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Roxelana

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Como esta noche es Nochebuena, ¿les parece que empecemos el programa con una historia de amor?

Roxelana nació en torno al año 1502 en algún lugar de Ucrania. Por aquella época, los tártaros de Crimea se dedicaban al tráfico de esclavos en las costas del Mar Caspio y Roxelana fue capturada por una banda de traficantes con 13 años y vendida como esclava en Estambul.

Allí, tuvo la suerte de ser comprada por la madre del futuro sultán Solimán el Magnífico, como regalo para su hijo, que la convirtió en su concubina.

Tras el acceso al trono de Solimán en 1520, Roxelana fue poco a poco desplazando en el corazón del monarca a la verdadera esposa consorte, Mahidevran. Cronistas de la época señalan que hacia 1526 el soberano turco ya apenas prestaba atención a su consorte.

Solimán estaba perdidamente enamorado de Roxelana, que fue adquiriendo cada vez más ascendencia sobre él. Su carácter alegre, su inteligencia y su prudencia hicieron de ella uno de los mejores consejeros de Solimán, que fue encumbrándola sucesivamente: primero creó para ella el título de "Haseki sultan", es decir, la concubina favorita. Después, Solimán incumplió la ley no escrita que decía que cada concubina solo debía dar un hijo al sultán y abandonar después el harén, cuando el hijo hubiera alcanzado la mayoría de edad: Roxelana le dio a Solimán cinco hijos y una hija.

En 1533, Solimán volvió a incumplir otra regla no escrita, para escándalo de muchos de sus súbditos. La consorte Mahidevran hacía tiempo que había abandonado el harén (aunque siempre conservó el título de "primera esposa"), y Solimán se casó oficialmente con su hasta entonces concubina favorita, Roxelana. Era la primera vez en dos siglos que un sultán se casaba con una de sus concubinas y era la primera vez en la historia del Imperio Otomano que una antigua esclava llegaba a ser la esposa oficial del sultán.

Por supuesto, las rivalidades dentro del harén y el claro favor que Solimán le otorgaba hicieron a Roxelana blanco de todas las envidias, pero su temperamento jovial terminó granjeándole el apelativo de "Hurrem sultan", la sultana alegre, y jamás llegó a perder el favor de Solimán. Por el contrario, su influencia se dejó sentir en la política exterior adoptada por su marido y en el gobierno de los asuntos internos del imperio.

Roxelana fundó mezquitas, hospitales, baños, comedores para necesitados y escuelas coránicas por todo el imperio. Murió en 1558, ocho años antes que su marido, sin llegar a ver cómo su hijo ascendía al trono como Selim II a la muerte de Solimán.

Aquella esclava ucraniana, que llegó a ser una de las mujeres más poderosas del mundo en su época, está enterrada en la Mezquita de Solimán en Estambul. Aunque mejor que su suntuoso mausoleo, lo que nos da la medida del amor que Solimán sintió por ella es la poesía que le dejó escrita:

Trono de mi solitario nicho, mi bien, mi amor, mi luz de luna.

Mi amiga más sincera, mi confidente, mi vida, mi sultana, mi único y verdadero amor.

La más bella entre las bellas.

Mi primavera, mi amada de cara sonriente, mi día, mi corazón, mi hoja risueña.

Mi jardín, mi dulce, mi rosa, la única del mundo que no me perturba.

Mi Estambul, mi Caramán, la tierra de mi Anatolia.

Mi Badakhshan, mi Bagdad y mi Khorasán.

Mi mujer de hermosos cabellos, mi amada de cejas curvas, mi amor de ojos traviesos.

Siempre cantaré tus alabanzas.

A mi, el amante del corazón atormentado…

a mi, Muhibbi, el de los ojos llenos de lágrimas…

me diste la felicidad.

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