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2 de Diciembre de 2008 - 15:13:12 - Luis del Pino
"Si te nombro, soy tu amo", escribió una vez Pedro Salinas.
Y los señoritos de la casa, a los que los siervos se les escapan por las cercas a pesar de haber puesto a vigilar los predios a un Tío Tom de Iznájar apellidado Muntadilla, han decidido dejar claro quiénes son los que fabrican textiles a precios subvencionados y quiénes deben limitarse a cultivar el algodón.
"Seorita Escarlata, Seorita Escarlata", dice Manuela de Mare, corriendo detrás de Montserrat Tura mientras agita el decreto de catalanización de apellidos. "Senyoreta Escarlata, si us plau", responde fríamente la aludida, deteniéndose brevemente ante un espejo para ordenarse las cintas del traje blanco.
"Hay que adornar el palacio para la fiesta de esta noche", murmura el capataz Miquel i Zeta, mientras rompe sus tarjetas de visita y manda a sus muchachos a comprar unas rosas en su floristería favorita, la de Marta Ferrusola.
La tarde cae lánguidamente sobre la mansión familiar. A lo lejos, en los campos, los castellanoparlantes cantan a coro tristes canciones de la tierra de sus antepasados. Desde una de las ventanas, Carme Chacó, que limpia distraída un tanque de juguete, alcanza a distinguir los vestidos de colores de las mujeres, inclinadas sobre la tierra, y los pantalones blancos y los torsos desnudos de los hombres que acarrean las sacas.
Los criados ecuatorianos, después de comer sus gachas de almortas en la cocina, se colocan la barretina para servir en el salón el caviar y la langosta.
Acabada la cena, los hombres se retiran a fumar unos puros mientras discuten a qué políticos de Madrit chantajear para seguir absorbiendo empresas a precio de saldo.
En una esquina del gabinete, un tal Luky Lukoil, famoso tahur ruso, se entretiene en desplumar a Brufau, ante la atónita mirada de los curiosos que se agolpan alrededor de la mesa de póquer. Las apuestas suben, al tiempo que el humo va llenando la habitación y el ministro de exteriores Moraencerts compone un diccionario catalán-lingala-catalán.
El presidente Sabater, que lleva sin dormir un mes esperando una llamada de Washington, deambula a solas por los jardines, deseoso de alejarse del bullicio. De repente, el peripatético se detiene y un recuerdo parece asaltarle: "Tothom arbres nans", dice señalando los bonsáis.