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Dos asesinatos y el etarra contratado por el Ayuntamiento de San Sebastián

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Pasadas las once de la noche del 14 de marzo de 1986, el inspector del Cuerpo Superior de Policía JOSÉ ANTONIO ÁLVAREZ DÍEZ resultaba muerto en San Sebastián en el transcurso de un tiroteo con tres miembros de la banda terrorista ETA. Uno de ellos, que llevaba identificación falsa, falleció también en el intercambio de disparos.

José Antonio se hallaba en compañía de otro policía en un coche camuflado siguiendo las evoluciones de tres personas -entre ellas una mujer- dentro de un Citröen Visa que estaba aparcado en el paseo de Miraconcha. La víctima se acercó al turismo para pedir la identificación de los sospechosos cuando recibió dos disparos a bocajarro, uno de los cuales le atravesó el corazón y provocó su muerte instantánea.

Su compañero repelió la agresión con su arma reglamentaria y alcanzó al terrorista Ángel María Galarraga Mendizábal, alias Pototo, con varios disparos que le ocasionaron la muerte. Los otros dos terroristas huyeron a pie y llegaron hasta la playa de La Concha, donde se les perdió el rastro.

Galarraga Mendizábal tenía un largo historial criminal dentro de la banda terrorista, además de pertenecer a una saga familiar de terroristas. Combatió con la guerrilla salvadoreña a principios de los ochenta y era hermano de Juan Manuel Galarraga Mendizábal, alias Zaldivi, acusado de ser el principal responsable del atentado de la calle Correo de Madrid el 13 de  septiembre de 1974, la primera masacre de ETA. Una hija de este último, Saroia Galarraga, fue detenida en Francia en 2001 junto al etarra Juan Antonio Olarra Guridi. Días después su prima Hodei Galarraga Irastorza moría en Bilbao al explotarle la bomba que transportaba en un vehículo. Un hermano de Saroia, Haritza, está también implicado en actividades de Segi. Ángel María Galarraga fue enterrado el 16 de abril en Zaldivia, donde fue homenajeado por simpatizantes de la banda. Además, el Ayuntamiento corrió con todos los gastos del sepelio.

En el interior del coche de los terroristas, que había sido robado con anterioridad a un veterinario de la localidad guipuzcoana de Azcoitia, fueron encontrados 12 kilos de Goma-2. El explosivo estaba colocado en el interior de dos ollas metálicas, en las que los terroristas habían introducido 20 kilos de tornillos de grueso calibre, a modo de metralla. El artefacto, preparado para explotar, iba a ser utilizado al paso de un vehículo policial que haría su ronda habitual por el paseo marítimo.

En 1989 la Audiencia Nacional condenó a 44 años por este atentado a Ignacio Erro Zazu, alias Pelos, y Estanislao Echaburu Solabarrieta, alias Iván. Ignacio Erro Zazu fue detenido en 1987 en una operación en Pasajes de San Pedro en la que, durante el enfrentamiento con la Policía, murió la etarra Lucía Urigoitia Ajuria. Además de por el asesinato de José Antonio Álvarez Díez, ha sido juzgado y condenado a cientos de años por varios asesinatos más. Por otra parte, es uno de los 47 etarras que redimió condena por estudiar carreras en la UPV sin tener los requisitos mínimos de acceso a la universidad, escándalo que llevó a la Fiscalía General del Estado a investigar el asunto en el año 2005.

José Antonio Álvarez Díez, de 27 años, estaba casado con Gabriela García (22 años) y tenían un hijo. Era natural de Tremor de Arriba (León). Había ingresado en el Cuerpo Superior de Policía cinco años antes de su asesinato. Ejerció su corta carrera en San Sebastián.

El 14 de marzo de 1990 fallece el funcionario de prisiones ÁNGEL JESÚS MOTA IGLESIAS, al no poder salir del coma provocado por las graves heridas en cráneo y cuello sufridas en el atentado del día anterior en San Sebastián.

A las ocho menos cuarto de la noche del 13 de marzo Ángel recibió un tiro en la cabeza en presencia de su mujer y su hijo de cinco meses, al que llevaba en brazos. El atentado se produjo en la calle Matía, en el momento en que su esposa estaba bajando la persiana de la tienda de fotografía propiedad de la familia de ésta y él se dirigía al vehículo familiar con el bebé en brazos. Un etarra se le acercó y le disparó a bocajarro en la cabeza. El niño fue recogido del suelo por una mujer testigo de los hechos, que vio que el pistolero de ETA huía en una moto que conducía otro terrorista.

A última hora de la noche, y tras ser operado en el hospital de la Cruz Roja, a escasos metros de donde tuvo lugar este atentado, su estado clínico fue calificado de suma gravedad, presentando orificio de entrada y salida, pérdida de masa encefálica y afectación del hueso temporal. Ángel quedó en coma profundo y falleció al día siguiente.

ETA había comunicado recientemente, a través del diario Egin, que los funcionarios de Interior y Justicia eran objetivo prioritario de la banda asesina. Tras el asesinato de Ángel, la banda asesina aprovechó el comunicado de reivindicación para reiterar su amenaza a todos los funcionarios de Justicia e Interior, a los que conviertía en "objetivo militar" por colaborar "a distintos niveles en la política represiva contra los presos políticos vascos". En varios centros penitenciarios el asesinato de Ángel provocó la celebración de multitud de manifestaciones, concentraciones y huelgas de protesta por las condiciones de inseguridad en las que tenían que llevar a cabo su trabajo y contra la política antiterrorista  del Gobierno del PSOE.

El asesino, que no dudó en meterle un tiro a Ángel mientras tenía a su bebé de cinco meses en brazos, fue detenido en 1992. Se trataba de Francisco Javier Balerdi Ibarguren que, en ese momento, trabajaba como empleado contratado en el seno del grupo municipal de Herri Batasuna en el Ayuntamiento de San Sebastián. Fue condenado en 1994 a 30 años de reclusión mayor por el asesinato de Ángel. Juan Ignacio Ormaechea Antepara, el etarra con el que cometió el atentado, había fallecido en agosto de 1991 en un enfrentamiento con la Guardia Civil.

Francisco Javier Balerdi Ibarguren tenía 24 años cuando fue detenido. Según fuentes de la lucha antiterrorista actuaba como un liberado y mantenía su vida y su actividad normal como militante y empleado de HB. Desde 1989, y tras ser captado por el etarra Rubén Egaña, Balerdi participó en cinco asesinatos junto a Ormaechea, entre ellos el ametrallamiento el 2 de enero de 1991 del coche del gobernador militar de Guipúzcoa, coronel García Lozano. Balerdi recibía la pistola o la metralleta de Ormaechea y se la devolvía al terminar cada atentado. A continuación, regresaba a su trabajo en el Ayuntamiento de San Sebastián como si tal cosa.

Ángel Jesús Mota Castillo, de 31 años de edad, era natural de Zamora, aunque vivía en el País Vasco desde 1960. Estaba casado y tenía dos hijos de corta edad. Trabajaba en la prisión de Martutene desde once años antes de su asesinato. En Martutene hacía funciones administrativas, como el reparto de la paga a los reclusos y la entrega de las nóminas a los compañeros.

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