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Caraduras celebrando la Transición

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Esta semana, el Congreso ha conmemorado el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas. Se ha querido presentar como un homenaje a la Transición, aunque al final el evento quedó empañado por un detalle nada menor: el rey Juan Carlos no fue invitado al acto.

Ahora andan el Congreso y la Casa Real echándose las culpas mutuamente de esa imperdonable falta. Pero en el fondo, debemos agradecer tanto a unos como a otros que hayan puesto de manifiesto de forma tan clara la enorme farsa que fue ese acto de conmemoración y la mala conciencia que tiene nuestra clase política.

En primer lugar, la Transición democrática no comenzó el 15 de junio de 1977. Lo que ese día se celebró fue simplemente la elección de un Congreso y un Senado que luego se transformaron en Cortes Constituyentes. Pero lo que hizo posible la celebración de esas elecciones fue el Referéndum para la Reforma Política, que tuvo lugar el 15 de diciembre de 1976, que es cuando el pueblo español sienta las bases para una Transición pacífica del sistema franquista a un sistema democrático. Curiosamente, nuestra clase política no ha querido conmemorar esa fecha, sino la de las primeras elecciones, celebradas cuando ya la Transición estaba en marcha. Y la razón de querer situar el inicio de la Transición en las elecciones de 1977 y no en el Referéndum de Reforma Política del año anterior es muy simple: reconocer que la Transición comenzó con aquel referéndum implica reconocer, por vía indirecta, que fue el pueblo español, a instancias de las estructuras de poder franquista, quien puso en marcha la Transición, sin participación formal ninguna de los actuales partidos políticos. Esos partidos políticos no efectuaron la Transición, sino que son hijos de ella.

En segundo lugar, resulta llamativa la hipocresía de una clase política que se pone a conmemorar la Transición, cuando se halla inmersa en un proceso para cargarse precisamente los fundamentos en que esa Transición se asentó. Ver cómo se llenan la boca de alabanzas a la Transición unos políticos que están intentado por todos los medios imaginables acabar con la soberanía nacional y la unidad de la Nación, es como para sentir vergüenza ajena. No están celebrando la Transición: simulan simplemente celebrarla mientras intentan acabar con ella.

A lo que hemos asistido esta semana en el Congreso no es a una conmemoración, sino a un simple ejercicio de falsificación histórica.

No es de extrañar, por tanto, que Juan Carlos I molestara. El sí que hizo la Transición, no como los actuales partidos políticos. El sí que fue un protagonista de ese tránsito de la Ley a la Ley, mediante el cual el régimen franquista acabó consigo mismo. Él sí que tuvo participación en la llegada de la democracia, mientras que nuestros partidos políticos nacieron porque la democracia ya había llegado.

Es importante este concepto: la llegada de la democracia a España es previa a la celebración de las elecciones de junio de 1977. La democracia no se define por el hecho de depositar una papeleta en una urna, sino por la existencia de un marco jurídico que permite depositar periódicamente nuestro voto. La democracia nace en España con el Referéndum de Reforma Política, que es el que posibilita que las elecciones se celebren.

En fin, que casi es mejor que no invitaran al rey Juan Carlos al acto: le han ahorrado la vergüenza de ver cómo se erigen en artífices de la Transición quienes fueron tan solo simples beneficiarios. Aunque hay que reconocer que el desplante no ha quedado precisamente bonito: es como conmemorar los primeros Juegos Olímpicos en vida del Barón de Coubertin y olvidarse de invitarle.

En cualquier caso, lo preocupante ahora no es ese insulto al rey Juan Carlos, sino el proyecto de demolición de la Transición que nuestra clase política ha puesto en marcha. El mismo pueblo español que hizo posible la Transición va a verse obligado en los próximos meses a poner pie en pared, para evitar que la clase política entierre esa Transición que el pueblo español alumbró.

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