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Sánchez y el saber estar

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Hay personas que saben estar…y otras que no. Ayer, durante el desfile de las Fuerzas Armadas con motivo de la Fiesta Nacional, el paracaidista que portaba la bandera española quedó enganchado en una farola.

Para él, como gran profesional que es, uno de los mejores instructores que hay en España, esa pequeña incidencia constituiría un auténtico disgusto. Se le notaba en el gesto. Y por eso los Reyes quisieron tener un detalle con él y se detuvieron expresamente a saludarle con cariño tras el desfile.

La reina Leticia y el rey Felipe VI le transmitieron palabras de agradecimiento y de ánimo, que no eliminarían, pero seguro que mitigarían, su malestar. La escena de ese saludo ha sido ampliamente difundida.

Y en esa escena se pueden ver dos detalles curiosos: en primer lugar, se ve cómo alguien, posiblemente encargado de protocolo, se dirige a Pedro Sánchez, que caminaba unos pasos detrás de los Reyes, para decirle que se pare y que no invada esa conversación entre los Reyes y el paracaidista. Se lo tuvo que decir dos veces.

El segundo detalle que se advierte es que Sánchez, una vez que ya habían terminado los Reyes, saluda al paracaidista con extraordinaria brevedad, después de lo cual la ministra de Defensa, Margarita Robles, sí que se detiene a darle dos besos a ese profesional.

En este tipo de actos, es imposible tener preparado cada detalle, así que no creo que nadie diera instrucciones expresas a Pedro Sánchez de cómo comportarse. Por tanto, no es que Pedro Sánchez desobedeciera ninguna orden de protocolo y se acercara demasiado a los Reyes en un momento inoportuno. En realidad, la mayoría de los detalles, en un acto como ese, están regulados por algo mucho más sutil: el saber estar.

No debería ser necesario que nadie le dijera a Sánchez cuánto acercarse: debería salir de él la consciencia de que si los Reyes están mostrando un agradecimiento especial al paracaidista, él no debe invadir lo que, en primer lugar, es una conversación en cierto modo privada entre los Reyes y ese profesional. Escena que, además, está siendo grabada por la cámaras y en la que Sánchez debería saber que él no pinta nada.

Pero Pedro Sánchez no solo no se dio cuenta de que no debía acercarse demasiado en ese momento, sino que luego tampoco se detuvo a transmitir cariño al paracaidista. Si no sabes cómo comportarte, al menos deberías conocer ese refrán que dice: "allá donde fueres, haz lo que vieres". Si los Reyes se detienen a confortar a ese militar, déjales espacio y luego haz tú lo mismo.

Los Reyes saben estar. Y cumplen su papel con una elegancia admirable. Margarita Robles sabe estar. Pedro Sánchez, no.

Y empiezo a sospechar que el problema está en que a Pedro Sánchez solo hay una cosa que le interese en este mundo: su persona. El resto del universo no le importa ni poco, ni mucho.

Alguien debería advertirle al actual presidente que la carencia de empatía es uno de los principales síntomas de ciertos tipos de psicopatía.

Y para finalizar, déjenme que transmita yo también, aunque no soy nadie, mi agradecimiento como español a ese paracaidista, el cabo primero Luis Fernando Pozo: aunque no hace falta que yo se lo diga, es Vd. un profesional de primera. Y su cara de disgusto por esa pequeña anécdota, que no va a ninguna parte, demuestra hasta qué punto ama Vd. el trabajo bien hecho. Necesitamos en España, no solo en el Ejército, mucha más gente con ese pundonor que Vd. demostró ayer.

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