Los enigmas del 11-M

Febrero 2012


¿Qué valor probatorio tiene el hallazgo de un foco de explosión del 11-M?

28 de Febrero de 2012 - 13:54:20 - Luis del Pino - 109 comentarios

Hace escasas semanas, el Grupo Interconomía publicaba en exclusiva la noticia del hallazgo de un vagón del 11-M en un hangar de Renfe. Se trataba de uno de los vagones donde NO había estallado ninguna bomba el 11 de marzo de 2004, así que desde el punto de vista probatorio, el hallazgo no tenía demasiada relevancia.

Sin embargo, se trataba de un hallazgo importante, porque ponía de manifiesto una escandalosa evidencia: si se pudo conservar en un hangar de Renfe uno de los vagones donde NO estalló ninguna bomba, ¿por qué no se pudo hacer lo mismo con los vagones que SI explotaron, que constituían una prueba fundamental para investigar la masacre?

Hoy, Libertad Digital da cuenta del hallazgo de los restos de uno de los focos de explosión del 11-M, es decir, de uno de los vagones donde SI que estalló un artefacto aquel jueves maldito. Por el tiempo transcurrido y por la ausencia de una cadena de custodia, esos restos tampoco tienen ya valor probatorio. No podrán ya servir para saber qué estalló en los trenes.

Pero, como se detalla en la noticia, tanto la Policía, como la Guardia Civil, como Renfe, como el juez, estaban al corriente de la existencia de esos restos. A pesar de lo cual, nadie incorporó al sumario ningún informe sobre su existencia. Como tampoco se informó, al parecer, al tribunal del 11-M de que en una empresa madrileña se habían guardado los restos de ese foco de explosión.

Más grave aún: puesto que se conocía de la existencia de esos restos desde al menos el año 2005, ¿cómo es posible que nadie ordenara su incautación inmediata y su traslado a dependencias oficiales, donde pudieran ser custodiados y utilizados en las investigaciones?

Todos los vagones explosionados, menos uno, fueron desguazados con toda rapidez. Y los restos de ese único vagón no desguazado se conservaron, pero en secreto.

¿Podría alguien explicarnos por qué todo en el 11-M es una inmensa ocultación?
 

¿Hay algún aspecto del 11-M libre de manipulación?

28 de Febrero de 2012 - 00:34:50 - Luis del Pino - 41 comentarios

 

No hay aspecto del 11-M sobre el que fijemos la vista, en el que no aparezca, omnipresente, la sombra de la ocultación.

  • Al sumario no se adjuntaron las actas de los restos recogidos en cada foco de explosión.
  • Los restos recogidos en los trenes desaparecieron a toneladas, hasta verse reducidos a 23 míseros fragmentos, que fueron todo lo que llegó a la pericial de explosivos del juicio.
  • Esos restos de los trenes no fueron entregados a la Policía Científica para su análisis, contraviniendo los protocolos vigentes para el caso de atentado terrorista.
  • Los análisis realizados en la Unidad Central de Desactivación de Explosivos no fueron incorporados al sumario: ni las pruebas químicas analíticas, ni los estudios sobre posibles restos de los artefactos hallados en los focos de explosión.
  • Todos los vagones, menos uno, en los que habían explosionado las bombas fueron desguazados en cuestión de pocos días, contraviniendo la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Restos que podían haber servido para determinar la estructura de los artefactos o la composición de los explosivos fueron reducidos a chatarra.
  • Las prendas de ropa no reclamadas por ningún familiar de las víctimas fueron incineradas, pocas semanas después del 11-M, en el vertedero de Valdemingómez. Y ello a pesar de que la ropa hubiera podido utilizarse para la realización de análisis químicos.
  • Los restos no reclamados de artefactos electrónicos encontrados en los trenes fueron reducidos a polvo en una trituradora industrial del este de Madrid, también pocas semanas después de la masacre.
  • El único vagón explosionado que no se desguazó - el vagón número 4 del tren de Santa Eugenia - fue reparado y puesto en circulación, tras cortar del mismo toda la zona correspondiente al foco de explosión.

Hoy publicamos en Libertad Digital la noticia de que los restos correspondientes al foco de explosión del tren de Santa Eugenia han permanecido arrumbados durante ocho años en la empresa encargada de la reparación de aquel vagón.

La Policía sabía que esos restos existían. Renfe estaba también al corriente. El juez instructor era consciente, según la dirección de la empresa, de que allí se conservaban esos restos extraídos del vagón explosionado.

Y, sin embargo, en el sumario del 11-M no hay rastro de su existencia: ningún informe policial, ni ningún auto judicial, menciona esos restos. No existe constancia tampoco de que el tribunal presidido por Gómez Bermúdez fuera informado de que en una empresa de Madrid habían quedado vestigios de uno de los focos de explosión.

¿Con qué objeto se conservaron esos restos? No lo sabemos, aunque está claro que esos restos se quisieron mantener deliberadamente hasta después de acabado el juicio.

Pero, sobre todo, ¿por qué se mantuvo en secreto la existencia de esos restos?

Por un puñado de euros

27 de Febrero de 2012 - 09:59:02 - Luis del Pino - 13 comentarios

 

Editorial del programa Sin Complejos del domingo 26/2/2012

Pontardulais es un pequeño pueblecillo de Gales con apenas 5000 habitantes y carente por completo de relevancia histórica. Tiene, eso sí, una gran tradición musical. El coro del pueblo es uno de los mejores del Reino Unido, habiendo intervenido en la grabación del famoso disco "El muro", de Pink Floyd.

La banda de música del pueblo, fundada a finales del siglo XIX, no es tan conocida como el coro, pero también tiene cierta fama y constituye una parte importante de la tradición local. El pueblo está orgulloso de su banda, en la que tocan muchos de sus vecinos.

El pasado año, tres ladrones irrumpieron por la noche en el local de la banda de música de Pontardulais, después de forzar la puerta blindada. Su objetivo era llevarse todos los instrumentos de metal que el local albergaba: las trompetas, los trombones, las tubas, las campanas tubulares, los cimbales, el enorme gong y varios otros instrumentos de percusión.

