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Un escorpión llamado Pablo Iglesias

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Todos Vds. conocen la fábula del escorpión y la rana. Un escorpión quiere cruzar un caudaloso río y, al no saber nadar, le dice a una rana que se encuentra prudentemente alejada: "¡Oye, rana! ¿Te importa que me suba a tu lomo y me ayudas a pasar el río?". La rana suelta una carcajada: "¿Te has pensado que estoy loca?. Si te dejo que subas, me picarás con tu aguijón". "¡Te prometo que no, rana! ¿Para qué iba a hacer eso? Si te pico y te mueres, yo me ahogaría en el río. Además, te juro que, si me ayudas, jamás te atacaré cuando nos encontremos en el futuro".

La rana, convencida por estas razones, dejó que el escorpión subiera encima y comenzó a cruzar el río. Pero cuando estaban en mitad de la corriente, el escorpión, incumpliendo lo prometido, picó a la rana. El batracio se volvió hacia su pasajero y, con su último aliento, le preguntó asombrada: "¿Por qué has hecho eso? ¡Ahora morirás tú también, ahogado!". A lo que el escorpión replicó: "¡Lo siento! ¡Es mi naturaleza!".

Esta semana hemos conocido el conato de motín contra Pablo Iglesias que han protagonizado miembros de 11 de las 17 comisiones regionales de garantías de Podemos. Como saben ustedes, Pablo Iglesias ha redactado unos estatutos del partido sin aprobación de las bases y que contradicen los acuerdos adoptados en la última asamblea de Podemos, la de Vistalegre. La presidenta de la Comisión Estatal de Garantías del partido, Olga Jiménez, redactó un dictamen en el que declaraba la nulidad de esos nuevos estatutos. Y la dirección del partido reaccionó abriendo expediente a Olga Jiménez.

Cuando surgió Podemos, he de confesar que yo creí que tendría mucho más recorrido. Como ya he dicho, mi fallo de juicio se basaba en un error de apreciación: pensé que Pablo Iglesias era lo suficientemente inteligente como para aparcar sus creencias personales y adoptar una estrategia que le permitiera llegar al poder. Pero me equivoqué. Vez tras vez, Iglesias ha demostrado estar muy sobrevalorado.

Renunció a la transversalidad para convertirse en una especie de Izquierda Unida con esteroides, encerrando así a su partido en la extrema izquierda, con el techo electoral que eso tiene.

Ha destruido las organizaciones regionales periféricas de Podemos, supeditándolas a movimientos y personajes que él no controla: En Marea en Galicia, los Comunes en Barcelona, Compromís en Valencia… El último episodio es el intento de defenestración, aun no concluido, del líder de Podemos en Cataluña, Albano Dante Fachín.

Se ha desecho de aquellos que le ayudaron a montar el partido, siendo su víctima más conocida el finado Íñigo Errejón.

Y ahora termina con todo intento de parecer "el partido de la gente", que era, al final, su principal aval de imagen. Primero acabó con las tentaciones asamblearias dejando sin función ninguna a los denominados "círculos" y ahora impone unos estatutos que se saltan la propia legalidad del partido y le consagran como líder omnímodo.

¿Y todo eso para qué? Al final Pablo Iglesias va a quedar, en efecto, como jefe indiscutido de un partido que ha perdido el apoyo de las bases, que ha liquidado a buena parte de sus activos políticos y que se ha reducido voluntariamente a un partido de ámbito regional castellano y andaluz. Es decir, será el jefe indiscutido de algo que no llegará nunca a ninguna parte.

¿Y por qué? ¿Qué necesidad tenía Pablo Iglesias de hacerlo todo tan mal?

Como decía, hay una explicación posible: Pablo Iglesias es mucho menos inteligente de lo que yo imaginaba y muchísimo menos inteligente de lo que él se piensa.

Pero también hay una segunda explicación, no incompatible con la primera: si Pablo Iglesias hace daño a su propio partido, a riesgo de hacerse daño a si mismo y hundir sus propias expectativas personales, es… porque no puede evitarlo. Está en su naturaleza.

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