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Yo no quiero elecciones

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Ayer, Rafa Nadal suscitó el aplauso de muchos y las críticas de otros al decir que se deberían convocar nuevas elecciones, para que los españoles digamos en las urnas lo que pensamos sobre la actual situación.

Los motivos de los aplausos están claros: por supuesto que hay muchos millones de españoles que prefieren ir a las urnas antes que ser gobernados por una coalición frankenstein de 23 partidos, que incluye desde los herederos políticos de una organización terrorista a golpistas xenófobos nada disimulados, pasando por postureantes trileros que dicen hablar en nombre de la gente desde su chalet de lujo con casita para el servicio.

Y los motivos de las críticas también están claros: salvo Ciudadanos, que sería el único de los cuatro grandes partidos que subiría en unas elecciones hoy, y que se convertiría con total seguridad en primera fuerza política, nadie quiere en estos momentos ir a las urnas. Ni PP ni PSOE están dispuestos a dejar que se visualice el sorpasso de Albert Rivera a los otrora grandes partidos. Y a Pablo Iglesias no le importa someter su chalet a referendum entre los inscritos, pero someterlo a referendum de sus propios votantes en las urnas, cuando no tiene en su mano manipular los resultados, es otra cosa bien distinta.

Pedir elecciones en estos momentos es ir contra corriente. Por eso tiene mérito Rafa Nadal, al expresar lo que muchísimos españoles desean, pero la mayor parte de nuestra casta política no. Ojalá hubiera en España muchos más Rafa Nadal, muchos más personajes públicos con suficiente predicamento y con la valentía bastante para expresar opiniones políticamente incorrectas. Si estamos como estamos es, entre otras cosas, por la cobardía o el desistimientos de tantas personas que, pudiendo hacer mucho bien con sus opiniones, han preferido dejar el monopolio de la intervención en política a titiriteros a cual más atrabiliario y antiespañol.

Mi admiración para Rafa: un gran deportista, un gran español, una gran persona y un valiente.

Y una vez dejada constancia de mi homenaje, déjenme decirles que yo no estoy de acuerdo con Rafa Nadal. Yo no quiero elecciones. Yo prefiero que se agote la legislatura.

No es que tenga nada en contra de que se celebren unas nuevas elecciones. De hecho, creo que sería lo más transparente desde el punto de vista democrático. Han pasado tantas cosas desde que se celebraron las elecciones anteriores, ha cambiado tanto la situación, que sería muy sano que los españoles pudiéramos decir lo que pensamos y censurar a aquellos partidos de la casta que creamos que merecen censura. Dejar hablar al pueblo, a través de las urnas, es la manera más directa de restaurar legitimidades perdidas u otorgar otras nuevas. Y si mañana se convocaran elecciones, yo aplaudiría, porque no tendría nada que objetar.

Entonces, ¿por qué digo que no quiero elecciones? Pues por una razón de mera estrategia. Si se celebran elecciones mañana, el PP pagaría una importante factura, mientras que el PSOE y Podemos pagarían una factura algo menor. Ciudadanos, por su parte, mejoraría sensiblemente y se convertiría en primera fuerza política, pero sin llegar a la mayoría absoluta. Según todos los sondeos, Ciudadanos podría formar gobierno apoyándose en un PP ahora convertido en tercera o cuarta fuerza, mientras que la posibilidad de formar gobierno apoyándose en el PSOE es más dudosa, aunque también estaría ahí: según algunos sondeos, la suma Ciudadanos-PSOE podría conseguir la mayoría absoluta, mientras que otros sondeos descartan esa posibilidad.

En cualquier caso, lo que tendríamos es un gobierno de Ciudadanos apoyado en uno u otro de los dos principales responsables de los males que padecemos: PP o PSOE. Sería una mejora con respecto a la situación actual, pero no dejaríamos definitivamente atrás los problemas. ¿Creen Vds. que quienes han alimentado el nacionalismo y convivido con él iban a dejar a un Ciudadanos sin mayoría absoluta acabar con el nacionalismo? Ni de coña. Por lo tanto, aunque mejoraríamos de forma importante, seguiríamos atados a las mismas losas de siempre.

Por eso yo prefiero que la legislatura se agote. Rajoy ha destruido su partido, pero el PP necesita tiempo todavía para cocerse en la salsa de la pérdida de poder y terminar de disolverse. Y en cuanto al PSOE, nada podría completar mejor la tarea de demolición que inició Zapatero, que un Sánchez en Moncloa.

Yo quiero que Sánchez suicide al PSOE a cámara lenta desde Moncloa. Yo quiero que se agoten los dos años que quedan de legislatura para que todas las contradicciones del frankenstein de gobierno afloren y le estallen al PSOE en la cara. Yo quiero que Sánchez se vea forzado a hacer cuantos más gestos mejor para contentar a Podemos y a los separatistas. Porque cada cheque que le extienda a sus improvisados socios será pagadero en votos del PSOE. Nada de lo que pueda hacer Sánchez es irreversible, de modo que no solo no me preocupa lo que pueda enloquecer su gobierno, sino que deseo que enloquezca de la forma más destructiva posible para el PSOE.

Y en 2019 asistiremos a unas elecciones europeas que serán la plataforma de lanzamiento de nuevos partidos a izquierda y a derecha. La irrupción de Vox, por ejemplo, en el panorama político la dan ya todos los partidos por descontada.

Y cuando la legislatura acabe, en 2020, espero ver unas elecciones en las que PP y PSOE queden reducidos a su mínima expresión, en las que Podemos haya adoptado el mero papel de bufón del sistema al que Pablo Iglesias le conduce y en las que Ciudadanos y los nuevos partidos obtengan una mayoría aun más clara que la que obtendrían ahora.

No, no quiero elecciones ahora. Tan solo servirían para debilitar a esos partidos que tanto daño han hecho a España y que lo que merecen es desaparecer, no seguir condicionando, desde su debilidad, lo que puedan hacer Albert Rivera u otros.

Pero, como digo, tampoco objetaré si alguien hace caso a Rafa Nadal y convoca elecciones mañana, porque reconozco que dejar al pueblo expresarse en las urnas es lo preferible desde el punto de vista democrático.

En cualquier caso, gracias a Rafa por ser siempre un ejemplo para tantos, en tantos órdenes de la vida. Como ya digo, ojalá hubiera muchos más como él.

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