No se crean ustedes que es que los ladrones en cuestión eran amantes de la música: lo único que les interesaba era el metal. Igual les daba robar cable de cobre de las casas en construcción, que rieles de tren. Después de cargar los instrumentos en el VW Polo propiedad de uno de ellos, los ladrones llevaron su botín a un chatarrero de una localidad cercana, que los introdujo en su trituradora.

Los tres ladrones y el chatarrero consiguieron ser identificados y detenidos por la Policía, aunque la condena tampoco fue enorme: tan solo tres meses de prisión.

Pero lo verdaderamente asombroso de la historia es lo ridículo del episodio. Aquellos instrumentos que los ladrones habían sustraído tenían un valor en el mercado superior a los 21.000 euros, pero lo que los ladrones hicieron fue vendérselos al peso al chatarrero, que les pagó un total de 71 euros por el metal. Y el chatarrero, por su parte, tampoco tuvo reparo en reducir esos valiosos instrumentos a un amasijo, como si se tratara de cualquier lata vieja.

Esta semana ha tenido lugar la votación para elegir al presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, puesto que el juez Javier Gómez Bermúdez venía desempeñando. En principio, Gómez Bermúdez no hubiera debido tener ningún problema para ser reelegido, puesto que lo apoyaban socialistas y nacionalistas, que cuentan con mayoría en el Consejo General del Poder Judicial. Sin embargo, dos de los vocales del denominado sector progresista rompieron la supuesta disciplina de voto, con lo que el candidato respaldado por el sector conservador, Fernando Grande-Marlaska, resultó finalmente elegido, por once votos contra nueve. De ese modo, Gómez Bermúdez, el superjuez, el presidente del tribunal del 11-M, se queda finalmente compuesto y sin sala.

Tuve la oportunidad de comer con Gómez Bermúdez un par de veces antes de que el juicio del 11-M comenzara. Me pareció un hombre inteligente, relativamente culto y con un sentido bastante desarrollado para las relaciones públicas. Saqué la sensación también de que era un hombre muy imprudente en sus comentarios acerca de sus compañeros jueces de la Audiencia Nacional, a los que ponía a bajar de un burro con un desparpajo bastante llamativo. Pero, por encima de todo, resultaba evidente que era un hombre extraordinariamente pagado de sí mismo, completamente convencido de que todas las personas con las que se relaciona son mucho menos inteligentes que él. Y enormemente vanidoso. Si hay alguien a quien Gómez Bermúdez admire es, sin lugar a dudas, el propio Gómez Bermúdez.

Hay quien le describe como una persona ambiciosa, pero no es verdad. La vanidad no es ambición. De hecho, la primera suele ser un obstáculo para la segunda.

A poca gente se le presenta una posibilidad de pasar a la Historia como la que Gómez Bermúdez tuvo en su mano. Hubiera podido ser recordado, si hubiera actuado como un buen juez, como la persona que hizo Justicia en el caso más importante de nuestra Historia democrática, pero desaprovechó clamorosamente la oportunidad que se le brindaba. Llevado de la ciega confianza en la inteligencia propia y en la estupidez ajena, pensó que podría engañar a todo el mundo durante todo el tiempo. Y ni se atrevió a santificar la falaz versión oficial de los atentados con un edificio jurídico intachable, ni se atrevió a buscar la verdad desmontando aquel sumario fraudulento. Con lo que, al final, dentro de unos pocos años nadie recordará a ese mal juez que fue capaz incluso de mentir a las víctimas de la masacre, prometiéndoles que los perjuros irían "caminito de Jerez".

Así pues, no es verdad que Gómez Bermúdez sea ambicioso. Alguien verdaderamente ambicioso no hubiera desaprovechado así la oportunidad que se le brindó de pasar a la Historia.

Lo peor de aquellos ladrones galeses que robaron los instrumentos de la banda de música de Pontardulais no es que fueran ladrones, sino su tremenda estupidez. Puestos a robar, hace falta ser idiota para vender al peso por 71 euros unos instrumentos que valen 300 veces más.

Con Gómez Bermúdez pasa lo mismo: lo peor no es que sea un juez capaz de emitir una sentencia clamorosamente injusta sobre la peor masacre terrorista que hemos sufrido. Lo verdaderamente asombroso es la estupidez de su acción.

Porque tomó en sus manos un caso que lo podría haber convertido en una auténtica referencia de la verdadera Justicia y lo dejó convertido en un amasijo retorcido de chatarra jurídica. Y todo para acabar siendo traicionado por algunos a los que quiso utilizar en su provecho y que terminaron utilizándolo a él.

Petición pública de disculpas a Zapatero

25 de Febrero de 2012 - 10:57:02 - Luis del Pino - 35 comentarios

 

Editorial del programa Sin Complejos del sábado 25/2/2012

Querido don José Luis Rodríguez Zapatero,

Permítame que le escriba esta carta para disculparme formal y públicamente con usted. A lo largo de estos años, he vertido sobre su persona numerosas descalificaciones. En muchos asuntos, sigo pensando que con toda la razón, pero creo que es justo que me retracte públicamente de mis críticas relativas a su política antiterrorista.

Le puse a usted de chupa de dómine cuando se le ocurrió presentar en el Congreso la solicitud de autorización para negociar con ETA, porque me parecía infame que el Estado pudiera negociar con una banda de asesinos y se me antojaba incomprensible que hubiera nada que tratar con unos terroristas a los que Aznar había dejado contra las cuerdas.

Le puse a usted a caldo cuando acudió al Parlamento Europeo a conseguir un aval para sus negociaciones, prestando así a ETA la legitimación internacional que tanto tiempo anduvo buscando.

Le puse a usted a parir cuando permitió que el PCTV volviera al Parlamento vasco y ANV, a los ayuntamientos. Y también cuando se negó a disolver los ayuntamientos en que ANV gobernaba, incluso después de que el Tribunal Supremo confirmara sus lazos con ETA.

Le puse a usted de vuelta y media por sus clamorosos intentos de ningunear y humillar a las víctimas del terrorismo, que se oponían a aquella negociación con quienes les habían herido o mutilado, o con quienes habían matado a sus seres queridos.

