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Leyenda Negra

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El Río Bravo o Río Grande no solo constituye la frontera entre México y Estados Unidos a lo largo de 1500 km, sino que también separa dos maneras distintas de entender la colonización.

Al norte, la ocupación de Norteamérica por inmigrantes mayoritariamente anglosajones se tradujo en un desplazamiento y marginación de los habitantes indios originales. Al sur, la colonización española, inexplicablemente denostada por algunos, se llevó a cabo mediante la integración y asimilación de quienes habitaban aquellas tierras antes de la llegada de Colón, cuyos derechos se protegen ya desde 1512, mediante las Leyes de Burgos, y posteriormente mediante las Leyes Nuevas de 1542.

Al sur del Río Bravo, en 1533 funcionaba ya, tan solo cuarenta y un años después de la conquista, el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, una institución de preparación universitaria específicamente destinada a los indígenas. Al norte del Río Bravo, la primera institución universitaria sería el Harvard College, fundado en 1636, y por supuesto no para los indios.

Al sur del Río Bravo, el 88% de la población actual del México desciende de los antiguos pobladores americanos; es decir, la sangre india corre por las venas de más de 100 millones de mexicanos de hoy. Al norte del Río Bravo, sólo el 1,7% de la población estadounidense (es decir, unos 5 millones de personas) tiene ancestros indios.

Al sur del Río Bravo, la mezcla racial fue altísima: el 75% de los habitantes de México son mestizos. Al norte del Río Bravo, los mestizos representan un 0,7% de la población.

Podríamos sintetizar las diferencias diciendo que, mientras al sur del Río Bravo los españoles tomaron posesión del territorio asumiendo a la población original y mezclándose con ella, al norte del Río Bravo la colonización anglosajona se basó en la sustitución de esa población por los inmigrantes llegados desde Europa.

Ese desplazamiento y esa marginación forzosos de la población original norteamericana quedan ilustrados en el sistema, todavía vigente, de las reservas indias. Existen hoy en día en los Estados Unidos 310 reservas indias distintas, con una extensión combinada aproximadamente igual a la mitad de la superficie de España. El gobierno americano tiene censadas un total de 566 tribus reconocidas a nivel federal, las más numerosas de las cuales son los cherokees, los navajos y los choctaw. En total, la población de las reservas suma un millón y medio de habitantes, que cuentan con la posibilidad de elegir sus propios representantes tribales y también con algunas ventajas fiscales, como la de gestionar casinos dentro de su territorio, lo que ha aumentado en las reservas la incidencia del crimen organizado. Como dato llamativo, el alcoholismo es cuatro veces más común en las reservas indias que en el conjunto de la población estadounidense.

Comparen una manera y otra de entender la conquista y díganme: ¿quién merecería más una leyenda negra?

Pero entonces, ¿por qué los españoles somos tan críticos con nuestra propia Historia? Pues déjenme que les de una posible explicación: los españoles tendemos a cuestionar sistemáticamente la moralidad o inmoralidad de nuestras acciones como nación, mientras que otros países han adoptado a lo largo de su Historia una mentalidad mucho más pragmática, supeditando las cuestiones morales a sus intereses nacionales.

¿Es eso bueno o malo? ¿Es esa característica nuestra una virtud o un defecto? Pues yo creo que es positivo: creo que ese cuestionamiento de la moralidad de nuestras propias acciones como nación es una virtud. Igual que es una virtud que las personas se cuestionen la moralidad de sus propias acciones individuales.

Ahora bien, el cuestionar tus propios actos y el reconocer tus faltas no puede llevarte a tener una imagen erróneamente negativa de ti mismo. Ni tampoco puede llevarte a negar tus virtudes y tus actos positivos. Ni tampoco puede llevarte a sentirte, sin razón, inferior a quienes te rodean.

El juicio que hagamos sobre nosotros mismos debe ser justo. Y a la vista de los datos objetivos, los españoles tenemos muchos más motivos para sentirnos orgullosos de nuestra Historia, que para sentirnos avergonzados.

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