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Un atentado de falsa bandera

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Los primeros insultos que recibí por investigar el 11-M fueron los que me dirigió en su blog un conocido dirigente ultraderechista. Sabía, cuando comencé a investigar el 11-M, que antes o después me lloverían los palos, pero he de confesar que aquello me cogió de sorpresa. Yo esperaba que los palos me llegaran por la izquierda, procedentes de personas para las que denunciar la grosera falsedad de la versión oficial del 11-M era hacerle el juego al PP. Pero resulta que no: aquellos insultos llegaban desde un lugar insospechado.

Después, fue un excéntrico periodista, también en la órbita de la ultraderecha, el que estuvo dirigiéndome, durante años, todo tipo de insultos. Y lo más sorprendente era la visceralidad que esos insultos destilaban.

Tardé mucho tiempo en comprender qué era lo que estaba pasando, pero al final logré entenderlo: lo que a aquel sector ideológico le molestaba era que yo dijera que el 11-M no había sido un atentado islamista, pero no por las interpretaciones políticas que eso pudiera tener, sino porque aquello arruinaba todo el discurso islamófobo basado en agitar el miedo al yihadismo.

¿Y en el resto del panorama político? Inicialmente, algunos sectores próximos al PP veían con agrado las investigaciones del 11-M... siempre que no pusieran en cuestión la versión oficial. Eran sectores dispuestos a intoxicar con una eventual participación de ETA, siempre y cuando las hipótesis incluyeran también a los islamistas: que si contactos entre presos de ETA e islamistas en las cárceles; que si El Chino era primo del cuñado de una amiga del panadero de Josu Ternera, etc. Pero en cuanto mencioné por primera vez la hipótesis de que el 11-M no había sido ni ETA, ni Al Qaeda, sino una operación de inteligencia, se acabaron las amistades con ese sector del PP y se me cerraron las puertas.

El resto de la clase política, incluyendo al PSOE y a otros sectores del PP, cerró filas en torno a la versión oficial, y se dedicó a bombardear a la opinión pública con una consigna muy burda, pero muy efectiva: "o fue ETA, o fue Al Qaeda; por tanto, todo aquel que no crea que fue Al Qaeda, es un conspiranoico que está tratando de inculpar a ETA".

Como yo sostenía que aquella disyuntiva era falsa, y que a lo mejor no habían sido ni ETA, ni Al Qaeda, la táctica que me aplicaron fue... la del ninguneo. La misma técnica que aplicaron a todas aquellas víctimas del 11-M que se atrevieron a denunciar en sede judicial la falsedad de las pruebas del caso. He publicado centenares de artículos sobre el 11-M, con datos que demuestran cómo se manipularon las pruebas de aquella masacre. Sin embargo, me cabe el dudoso honor de no haber sido mencionado nunca en El País. Lo cual es buena señal: si hubiera metido la pata en algún artículo, habrían dedicado incontables portadas a ridiculizarme. Pero como no pudieron pillarme por ningún lado, optaron por ignorarme y seguir repitiendo la consigna, para que calara bien en los españoles, sobre todo en los de izquierda: "O es ETA, o es Al Qaeda", "O es ETA, o es Al Qaeda",...

¡Y vaya si caló la consigna!

A raíz del atentado contra Charlie Hebdo, el humorista Willy Toledo publicó en las redes sociales un mensaje sosteniendo que el vídeo del asesinato de un policía en las calles de París era un montaje. Aquel mensaje de Willy Toledo fue compartido más de 6.000 veces en Facebook y recibió centenares de comentarios, los cuales me molesté en leer uno por uno. Y aquellos comentarios se dividían aproximadamente en dos mitades: los que entraban para insultar a Willy Toledo o preguntarle que si estaba pirado; y los que entraban para apoyar a Willy Toledo y para denunciar que lo de París era un montaje como (¡tachán, tachán!)...el atentado contra la Torres Gemelas de Nueva York.

Observen ustedes la profunda esquizofrenia de un sector de la izquierda española: está dispuesta a denunciar como un montaje de los servicios secretos el atentado de París y el de Nueva York, pero al 11-M, donde sí que hay datos abrumadores de manipulación de las pruebas, no se atreve ni siquiera a mencionarlo. Ni para bien, ni para mal. El 11-M se ha convertido en un tema tabú para la izquierda española.

Gracias al bombardeo con aquella famosa consigna ("o es ETA, o es Al Qaeda"), la izquierda española ha acabado interiorizando que cuestionar la autoría de Al Qaeda en el 11-M equivale, sí o sí, a achacar la autoría a ETA. Cuando en realidad, el 11-M es el único gran atentado de Al Qaeda del que tenemos pruebas más que suficientes para afirmar que fue un atentado de falsa bandera, una operación de servicios de inteligencia.

¡Pobre izquierda española! Está dispuesta a denunciar como falsos todos los atentados islamistas del mundo mundial... salvo el 11-M, que tuvo que ser Al Qaeda, sí o sí. Es genial. Resulta espectacular hasta qué punto puede llegar la autocensura cuando los medios repiten las consignas un número suficiente de veces.

Venga, chicos, repetid conmigo unas cuantas veces: "No fueron ni ETA, ni Al Qaeda". Veréis cómo no pasa nada. Y cómo el romper los tabúes hace que uno se sienta aliviado.

@ldpsincomplejos

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