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9 de Diciembre de 2007 - 12:27:52 - Luis del Pino
En los últimos días, se ha producido un interesante debate en el blog sobre la conveniencia o no de criticar determinadas decisiones del PP y, en concreto, de su presidente, Mariano Rajoy. Se han manifestado a este respecto dos posturas principales, aparentemente irreconciliables (aunque luego veremos que, en realidad, no lo son).
Básicamente, el debate se ha centrado en la actitud del PP con respecto a la manifestación de la AVT del día 24 y a la concentración unitaria convocada por los partidos a raíz de los últimos asesinatos de ETA. En concreto, lo que se debatía era si Rajoy había hecho bien en acudir a la concentración de la Puerta de Alcalá, después de haber excusado su asistencia a la manifestación de la AVT.
Con respecto a la concentración unitaria, no existe unanimidad a la hora de valorar la actitud del PP. Mientras que unos consideran que el PP debería haberse "plantado", los otros estiman que Rajoy ha actuado de manera inteligente. Y creo que no les faltan argumentos ni a los unos, ni a los otros. Los unos dicen que el PP no hubiera debido plegarse al intento inicial del Gobierno de esconder sus responsabilidades detrás de una manifestación "unitaria": era el momento, dicen, de poner a Zapatero frente al espejo de sus errores en materia antiterrorista. Los otros contestan que, si el PP se hubiera plantado y hubiera rechazado entrar en el juego de la convocatoria unitaria, el PSOE habría utilizado esa negativa del PP como cortina de humo, para llevar el debate al terreno de si la oposición apoya o no al Gobierno en la lucha contra ETA. En lo que hay más consenso es en que Rajoy se equivocó al no acudir a la manifestación de la AVT el día 24.
Pero donde el debate se ha manifestado de forma más enconada es en el propio hecho de si resulta conveniente o no criticar a Rajoy. Mientras que un grupo de participantes del blog manifestaba su desilusión con Rajoy y expresaba sus dudas sobre si votar al PP en marzo, otro sector del blog recordaba que ese tipo de críticas y esas dudas sobre el voto tan sólo benefician a Zapatero y al PSOE.
Es aquí donde digo que las dos posturas son mucho menos irreconciliables de lo que parecen. Porque, en realidad, tanto unos como otros expresan su postura partiendo de un objetivo común: que las elecciones de marzo permitan detener la deriva puesta en marcha en España a raíz de las últimas elecciones generales.
Creo que tienen razón aquéllos que dicen que las críticas al PP deberían modularse y hacerse menos ácidas. Es posible que Rajoy se equivoque a veces; yo creo, de hecho, que ha cometido numerosos errores en estos cuatro años. Pero todos nos equivocamos en multitud de ocasiones. Y lo que es indudable es que el PP, con Rajoy a la cabeza, es el único partido que ha dado la batalla. Con errores, sí, pero la ha dado. Es el único partido que ha plantado cara a quienes, con todo el respaldo de una impresionante batería mediática, pretendían consolidar un auténtico cambio de régimen. Eso es un hecho.
¿Nos hubiera gustado a muchos que el PP se hubiera batido el cobre todavía con más brío? Indudablemente, pero el caso es que son los únicos que se han batido el cobre durante estos cuatro años. ¿Se podría haber hecho una oposición más dura, que hubiera sacado más partido de los errores de Zapatero? Por supuesto, pero lo cierto es que el PP había quedado laminado tras el 14-M y ahora, por lo menos, está en condiciones de afrontar las elecciones con la esperanza de poder ganarlas.
