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Por qué Gibraltar sí importa

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Gibraltar fue fundada por los almohades en 1160. Dos siglos después, en 1309, fue conquistada por Alonso de Guzmán para la Corona de Castilla. En 1333 la retoman los benimerines y es en 1462 cuando Alonso de Arcos la conquista definitivamente para los castellanos.

Cuando se produce en España la Guerra de Sucesión, una escuadra anglo-holandesa toma Gibraltar en nombre del pretendiente a la corona española Carlos de Austria. En esa toma se produce la huida masiva de los 4000 habitantes de Gibraltar, debido a las violaciones y los saqueos. Acabada la guerra, Inglaterra, lejos de devolver Gibraltar a la corona española, consiguió que se le cediera por el Tratado de Utrecht. Igual que se cedió a Inglaterra Menorca.

Es importante resaltar que ese Tratado cedía Gibraltar a los ingleses con diversas condiciones:

- se fijaban unos límites territoriales claros, que comprendían la ciudad, el puerto, las defensas y las fortalezas

- se cedía la propiedad con carácter permanente, pero sin jurisdicción territorial alguna, lo que implica la no existencia de aguas jurisdiccionales gibraltareñas y lo que implicaba también la no cesión de la soberanía.

- Inglaterra no podía deshacerse de Gibraltar. En caso de hacerlo, volvería a la Corona española.

Once años después del Tratado de Utrecht, en 1724, Inglaterra se apropió de la zona del istmo, ampliando de manera ilegal sus posesiones.

A diferencia de lo que pasa con Ceuta y Melilla, que sí forman parte integrante de España en igualdad de condiciones con Valladolid o con La Coruña, Gibraltar no ha formado nunca parte de Gran Bretaña. Tiene la consideración, por parte de la propia Gran Bretaña, de mera colonia. Los gibraltareños no eligen representantes a la Cámara de los Comunes inglesa. Hasta 1983, Gran Bretaña incluía Gibraltar en su lista de Colonias Británicas de la Corona. En esa fecha, se cambió el término por el de Territorios Británicos Dependientes. Y luego, en 2002, se volvió a cambiar la designación, pasando a llamarse Territorios Británicos de Ultramar. Pero el concepto sigue siendo el mismo: Gibraltar no es una parte de Gran Bretaña en igualdad de condiciones que Southampton.

Durante más de dos siglos, la situación de ocupación de Gibraltar por los ingleses, mitad legal y mitad ilegal, continuó, hasta que en época de Franco, al calor de la ola de descolonización, la diplomacia española consiguió que Naciones Unidas, en 1967, incluyera Gibraltar en la lista de territorios a descolonizar.

Cuando España se incorpora a la Unión Europea, Inglaterra se comprometió a iniciar esas conversaciones sobre la devolución de la soberanía, a cambio de abrir la verja. De nuevo, han vuelto a incumplir todos los pactos.

Gibraltar importa, por tanto, por muchos motivos:

1) Porque Naciones Unidas ha dictaminado que es legalmente nuestro y que Gran Bretaña tiene la obligación de descolonizar el territorio y devolvérselo a su legítimo propietario, que es España.

2) Porque Inglaterra ocupa tierra alrededor de Gibraltar que no fue cedida en el Tratado de Utrecht y que, por tanto, está ocupando de manera ilegal.

3) Porque no puede invocarse ningún supuesto derecho de autodeterminación de los gibraltareños, ya que el Tratado de Utrecht lo dice explícitamente: si Inglaterra se deshace de Gibraltar, vuelve a ser propiedad de España.

4) Porque ya es hora de que Gran Bretaña empiece a cumplir sus compromisos internacionales y a mantener su palabra, tantas veces incumplida.

5) Pero, sobre todo, porque si no somos capaces de conseguir que se nos devuelva un territorio que la legalidad internacional dice que es nuestro, ¿cómo seremos capaces de impedir, el día de mañana, que nos quiten o que se secesione otro territorio, aunque la legalidad internacional diga que es nuestro?

Un país que no defiende lo que es legalmente suyo es un país que no se respeta a sí mismo. Presa fácil, por tanto, de quienes sí saben respetarse.

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