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25 de Marzo de 2012 - 11:35:38 - Luis del Pino
Editorial del programa Sin Complejos del domingo 25/3/2012
Esta noche se ha cambiado la hora en toda la Unión Europea.
Cada año, al llegar la primavera, adelantamos los relojes una hora, para luego volver a atrasarlos al llegar el otoño. Es lo que se llama horario de verano, que también existe en otros países.
Todos los españoles cumplimos obedientemente con esa norma que provoca una serie de trastornos bastante molestos, y lo hacemos porque nos han dicho que de esa forma se ahorra dinero.
Aunque lo que resulta sorprendente es que nadie se ha molestado en explicarnos a cuánto asciende ese supuesto ahorro para España ni cuáles son las ventajas o desventajas concretas del horario de verano para los distintos sectores de la economía.
¿De dónde narices viene esa costumbre? ¿Es verdad que resulta útil el horario de verano?
El origen del horario de verano es bien conocido: data de 1916, cuando la Alemania inmersa en la Primera Guerra Mundial decidió implementar el cambio de hora para ahorrar en el consumo de carbón. Inglaterra y otros países europeos seguirían el ejemplo poco después, Rusia lo haría en 1917 y Estados Unidos comenzó a aplicar el horario de verano a partir de 1918.
Sin embargo, lo que no está nada claro es la utilidad de la medida, que resulta más que discutible. En teoría, al adelantar una hora los relojes en verano, se supone que la gente tiene menos tiempo encendida la luz por la noche en su casa. Esa es la razón aducida en la directiva de 1999 de la Unión Europea que fijaba el horario de verano. Pero lo cierto es que a cambio de esa disminución en los gastos de iluminación eléctrica, se produce un incremento de otros consumos, como el de aire acondicionado en las empresas. Además, el horario de verano afecta de manera directa a la cifra de negocio de muchas actividades agrícolas, comerciales y recreativas, provocando efectos económicos que en algunos sectores son positivos y en otros, claramente negativos. Finalmente, la propia mecánica del cambio de hora tiene un coste económico asociado que no es nada desdeñable.
Con lo cual, no es ni mucho menos obvio que el resultado neto del cambio de hora sea un ahorro.
Para complicar aún más las cosas, el horario de verano tiene efectos sutiles sobre las tasas de criminalidad, sobre las tasas de suicidios y sobre la salud. En Suecia se ha demostrado, por ejemplo, que hay un aumento del número de infartos de miocardio en los tres días siguientes al cambio de hora de primavera y una significativa disminución en los días que siguen al cambio de hora de otoño, debido todo ello a la alteración del número de horas de sueño.
Entonces, ¿es bueno o es malo el cambio de hora?
En los Estados Unidos existe un considerable debate sobre el tema y llama la atención lo contradictorio de los datos disponibles. Mientras que en California se han hecho estudios que parecen demostrar que efectivamente se ahorra energía con el cambio de hora, los análisis realizados en otras zonas de Estados Unidos, como Indiana o Arizona, demuestran justo lo contrario: que con el cambio de hora se gasta más energía que sin él.
Eso sugiere que el ahorro o el gasto adicionales dependen de la localización geográfica. Y efectivamente es así: cuanto más lejos esté un determinado país o región del Ecuador, más beneficioso parece ser el cambio de hora, económicamente hablando. Por el contrario, cuanto más cerca del Ecuador nos encontremos, más parecen prevalecer los efectos económicos perjudiciales. Aunque también influyen en el balance económico, y de una forma bastante compleja, el clima concreto y los patrones de consumo de cada zona.
En la práctica, son muy pocos los países próximos al Ecuador donde el cambio de hora se aplica hoy en día. Y en vista de lo discutible de la medida, cada vez son más las naciones que están abandonando el horario de verano: es el caso de Rusia, Ucrania, China, India, Argentina, Colombia, Perú, Egipto, Argelia, Sudán, Sudáfrica y algunos estados de Canadá y Estados Unidos: en todos esos lugares se llegó a aplicar el horario de verano en algún momento de su historia, para luego dar marcha atrás. Los casos más curiosos son los de Brasil y de Australia, donde el horario de verano se sigue aplicando en la zona sur, más alejada del Ecuador, mientras que en la zona norte se ha cancelado su aplicación. Con lo cual, esos dos países, además de estar divididos en distintas zonas horarias de este a oeste, también quedan divididos en dos zonas horarias diferentes de norte a sur al llegar el verano.
¿Y qué pasa con España? Pues que en España nos limitamos a aplicar disciplinadamente lo que nos dicen las directivas europeas, sin cuestionarnos si la medida nos beneficia o nos perjudica. Si existe algún estudio concreto actualizado sobre los supuestos beneficios del cambio de hora en nuestro país, yo no he sido capaz de encontrarlo. De hecho, la comparación con lo que sucede en otras partes del mundo sugiere que, de tener alguna ventaja el horario de verano, ese beneficio económico sería mucho mayor para los países del norte de la Unión Europea que para nosotros. Y, como ya digo, no está nada claro que para España tenga beneficio alguno.
Con lo cual me pregunto si realmente se ha molestado alguien en calcular de manera científica el ahorro, o si simplemente nos guiamos por una costumbre heredada de la Primera Guerra Mundial e impuesta por la Unión Europea, sin realmente hacernos preguntas.
No estaría de más que alguien se preocupara de realizar un estudio serio y enseñárnoslo a los ciudadanos españoles. Porque no sería la primera vez que se siguen costumbres absurdas simplemente porque todo el mundo a nuestro alrededor lo hace. Y eso de realizar cambios de hora, con todos los engorros asociados, simplemente porque es la costumbre me parece - qué quieren que les diga - algo bastante estúpido.
Porque a lo mejor resulta que, en realidad, estamos tirando dinero a la basura.