Algunos han planteado la duda de si se puede votar a Rajoy a la vista de determinadas decisiones, pero me parece una duda falaz. ¿Es que acaso se puede no votar al PP de María San Gil, o de Regina Otaola? ¿Es que existe alguna duda del respaldo de Rajoy a esas personas que están día a día, en el País Vasco, combatiendo en solitario al monstruo nacionalista? Es posible que Rajoy se haya equivocado no asistiendo a la última manifestación de la AVT, pero el PP de Rajoy es el único partido que ha estado apoyando a la AVT en su lucha, y ha tenido que afrontar descalificaciones sin cuento por ese motivo. Una cosa es criticar a Rajoy cuando se equivoque, y otra muy distinta es perder la perspectiva: Rajoy y el PP son, hoy por hoy, la única esperanza para todos aquéllos que entienden que en las elecciones de marzo nos jugamos el ser o no ser de la Nación.
Y aquí es donde entra la otra cara de la moneda. El que todos seamos conscientes de que Rajoy y el PP son la única esperanza posible no implica que tengamos que asumir de manera acrítica cada decisión que Rajoy y el PP tomen. Al contrario. Precisamente porque creemos que una victoria del PP es imprescindible, podemos y debemos criticar aquellas decisiones o gestos del PP que veamos como perjudiciales.
Pongamos un ejemplo: la no asistencia de Rajoy a la manifestación de la AVT el pasado día 24. Si hemos criticado esa ausencia es por dos motivos: primero, porque el apoyo a la AVT no puede estar supeditado a cálculos electorales. Pero, en segundo lugar, porque los propios cálculos electorales exigían apoyar esa manifestación. La ausencia de Rajoy trasladó un mensaje letal, que contribuye a debilitar electoralmente al PP. Porque es indudable que hay una parte del electorado, especialmente sensibilizada, a la que esa ausencia le ha dolido mucho. Hay una parte de electores del PP que han percibido esa ausencia como un intento de Rajoy por distanciarse de la AVT. Y, en consecuencia, hay una parte de electores que podrían llegar a no votar al PP como consecuencia de un gesto completamente absurdo.
Yo quiero que Rajoy gane las elecciones. Y precisamente por eso me considero en la obligación de señalar aquellos errores que creo que le pueden hacer perder votos. Los viajes al centro me parecen estupendamente bien. Pero si veo que Rajoy se está equivocando, y está perdiendo votos reales por tratar de conseguir otros votos hipotéticos, no me queda más remedio que lanzar una voz de alarma.
Estamos en una situación en la que, siendo todos conscientes de lo que nos jugamos, una parte de los electores del PP podría llegar a quedarse en su casa el día de las elecciones como consecuencia de ciertos gestos de última hora, perfectamente prescindibles, que vienen a empañar la tremenda labor que el PP ha estado haciendo durante cuatro años.
Estamos, de hecho, en una situación en la que podría llegar a darse la paradoja de que los sectores más a la derecha del PP fueran los que nutrieran de votos al partido de Rosa Díez, que se define de izquierda. Y eso podría conducir a perder unos sufragios valiosísimos de cara a los restos electorales. En la inmensa mayoría de las circunscripciones, UPD no tiene la más mínima posibilidad de sacar un acta de diputado y, sin embargo, esos votos perdidos sí que pueden privar al PP de algún escaño crucial de cara a conseguir la mayoría. Por esa razón, me parece un error garrafal que el PP le deje al partido de Rosa Díez el monopolio de los mensajes contundentes.
Así pues, cuando se critica al PP, no se hace para que pierda las elecciones, sino todo lo contrario: se hace porque no se quiere que ningún error le prive de obtener una mayoría que hoy es más imprescindible que nunca para España.
Dicho lo cual, es absolutamente necesario, como decía al principio, modular esas críticas, para evitar entrar en el juego de las profecías autocumplidas. Hay que criticar al PP cuando se perciba que se está haciendo daño a sí mismo. Pero hay que hacerlo de manera que no se contribuya, con esa crítica, a hacer el daño aún mayor.
Nos jugamos todo a una carta el próximo mes de marzo. Juguemos, por tanto, con finura. Exijámosle al PP que juegue sus bazas con inteligencia, pero seamos mesurados e inteligentes en la crítica también nosotros.