Gabriel Moris, víctima del 11-M, acaba de publicar en Libertad Digital un nuevo artículo cuya lectura recomiendo:
11-M Seis años de oscuridad y tres de silencio
Creo que no digo nada especialmente novedoso si afirmo que, a estas alturas, todo aquel que vive medianamente informado es consciente de que la versión oficial del 11-M es falsa en su totalidad o al menos en buena medida. Otra cosa es que una parte de esos españoles medianamente informados elijan conscientemente mirar hacia otro lado y prefiera saber lo menos posible.
Tampoco digo nada novedoso si afirmo que, a estas alturas, buena parte de la sociedad - esa parte que no ha querido o no ha podido informarse - sabe muy poquito acerca del 11-M, gracias a un pacto de silencio en los medios que sólo se explica, precisamente, por la propia falsedad de la versión oficial. (Si existiera la posibilidad de contradecirnos a aquellos que hemos ido poniendo sobre la mesa las pruebas de que lo que nos contaron no puede ser verdad, nos habrían crucificado argumentalmente, en lugar de intentar ningunearnos).
Y menos novedoso soy si digo que la labor de difusión es imprescindible y que la incorporación de nuevos medios a las informaciones, la realización de debates en televisiones de acceso general, la aparición de nuevos articulistas, el interés por el 11-M en las redes sociales... son indicios de que las demandas de justicia van calando entre la gente de forma lenta e irreversible, gracias a esa labor de difusión.
Lo cual plantea un interesante problema de orden estratégico. Habiendo fracasado la intención original de olvidar el 11-M y taparlo con una versión oficial improvisada, habiendo fracasado los intentos de silenciar a los medios que nos hemos atrevido a hablar del 11-M, habiendo fracasado los intentos de intoxicación dirigidos a intentar prolongar la vigencia de la mentira o sustituirla por otra un poco más digerible para algunos... no queda en realidad ninguna línea de resistencia para la versión oficial, salvo intentar por todos los medios cerrar el paso a cualquier "oficialización" de las investigaciones, sea en sede judicial, sea en sede parlamentaria, sea por la vía policial.
Quizá sea posible imponer la disciplina de partido, pero ni se puede manipular a todos los jueces, ni se puede controlar a todos los miembros de las Fuerzas de Seguridad. Así que, tarde o temprano, las humedades del muro de la versión oficial se irán convirtiendo en gotera, hasta que ese muro de mentiras, de oscuridad y de silencio se desmorone.
Y ése es el problema estratégico al cual me refería: cuando se produzca la caída del muro, cada cual será recordado de la forma en que haya elegido ser recordado. Y habrá algunos de los que se diga: ayudaste a sostener ese muro de la vergüenza. Mientras que a otros les diremos: contribuiste, bien o mal, a derribar el muro piedra a piedra.