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¿Desde cuándo somos tan bestias?

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¿Se han preguntado Vds alguna vez qué pasaría si transportáramos a un recién nacido de la Edad Media a nuestros días y lo educáramos aquí y ahora? ¿Sería capaz de ser igual que nosotros, de desarrollarse intelectualmente igual que nosotros? La respuesta es que sí: el cerebro de los que vivieron durante la Edad Media era idéntico al nuestro. Ese niño de la Edad Media criado en nuestros días sería indistinguible de cualquier otro niño de la actualidad.

¿Y si nos vamos más atrás? ¿Era el cerebro de los habitantes de la Antigua Roma idéntico al nuestro? La respuesta es, de nuevo, afirmativa. Nada ha cambiado en la estructura cerebral de los seres humanos en los últimos dos mil años. Un romano adulto transportado a nuestro tiempo encontraría todo muy extraño y sería probablemente incapaz de adaptarse, pero eso se debería a su educación, no a su genética. Un recién nacido de la Antigua Roma, criado en el siglo XXI, sería indistinguible de los niños nacidos en el siglo XXI.

De hecho, resulta curioso repasar los grafitis encontrados en la ciudad de Pompeya, que quedó sepultada por la erupción del Vesubio. Esos grafitis contienen las mismas procacidades, requiebros, insultos, anuncios o pensamientos que cualquier grafiti de hoy en día. Emocional, sentimental e intelectualmente, somos iguales que los antiguos romanos. Tan solo estamos algo más avanzados técnicamente.

¿Hasta dónde podemos retroceder? ¿En qué momento nuestro cerebro empezó a ser como era? Los científicos no se ponen de acuerdo. Todos coinciden en que hace 40.000 o 50.000 años ya éramos intelectualmente modernos. Nuestros antepasados de hace 40.000 años ya habían desarrollado el lenguaje, el arte figurativo, los enterramientos ceremoniales, las joyas y ornamentos, las herramientas complejas y las técnicas de pesca. De nuevo, si transportáramos a uno de esos ancestros nuestros recién nacido a nuestros días, podríamos educarle sin problemas como un humano moderno.

A partir de ahí, ya empiezan las discrepancias entre científicos. Hay algunos que sostienen que lo que se produjo hace 40.000 años fue un cambio súbito de carácter genético, probablemente ligado a la aparición del lenguaje, que transformó radicalmente a la especie humana en un corto espacio de tiempo. Otros científicos, por el contrario, opinan que se produjo un proceso de cambios acumulativos más gradual, desde hace aproximadamente 150.000 años.

Sea como sea, pensemos en los seres humanos que vivieron hace diez, veinte o treinta mil años. ¿Cómo eran esos humanos que decimos que ya eran modernos? En concreto, y para los que gustan de culpar a la civilización de todos los males, ¿eran tan bestias como nosotros? Pues las evidencias arqueológicas dicen que sí, que eran igual de bestias que nosotros o incluso bastante más.

Ya se han descubierto varias fosas comunes de hace unos 5.000 a 7.000 años que constituyen los primeros ejemplos de genocidio y de tortura de los que tenemos noticia. El análisis forense de una de esas fosas, descubierta en 2006 en Schöneck-Kilianstädten (Alemania), nos desvela una historia estremecedora: una tribu de unos 40 o 50 miembros fue atacada por sorpresa por otra, quizá más numerosa, armada con arcos y flechas. Los atacantes partieron las piernas a los prisioneros para que no pudieran escapar y luego los mataron de un golpe en el cráneo, antes de arrojarlos a una fosa común. Asesinaron a todos los niños de menos de 6 años, a todas las mujeres mayores de 40 y a todos los hombres adultos. La fosa común no contenía ningún resto de adolescentes, ni de mujeres adultas menores de 40, lo que apunta a que los asaltantes se llevaron a todas las hembras en edad fértil y a que, tal vez, esclavizaron a todos los varones jóvenes.

¿Por qué esa masacre? No lo sabemos. Quizá una disputa sobre tierras entre campesinos, o quizá los asaltantes era simples saqueadores nómadas. El caso es que las salvajadas comenzaron mucho antes de que existiera la Historia para dejar constancia de ello.

Así pues, la respuesta es no: nuestra civilización no es responsable de nuestras salvajadas. Ya éramos bastante salvajes hace muchos milenios, cuando la civilización estaba en sus albores y la revolución agrícola era algo relativamente reciente. De hecho, el camino de la civilización es una senda que nos ha permitido ir siendo cada vez menos salvajes. Con retrocesos terribles, con muestras ocasionales de hasta dónde llega nuestra barbarie. Pero, a pesar de lo que pudiera parecer, el mundo es hoy mucho menos violento que hace unos cuantos milenios. Porque existen frenos que no existían entonces, cuando cada tribu estaba abandonada a su suerte y todo era cuestión de matar o morir en la competencia con otras tribus similares.

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