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El circo de Trump

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Hoy se cumple un año desde la toma de posesión de Donald Trump como presidente americano. ¿Y qué balance podemos hacer de su mandato? Pues acudamos a los hechos objetivos:

Economía

En el terreno económico, no hace falta que les recuerde las apocalípticas predicciones que los medios progres hicieron sobre su acceso a la Casa Blanca. Según ellos, iba a suponer un colapso para la economía americana. Pues bien:

  • Estados Unidos ha encadenado, por primera vez en 13 años, tres trimestres consecutivos de crecimiento por encima del 3%.

  • La bolsa americana está en máximos históricos, habiendo batido su récord en 70 ocasiones a lo largo de 2017.

  • Gracias a la subida bursátil, los fondos de pensiones de los trabajadores americanos se han revalorizado un 25% en 2017.

  • El desempleo está en mínimos de 17 años. El desempleo entre las mujeres es el menor desde 1954 y el desempleo entre la minoría negra está en mínimos históricos.

  • El optimismo entre los empresarios, según la Asociación Nacional de Fabricantes, es el mayor en los 20 años que llevan haciendo su encuesta.

  • El índice Gallup de confianza de los americanos en su economía es hoy mayor que a lo largo de todo el mandato de Obama.

  • Ha efectuado la mayor bajada de impuestos en décadas, que se ha traducido ya en el reparto de cuantiosas bonificaciones a empleados de grandes empresas y en la repatriación de capitales por parte de conocidas corporaciones.

En el tema del mercado laboral, sería injusto achacar a Trump el mérito exclusivo de la caída del desempleo, porque el número de parados marcaba ya en los últimos años de Obama una tendencia descendente. Pero todo lo demás (subida de la bolsa, aumento de la confianza entre empresarios y consumidores, crecimiento económico, revalorización de las pensiones, bajada de impuestos) sí que es atribuible a él o se ha visto directamente afectado por el optimismo que las políticas de Trump han inyectado en la economía americana

Ideología

En el aspecto ideológico:

  • Prometió una ola de desregulaciones que eliminara 2 normas antiguas por cada nueva norma aprobada. En este primer año, la realidad es que se han eliminado 22 normas antiguas por cada norma nueva.

  • Prometió una administración defensora de la vida y ha prohibido las subvenciones a ONGs que promuevan abortos en el extranjero, además de poner recientemente en marcha una iniciativa legislativa que devolverá a los profesionales sanitarios el derecho a la objeción de conciencia que Obama les quitó. La multinacional abortista Planned Parenthood ha cerrrado 32 centros en Estados Unidos a lo largo de 2017.

  • Prometió combatir la inmigración ilegal y la entrada de inmigrantes ilegales se ha reducido un 23% en 2017, sin necesidad de construir ningún muro. Las expulsiones de inmigrantes ilegales han crecido un 40%. El 92% de los expulsados eran delincuentes convictos, tenían causas criminales pendientes o eran reincidentes que ya habían sido expulsados anteriormente.

  • Ha conseguido cubrir la vacante existente en el Tribunal Supremo. Aunque parezca mentira, el juez Gorsuch elegido por Trump es el primer juez del Supremo, desde hace muchas décadas, que tiene un doctorado en Derecho. Es, además, un partidario ferviente del respeto escrupuloso de las leyes escritas (es decir, opuesto a las interpretaciones creativas que tanto les gustan a los progres) y un defensor del derecho a la vida.

  • Ha batido el récord de nominaciones de jueces federales durante el primer año de mandato, habiendo conseguido que el Congreso y el Senado aprueben la nominación de 12 nuevos jueces federales.

Internacional

En el terreno internacional, nuestra querida progresía presentó a Trump poco menos que como un peligro público, que iba a desencadenar la Tercera Guerra Mundia. Lejos de eso, Trump ha demostrado un pragmatismo notable. Es cierto que ha imprimido un giro a la política americana, abandonando el multilateralismo y anteponiendo los intereses de Estados Unidos, pero es que ese el papel de un presidente: defender los intereses de su país. Y ese pragmatismo no se ha traducido en un aumento de la tensión internacional, sino todo lo contrario.

  • La amenaza del ISIS parece estar neutralizada, después de años de bloqueo, gracias a las manos libres que Trump ha dejado a Putin en Siria.