Le puse a usted como no digan dueñas cuando siguió negociando con los etarras incluso después de que estos volaran la T4 con dos personas dentro y continuaran asesinando guardias civiles.

Le puse a usted a caer de un burro cuando constatamos cómo mintió a la sociedad española, negando esas negociaciones que los asesinos se encargaron de airear.

Y ahora me doy cuenta, señor Zapatero, de lo profundamente injustas que fueron mis críticas.

Porque el PP ha llegado al poder con mayoría absoluta y el señor Rajoy, lejos de expulsar a los proetarras de las instituciones, ha puesto a sus basagoitis del País Vasco a reunirse con Bildu y Amaiur y a trabajar por llegar a acuerdos que satisfagan a todas las "partes" de eso que los proetarras denominan "conflicto".

No solo eso, sino que esta misma semana, todos los diputados del PP han votado como un solo hombre contra la propuesta presentada por UPyD en el Parlamento para instar a la ilegalización de Bildu y Amaiur.

Lo cual quiere decir, necesariamente, que los proetarras no deben de ser tan malos. Porque Rajoy y el PP son los buenos, ¿no es verdad? Rajoy y el PP son de los nuestros, y los nuestros son buenos por definición. ¿Y cómo iban los buenos a permitir que alguien malo estuviera en las instituciones? ¿Cómo iban los buenos a consentir que ETA se salga con la suya, a menos que es que ETA no sea tan mala como creíamos?

¡Pero eso quiere decir, don José Luis, que tenía Vd razón en todo cuanto hizo en este tema! Porque si es verdad que los Bildus y los Amaiures no son tan malos, si es verdad que todos los Oteguis de este mundo son hombres de paz, si es verdad que ETA no es más que un grupo de muchachos que se veían forzados a matar por el carácter sanguinario y opresor de la democracia española, entonces era lógico intentar negociar con ellos. ¿Cómo no vamos a poder llegar a acuerdos con alguien que no es inherentemente malo, con alguien que simplemente se defiende de nuestras agresiones?

Por tanto, tenía usted razón, señor Zapatero, cuando solicitó al Parlamento autorización para negociar con ETA. Y tenía usted razón cuando pidió en Europa apoyo para su proceso de paz. Y tenía usted razón al dejar a ETA volver a las instituciones. Y tenía usted razón al tratar de arrinconar a esas víctimas que intentaban poner obstáculos en el camino de la negociación.

Y tenía usted también razón al mantener el diálogo con ese mundo abertzale - que no es tan malo - a pesar de los muertos de la T4 y de los guardias civiles asesinados. Porque está claro que quien no es malo no mata, salvo que se vea obligado a ello. Así que en lugar de culpar a ETA de esas muertes, deberíamos responsabilizar a quienes, con su cerrazón, intentaron impedir las negociaciones de paz.

Tenía usted razón, incluso, señor Zapatero, al ocultar a la opinión pública esas negociaciones. Porque si hay gente tan cerril como para no entender que los abertzales son buena gente; si hay víctimas tan amargadas como para intentar aguar las ansias de paz del pueblo español; si hay gente tan cegada por el odio, que está dispuesta a utilizar cualquier nimio detalle para poner palos en la rueda de las negociaciones... ¿cómo no recurrir a una elemental discreción para evitar que fracasen? Si ETA y su brazo político no son tan malos, entonces lo que había que vencer era la resistencia de una sociedad española obtusa y envenenada por medios de comunicación carentes de cualquier tipo de escrúpulo.

Perdóneme usted señor Zapatero por haberle criticado, pero no he comprendido lo bien que lo estaba haciendo Vd. hasta que no he visto a Rajoy dar por válido todo lo que usted ha dejado hecho.

Le diré en mi descargo, eso sí, que la razón de mi error es que en su día me dejé engañar por la equívoca actitud del propio Partido Popular. Porque recuerdo perfectamente al señor Rajoy decirle a usted en el Parlamento aquello tan tremendo de que estaba usted traicionando a los vivos y a los muertos. Y recuerdo también cómo insistía el PP, una y otra vez, en que se expulsara a ANV de los ayuntamientos. Y recuerdo cómo nos convocó Rajoy en Colón a los españoles, para protestar por las medidas de gracia contra algunos miembros de ETA presos.

Pero claro, ahora entiendo que todo aquello no era sino escenificación. Dada la cerrilidad de los españoles como yo, había que irnos desasnando poco a poco. Había que irnos poco a poco despojando de nuestros prejuicios y de nuestros odios ancestrales. Comprendo ahora que el señor Rajoy no hacía otra cosa que representar su papel en esta historia que, afortunadamente, tendrá un final feliz.

Pero entienda que es natural que yo, que no estoy en la pomada, me sintiera confundido. Y que pensara que era usted peor que esos etarras con los que se sentaba a negociar.

Sea como sea, le pido disculpas, señor Zapatero. Y no se preocupe, que no volverá a pasar, porque ahora ya he entendido que los etarras y su brazo político son buenos chicos. Y que la Justicia es un concepto discutido y discutible. Y que los delitos pueden dejarse sin castigo si han sido cometidos con un objetivo político noble. Y que usted no era tan malo como parecía.

Si Rajoy, que es de los buenos, da continuidad a su política de negociación con el mundo proetarra, por algo será, ¿no?

Porque la única otra alternativa es que, en realidad, los etarras sí que sean unos simples canallas asesinos y que Amaiur/Bildu sí que sea el brazo político de esos canallas asesinos, en cuyo caso lo que pasaría es que Rajoy es tan malo como usted, señor Zapatero.

Pero eso es imposible, porque Rajoy es de los nuestros.

Y los nuestros son los buenos, por definición.

¿O no?

Tres interpretaciones de la primavera valenciana

21 de Febrero de 2012 - 15:33:06 - Luis del Pino - 58 comentarios

 

Permítame el lector que le presente tres interpretaciones, tres lecturas alternativas, de lo que en Internet se ha dado en llamar "primavera valenciana", para que elija la que le parezca más adecuada.

