| Es tanta la modernidad que disfrutamos en España, según Zapatero, que basta un rayo, un rayito de nada, para dejar sin electricidad a toda una isla; concretamente a Tenerife, y a su millón de habitantes y “habitantas”. Efectivamente el día 26 de marzo, festividad de San Braulio –cuyo nombre significa “espada de fuego” y todo, por esas cosas de la casualidad–, estaba anunciada una ligera borrasca sobre las Canarias. Una borrasca que, según los responsables de la información meteorológica, iba a pasar sin pena ni gloria: “Tendremos cielos despejados y no despejados, chubascos dispersos y no dispersos; y a lo mejor vamos y declaramos una alerta naranja, pero sólo por entretenernos”. (…)
La borrasca era chiquita, decían... O sea: ¡Chiquita borrasca, caballeros y caballeras! Que es que encima vino sin viento apenas, con una ligera brisa, y se entretuvo dando vueltas sobre la isla. Como de paseo, vamos. Y entonces descargó lo que tenía que descargar: nieve en las cumbres, granizo en Güimar, lluvia por El Sauzal, sol en Adeje, niebla en Los Rodeos… Tal cual parecía que la borrasca estaba presentándonos una exposición monográfica, sobre los distintos meteoros. Y por tanto, para que nada faltara, pues dejó caer 66 rayos. Ni uno más ni uno menos, que los tienen contados los meteorólogos, vaya usted a saber cómo, porque se trataba de una borrasca muy ahorradora y circunstancial. Pero claro, no se contaba con que el “rayo perfecto” estaba camuflado entre los otros rayos, y la armó. ¡Vaya que sí que la armó! (…)
Según un responsable de la compañía eléctrica, esa que Zapatero cedió al Gobierno italiano por las buenas y su mala cabeza, el rayo fue a caer “en el peor sitio posible: la línea de tensión de 66 kilovoltios entre las subestaciones de Arico y Güímar, provocando una caída del sistema que, en milisegundos, apagó las dos centrales generadoras de electricidad dejando sin suministro a todo Tenerife”. También es mala leche la del rayo, ¿o no? (…)
Y entonces fuimos a entrevistar al rayo, porque somos así de irresponsables. –Díganos, señor rayo, ¿usted se cree que está bien dejar sin luz a toda una isla? –Hombre, pues no; pero es que me hacía ilusión visitar Tenerife. –Hijo, digo señor rayo, pero ya podía haber buscado otro sitio donde caer. Sus compañeros, por ejemplo, cayeron todos en el mar, que nos lo ha dicho don Agapito el meteorólogo. –Pues eso son mentiras del Agapito, ya ve usted. Que lo que pasa es que ese señor me tiene manía, y trata de echarme las culpas del apagón, cuando lo que pasó es que la red eléctrica de la isla es una mierda. –Compórtese, señor rayo, que puede haber criaturas leyendo esto. –Pero es que me sacan de quicio. Si usted supiera la ilusión que me hacía visitar estas Islas y disfrutar de sus playas y su sol. –¡Consio, pues haber caído en la playa! –Sí, claro, ¿y si después electrocuto a un extranjero, o a dos, qué? –Pues también tiene usted razón. (…)
Total que la electricidad tardó unas ocho horas en ser repuesta, porque el electricista estaba de permiso; se me descongeló el ciervo que tenía en la nevera, regalo de Bermejo; el personal tuvo que comerse los fideos fríos o del tiempo; el Gobierno canario anunció que había estado "atento", en todo momento a las consecuencias del apagón, lo cual es una pendejada; se quedaron atrapadas en los ascensores unas once personas, y en los “descensores” unas 3.000; a doña Filomena retuerto le tocó la Primitiva, mientras que a su prima Chona le tocaron otra cosa… En fin, un auténtico caos. ¿Y toda la culpa de quién fue…? Efectivamente: del rayo. Por lo que se espera que en las próximas horas pase a disposición judicial; para que después el juez Garzón se haga cargo de la causa. Se le va a caer el pelo al rayo; porque encima ha trascendido que votó al Partido Popular en las últimas elecciones. |