  • Las relaciones con Rusia y con China son las propias de competidores, pero no existe ninguna tensión preocupante.

  • Corea del Norte acaba de dar la primera muestra de distensión en mucho tiempo, al anunciar que desfilará junto con Corea del Sur en los Juegos Olímpicos.

  • Arabia Saudí ha comenzado a hacer las primeras, aunque tímidas, reformas sociales en lo que concierne al papel de la mujer.

  • Ha obligado a sus aliados en la OTAN a asumir sus compromisos de financiación, con lo que Estados Unidos ha dejado de actuar como financiador de la seguridad ajena.

  • Ha cumplido su promesa de trasladar a Jerusalén la embajada en Israel, una decisión que el Congreso americano había aprobado hace muchísimos años, pero que ningún presidente se había atrevido a implementar.

El frente interno

Los logros de Trump son tanto más notables si recordamos cómo estaba el ambiente cuando llegó a la Casa Blanca, con apelaciones por parte de algunos progres enloquecidos al golpe de estado militar e incluso al asesinato del presidente. La promesa era una movilización permanente en la calle contra Trump y un intento de impeachment por la supuesta colusión electoral con Rusia. La realidad, un año después es que:

  • Trump se ha mantenido en el poder y ha sacado adelante multitud de medidas sin apenas convulsiones, a pesar de no contar con el apoyo ni del Partido Demócrata ni de buena parte del Republicano, y a pesar de la enemistad de casi todos los medios de comunicación.

  • Las acusaciones sobre Rusia han quedado en nada y, de hecho, quien ahora puede enfrentarse a graves acusaciones por presunto espionaje político es la administración Obama.

  • Las acusaciones de machismo también se han diluido, al ser ese mundillo de Hollywood que actuaba como principal acusador el que ahora se enfrenta al escándalo de abusos sexuales del caso Harvey Weinstein.

  • Los medios progres de comunicación han protagonizado a lo largo del año sonrojantes patinazos en lo que a Trump se refiere, con la publicación de noticias ridículamente falsas que tuvieron que ser sonoramente rectificadas, contribuyendo a aumentar más aún el descrédito de los detractores de Trump.

La opinión pública

¿Y cómo ven los americanos el gobierno de Trump? Pues acudamos al sondeo diario de popularidad presidencial que efectúa desde hace muchísimos años la empresa Rasmussen Reports, la única casa de encuestas que acertó exactamente la diferencia en porcentaje de voto entre Hillary Clinton y Donald Trump. Según Rasmussen Reports, el porcentaje de americanos que aprueban la gestión de Trump está en el 45%, habiendo un 30% que le apoyan sin reservas. ¿Cuántos americanos aprobaban la gestión de Obama al cumplir su primer año de mandato? Pues un 48%, siendo el porcentaje de los que le apoyaban sin reservas de un 28%. Es decir, en contra de la imagen que los medios europeos proyectan, la popularidad de Trump entre los americanos está solo ligeramente por debajo de la que Obama tenía al cumplir su primer año de mandato.

El circo de Trump

A pesar de todos estos logros, la administración de Trump es un circo. Su personalidad desbordante y nada diplomática, su utilización genialoide de las redes sociales y la enemistad de los medios de comunicación tradicionales garantizan un espectáculo diario. Trump parece disfrutar siendo el blanco de todos los ataques y no duda en responder a cada andanada con una andanada aun mayor. Y creo que no exagero si digo que es la perfecta encarnación de un bocachancla.

Pero el principal error que han cometido sus críticos es presentarle como un imbécil… y creérselo. Trump ha conseguido que sus detractores actúen dentro del terreno de juego que él les ha marcado: el del espectáculo permanente, en el que Trump tiene todas las de ganar. No en vano cuenta con una larguísima experiencia como estrella televisiva en el campo de los reality shows.

Y mientras sus críticos entran a todas y cada una de sus provocaciones y siguen anclados en su mundo progre imaginario, Trump continúa gobernando, cumpliendo promesas electorales, anteponiendo los intereses de Estados Unidos, sorteando los campos de minas sembrados en Washington por sus enemigos demócratas y republicanos y manteniendo un considerable apoyo entre la opinión pública. El balance puro y duro de su primer año de mandato es claramente bueno, si no excelente.

La administración de Trump es un inmenso circo, claramente. Pero me temo que, en ese circo, el papel de payasos lo desempeñan sus críticos.

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