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14 de Diciembre de 2007 - 13:39:34 - Luis del Pino
Tengo delante mío la denuncia que el SUP ha presentado contra Federico Jiménez Losantos y contra mí. O, al menos, el texto de la denuncia que se ha difundido por Internet, porque oficialmente no se ha recibido nada.
Hay cinco aspectos curiosos en la denuncia. El primero de ellos es que, después de anunciar por activa y por pasiva que se iban a querellar contra nosotros, resulta que al final lo que se presenta es una denuncia. Jurídicamente, eso quiere decir que el SUP lo que hace es pasarle la pelota a la Fiscalía de la Audiencia Nacional y quitarse de en medio, para que sea la Fiscalía la que considere si debe o no empurarnos. Por cierto, que el caso parece que le ha correspondido al juez Santiago Pedraz.
El segundo aspecto curioso somos los propios destinatarios de la denuncia. Si bien el SUP había anunciado inicialmente que se iba a querellar contra Pedro J. Ramírez, contra Fernando Múgica, contra Jaime Ignacio del Burgo, contra Ignacio Astarloa, contra Federico Jiménez Losantos y contra mí mismo, al final la cosa se queda en una denuncia contra Federico y contra mí. Es decir, no se atreven a cargar contra el "pack" completo (que incluiría al periódico El Mundo y al PP), así que van simplemente a por Libertad Digital y COPE. Eso indica tres cosas: la primera, que los defensores de la versión oficial no tienen la fuerza suficiente como para cargar en los tres frentes a la vez; la segunda, que no desean, presentando esa denuncia contra todos los inicialmente mencionados, inducir un cierre de filas entre COPE, El Mundo y el PP; y la tercera, relacionada con la anterior, que están intentando ver si provocan un distanciamiento entre una de las tres patas del "frente conspiranoico" y las otras dos.
El tercer aspecto enigmático es que sea precisamente el SUP el que encabece (aunque tímidamente, porque le pasa la patata caliente a la Fiscalía) este absurdo intento de amedrentamiento. Porque lo cierto es que, salvo en el caso de Santano, que está imputado en un caso de falsedad documental relativamente accesorio (el caso del ácido bórico), la inmensa mayoría de los funcionarios sobre los que recaen las principales sospechas de falsificación de pruebas no pertenecen al SUP. Pero entonces, ¿por qué el SUP se presta al juego? Obviamente, la respuesta es que el SUP se limita, como es habitual, a hacer de correa de transmisión del Gobierno. Igual que en el caso de Alcaraz se ha utilizado a una asociación de abogados próxima al PSOE, en este caso el Gobierno utiliza a un sindicato policial que hace mucho que ha puesto los intereses del PSOE por delante de los de sus propios afiliados. Hace mucho que el SUP se convirtió en un sindicato de clase. De clase Business, quiero decir.
El cuarto aspecto gracioso es, precisamente, esa intervención gubernamental. No hay más que leer los periódicos próximos al PSOE para ver que la jugada se hace como a regañadientes, como obligados por las circunstancias. Mientras que Público le dedica al tema un par de párrafos, en El País he sido incapaz de encontrar la noticia. Resulta sorprendente: ¿no es una buena noticia que traten de empurarnos a los "conspiranoicos", que tantas falsedades decimos? Entonces, ¿por qué minimizan u ocultan la presentación de la denuncia? Evidentemente, al PSOE lo que le interesa ahora es el silencio, que el 11-M pase a ser cosa del pasado, que en campaña electoral no se hable del 11-M en absoluto. Pero, si es así, ¿por qué presentan una denuncia, aunque sea medio a escondidas, ayudándonos de ese modo a mantener el 11-M de actualidad? Sólo se me ocurre una explicación: el Gobierno mueve ficha no por voluntad propia, sino por exigencia de alguien; alguien que sí está lo suficientemente nervioso, viendo que al final el "frente político" del oficialismo se puede ir de rositas, mientras que él, o ellos, van quedando con el culo al aire a medida que las investigaciones sobre la falsificación de pruebas progresan.
