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El Gran Hermano Demoscópico te vigila

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La CNBC publicaba ayer una curiosa noticia sobre las próximas elecciones presidenciales americanas. Un sistema de inteligencia artificial desarrollado en 2004 y que ha conseguido predecir correctamente quién sería el ganador en todas las elecciones celebradas desde entonces, vaticina que Trump ganará este año.

No me interesa el vaticinio en sí, porque el hecho de que la máquina haya acertado las veces anteriores no quiere decir que acierte también en esta. Pero sí que me parece interesante el principio en que se basa el sistema: MogIA, que así se llama la criatura, emplea millones de datos extraídos de redes sociales (como Facebook y Twitter), de motores de búsqueda (como Google) y de plataformas multimedia (como TouTube) para predecir el ganador.

En otras palabras: en lugar de preguntar a la gente qué va a votar, como en las encuestas tradicionales, el sistema analiza lo que la gente hace: qué es lo que publica, qué es lo que lee, qué información busca, qué vídeos comparte… para predecir así qué es lo que votará, sin necesidad de preguntar a nadie.

No se trata de un concepto novedoso: hay mucha gente trabajando en análisis de ese tipo, como alternativa o como complemento a las encuestas tradicionales. Si acaso, lo que diferencia a este sistema de otros intentos similares, son dos cosas: por un lado, la cantidad masiva de datos que maneja; y por otro lado, que se trata de un sistema de inteligencia artificial, es decir, es la propia máquina, y no un ser humano especializado en demoscopia, quien detecta los patrones que permiten predecir el voto, y a medida que pasan los años va aprendiendo ella sola a refinar sus predicciones.

Permítanme que aproveche esta noticia de la CNBC para hacer algunos comentarios:

1. En primer lugar, no desvelo ningún secreto si digo que los sondeos de opinión están desacreditados. No se trata solo de que recientemente hayamos visto clamorosos fracasos de las encuestas, como en el caso del Brexit o del referéndum de Colombia, sino que un número creciente de ciudadanos tiene la convicción (sea justa o injusta) de que las encuestas se falsean deliberadamente para tratar de manipular a la opinión pública.

2. No se trata únicamente de que los partidos políticos que encargan las encuestas, los medios de comunicación que las publican o las empresas demoscópicas que las realizan puedan engañarnos. Todos somos conscientes de que el engaño también se produce en sentido inverso: la gente miente en las encuestas. Miente en algunos casos con mala fe, con el fin de confundir al encuestador. Y miente en otros casos por miedo o por vergüenza. Un ejemplo muy ilustrativo es el del Brexit: visto el resultado del referéndum, parece claro que las encuestas se equivocaron porque mucha gente no se atrevía a decir que votaría a favor del Brexit, por miedo a ser tildados de xenófobos. Tras el asesinato en plena campaña de la diputada laborista Jo Cox, el SI al Brexit se hundió varios puntos en las encuestas, pero visto el resultado final, está claro que lo que ese asesinato provocó no fue un descenso del apoyo al Brexit, sino un aumento en la ocultación de voto: a la gente le daba todavía más reparo decir que iba a votar SI al Brexit después de ese asesinato.

3. ¿Podemos llegar a sustituir las encuestas por sistemas automatizados que empleen la inteligencia artificial para predecir el resultado? Está claro que esos sistemas se irán haciendo cada vez más populares, dadas las carencias de los métodos de encuestas actuales. Sin embargo, aunque dejemos de hacer encuestas y las sustituyamos por sistemas de inteligencia artificial, seguirá existiendo un problema de fondo: en el campo de las predicciones electorales, como en el de la Física, todo intento de medir qué pasa en el sistema, hace que el sistema se perturbe. Imaginen, por ejemplo, que todos llegáramos a la convicción de que MogIA es un sistema de predicción electoral infalible y lo adoptáramos. Entonces, unos días antes de las elecciones podríamos consultar al sistema para saber quién va a ganar; pero el solo hecho de hacer pública esa predicción movería a muchos ciudadanos a cambiar su sentido de voto, bien para sumarse al carro del ganador, o bien para evitar que gane quien la máquina predice que va a ganar. Con lo cual, la predicción de la máquina podría al final fallar, simplemente por el hecho de hacerse pública esa predicción.

Sin embargo, fíjense bien en esta última frase: el pronóstico realizado por la máquina solo perturba el sistema si se hace público. Si el pronóstico se mantiene en secreto, no alteraría la opinión pública y podría acertar el resultado electoral.

Bueno, se preguntarán ustedes, ¿y qué utilidad tendría un pronóstico electoral perfecto realizado por una máquina perfecta, si no se hace público? Pues está clara la respuesta: si yo fuera un inversor a gran escala, me encantaría poder disponer de pronósticos perfectos sobre lo que va a pasar, por ejemplo, en las elecciones americanas. De esa manera, podría apostar sobre seguro en, por ejemplo, operaciones especulativas en torno a tal o cual divisa. Tener la información de antemano puede valer muchísimo dinero: tanto, que compensaría la inversión en el desarrollo de un sistema de predicción electoral de esas características.

De hecho, es tan buena idea, que yo tendería a pensar que los grandes inversores internacionales y algunos gobiernos ya disponen de sistemas de ese tipo, de los que no tenemos noticia, para tratar de predecir los resultados de las elecciones y referendos que se celebran. Aunque viendo los fiascos del Brexit y del referéndum de Colombia, o bien esos sistemas aún no existen, o fallan más que una escopeta de feria.

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