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25 de Enero de 2009 - 22:58:05 - Luis del Pino
Cuenta Herbert Lottman en su minuciosa, y maravillosa, biografía de Albert Camus la gran influencia que tuvo la cuestión árabe en la expulsión de Camus del Partido Comunista.
A mediados de la década de 1930, en Argelia convivían unos 900.000 colonos franceses con 6 millones de musulmanes, que en todos los aspectos de la vida eran ciudadanos de segunda. Carecían, para empezar, de derecho de voto.
El Partido Comunista Francés (como parte de la estrategia de fomento de los movimientos nacionalistas y descolonizadores, marcada desde Moscú) había venido preconizando una equiparación gradual de derechos para la población musulmana de Argelia. Y Camus apoyaba de todo corazón esas pretensiones, no tanto por disciplina de partido, cuanto porque esa actitud cuadraba con su propio concepto de justicia. Camus y los miembros de su célula fueron particularmente activos a la hora de intentar atraer a los musulmanes de Argel a las filas del Partido Comunista.
Con la llegada del Frente Popular al gobierno de París, el Ministro de Estado, Maurice Viollette, que había sido gobernador general de Argelia, elaboró un proyecto de ley para dotar de derechos de ciudadanía a los musulmanes de Argelia que cumplieran una serie de requisitos. El proyecto, presentado en diciembre de 1936 y que contaba con el apoyo del presidente del gobierno León Blum, fijaba unas condiciones tan restrictivas para la adquisición de la ciudadanía que sólo unos 20.000 musulmanes (el 0,3% de la población) podría beneficiarse de la medida. Pero, aún así, el proyecto de ley Blum-Viollette puso en pie de guerra a los colonos franceses, que se movilizaron en contra de su aprobación.
Así y todo, el proyecto habría salido adelante, de no ser porque Moscú decidió variar de estrategia y poner en marcha un proceso de acercamiento a los partidos de izquierda moderada, con el fin de crear un "frente unido contra el fascismo". Y, de cara a ese proceso de convergencia, se dio orden de abandonar el apoyo a los movimientos de corte descolonizador, dado que ese apoyo podía entorpecer el acuerdo con otras fuerzas políticas. Y así, de la noche a la mañana, pocos meses después de presentado a debate el proyecto de ley Blum-Viollette, se tomaron una serie de medidas tendentes a desarticular las organizaciones nacionalistas más combativas, como la ENA argelina.
Fue ese viraje de 180 grados, ordenado directamente por Moscú, lo que Camus se negó a acatar. Le parecía de todo punto inaceptable que el Partido Comunista Francés dejara en la estacada a musulmanes argelinos simplemente porque Moscú así lo había dictado. Y eso motivó su expulsión del partido a mediados de 1937.
En cuanto al proyecto Blum-Viollette, siguió su trámite en las cámaras legislativas francesas. Pero ni el Partido Comunista Francés tenía ya el menor interés en el tema, ni el gobierno de León Blum se vio con fuerzas para enfrentarse al furor de los colonos.
Éstos, especialmente sensibles a la propaganda de las organizaciones fascistas, salieron en masa por las calles de Argel al grito de "Muera Blum" y "Mueran los judíos", ya que achacaban a los políticos judíos franceses, empezando por el propio Blum, el estar detrás de esa medida que venía a socavar el muro de sus privilegios. Finalmente, el proyecto Blum-Viollette sería abandonado a principios de 1938, después de ser rechazado por el Senado francés.
Qué ironías tiene la Historia, ¿verdad? En 1937, muy poco antes de que los campos de exterminio empezaran a funcionar a pleno rendimiento en Alemania, los colonos franceses marchaban por las calles de Argel pidiendo la muerte para los judíos porque, según ellos, los judíos querían otorgar el derecho de voto a los árabes. Setenta años después, manifestantes en toda Europa atacan de nuevo a los judíos, acusándoles de querer exterminar a los árabes. ¡Cómo cambian las cosas!
Sólo hay una cosa que parece no cambiar nunca: pase lo que pase, siempre hay algunos para los que la culpa de todo la tienen los judíos. ¡Es tan socorrido tener a alguien a quien poder culpar de todos los males!
P.D.: Cuenta también Herbert Lottman, en su biografía de Albert Camus, otra anécdota particularmente hermosa. A la muerte de Camus, entre sus papeles se encontró un horóscopo enormemente detallado, en el que podía leerse: "La obra que te dará la inmortalidad se sitúa entre 1960 y 1965". Albert Camus falleció el 4 de enero de 1960. Acababa de empezar a escribir "Le premier homme".