Lectura izquierda-derecha: Desde este punto de vista, lo que está sucediendo en Valencia no sería sino un intento de la izquierda para agitar la calle contra el Gobierno. Un votante de derechas podría pensar: "Intentan ganar en la calle lo que han perdido en las urnas". Un votante de izquierda podría, por su parte, razonar: "Aprovechemos el malestar por los recortes que inevitablemente hará el gobierno de derechas, igual que ellos han aprovechado la crisis internacional para desgastarnos a nosotros". Aunque la lectura es muy sencilla, nos equivocaríamos si pensamos que las consecuencias de esa agitación callejera están claras. Por ejemplo, no está nada claro que los disturbios perjudiquen necesariamente al Gobierno: dependiendo de cómo evolucionen las cosas, el PP podría incluso aprovechar esa agitación para movilizar a sectores de su electorado descontentos, que redoblarían su apoyo al Gobierno ante el "peligro rojo" que acecha en la calle. En la izquierda, por otro lado, tampoco está claro quién sería el hipotético beneficiario de la agitación callejera: ¿un PSOE que acarrea en su equipaje cinco millones de parados? ¿Una Izquierda Unida dispuesta a una mayor radicalidad? ¿Los partidos de izquierda emergentes?

Lectura arriba-abajo: De acuerdo con esta segunda lectura, lo que está sucediendo en Valencia no sería otra cosa que una expresión del descontento de la gente común con la clase política. Serían estudiantes normales, tal vez instrumentalizados por grupos antisistema, los que estarían dejando ver que no se puede hacer recaer el peso de la crisis sobre los ciudadanos de a pie, recortando servicios básicos en educación y sanidad mientras nadie pone coto a las corrupciones, chanchullos y mamandurrias de los partidos, de los sindicatos, de la patronal, de los constructores y de los banqueros. Desde este punto de vista, la represión de las protestas recurriendo a las fuerzas policiales no haría sino exacerbar el problema. Y nos equivocaríamos si pensáramos que el descontento por los recortes y por la represión de las protestas es patrimonio de la izquierda. Es verdad que para un votante de izquierda resulta sencillo recurrir a los viejos tópicos y considerar a la Policía como el instrumento represor de políticos y banqueros. Pero también los votantes de derecha pueden no entender, por ejemplo, que se aplique la Ley con tanta dureza contra estudiantes que protestan, al mismo tiempo que no se tiene reparo en negociar con el entorno proetarra.

Lectura dentro-fuera: La última lectura tiene más que ver con lo que podríamos denominar "alta política". El Gobierno está inmerso en una negociación crucial con las autoridades comunitarias, buscando en Bruselas tanto apoyo financiero, como una postura menos exigente en cuanto a los recortes que deban aplicarse a corto plazo. Y en ese intento de convencer a Bruselas están de acuerdo todos los partidos, puesto que la estabilidad del actual sistema político depende de que la situación social no se vaya de las manos. Pero resulta difícil convencer a la Unión Europea de que no se pueden aplicar recortes más duros, si la Unión Europea ve que no hay problemas en la calle: "¿Cómo que no pueden recortar Vds. más? ¡Si hasta ahora la población no se ha quejado!". Desde ese punto de vista, ¿podría estar nuestra clase política atizando bajo manga unas protestas bastante limitadas (porque las de Valencia lo son), con el fin de tener algo de "descontento popular" que exhibir ante Bruselas?

¿Cuál de las tres lecturas, querido lector, cuál de las tres interpretaciones, le parece a usted la verdadera?

La respuesta correcta es: las tres lo son. Las tres interpretaciones son simultáneamente ciertas.

Porque cada persona individual que participa en esos acontecimientos tiene sus propias motivaciones y su propia visión de las protestas. Y la actitud colectiva de cada grupo - del PP, del PSOE, de la Policía, de los antisistema, de los estudiantes, de los periodistas... - no es sino una amalgama de las actitudes de cada individuo del grupo. Una amalgama confusa y difusa, donde todas las motivaciones y todas las lecturas se mezclan y entrecruzan.

De hecho, las personas situadas en puestos de decisión no solo pueden, sino que deben, contemplar todos los planos de análisis al mismo tiempo. El Gobierno y las cúpulas de los partidos, por ejemplo, tienen que ser conscientes de la influencia de esas protestas sobre los equilibrios electorales; pero también tienen que ser capaces de interpretar esas protestas como termómetro del descontento social y, al mismo tiempo, intentar aprovechar las algaradas de cara a negociar con Bruselas.

Por tanto, a la hora de interpretar lo que está pasando en Valencia, conviene no dejarse encajonar en una interpretación unidimensional, restrictiva, de las cosas. Y conviene, además, comprender que todos esos equilibrios de visiones contrapuestas son dinámicos, es decir, cambian con el tiempo según va evolucionando la situación.

Por ejemplo, una protesta controlada puede ser enormemente útil de cara a Bruselas para nuestra clase política, pero pasaría a ser contraproducente si la situación se va de las manos.

José Ricardo en su laberinto

18 de Febrero de 2012 - 11:21:18 - Luis del Pino - 41 comentarios

 

Editorial del programa Sin Complejos del sábado 18/2/2012

"Bananas" es una película en la que, con el humor absurdo del Woody Allen de la primera época, se narra la historia de un donnadie de Manhattan, llamado Fielding Mellish, que se enamora de una chica obsesionada por el activismo político.

Arrastrado por la chica, ese neoyorquino viaja a un país centroamericano imaginario, la República de San Marcos, tan sólo para acabar viéndose involucrado en un movimiento guerrillero local que, por azares del destino, termina conquistando el poder.

Toda la película es una parodia en la que Woody Allen no deja títere con cabeza. El jefe guerrillero, por ejemplo, se asemeja a un Fidel Castro o un Ché Guevara cualquiera, y es un auténtico demente que nada más tomar el poder decreta que el nuevo idioma oficial de la República sea el sueco y que todos los habitantes de San Marcos deben cambiarse la ropa interior tres veces al día... además de llevarla por fuera, para comprobar que está limpia.

