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La verdadera brecha laboral de género

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Permítanme que les lea las cifras puras y duras de las muertes por accidente laboral en España.

En 2014, murieron por accidente laboral 443 hombres, frente a 24 mujeres.

En 2015, 484 hombres y 31 mujeres.

En 2016, 445 hombres y 31 mujeres.

En 2017, 461 hombres y 23 mujeres.

En 2018, 482 hombres y 24 mujeres.

En conjunto, en los últimos cinco años han fallecido en accidente laboral 2.315 hombres y 133 mujeres. Es decir, por cada mujer que muere en accidente laboral, fallecen 17 hombres.

Si fuera un demagogo, como algunos de los defensores del feminazismo de género, exigiría que, puestos a conseguir la igualdad de género en el trabajo, habría que implantar cuotas no solo para que hubiera tantas mujeres directivas como directivos, sino también para que hubiera tantas mujeres como hombres en las profesiones de mayor riesgo laboral.

Si fuera un jeta, como algunos de los defensores del feminazismo de género, exigiría que el Estado dedicara recursos para crear unos cuantos observatorios de género dedicados a estudiar la problemática específica de los hombres que les hace más proclives a los accidentes laborales. Y aprovecharía para colocarme en alguno de esos chiringuitos, junto con tres o cuatro miembros de mi familia.

Si fuera idiota, como algunos de los defensores del feminazismo de género, elaboraría sesudas teorías explicando por qué es el heteromatriarcado el que, a través de la perpetuación de roles de género, impulsa a los hombres a asumir más riesgos en el trabajo, a despreciar las medidas de seguridad o a elegir las profesiones que más riesgo conllevan. Y tal vez lograra que algún medio igual de idiota me publicara como columna de opinión la bazofia excretada por mi cerebro.

Si fuera alguien carente de escrúpulos, como algunos de los defensores del feminazismo de género, inventaría llamativos hashtags para Twitter, como #NiUnoMenos, #NosEstánMatandoEnElTajo, #LasVidasdelosHombresImportan o #BastaDeMasculinicidio y trataría de que las mujeres se sintieran culpables por morir 17 veces menos en el puesto de trabajo, con el fin de conseguir algún tipo de discriminación positiva hacia los hombres en el terreno laboral. No tanto por beneficiarme directamente de esa discriminación, sino por reforzar mi papel de liderazgo dentro del movimiento de liberación masculino.

Pero no soy un demagogo, ni un jeta, ni un idiota, ni un ser carente de escrúpulos, ni tengo la menor intención de apuntarme al mascunazismo de género. Así que cuando oigo que alguien ha fallecido en accidente laboral, no pregunto si es hombre o mujer. Lo único que veo es que ha muerto un ser humano. De modo que las cifras que daba al principio, para mi son algo distintas:

En 2014, murieron en accidente laboral en España 467 trabajadores.

En 2015, 515 trabajadores.

En 2016, 476 trabajadores.

En 2017, 484 trabajadores.

En 2018, 506 trabajadores.

Y lo que me gustaría pedir es que alguien implementara las medidas necesarias para reducir esa alta siniestralidad laboral, independientemente del género de las víctimas. Porque cuando una grúa aplasta a un trabajador, por ejemplo, estoy seguro de que no se fija en cuál es su sexo.

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