Y el quinto aspecto peculiar, que a lo mejor está relacionado con el anterior, es la campaña que ha precedido a la presentación de la denuncia. Porque la denuncia viene a culminar una campaña de descalificaciones, insultos y falsedades en la que el ariete ha sido un locutor perteneciente a una cadena de radio, Intereconomía, que se encuentra en las antípodas ideológicas del PSOE y del SUP. En uno de los actos donde se anunciaron esas querellas que luego se han quedado en denuncias, se dieron cita el susodicho locutor, el secretario general del SUP y un abogado que ya en su día actuó como defensor de alguno de los implicados del caso GAL. Un acto muy poco siniestro, como podrá el lector imaginarse.
Que se unan el SUP y un abogado defensor de la época de los GAL resulta relativamente sorprendente, sobre todo si tenemos en cuenta que la investigación de los GAL progresó gracias, precisamente, a la guerra de dossieres entre el sector de la Policía próximo a Belloch (en el que el SUP estaba encuadrado) y el sector próximo a Vera, Barrionuevo y Corcuera. Pero lo que ya no tiene un pase, desde el punto de vista de la lógica, es que a esos dos sectores antaño enemigos les haga el juego un grupo mediático, Intereconomía, que en principio nada tiene en común con ellos.
¿Qué motivo puede haber para que, desde un programa concreto de Intereconomía, se viertan insultos y descalificaciones constantes, a cual menos elegante, contra quienes investigamos el 11-M? ¿Qué motivo puede haber para que esas denuncias que el SUP presenta ahora hayan sido promovidas y anticipadas desde Intereconomía? Porque la explicación de que se trata de una fijación personal de un determinado periodista de esa emisora resulta pueril. Esa explicación puede valer cuando ese periodista se limita a insultar, tratando de conseguir una audiencia que no tiene. Pero cuando un programa pasa a utilizarse para promover de manera activa denuncias contra quienes investigamos el 11-M, y se convierte en una especie de altavoz de ese mismo sindicato policial que ha avalado la negociación con ETA, entonces no hay más remedio que preguntarse qué motivos tan poderosos pueden existir para que Intereconomía consienta semejante campaña.
Que me insulten o me difamen me importa un soberano bledo, pero cuando alguien contribuye activamente a que unos mandados del Gobierno me pongan una denuncia, no me queda otro remedio que considerar que ese alguien me está intentando causar daño. Así que lo preguntaré claramente: ¿por qué Julio Ariza, dueño de Intereconomía, se presta a hacerle el juego sucio al PSOE en el tema de las denuncias contra quienes investigamos el 11-M?
En fin, que nos encontramos, como siempre, en una de esas situaciones, tan habituales en nuestro país, en las que se da cita lo mejor de cada casa para tratar de seguir manteniendo un sistema donde la mentira sistemática, la usurpación de la soberanía popular y la manipulación de la opinión pública permitan a algunos seguir disfrutando del chiringuito. Lo cual exige, por supuesto, acallar todas las voces críticas, sean éstas las de las víctimas, las de los historiadores o las de los periodistas.
Estamos, simplemente, ante otra denuncia basura, como la de Alcaraz, como la de Pío Moa, con la que no se busca ningún efecto jurídico, sino tan sólo intimidar a quienes somos molestos por una u otra razón. En este caso, intimidar a quienes seguimos investigando el 11-M.
Pero me temo que, si las amenazas valieran con nosotros, no nos habríamos dedicado a estos menesteres. Y me temo también que lo que nos anima es algo mucho más fuerte que esas amenazas, algo que jamás lograrán entender aquéllos para los que las palabras "poder" o "política" son sólo sinónimos de "dinero". Ese algo no es otra cosa que el deseo de que se haga Justicia contra todos los que usan la violencia para conseguir sus fines políticos y que España tenga, por fin, la oportunidad de disfrutar de una verdadera democracia, de un Estado de Derecho que no esté condicionado por la utilización sistemática del terror como herramienta de ingeniería social.
En cierta ocasión, un dramaturgo español, que acababa de estrenar una obra, leyó en el periódico una reseña enormemente dura realizada por un crítico teatral. El autor le mandó al crítico teatral la siguiente carta: "Le escribo para agradecerle la reseña que ha escrito con respecto al estreno de mi última obra. Tengo esa reseña ahora mismo delante mío. Dentro de poco la tendré detrás."
Pues eso: que tengo delante mío la denuncia del SUP.