Ante el enloquecimiento del jefe insurgente ascendido a dictador, el protagonista, Fielding Mellish, decide proseguir la guerra de guerrillas y termina derrocándolo también, siendo nombrado presidente del país. Después de lo cual, con vistas a conseguir fondos para su régimen recién instaurado, Mellish viaja a Estados Unidos, donde es detenido y sometido a juicio por sus actividades revolucionarias.

Fielding Mellish, interpretado por el propio Woody Allen, reclama ante el tribunal que le va a juzgar el derecho a ejercer su propia defensa, lo que da lugar a una escena completamente absurda e hilarante, cuando le toca interrogarse a sí mismo como abogado defensor. En esa escena, Woody Allen se para ante el estrado (en su calidad de abogado defensor) para hacerse una pregunta, tras lo cual corre rápidamente al asiento del testigo para sentarse a responderla. Después, se levanta y vuelve a correr para ponerse al otro lado del estrado y hacerse la siguiente pregunta en su papel de abogado, y así sucesivamente... La escena termina cuando el juez, harto de esa esquizofrenia, termina ordenando que amordacen al testigo.

Ayer saltaba a los medios la noticia de que José Ricardo Martínez Castro, el líder de UGT Madrid - el mismo que montaba hace meses el numerito pidiendo que se fuera "a su puta casa" el gobernador del Banco de España; el mismo que se dedicaba a jalear las protestas en la enseñanza pública contra Esperanza Aguirre, al mismo tiempo que lleva a sus hijos a un colegio privado; el mismo que insultaba a la presidente madrileña hace unos días, llamando a sus huestes a tomar la calle - .... saltaba a los medios la noticia, digo, de que ese sujeto cobró en 2011 la respetable cifra de 181.000 euros como consejero de Bankia, sueldo que hay sumar a los más de 30.000 euros que recibe de Renfe como liberado sindical y al dinero que perciba por su cargo en el propio sindicato.

Al estallar el escándalo y ser interrogado por los medios sobre cuánto ganaba, el interesado escurrió el bulto y dijo no acordarse de su declaración de la renta. Muy normal, ¿verdad? ¿Qué español se acuerda de cuánto gana? Por su parte, el sindicato UGT afirmó en una serie de mensajes a través de Internet que todo lo que ganaba el líder sindical madrileño en Bankia lo entregaba al sindicato, lo cual resulta bastante sorprendente: si don José Ricardo Martínez Castro cobra ese dinero como persona física, ¿cómo lo transfiere al sindicato? ¿En forma de donación? ¿Y quién paga entonces los impuestos correspondientes a esos 181.000 euros?

Evidentemente, para acabar con las suspicacias bastaría con que el interesado exhibiera su declaración de la renta y nos enseñara a cuánto ascienden sus ingresos totales, cosa que no ha hecho. Y que dudo que haga.

Pero no es en eso en lo que me quiero fijar, sino en la sorprendente doble vida que nuestro desinteresado sindicalista lleva. Este proto-revolucionario, este aprendiz de Ché Guevara, este Lenin de la estepa castellana... resulta que ocupa un puesto en el consejo de administración de una caja de ahorros.

¿Nos podría don José Ricardo explicar cómo hace para organizarse el tiempo?

Déjenme que me imagine un día cualquiera de trabajo de don José Ricardo. De nueve a diez de la mañana se sienta en el consejo de administración de Bankia con don Rodrigo Rato y, mientras da chupadas a un grueso puro, estudia cómo hacer más rápidos los desahucios hipotecarios. Luego, al llegar las diez, baja corriendo a la puerta del banco, mientras se quita la corbata y la chistera, para manifestarse hasta las once contra los inmisericordes banqueros que ponen a la gente en la calle por no pagar la hipoteca.

A las once, sube de nuevo corriendo hasta la sala del consejo mientras se anuda otra vez la corbata y se pone el chaleco a rayas, para discutir con el resto de consejeros sobre qué créditos otorgar a no sé qué gran constructor que es amigo de no sé qué otro político. A las doce, mientras suenan las campanadas, don José Ricardo baja corriendo de nuevo a la calle para preparar unas pancartas de protesta contra el modo en que nos esquilman los banqueros, los políticos y los constructores. A la una, con las manos aún manchadas de pintura, nuestro amable sindicalista vuelve a correr hasta la sala del consejo para discutir la nueva política de dietas para los consejeros. A las dos, baja atropelladamente las escaleras otra vez para gritar, junto con unos compañeros del 15-M, eso tan simpático de "No hay pan para tanto chorizo".

¡No me extraña que le paguen tanto al pobre don José Ricardo! Tiene que ser agotador llevar esa doble vida, ¿verdad? Seguro que se lo gasta todo en psiquiatras, de tanto que su yo descamisado insulta y desprecia a su yo plutócrata.

Lo peor, me supongo, es cuando su yo consejero de caja de ahorros decide llamar a las fuerzas de orden público para disolver con contundencia a su yo antisistema. ¡Qué duras luchas no sostendrá en su fuero interno este sindicalista, en esos momentos tensos de los que ninguna lucha revolucionaria carece!

Don José Ricardo, español de pura cepa, conseguirá, si se empeña, elevar hasta cotas verdaderamente artísticas el guerracivilismo que nos caracteriza a los habitantes de este país: si la conflictividad social continúa aumentando, el líder de UGT Madrid terminará declarando una guerra civil unipersonal y matándose a palos a sí mismo.

Con ello perderíamos a un héroe de la auto-revolución. Aunque nos ahorraríamos una pasta, todo hay que decirlo.

Gara está de enhorabuena

16 de Febrero de 2012 - 12:38:23 - Luis del Pino - 46 comentarios

 

El diario proetarra Gara se felicita hoy de que el ministro de Interior del PP haya, por fin, reconocido la "dimensión política" de lo que ellos denominan "conflicto" vasco.

Ese piropo que a don Jorge Fernández Díaz le lanza el órgano de expresión de ese segmento social que a lo largo de los años ha disculpado, explicado, celebrado y jaleado los sangrientos crímenes de ETA, se debe al rifirrafe dialéctico que ayer mantuvieron Rosa Díez y el ministro, cuando éste escurrió al bulto al ser instado por la líder de UPyD a tomar medidas para la ilegalización de Bildu y Amaiur.

