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Mira siempre el lado bueno de la vida

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'La vida de Brian' es una tierna y divertida película de ese genial grupo de humoristas ingleses llamado Monty Python. No es nada irreverente, a pesar de lo cual fue prohibida inicialmente en Irlanda, Noruega e Italia. Como curiosidad, en Suecia la película se publicitó con unos carteles que decían: "Esta película es tan divertida, que la han prohibido en Noruega".

'La vida de Brian' está plagada de escenas geniales, como la del ermitaño, la de la lapidación o la de la pintada contra los romanos. La escena del gobernador romano ofreciendo indultar a los "zezenta y ziete zediziozoz de Zodoma" se encuentra entre las más hilarantes de la historia del cine, mientras que el intercambio de pareceres entre los miembros del Frente Popular de Judea y los del Frente Judaico Popular acerca del colonialismo ("¿Qué han hecho los romanos por nosotros, ¿eh?") ha dejado sentir su huella hasta en la arena política de nuestro país. ¿Y quién no recuerda la canción final de la película, animándonos a ver siempre el lado bueno de la vida?

Una de las escenas más absurdas del film es la irrupción en escena del comando suicida que viene a rescatar a Brian. El protagonista, que no cuenta ya con ninguna esperanza, ve de repente acercarse a un grupo de hombres uniformados, que ponen en fuga a los romanos que acaban de crucificarle. Al llegar al pie de la cruz, el jefe del comando se presenta ante Brian y le informa de que son el escuadrón suicida del Frente Judaico Popular, tras lo cual los miembros del escuadrón, en lugar de liberar a Brian, sacan sus espadas y se suicidan delante de él. Brian, atónito, no puede sino exclamar: "¡Serán cretinos!".

'La vida de Brian' fue estrenada en 1979, hace casi cuarenta años. Si los Monty Python la hubieran hecho en la actualidad, no habrían necesitado recurrir a la ocupación romana de Oriente Medio en busca de inspiración. Les hubiera bastado, sin ir más lejos, con mirar a su alrededor, a la Gran Bretaña de 2017, que parece haber entrado en una espiral autodestructiva muy difícil de entender para quienes siempre habíamos considerado el sistema político inglés con admiración.

No me refiero solo al Brexit ("¿Qué ha hecho la Unión Europea por nosotros, ¿eh?"), sino en especial a la preocupante tendencia al suicidio político que se observa últimamente entre la clase dirigente británica. Particularmente hilarante ha sido el caso del UKIP, principal valedor del Brexit, que ha desaparecido de la escena política con un cruce final de reproches entre el Frente por la Independencia del Reino Unido y el Frente Británico por la Independencia.

Mucho más enigmáticos, por incomprensibles, han sido los suicidios sucesivos de David Cameron y de Theresa May. Al primero, envalentonado por su victoria en el referéndum escocés, no se le ocurrió otra cosa que convocar el referéndum del Brexit, para reforzarse él y reforzar a su partido. El resultado es de sobra conocido: ha metido a Gran Bretaña y a la Unión Europea en un lío de proporciones colosales, al tiempo que acababa con su propia carrera política.

Lo de Theresa May es todavía peor: contaba con mayoría absoluta, pero vio que las encuestas le vaticinaban una mayoría aun más holgada en caso de convocar elecciones. Así que las convocó, para reforzarse ella, para reforzar a su partido y para rematar a un Jeremy Corbyn que había imprimido un giro a la izquierda al Partido Laborista. Pero, en lugar de aumentar su mayoría absoluta, Theresa May la ha perdido, con lo cual Jeremy Corbyn ha resucitado y la que está ahora medio muerta es la propia Theresa May, que habrá que ver cuánto tiempo es capaz de resistir las presiones internas de su propio partido.

El pobre pueblo inglés, que ha sufrido la crisis económica como cualquier otro país occidental y que está sufriendo el azote del terrorismo islamista con especial virulencia, no se merece esto. Enfrentado a sus problemas, ve de repente acercarse a escuadrón tras escuadrón de primeros ministros, que le dicen que vienen a ayudarle, para al final terminar suicidándose políticamente delante de sus ojos. Supongo que el inglés medio estará pensando, con razón, "¡Serán cretinos!".

Pero en fin, como decía la canción final de 'La vida de Brian', miremos siempre el lado positivo de las cosas. A pesar de la indolencia, el desinterés y la incompetencia de los gobiernos españoles, es posible que algún día lleguemos a recuperar Gibraltar, dada la increíble, incomprensible y estupefaciente estupidez de los políticos británicos.

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