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Cuando Rajoy accedió al poder en diciembre de 2011, el Partido Popular:

  • Fue votado en las generales por 10.800.000 españoles

  • Consiguió 186 diputados

  • Gobernaba con mayoría absoluta en Baleares, Cantabria, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Galicia, La Rioja, Madrid, Murcia y Valencia

  • Gobernaba con mayoría simple en Aragón y Extremadura

  • Contaba con 18 diputados en el parlamento catalán, 47 en el andaluz, 13 en el vasco y 4 en el navarro

  • Tenía la alcaldía de casi todas las capitales de provincia y ciudades más importantes

  • Contaba con 23 eurodiputados

En la actualidad, tras seis años de ejercicio del cargo por parte de Rajoy, cuatro de ellos con mayoría absoluta, el PP:

  • Ha perdido 2.900.000 votos, uno de cada cuatro

  • Ha perdido 49 escaños y la mayoría absoluta en el Congreso

  • Ha perdido los gobiernos de Aragón, Baleares, Cantabria, Castilla-La Mancha, Extremadura y Valencia

  • Ha perdido la mayoría absoluta en Castilla y León, La Rioja, Madrid y Murcia

  • Ha quedado reducido a 3 diputados en el parlamento catalán, 33 en el andaluz, 9 en el vasco y 2 en el navarro

  • Ha perdido buena parte de las alcaldías de las capitales de provincia y ciudades más importantes

  • Solo conserva 16 eurodiputados

En el terreno legislativo, ni una sola de las leyes ideológicas aprobadas por Zapatero ha sido derogada. Ni uno solo de los principios rectores de la política española que Zapatero marcó ha sido enmendado. Ni una sola de las líneas maestras de la política internacional que Zapatero fijó ha sido alterada.

En el terreno territorial, Rajoy ha respetado la negociación con ETA que Zapatero llevó a cabo, ha dejado pudrirse el tema catalán hasta llegar a la actual situación y ahora Navarra está gobernada por los nacionalistas por primera vez en nuestra historia democrática.

En el terreno económico, Rajoy había logrado que España recuperara buena parte de lo perdido durante la crisis, para ahora ver cómo el crecimiento económico se ve amenazado por la inestabilidad en Cataluña, las fugas de empresas o los boicots de productos.

En el terreno internacional, con Zapatero no pintábamos nada y ahora seguimos pintando lo mismo. Pero eso sí, nuestros socios comunitarios asisten estupefactos al espectáculo de un gobierno español que no solo se muestra incapaz de acabar con los desafíos nacionalistas internos, sino que encima financia generosamente a quienes plantean esos desafíos.

Su acción de gobierno ha estado marcada por un principio fundamental, que parece ser inherente a su naturaleza: no tomar jamás ninguna decisión ni asumir nunca ninguna responsabilidad, limitándose a esperar a que los problemas se resuelvan solos o pasando la patata caliente a otros, ya sea el Tribunal Constitucional o los electores catalanes.

Creo que he intentado hacer una descripción objetiva. No hay aspecto de la vida política que no esté igual o peor que cuando Rajoy accedió al poder; Rajoy ha renunciado a resolver ninguno de los problemas que España tiene planteados y está dejando su propio partido como un solar. Y para un tema donde podía aprobar el examen (los aspectos económicos), la situación se le está yendo de las manos por su incapacidad para atajar el desafío separatista en Cataluña.

Afortunadamente, España es lo suficientemente fuerte como para sobrevivir a la acción sucesiva de dos agentes cáusticos como Zapatero y Rajoy. Puede que el PP y el PSOE no sobrevivan, pero España sí.

Pero lo que tiene narices es que tengamos que perder tanto tiempo, tanto dinero y tantas energías por estar gobernados por inútiles. Y el mismo hecho de que dos inútiles sucesivos hayan podido llegar al gobierno indica que algo funciona muy mal en los dos principales partidos españoles.

Quizá va siendo hora, como ha sucedido en otros países de nuestro entorno europeo, de mandar a esos dos partidos al baúl de los recuerdos. Salvo que acometieran una renovación sincera y profunda, ni PP ni PSOE se merecen gobernar España. Ninguno de los dos está a la altura de los españoles.

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