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La casa de un asesino

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Vuillafans es una pequeña localidad del este de Francia, con unos 700 habitantes. Está situada en la región del Franco Condado, que antiguamente fue posesión española. En ese pequeño pueblo, en la Rue Gérard, se alza una casa de dos plantas, construida en el siglo XV y que en 1926 fue declarada monumento histórico. Es la casa de un asesino.

En esa vivienda nació Balthazar Gérard, en el seno de una familia católica de once hijos. Balthazar era enormemente devoto y ferviente admirador de su rey, Felipe II. Y cuando Felipe II ofreció una recompensa de 25.000 coronas por la cabeza de Guillermo de Orange, el líder de la independencia de los Países Bajos, Balthazar decidió que él sería quien acabara con la vida de aquel enemigo de los Habsburgo, de la Corona española y de la religión católica.

Y así fue: el 10 de julio de 1584, Balthazar Gérard asesinó a Guillermo de Orange en las escaleras de su casa de Delft, de dos tiros a quemarropa. Fue capturado y enjuiciado. La lista de las torturas a las que se le sometió la conocemos al detalle, y es demasiado brutal como para repetirla. Igual que es demasiado brutal como para repetirlo el modo en el que se le condenó a morir. Cuentan las crónicas elaboradas por los holandeses que Balthazar Gerard resistió con entereza incluso las torturas más terribles.

En lugar de las 25.000 coronas prometidas, Felipe II, que nunca estuvo sobrado de efectivo, concedió a los familiares de Balthazar, como recompensa, tres pueblos en el Franco-Condado y un título nobiliario.

Con el correr del tiempo, ese pequeño pueblo francés de Vuillafans rebautizó como Rue Gérard la calle donde se encuentra la casa en la que Balthazar Gérard nació. En 1926, el gobierno francés declaró la fachada de la casa monumento histórico y en 2014 se amplió la declaración de monumento histórico a toda la casa.

¿Y para qué les cuento todo esto? Pues en primer lugar, porque me parece una historia curiosa, como me parece curiosa la figura del propio Gérard. Y en segundo lugar, para incitarles a reflexionar sobre las cosas que esta historia sugiere. Por ejemplo, si hablamos de los hechos, ¿fue Balthazar Gérard un héroe o un simple asesino? ¿Cuáles son los límites de la acción de un estado? ¿Dónde acaba la defensa de los intereses del estado y empieza el terrorismo puro y duro?

Y si hablamos de la memoria de los hechos, de la memoria histórica, ¿por qué se recuerda a Balthazar Gérard en Francia y no en España? ¿Es correcto que un magnicida tenga una calle  dedicada en su pueblo natal?

Traten de contestar a esas preguntas. Y traten después de buscar paralelismos en la actualidad y de aplicar sus respuestas a esos casos similares. E intenten después explicar por qué las respuestas que valen en unos casos, no son aplicables en otros.

En la vida, todo está lleno de matices.

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