« Apuntes varios | Principal | Estado de máxima desconfianza »
3 de Agosto de 2007 - 14:54:16 - Luis del Pino
Repasando el libro "4 días de marzo", de Consuelo Alvarez de Toledo, tropiezo con unos párrafos que recordaba haber leído, pero no sabía dónde.
En la página 124, al hablar de la mochila de Vallecas, la autora (que se nota que ha recabado el testimonio de Díaz de Mera) dice lo siguiente:
Depositada toda la tarde en el IFEMA, la mochila bomba no ha sido utilizada en la identificación de ningún cadáver y allí ha permanecido como objeto ignorado por los forenses, los policías, los ministros y los políticos que visitaban el lugar, justo al lado de las familias que se van acercando para llevarse sus difuntos. Y así hasta que se ha ordenado su reenvío a Vallecas.
Junto con otras muchas pertenencias, la mochila azul emprende viaje de regreso, atravesando Madrid de norte a sur hasta llegar a la comisaría de destino. Allí los policías de guardia comentan los pormenores de las investigaciones tras la terrible jornada vivida. Revisan los objetos perdidos, ordenan todo. Y uno de ellos abre la mochila. Lo que ve es una bomba.
Agustín Díaz de Mera recibe la llamada en el IFEMA. Son las 2:40 de la madrugada.
- En la comisaría de Vallecas ha aparecido la mochila número 13.
"Ya están todas", piensa el comisario general de Policía, acordándose de las trece mochilas de las que habían hablado los etarras detenidos en Cañaveras. La bolsa, le dicen, ha estado en el recinto ferial toda la tarde. El director general de la Policía mira hacia el lugar donde estuvo la mochila y observa que todavía hay pertenencias y objetos apilados. Llaman a los guías caninos, por si hay otra bomba en el Ifema. Entra un perro. No se sienta.
- ¡Uf...!
Díaz de Mera no se da por tranquilo; quiere asegurarse.
- Que entre otro perro. - Tampoco se sienta.