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El oscurantismo comunista y la persecución de científicos

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No es casualidad que el ascenso de Trofim Lysenko comenzara al ponerse en marcha el Primer Plan Quinquenal ordenado por Stalin. La colectivización de los medios de producción, y en especial de la producción agrícola, había destruido la economía de la Unión Soviética y Stalin estaba dispuesto a escuchar a cualquiera que le prometiera aumentar la producción rápidamente. Así que un canalla charlatán como Lysenko vio su oportunidad y la aprovechó.

Entre 1929 y 1935, Lysenko sentó las bases de su teoría seudocientífica, el lysenkoismo, que negaba la existencia de los genes, condenaba la genética como una teoría "burguesa" y negaba validez a la teoría de la evolución de Darwin. A cambio, el lysenkoismo postulaba, por supuesto sin la más mínima base científica, que las características de las plantas evolucionaban sometiéndolas a condiciones extremas y que, por tanto, se podía "acostumbrar" al trigo a resistir las heladas e incluso se lo podía transmutar en cebada.

Desde el punto de vista científico, el lysenkoismo era una estupidez de tal calibre, que la comunidad científica rusa lo acogió con sorna y en diferentes publicaciones refutó esas descabelladas teorías. Pero manipulando los resultados de los experimentos, utilizando sus apoyos en el Partido Comunista y con el respaldo de Stalin, Lysenko se fue deshaciendo de todos sus oponentes entre 1935 y 1948.

La represión comenzó por tres genetistas rusos de origen judío (Solomon Levit, Israel Agol y Max Levin), que fueron arrestados y ejecutados en 1936. H. J. Muller, un genetista americano y comunista convencido, que trabajaba en la Unión Soviética, solo se salvó de esa purga porque consiguió huir del país. Más de ochenta científicos fueron despedidos de sus puestos en la Universidad de Moscú por oponerse al lysenkoismo.

A partir de ahí, Lysenko fue haciéndose con cada vez más cuotas de poder. En 1938 era nombrado presidente de la Academia de Agricultura, tras el arresto de los dos presidentes anteriores. En 1940, uno de sus máximos oponentes, Nikolái Vavílov (miembro del Soviet Supremo de la URSS, Presidente de la Sociedad Geográfica Rusa y ganador del Premio Lenin) era arrestado, torturado y condenado; moriría de hambre en la prisión en 1943.

Pero hasta ese momento, se trataba de meras escaramuzas. El triunfo total de Lysenko tuvo lugar en agosto de 1948, cuando la Academia de Ciencias Agrícolas (que sus partidarios ya controlaban) prohibió formalmente las teorías genéticas de Mendel y la teoría de la evolución de Darwin.

Tres mil biólogos (¡tres mil!) fueron despedidos aquel otoño de sus puestos de trabajo en universidades y laboratorios por enseñar Genética o Teoría de la Evolución, empezando por los directores de numerosos centros y grupos de investigación: el académico Vasilii Nemchinov, el experto en genética vegetal Anton Zhebrak, el experto en parasitología mundialmente reconocido Aleksandr Paramonov, el experto en embriología evolutiva Iván Schmalhausen, el profesor Dimitri Sabinin, el decano Sergei Yudintsev, el profesor Boris Zavadovsky, el genetista Iosif Rapoport (descubridor de las mutaciones genéticas de origen químico y que años más tarde sería nominado al premio Nobel)... La lista de purgados es interminable.

Los más afortunados solo perdieron sus puestos de trabajo y la posibilidad de enseñar o investigar. Muchos otros pasaron una larga temporada en los campos de concentración (como Efroimson o Timofeev-Resovsky). Los menos afortunados fueron directamente ejecutados (como Georgii Karpechenko y Gregory Levitsky), se suicidaron (como Sabinin) o murieron en el gulag (como Stanchinsky).

Todos los libros de texto que hablaban de genética o darwinismo fueron prohibidos. Como recuerda en sus memorias un biólogo que era estudiante por aquellos años, tuvieron que hacer aquel curso de 1948 sin libros, porque se los habían retirado todos.

Ese régimen oscurantista de terror en la biología soviética duraría hasta mediados de la década de 1950, tras la muerte de Stalin, cuando ya fue imposible ocultar los fracasos experimentales del lysenkoismo y la estrella de Lysenko se eclipsó. Pero dejó un reguero de muerte y destrucción intelectual a su paso.

Y luego algunos tienen el cuajo, desde la extrema izquierda, de echarle en cara a la Iglesia Católica el caso Galileo, del que ya he hablado en otro editorial hace tiempo.

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