"Si el amigo te critica, malo", dice el refrán. En ese sentido, tres víctimas de ETA (Teresa Jiménez Becerril, Francisco José Alcaraz y Daniel Portero) expresaban hace unos días en Libertad Digital su preocupación por los gestos que vienen repitiéndose en nuestra clase política - gobierno incluido - relativos a un acuerdo de final negociado con ETA.

Pero el refrán continúa: "Si el enemigo te alaba, peor". Pocos detalles más elocuentes que ese elogio de Gara para dejar patente algo que está claro desde hace mucho tiempo, para aquel que quiera verlo: que la negociación con ETA no era ninguna "ocurrencia" de un Zapatero enloquecido y empeñado en conseguir un Premio Nobel de la Paz; ni tampoco era ningún proyecto sectario de un Partido Socialista supuestamente decidido a suicidarse políticamente. La hoja de ruta de negociación con ETA estaba avalada, tras las elecciones de 2008, por los dos grandes partidos nacionales, como la presencia de "mediadores" internacionales demuestra.

Y, en realidad, a estas alturas también debería estar ya claro, para todo aquel que no quiera engañarse a sí mismo, que esa "hoja de ruta" no describe los pasos de ninguna negociación, por la sencilla razón de que los pasos a dar están decididos desde hace mucho tiempo.

Lo que esa "hoja de ruta" describe son los pasos a dar para que la sociedad española termine aceptando lo que su clase política ha decidido, sin pedir a la ciudadanía opinión. Y, desde ese punto de vista, el principal obstáculo es cómo puede el gobierno del PP conseguir que su base social y las organizaciones de víctimas acepten esas decisiones que ya están tomadas y que implican que los centenares de asesinatos de ETA no solo les han salido gratis a los terroristas, sino que les van a salir extraordinariamente rentables: la presencia de los proetarras en las instituciones la pagamos a precio de oro con nuestros impuestos.

Pero esas resistencias son un problema resoluble: de cara a desactivar la oposición de una parte de su electorado, el gobierno del PP no necesita otra cosa que tiempo. Tiempo para que su base social se acostumbre a los pequeños gestos que vayan "normalizando" la presencia de los proetarras en las instituciones, Congreso de los Diputados incluido. Tiempo para ir acercando los presos hacia el País Vasco. Y tiempo, sobre todo, para permitir que el próximo Parlamento vasco disponga de una mayoría nacionalista suficiente como para poder presentar a la sociedad española un escenario de hechos consumados.

Next

12 de Febrero de 2012 - 11:44:25 - Luis del Pino - 73 comentarios

 

Editorial del programa Sin Complejos del domingo 12/2/2012

Next es una interesante película de ciencia ficción basada en un cuento de Philip K. Dick e interpretada por Nicolas Cage. La película se estrenó en 2007 y tiene un argumento ciertamente peculiar. El protagonista es un hombre que tiene el don de ver el futuro, con ciertas limitaciones: concretamente, sólo puede ver las cosas que le van a pasar a él mismo y sólo las que vayan a pasar en los dos minutos siguientes.

Ese don le permite ajustar su propio comportamiento para evitar, por ejemplo, acciones que le pudieran reportar algún perjuicio inmediato; o bien usar su capacidad de predecir el futuro para obtener ganancias materiales.

Y, en efecto, Nicholas Cage utiliza su facultad de anticipación para trabajar como mago en un garito y para sacarse un dinerillo apostando en los casinos, aunque procurando no llamar demasiado la atención.

La trama se inicia cuando una agente de la lucha antiterrorista americana, que sospecha que Nicholas Cage puede ver el futuro, trata de utilizarlo para localizar y detener a unos criminales que pretenden hacer detonar un artefacto nuclear en territorio estadounidense. Y no les cuento más, por si deciden ver la película.

La posibilidad de predecir el futuro es el tema de numerosas películas, obras literarias y mitos, empezando por el famoso mito de Casandra, la hija de los reyes de Troya, que consigue que Apolo le conceda el don de la profecía a cambio de sus favores sexuales. Sin embargo, Casandra, una vez conseguido el don, rechaza los requerimientos de Apolo, por lo que éste la maldice, condenándola a que nadie se crea sus profecías. Y así, Casandra anuncia a sus conciudadanos la caída de Troya, tan solo para ver, impotente, cómo nadie hace caso de sus advertencias y cómo, finalmente, la ciudad resulta destruida.

En la sabiduría popular, los españoles han sabido reflejar en diversos refranes el hecho de que, ya que los seres humanos no contamos con el don de la profecía, al menos sí podemos tratar de anticiparnos a los acontecimientos viendo lo que sucede a nuestro alrededor y extrayendo las lecciones correspondientes. "Cuando las barbas de tu vecino veas pelar", dice el refrán, "pon las tuyas a remojar".

Nosotros no podemos saber a ciencia cierta qué va a suceder en los próximos dos minutos, pero viendo lo que ha ocurrido en Grecia en estos dos últimos años, deberíamos plantearnos coger una jofaina y poner a remojar nuestras barbas. O tomar las medidas oportunas para que no nos terminen pelando.

La crisis financiera griega estalló a finales de 2009, cuando el gobierno heleno se vio forzado, ante la caída de la actividad económica, a revisar sus previsiones de déficit, que pasaron del 3,7% del PIB previsto a principios de año al 12,7%. Más del triple de lo inicialmente estimado.

A partir de ahí, los griegos se sumergieron en una espiral descendente, en la que en cada vuelta parece que ya no se puede caer más bajo, tan solo para comprobar, poco tiempo después, que la situación es aún peor que antes.

El déficit galopante, unido a la constatación de que los sucesivos gobiernos habían falseado las cuentas públicas, hizo que los mercados exigieran intereses cada vez más altos al gobierno griego, que se vio forzado a pedir ayuda a unas autoridades europeas que no han sabido, en ningún momento, manejar correctamente la crisis.

