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Si yo fuera un presidente corrupto

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Imaginen por un momento que llegan a presidente de gobierno y tienen la oportunidad de corromperse. Es posible que sean Vds. honrados y resistan a esa humana tentación, pero vamos a imaginar que no lo son. Pongámonos en el caso de que Vds. quieren sacar tajada de su recién estrenado puesto.

El problema es, por supuesto, cómo corromperse sin que te pillen. Supongamos, por ejemplo, que concedemos una obra pública a cambio de un 3%. Lo de que te transfieran la mordida de forma directa es muy peligroso, por lo fácil que resulta rastrear el dinero, pero ya hemos visto en Cataluña que ese tipo de operaciones se pueden llevar a cabo mediante alguna especie de triangulación. Por ejemplo, yo te concedo la obra, tu efectúas una donación con excusa cultural a alguna fundación apropiada y esa fundación nos paga de alguna manera a nosotros o a nuestro partido.

Existen muchas variantes de triangulación y algunas de ellas permiten evitar las transferencias de dinero, tan arriesgadas. En las diferentes gúrteles del PP y el PSOE hemos comprobado, por ejemplo, cómo se contrataban servicios a empresas desde la administración, a cambio de que esa empresa organizara luego actos del partido de forma gratuita o a coste muy bajo. Es una manera de financiar al partido desde la administración, pero esa financiación no es en dinero, sino en especie.

De todos modos, el simple hecho de que podamos poner estos ejemplos indica que esas operaciones pueden ser rastreadas por la policía, por periodistas especializados o por técnicos de Hacienda.

Cuanto más enrevesada sea la red de cobertura, más difícil que te pillen. Si yo te adjudico una obra, y tu efectúas un pago por un servicio ficticio de consultoría a una tercera empresa, que a su vez efectúa una donación a una fundación, que luego me efectúa un pago a mi, ya son cuatro los pasos que hay que poner en conexión para demostrar la existencia de una mordida. Porque, por supuesto, en el derecho penal no basta con la mera sospecha: si alguien quiere imputarme un delito de corrupción, hay que demostrar que los cuatro pasos estaban relacionados.

Cuanto más separados en el tiempo estén los pasos, más difícil resulta también establecer la conexión. Por ejemplo, ¿cómo demonios demuestras la operación de triangulación si los distintos pasos están separados unos años en el tiempo? Yo te concedo una obra pública, tú efectúas una donación a una fundación 18 meses después y tres años más tarde esa fundación me contrata un trabajo con cualquier excusa y me hace llegar el pago. A menos que alguien sea tan tonto como para poner por escrito los detalles de la operación, demostrar la conexión de los tres pasos es casi imposible.

Si yo fuera presidente del gobierno en cualquier país y quisiera corromperme, ¿saben cómo lo haría? Pues precisamente difiriendo los cobros y disfrazándolos de actividad cultural. Por ejemplo, yo acordaría contigo la concesión de tal o cual obra o contrato y acordaría también cobrar después de abandonado el cargo. Una vez dejara de ser presidente, habría muchas maneras de que me hicieras llegar mi comisión.

Por ejemplo, podríamos acordar que financiaras mi libro de memorias, por el que yo cobraría un suculento adelanto de derechos de autor de unos cuantos cientos de miles de euros. Unos derechos de autor claramente desproporcionados, que ninguna editorial recuperaría con la simple venta de libros. Pero por muy desproporcionada que sea la cuantía, a ver quién es el guapo que demuestra que lo que esconde esa operación es un pago ilícito. Al fin y al cabo, las editoriales pueden equivocarse al prever las cifras futuras de ventas, ¿no?

O en lugar de mi libro de memorias (o además de él), podrías pagarme las mordidas financiando un ciclo de conferencias en el que yo, como expresidente de mi país, iría diciendo chorradas por todo el mundo al módico precio de unos miles de euros el minuto. ¿Cómo narices podría ninguna fuerza policial ni ningún juez establecer la conexión entre ese ciclo de conferencias y la concesión que yo te efectué como presidente unos años antes?

Viene esto a cuento de que siempre me han llamado mucho la atención esas conferencias a precio de oro que tantos expresidentes van dando por el mundo. ¿Cómo se pueden llegar a pagar cientos de miles de euros por una conferencia de una hora? ¿Quién demonios financia esos dispendios? No me creo que en todos los casos se cubran los costes cobrando entrada a los asistentes a esas conferencias. Y quien dice conferencias, dice libros de memorias o labores de mediación internacional.

En realidad, si lo piensan, sería muy fácil montar un servicio de intermediación para facilitar a los políticos y a los grandes empresarios ese tipo de operaciones. Con poner en marcha una fundación dedicada a las conferencias de expresidentes, todo aquel que esté en la pomada sabría que hay que conceder obras a las grandes empresas que figuren en el patronato de la fundación o entre los donantes de la misma. De modo, y he aquí la elegancia de la solución, que ni siquiera haría falta hablar nunca de mordidas concretas sobre concesiones concretas, con lo que sería materialmente imposible demostrar ninguna corruptela. Yo me limitaría a hacer unas cuantas concesiones a las empresas del club, sabiendo que cuando acabe mi mandato seré adecuadamente remunerado de una manera o de otra.

Es el sistema perfecto: sin rastro, sin cutres negociaciones sobre cuánto me voy a llevar. Y como no hablamos de un club tan grande (porque no hay tantos expresidentes ni tantas grandes corporaciones), los sobrentendidos bastan y sobran para ingresar en el club y para que el club funcione.

O a lo mejor es que soy muy malpensado y las cosas son, simplemente, lo que parecen.

Sí, probablemente sea eso. Nadie sería tan malvado ni tan listo como para montar un tinglado así, ¿verdad?

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