado José Luis Alonso Álvarez, era asesinada en Tolosa cuando hacía compañía a su marido dentro de un coche. Patricia, igual que María Dolores, estaba embarazada.

Herramientas