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El bando del 2 de mayo

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Soldados: la población de Madrid se ha sublevado, y ha llegado hasta el asesinato. Sé que los buenos españoles han gemido de estos desórdenes; estoy muy lejos de mezclarlos con aquellos miserables que no desean mas que el crimen y el pillage. Pero la sangre francesa ha sido derramada; clama por la venganza: en su conseqüencia, mando lo siguiente:

ARTÍCULO I.

El general Grouchi convocará esta noche la comisión militar.

ARTÍCULO II.

Todos los que han sido presos en el alboroto y con las armas en la mano, serán arcabuceados.

ARTÍCULO III.

La Junta de Estado va á hacer desarmar los vecinos de Madrid. Todos los habitantes y estantes, quienes después de la execución de esta orden se hallaren armados o conservasen armas sin una permisión especial, serán arcabuceados.

ARTÍCULO IV.

Toda reunión de mas de ocho personas será considerada como una junta sediciosa, y deshecha por la fusilería.

ARTÍCULO V.

Todo lugar en donde sea asesinado un francés, será quemado.

ARTÍCULO VI.

Los amos quedarán responsables de sus criados; los Gefes de talleres, obradores y demás de sus oficiales, los padres y madres de sus hijos, y los Ministros de los Conventos de sus Religiosos.

ARTÍCULO VII.

Los autores, vendedores y distribuidores de libelos impresos o manuscritos, provocando á la sedición, serán considerados como unos agentes de la Inglaterra, y arcabuceados.

Dado en nuestro Quartel general de Madrid á 2 de Mayó de 1808.

Firmado Joachim [Murat].

Por mandado de S. A. I. y R.

El Gefe del Estado mayor general Belliard

Así rezaba el bando emitido por los franceses el 2 de mayo de 1808, tras el levantamiento ocurrido ese mismo día, tal como fue publicado en el Diario de Madrid en su edición de 4 de mayo.

El resto de la historia ya la conocen ustedes. Napoleón cometió el error de confundir a los españoles con sus gobernantes. Pero los españoles tenemos la buena costumbre de no dejarnos someter por nadie. Y las amenazas y las represalias tan solo sirven para encabronarnos un poco más.

En los seis años siguientes, el ejército francés sufriría 200.000 bajas en España, que terminaría siendo la tumba, junto con Rusia, de las glorias imperiales.

En su exilio de Santa Elena, Napoleón confesaría a su ayudante Las Cases:

Esta maldita Guerra de España fue una verdadera herida, la causa primera de todas las desgracias de Francia. Todas las circunstancias de mis desastres se relacionan con este nudo fatal: destruyó mi autoridad moral en Europa, complicó mis dificultades, abrió una escuela a los soldados ingleses... esta maldita guerra me ha perdido.

Doscientos años después de que Napoleón pronunciara esas palabras, algunos siguen cometiendo el error de confundir a los españoles con sus gobernantes.

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