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El espíritu de Ermua nunca existió entre la clase política

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En estos días hemos podido leer numerosos comentarios lamentando cómo el espíritu de Ermua ha desaparecido 20 años después, cómo aquella unión contra el terrorismo de ETA ha quedado al final en nada.

Sin embargo, permítanme hacer una precisión: si el espíritu de Ermua existió, fue únicamente entre la gente de la calle, entre los españoles de a pie. Para nuestra clase política, el espíritu de Ermua no pasó nunca de ser un simple eslogan, sin contenido real.

No es solo que el PNV e Izquierda Unida del País Vasco salieran al rescate de ETA solo un año después del asesinato de Miguel Angel Blanco, firmando con Herri Batasuna el famoso Pacto de Estella. Es que jamás hubo unidad de la clase política.

Déjenme que les lea una noticia publicada en El País el 12 de septiembre de 1997, porque ilustra muy bien lo que quiero decirles. La noticia decía así:

Críticas al PP por convertir el homenaje a Miguel Ángel Blanco en un "concierto partidista"

Unidos por la paz y la libertad, ese acto fundamentalmente musical organizado por RTVE para homenajear al edil del PP de Ermua, Miguel Ángel Blanco, cruelmente asesinado por ETA hace dos meses, ha enfrentado de nuevo a los principales partidos democráticos. PSOE e IU reprochan a los populares haber monopolizado el concierto para obtener en su beneficio una "rentabilidad política". Los socialistas perciben tras esa "capitalización" un indicio más de división sobre el denominado espíritu de Ermua. El PP no ha encajado nada bien esos ataques que considera infundados. Distintos portavoces populares han descalificado a sus detractores por fomentar un debate "hipócrita, mezquino, ridículo, patético y estéril".

Juan Manuel Eguiagaray, el portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, admitió que anteanoche lo pasó mal: "Fui para que nadie pensara que los socialistas no somos solidarios; lo somos con todos los muertos, los que eran de un partido y con los que no". Eguiagaray acusó al Gobierno de "utilizar partidistamente la muerte" y así se lo transmitió al secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José María Michavila, y al portavoz del grupo popular, Luis de Grandes. Rosa Conde, la portavoz socialista de la comisión de RTVE, consideró criticable Ia utilización que el Gobierno y el PP han hecho en RTVE del dolor que produce el terror de ETA. Un medio público no debe prestarse a algo así, pero es obvio que eligieron a Fernando López-Amor para que trabajara al dictado del Gobierno".El secretario general del PSE-EE, Ramón Jáuregui, presente en el espectáculo, aceptó las buenas intenciones de los organizadores, pero lamentó el resultado porque faltó sensibilidad y sobró partidismo". Jáuregui cuestionó la escasa presencia de artistas vascos y la numerosa de "señoras acompañadas de ministros y bolsos de Loewe". Y reprochó al PP no "tener altura de miras" al fomentar este tipo de actos que "no mantienen vivo el espíritu de Ermua".

El secretario de Cultura del PSOE, Joaquín Leguina, profundizó en esa crítica: "Lo peor que se puede hacer ha sido hecho, y lo que no se debe hacer es, precisamente, capitalizar pro domo sua partidista una muerte a manos de los asesinos de ETA". Y añadió: "Desgraciadamente, el festival de Las Ventas, por la manera que se ha desarrollado, y no por las buenas intenciones que lo animaban, ha sido percibido como la expresión de una división".

Por parte de IU, el presidente del Pasoc y diputado Pablo Castellano, que estuvo en el espectáculo, como el propio Julio Anguita, reconoció: "El acto no me gustó en absoluto porque parecía que de un hecho tan desgraciado alguien quería sacar rentabilidad política". Y apostilló: "Se podía haber hecho un acto lúdico que fuera más serio y menos folclórico". El diputado autonómico vasco de IU José Navas atacó duramente al Gobierno: "Siguen rentabilizando partidistamente una voluntad que es de todos".

Esta noticia, como les digo, es del 12 de septiembre de 1997, y fue publicada en El País solo un par de meses después del asesinato de Miguel Angel Blanco. ¿Dónde perciben Vds. en ella ningún espíritu de Ermua? Entonces, como ahora, lo que existía entre nuestra clase política era una clara y chirriante división.

El espíritu de Ermua no fue sino una toma de conciencia, por parte de los españoles de a pie, de cuál era la verdadera naturaleza de ETA. La banda terrorista perdió definitivamente, con el asesinato de Miguel Angel Blanco, la batalla de la opinión pública, despojándose del aura de “luchadores contra el franquismo” de la que hasta entonces habían gozado entre una parte nada desdeñable de los españoles y quedando retratados como lo que verdaderamente eran: cobardes asesinos que usaban el terror contra la democracia española. Eso no significa que todos los españoles se convirtieran a partir de ahí en antietarras convencidos: entonces, como ahora, siguió habiendo desalmados que consideraban a ETA, si no como un amigo, sí al menos como un aliado circunstancial. Pero para la gran mayoría de la opinión pública, ETA pasó a ser una banda de sangrientos psicópatas, merecedora del mayor de los desprecios.

Y en ese sentido, el espíritu de Ermua sigue existiendo: puede que los asesinos estén en las instituciones gracias a nuestra clase política, puede que los terroristas estén siendo excarcelados gracias a nuestra clase política, puede que el mundo proetarra esté exultante gracias a nuestra clase política, pero eso no significa que el asco que la gente de a pie siente por ETA sea menor que entonces. ETA perdió la batalla de la opinión pública con el secuestro de José Antonio Ortega Lara y el asesinato de Miguel Angel Blanco, y la perdió definitivamente.

Si en aquel entonces se manifestó de forma evidente ese espíritu de Ermua presente entre la gente de la calle, es porque había un gobierno, el de José María Aznar, dispuesto a dar salida a esa indignación popular, dispuesto a transformarla en energía positiva. Si ahora el asco hacia ETA no se concreta en nada, es porque no tenemos un gobierno así, dispuesto a emplear en algo útil ese asco.

La sociedad española sigue siendo la misma. Sigue rechazando de la misma manera (con las excepciones de siempre) a ETA, a sus cómplices y a sus beneficiarios. Lo que no es igual es nuestra clase dirigente: en aquel entonces, gran parte de la clase política se comportó de forma tan miserable como ahora, pero al menos existía un partido, el PP, dispuesto a tomarse en serio su responsabilidad histórica y que terminó ilegalizando las formaciones proetarras.

Ahora, no tenemos ni un solo partido que canalice el sentir de tantas personas en este tema concreto, de modo que el rechazo a ETA queda en nada. Pero eso no es responsabilidad de la gente de a pie, sino de aquellos que deberían ser representantes del pueblo y no lo son.

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