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El Golpe de Régimen ha fracasado

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El resultado de las elecciones del pasado domingo, no es que sea bueno: es que es extraordinario. Y mucho más importante de lo que a primera vista parece.

Aunque Sánchez e Iván Redondo han estado hábiles, derivando la discusión hacia la formación de gobierno y cortando en seco el debate interno sobre los malos resultados del PSOE, lo cierto es que el domingo se produjo una noticia trascendental: Vox ha superado el listón de los 35 diputados.

"¿Y qué importancia tiene eso?", se preguntarán Vds. Pues lo que eso significa es algo trascendental: a partir de ahora, NINGUNA reforma constitucional podrá ser aprobada sin antes someterla a referéndum entre todos los españoles.

Para entender por qué, recordemos que nuestra Constitución prevé dos mecanismos de reforma:

El primero es la reforma agravada (o reforma "dura"), que tiene un procedimiento complicado: exige mayoría de 2/3, convocatoria de Cortes Constituyentes, elaboración de un nuevo proyecto de Constitución y, finalmente, aprobación de la nueva Constitución mediante referéndum. Toda reforma que afecte a los derechos fundamentales o a los pilares básicos de nuestra Constitución (por ejemplo, una reforma para acabar con la Monarquía), debe hacerse por esta vía, por lo que jamás puede prosperar si el conjunto de los españoles no quiere.

El segundo mecanismo posible es la reforma ordinaria (o reforma "blanda"). Exige una mayoría de 3/5 del Congreso (210 diputados), pero no hace falta convocar Cortes Constituyentes, ni celebrar un referéndum entre los españoles. Este mecanismo solo se puede aplicar cuando lo que se esté reformando no afecte a los derechos fundamentales, ni a los pilares básicos del sistema.

Y aquí es donde está el meollo del asunto: tras el golpe de estado del 11-M, se puso en marcha el proyecto de confederalización de España, con el objetivo final de acabar con la soberanía nacional y sustituirla por un agregado de 17 soberanías regionales. Obviamente, ese proyecto no podía llevarse a cabo mediante una reforma dura de la Constitución, porque el pueblo español jamás habría aprobado algo así en referéndum. Así que lo que se decidió, en su lugar, es confederalizar España por la puerta de atrás, mediante una reforma blanda, modificando solo el Título VIII de la Constitución, que es donde se define la estructura territorial autonómica.

La intención, plasmada en los documentos del PSOE sobre el tema, pero también en algún programa electoral de Ciudadanos e incluso del PP, era modificar el Senado con la peregrina excusa de transformarlo en una "verdadera" cámara territorial. Actualmente, los españoles elegimos mediante votación directa a, aproximadamente, 2/3 de los senadores; los senadores restantes son designados por las comunidades autónomas. Con el proyecto de modificación del Senado, lo que se pretendía era dos cosas: que todos los senadores pasaran a ser designados por las comunidades autónomas y que ese nuevo Senado, controlado por las comunidades autónomas, tuviera derecho de veto sobre todo lo relativo a la estructura territorial del estado.

De ese modo, se habría acabado por vía indirecta con la soberanía nacional, porque los españoles dejarían de poder decidir (a través del Congreso) lo relativo a la estructura territorial de España. El estado autonómico quedaría blindado y sería prácticamente imposible revertir esa situación.

La ventaja que tenía (para sus promotores) esta confederalización por la puerta de atrás, es que no requería aprobación en referéndum por parte del pueblo español: al tratarse de una reforma que solo afectaría al Título VIII de la Constitución, se podría usar el procedimiento de reforma blanda y aprobarla directamente en el Congreso, sin consultar al pueblo.

Pero en el proceso de reforma blanda de la Constitución hay una salvaguarda: si 35 diputados exigen someter la reforma a referéndum de todos los españoles, entonces hay que celebrar el referéndum obligatoriamente. Y por eso es tan trascendental el resultado de las elecciones del domingo pasado: al haber obtenido Vox más de 35 diputados, si alguien intenta reformar la Constitución, Vox podrá exigir que la reforma se someta a la aprobación de todos los españoles.

Y, por supuesto, eso significa que es prácticamente imposible que salga adelante ninguna reforma que pretenda acabar con la soberanía nacional. Porque los españoles no la aprobarían en referéndum.

Olvídense de si ahora viene tal o cual gobierno. Olvídense de si Sánchez es buen o mal presidente. Olvídense de si tal partido ha bajado o ha subido en estas elecciones. Olvídense de si Pablo Iglesias les cae mal o bien o de si va a ser o no vicepresidente. Todo eso son minucias.

El domingo ha tenido lugar un hecho de carácter histórico, un hecho de esos que pasan casi desapercibidos, pero que tienen una influencia extraordinaria sobre el futuro de un país.

Porque el domingo han fracasado definitivamente los planes de reformar la Constitución sin consultar a los españoles. Y han fracasado, por tanto, los planes para confederalizar España por la puerta de atrás.

El Golpe de Régimen que se inició el 11-M ha sido derrotado. Y lo ha derrotado el pueblo español en las urnas.

Viva el Rey y Viva el Pueblo Español. Que es lo mismo que decir Viva España.

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