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Las verdes praderas de Pablo e Irene

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El matrimonio Rebolledo, con sus dos hijos, parece la familia perfecta. Él tiene un buen trabajo y su mujer le ama sinceramente. Pueden permitirse algunos caprichos y han adquirido un chalet en la Sierra de Guadarrama (Madrid), donde pasan los fines de semana en compañía de familia y amigos, haciendo deporte y barbacoas. Sin embargo, esta aparente felicidad esconde una sensación de profunda frustración por el estilo de vida escogido. El marido no termina de encontrar su lugar en ese escenario de comodidad y aburguesamiento y decide romper con ello.

Así es como describe Wikipedia el argumento de la película Las verdes praderas, de José Luis Garci. Como ya sabrán los que la hayan visto, la infeliz pareja termina quemando su chalet.

Las verdes praderas, rodada en 1979, era una crítica al consumismo de la clase media española de las postrimerías del franquismo. En una entrevista realizada por el diario La Razón el 21 de mayo de 2011, y al hilo de los acontecimientos que por entonces empezaban a producirse en España, le planteaban a Garci la siguiente pregunta:

–¿El movimiento 15-M busca sus verdes praderas?

Y Garci respondía:

–No tengo ni idea. Nadie tiene muy claro de qué va eso. Dicen que son apolíticos, que no tienen ideología, pero siempre hay algo detrás de un movimiento así. Para nada me recuerda al Mayo francés.

La pregunta para la que Garci no encontraba respuesta entonces, ya la podemos responder hoy. Esta semana hemos constatado que, en efecto, el movimiento 15-M no buscaba otra cosa i sus verdes praderas: un chalet en la sierra en el que poder celebrar barbacoas con los amigos, como ostentoso monumento al consumismo y definitiva prueba del éxito personal.

Pero, al igual que en Las verdes praderas, el chalet de Pablo e Irene, lejos de convertirse en el ansiado y relajante premio al esfuerzo de toda una vida (es un decir), no ha hecho sino dar problemas a sus no tan felices propietarios.

Ayer, ante la avalancha de críticas recibidas, algunas desde sus propias filas, Pablo e Irene anunciaron que someterán su continuidad a consulta entre los inscritos en Podemos. Como en aquel famoso chiste de Ramón, fingirán una consulta al pueblo para poder capear el temporal:

- ¡El chalet o nosotros!

- ¡El chalet, el chalet!

- No importa, también somos nosotros

No sé si Pablo Iglesias estará sorprendido de la reacción de la gente o si la daba por descontada. Supongo que imaginaría que la compra de un chalet de lujo no iba a ser bien recibida por algunos de sus votantes y que sus enemigos políticos aprovecharían para criticarle. Aunque no creo que imaginara que el asunto fuera a tener tanto alcance: ayer, las redes era una avalancha de memes tomándose a chirigota a Pablo, a Irene, al chalet y al propio Podemos, sobre todo tras el anuncio de la consulta a la militancia. "Envía SALVAR PABLO al 25513", mostraba uno de esos memes.

Como decía aquel, en política se puede hacer de todo, menos el ridículo. Y la feliz pareja que lo dirige ha conseguido que Podemos sea ya un chiste. No me cabe duda de que salvarán la consulta a la militancia, pero el daño a la imagen de Podemos ya está hecho. Y le pasará factura a Iglesias, tanto interna como en términos electorales.

Es uno de los riesgos de mezclar los asuntos personales con los de trabajo: que al final tus intereses individuales terminen contaminando aquello que te rodea y te incapaciten para dirigir el partido. En Podemos, son muchos los que afilan ya los cuchillos contra Pablo Iglesias. Aunque, teniendo en cuenta cómo ha tratado él a tanta gente, confieso que no me da ninguna pena.

Que disfrutes del chalet y de tus verdes praderas, Pablo. Te lo has ganado, por convertir en el hazmerreír a todo un movimiento que tantas ilusiones despertó entre tanta gente. El IBEX-35 estará muy contento. Como cuentas con sitio suficiente, podéis celebrarlo todos juntos con una barbacoa en el jardín.

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