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Jubilación masiva de monos

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La historia de los doce monos es una parábola, que algunas veces se utiliza en el mundo de la gestión empresarial para explicar cómo se crea una cultura de empresa.

Imagine que metemos en una habitación a doce monos. En esa habitación hay un racimo de plátanos colgando del techo y una escalera justo debajo del racimo. Además, la habitación cuenta con unos aspersores que permiten arrojar una lluvia de agua helada.

Cuando el primer mono ve el racimo y se apresura a subir por la escalera para coger un plátano, activamos los aspersores y duchamos a los pobres animales con el agua gélida, lo que obliga al mono a desistir.

Después de repetir la operación varias veces, cada vez que un mono intenta encaramarse a la escalera, los simios terminan aprendiendo que no hay que intentar subir por la escalera ni coger ningún plátano.

Ahora que los monos han aprendido la lección, desconectamos el sistema de aspersores, sacamos de la habitación a uno de los doce monos e introducimos a un mono nuevo. El nuevo mono no sabe nada de aspersores, ni de agua helada, por lo que al ver el racimo de plátanos, intenta subir por la escalera. Los otros once monos, viendo que el recién llegado puede hacerles recibir la temida ducha, le impiden a golpes que trate de alcanzar los plátanos. Al final, el recién llegado termina comprendiendo, a base de palos, que aunque él no entienda la razón, esos plátanos son intocables.

Después, vamos sacando uno a uno los restantes monos originales y metiendo cada vez un mono nuevo, y siempre se repite el proceso: el recién llegado no tarda en aprender que por la escalera no se sube, pero no porque se reciba ninguna ducha de agua helada, sino porque sus compañeros le proporcionan una paliza de campeonato si intenta subir.

Al final, una vez sustituidos todos los monos, ya no queda nadie en la habitación que recuerde las duchas de agua helada, pero todos los monos tienen interiorizado que por la escalera no se sube, aunque no sepan por qué. Y a quien trata de escapar de la costumbre, los demás monos lo corren a palos.

Eso es lo que pasa en muchas organizaciones: el tiempo y las experiencias van creando una serie de costumbres y de tabúes, que conforman lo que se llama "cultura de empresa". Muchas de esas costumbres y tabúes no tienen ningún sentido al cabo de los años, pero los miembros de la organización siguen respetándolas, e imponiendo que se las respete, porque existe el convencimiento inconsciente, como en el caso de los monos, de que "algo malo puede pasar" si alguien se atreve a salirse del guión.

Son esos vicios heredados los que impiden, en muchas ocasiones, que las organizaciones se regeneren. Una vez establecido el tabú de que no hay que tratar de alcanzar los plátanos, la única manera de acabar con ese tabú es sustituir a todos los monos a la vez. O al menos a casi todos. Si dejas en la habitación algunos monos que ya han interiorizado la prohibición de alcanzar los plátanos, esos monos se encargarán de enseñar a golpes el tabú a los monos recién llegados.

Lo mismo cabe decir del mundo de la política. El problema que tienen los intentos de regenerar gradualmente cualquier partido político, es el alto riesgo de que las minorías renovadoras terminen asumiendo las costumbres y tabúes absurdos de la mayoría a la que intentan reformar.

Y lo mismo pasa con los partidos renovadores: el peligro al que se enfrentan es terminar siendo absorbidos por el sistema, y que sea el sistema el que les cambie a ellos y no al revés.

Por eso, en ocasiones es mejor hacer tabla rasa y cerrar directamente una organización, o cambiar directamente un sistema, en lugar de intentar reformar lo que no puede ser reformado, porque está prisionero del tabú.

Y quien dice tabú, dice intereses creados, vicios adquiridos, aberraciones ideológicas, prejuicios o complejos.

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