Ante la petición de ayuda, Bruselas impuso sucesivas medidas de ajuste que la clase política griega se encargó de convertir, vez tras vez, en papel mojado. Una serie interminable de negociaciones, de planes y de incumplimientos, aderezados todos ellos con contundentes protestas en la calle, fueron pudriendo la situación financiera del país, que terminó sufriendo la instauración de un gobierno tecnocrático.

Pero esa imposición de las autoridades europeas no solo no ha resuelto el problema, sino que ha exacerbado las tensiones en el país. Ni las negociaciones avanzan, ni los planes se cumplen, ni el país encuentra la manera de salir del hoyo financiero en el que está sumido. La última vuelta de tuerca ha tenido lugar esta semana, cuando el Parlamento se ha mostrado incapaz de aprobar los planes de ajuste negociados entre el gobierno y Bruselas y seis ministros de ese gobierno tecnocrático han presentado su renuncia, en desacuerdo con los recortes. Y como a perro flaco todo son pulgas, las huelgas en la calle se han recrudecido y la Policía, teórica garante del orden social, ha decidido pasarse con armas y bagajes al campo de los indignados, amenazando con arrestar a los representantes del FMI si pisan suelo heleno.

Nosotros, como decía, no sabemos qué pasará en los próximos dos minutos, pero sí que podemos intuir, viendo el ejemplo griego, lo que sucede cuando los gobiernos intentan por todos los medios no efectuar las reformas drásticas que un país como el nuestro necesita para volver a ser viable.

Zapatero dejó pasar el último año y medio de su legislatura en un perpetuo retrasar las medidas de reforma necesarias. Pero es que el Gobierno de Rajoy, en los dos meses que lleva de mandato, está demostrando que tampoco tiene muchas ganas de meter mano a los verdaderos problemas que nos aquejan, y que piensa seguir con la estrategia de ganar tiempo ante Bruselas, para ver si la crisis escampa y el crecimiento de otros países nos arrastra fuera del hoyo.

Se estrenó Rajoy con un recorte cosmético de los gastos, que para más inri incluía una subida de impuestos a los ciudadanos. Después, se vendió a Bruselas que íbamos a hacer una reforma laboral agresiva que al final se ha quedado en el parto de los montes, porque, aunque es cierto que algo abarata el coste del despido, sigue manteniendo intacto el poder sindical. Ni esa reforma servirá para crear empleo a corto plazo, ni se podrá utilizar para otra cosa que para ganar en Bruselas un poquito de tiempo más. Y de cara a los presupuestos que se intentan aprobar para fines de marzo, ya está el gobierno del PP pidiendo a las autoridades europeas que suavicen los requisitos de déficit, con el fin de que el ajuste no sea tan brusco.

Todos esos indicios apuntan a que nuestra clase política piensa repetir, punto por punto, el error griego, embarcándose en una espiral de negociaciones inconclusas con Bruselas, de recortes superficiales y de planes pensados más para la galería que para el bien del país.

Y, como en Grecia, el único efecto que eso tendrá es hacernos cada vez más vulnerables ante la crisis internacional, cada vez más dependientes del Banco Central Europeo y cada vez más propensos a la contestación en la calle, a medida que nuestros gobiernos vayan perdiendo su ya escasa credibilidad.

A menos que el gobierno popular se deje de mandangas y acometa una reforma en profundidad del sistema, de todo el sistema, dentro de dos años estaremos como Grecia está ahora. Pero mucho me temo que, como sucedía en el mito griego de Casandra, de nada valdrán esas visiones del futuro que el ejemplo de Atenas nos ofrece. O, si lo prefieren, podemos recurrir a otro refrán español y decir aquello de que "nadie escarmienta en cabeza ajena".

Por cierto, a Philip K. Dick, el autor del cuento en que se basa la película Next, quizá le conozcan ustedes por ser también el autor de otra famosa obra que cuenta, asimismo, con adaptación cinematográfica. Me refiero a la novela "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", que fue llevada al cine por Ridley Scott con el título de "Blade runner". ¿Quién no recuerda a Harrison Ford en esa extraordinaria película, tratando de atrapar a los malvados replicantes?

El título de la película, "Blade runner", nunca se tradujo al español, fundamentalmente porque resulta difícil hacerlo.

Pero una traducción aproximada sería "El que se mueve por el filo de la navaja".

Peleando contra zombis

11 de Febrero de 2012 - 12:15:34 - Luis del Pino - 26 comentarios

 

Editorial del programa Sin Complejos del sábado 11/2/2012

Seguro que todos ustedes han oído hablar en las noticias, en más de una ocasión, de que tal o cual servidor de internet de algún organismo o empresa fue atacado por piratas informáticos, haciendo que dejara de funcionar.

Por ejemplo, el pasado mes de enero, después de que las autoridades americanas cerraran Megaupload (un famoso sitio web dedicado a la descarga de vídeos por Internet) los piratas informáticos lanzaron una serie de ataques contra diversos servidores, entre ellos los del propio FBI.

¿Cómo se realizan esos ataques? Para aquellos de ustedes que no entiendan nada de informática, vamos a poner un ejemplo sencillo: supongan que una gran multinacional tiene un servicio telefónico de atención al cliente y que alguien, con intención de dañar a esa empresa, se dedica a bombardear durante una mañana a ese servicio de atención al cliente con miles de llamadas con reclamaciones falsas. El resultado sería que el servicio técnico de la empresa quedaría colapsado, ¿verdad?

Bueno, pues eso es lo que hacen los piratas informáticos cuando lanzan uno de sus ataques: bombardear los servidores Internet con una avalancha de peticiones en un espacio de tiempo muy corto, lo que hace que el servidor se colapse durante horas, originando cuantiosísimas pérdidas económicas y de imagen a las empresas y organismos atacados.

Para evitar ser detectados y detenidos, los piratas informáticos se comportan de manera bastante inteligente. Por ejemplo, en lugar de lanzar esos ataques desde sus propios ordenadores, lo que hacen es otra cosa: durante meses, utilizan todo tipo de técnicas para acceder a los ordenadores de personas normales que utilizan Internet, e instalan en esos ordenadores unos programas ocultos, que se quedan inactivos, a la espera de recibir las órdenes oportunas.

