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Dialogar con Mas, ¿para qué?

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Resulta preocupante, porque enturbia el debate político, la tendencia a utilizar determinadas palabras neutras como si fueran sinónimo de virtudes, cuando no lo son.

Una de esas palabras comodín es "tolerancia". No resulta raro escuchar a personas de todo tipo ensalzar la tolerancia o expresar la necesidad de ser tolerantes, pero, sin embargo, la tolerancia en sí no es ni buena, ni mala. Ser tolerante con quien vota a un partido político distinto del tuyo suele ser buena cosa, pero no creo que a nadie se le ocurriera predicar que hay que ser tolerante con los violadores en serie o con los maltratadores. Por tanto, decir que hay que ser tolerante es tanto como no decir nada, a menos que uno especifique qué es lo que hay que tolerar.

Otra palabra que solemos ensalzar sin motivo es "unidad". ¿Cuántas veces hemos oído a líderes políticos hablar de que falta unidad en el partido? ¿Cuántas veces hemos escuchado el mantra de la necesaria "unidad de los demócratas"'? Y, sin embargo, la unidad no es, en sí misma, ni mala, ni buena. Si un líder corrupto, por ejemplo, pide unidad a su partido, la unidad se convierte en un instrumento al servicio de una mala causa y es, por tanto, inherentemente mala.

Un tercer ejemplo sería la palabra "diálogo". ¿Quién no ha oído frases hechas como "hay que dialogar hasta la extenuación" o "estoy dispuesto a un diálogo sin condiciones", como si el diálogo fuera, siempre y en toda circunstancia, una buena cosa? Pero el diálogo - al igual que sucede con la tolerancia o con la unidad - no es más que un instrumento, cuya bondad o maldad dependerá de la causa a la que se lo aplique.

Un ejemplo lo tenemos en la carta que ayer le envió Mariano Rajoy a Artur Mas. En la carta, aparentemente correcta, Rajoy recurre de modo continuo a esa trampa conceptual consistente en dar por sentado que el diálogo es, en sí mismo, algo positivo. Por ejemplo, dice Rajoy en la carta:

"Siempre he sido -y creo haberlo demostrado- una persona comprometida plenamente con el diálogo como forma de resolver las diferencias políticas o de cualquier otra índole."

Si se fijan, esa frase, sin cambiar una coma, podría perfectamente haber sido utilizada por Zapatero para justificar, por ejemplo, el diálogo con ETA. ¿Qué es la negociación con ETA sino un intento de resolver "diferencias políticas o de cualquier otra índole" a través del diálogo?

Por tanto, con esa frase en la que Rajoy parece presumir de una virtud (su tendencia al diálogo), en realidad no nos está diciendo nada sobre lo positivo o negativo de su actitud. Para saber si esa tendencia de Rajoy es positiva o negativa, hace falta saber primero a qué objetivos aplica Rajoy ese instrumento llamado "diálogo".

Porque lo cierto es que Rajoy aplica ese instrumento de manera muy selectiva. Por ejemplo, el mismo Rajoy que presume de dialogante con Artur Mas ha sido incapaz, durante años, de sentarse en una mesa con determinadas víctimas que rechazan la rendición ante ETA. O con las víctimas que piden la verdad sobre el 11-M. O con los padres que invocan su derecho constitucional a educar a sus hijos en español. Rajoy dialoga, sí, pero solo con quien quiere. Con los nacionalistas, parece siempre dispuesto a dialogarlo todo, pero con sus votantes y con aquellos a los que debería defender, no dialoga nunca.

Así pues, preguntémonos qué es lo que Rajoy nos está diciendo cuando le ofrece a Mas un "diálogo sin fecha de caducidad". ¿Es eso bueno o malo? Para responder a esa pregunta, tenemos que hacernos otra pregunta previa: ¿de qué quiere dialogar Rajoy con Mas?

Si Rajoy ofrece a Mas diálogo, quiere decir que está dispuesto a encontrar una posición intermedia entre las dos posiciones de partida enfrentadas. ¿Me puede alguien decir cuál es la posición intermedia entre celebrar un referéndum de secesión y no celebrarlo? ¿Celebrar, tal vez, medio referéndum?

¿O lo que Rajoy le está ofreciendo a Mas es cambiarle el referéndum por otra cosa? En ese caso, ¿qué es lo que Rajoy va a ofrecerle a Mas? ¿Qué más se puede ceder ya ante el nacionalismo?

¿Le va a dar dinero? ¿Y a qué otros españoles se lo piensa quitar?

¿Le va a dar más competencias? ¿Cuáles, si ya el estado central está en los huesos?

¿Le va a dar barra libre para saltarse la Ley? Eso ya lo tienen. Lo llevan haciendo en el terreno educativo décadas.

¿Le va a ofrecer inmunidad para corruptelas y chanchullos? Eso se da por descontado, viendo cómo el gobierno de Rajoy ha indultado a corruptos nacionalistas.

Entonces, ¿de qué narices va a dialogar Rajoy con Mas? Sea lo que sea lo que Rajoy ofrezca, será siempre a costa de los españoles, que somos quienes pagaremos la factura, bien en forma de dinero, bien en forma de pérdida de libertades y derechos.

Como decía al principio, el diálogo no es, en sí mismo, ni bueno, ni malo. Dialogar con las víctimas de un atentado terrorista para reconfortarlas y ofrecerlas apoyo, por ejemplo, es siempre bueno.

Pero dialogar con protodelincuentes que amenazan con convocar referendos ilegales no es - no puede serlo - buena cosa. Porque a lo más que podrías aspirar es a comprar el desistimiento del protodelincuente, lo cual equivale a recompensar a aquellos que amenazan con cometer un delito.

La Ley, señor Rajoy, una vez promulgada, no se discute, ni se somete a diálogo: simplemente se aplica.

Así pues, ¿sería usted tan amable de informarnos de qué piensa dialogar con Artur Mas? ¿O es que los españoles no nos merecemos que usted se rebaje a dialogar con nosotros?

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