Cuando llega el momento de lanzar un ataque masivo, los piratas informáticos envían una orden a esos programas durmientes y, de repente, miles o decenas de miles de ordenadores, pertenecientes a usuarios normales y corrientes, se ponen a enviar una avalancha de peticiones al servidor Internet que el pirata quiera atacar. A esos ordenadores que participan involuntariamente en los ataques lanzados por los piratas informáticos se los denomina zombis.

En otras palabras: el pirata informático lanza sus ataques utilizando como zombis los ordenadores de personas comunes y corrientes, sin conocimiento de sus dueños. De ese modo, si la Policía trata de rastrear desde qué ordenadores se ha lanzado el ataque, se encuentra con esos zombis. Y de nada sirve, por supuesto, preguntar a los dueños de esos ordenadores, porque no tienen ni idea de lo que está pasando.

Eso obliga a las fuerzas de seguridad a realizar complejas investigaciones, para tratar de determinar quién es el verdadero cerebro de los ataques, quién es el que controla esos ordenadores zombis que son los que llevan a cabo, en último término, el ataque.

Ayer saltó la noticia de que la sección 17 de la Audiencia Provincial de Madrid ha decidido archivar la querella contra el ex-jefe de los Tedax, Sánchez Manzano, que la juez Coro Cillán estaba instruyendo. Los tres jueces de esa sección de la Audiencia no han entrado a valorar si el ex-jefe de los Tedax mintió o no, si manipuló o no pruebas o si respetó los protocolos de actuación en caso de atentado terrorista o se los pasó por el forro de sus caprichos. Se han limitado a archivar la querella diciendo que hace dos años otro juzgado ya había desestimado otra querella similar contra Sánchez Manzano, presentada (nadie sabe por qué) por el partido Alternativa Española.

En realidad, lo que ese otro juzgado hizo es desechar aquella extraña querella quince días después de su presentación, sin ni siquiera entrar a valorarla. Pero ahora se utiliza torticeramente ese hecho para proporcionar una bofetada judicial más a las víctimas del 11-M, que ven cómo les paralizan la causa por algo en lo que ellos no han tenido ni arte ni parte.

Esa decisión de la Audiencia Provincial ha causado una lógica consternación entre las víctimas del 11-M, que ven con desolación cómo se las cierra una puerta, otra más, para intentar averiguar quién cometió la masacre de Madrid.

Pero nos equivocaríamos si nos limitáramos a señalar con el dedo acusador a la sala que ha emitido un auto tan escandaloso. Esos jueces, esos malos jueces, no son otra cosa que zombis judiciales. No es entre ellos donde hay que buscar a quien verdaderamente toma las decisiones, a quien tiene en su mano la posibilidad de decidir si se investiga o no el 11-M.

A las víctimas del 11-M las llevan toreando ya ocho años, mintiéndolas sobre la autoría de la masacre, haciéndolas concebir luego falsas esperanzas en un juicio que terminó convirtiéndose en una farsa y dejándolas por fin intentar la vía judicial ordinaria contra los manipuladores de pruebas, para cerrársela de un portazo en cuanto la juez correspondiente demostró que estaba dispuesta a ir hasta el final.

Y en cada uno de esos pasos se ha utilizado a los zombis judiciales para hacer el trabajo sucio de engaño a las víctimas: primero Del Olmo, después Gómez Bermúdez y ahora la sección 17 de la Audiencia Provincial.

Ante eso, las víctimas del 11-M pueden seguir intentando recurrir, y pegarse de cabezazos contra el muro de una justicia sometida al poder político... o pueden, por el contrario, darse cuenta de que las están tomando el pelo, y de que quien manda abrir o cerrar cauces judiciales en este tema no son los jueces, sino las instancias políticas.

En lugar de perseguir zombis, a quien hay que plantear las exigencias es a la cabeza pensante, a quien tiene el poder de poner los recursos del estado al servicio de la verdad o de la mentira.

En estos momentos estamos dirigidos por un gobierno del Partido Popular que cuenta con mayoría absoluta. Un gobierno que dispone de al menos dos vías legales distintas para solicitar la reapertura del sumario del 11-M. Y que si no lo hace será porque no le da la gana.

Ahí es donde hay que dirigirse. Y pedir públicamente al ministro de Justicia que tome las medidas que tenga que tomar. Y ponerle en evidencia si no lo hace.

Todo lo que no sea eso, todo lo que no sea utilizar la fuerza de la opinión pública para exigir a los poderes públicos que aclaren quién cometió la masacre del 11-M es un esfuerzo inútil. Y, como decía Ortega y Gasset, los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía.

Lo único que puede desbloquear la situación es que las víctimas del 11-M comprendan que no tienen por qué limitarse a pedir la verdad. Por la sencilla razón de que tienen derecho a exigirla. Pero no a los zombis, sino a sus amos.

Ingeniería judicial con olor a cloaca

10 de Febrero de 2012 - 16:23:45 - Luis del Pino - 77 comentarios

Sánchez Manzano mintió ante la Comisión del 11-M, mintió ante el juez de instrucción Del Olmo y mintió ante el tribunal presidido por el juez Gómez Bermúdez.

Lo hizo al declarar, y luego negar, que en los focos de explosión del 11-M había aparecido nitroglicerina.

Lo hizo al declarar que el explosivo de la mochila de Vallecas coincidía, en todos sus componentes, con el explosivo encontrado en una furgoneta Kangoo en Alcalá de Henares en la mañana del 11-M.

Lo hizo al declarar en el juicio que empleados de una fábrica de explosivos confirmaron que el explosivo encontrado en la furgoneta Kangoo era Goma2-ECO.

Sánchez Manzano tenía la responsabilidad, puesto que se hizo cargo de ellas, de custodiar las muestras recogidas en los trenes del 11-M, pero aquellas muestras desaparecieron a centenares.

Sánchez Manzano tenía la responsabilidad, según los protocolos, de enviar las muestras de los trenes a la Policía Científica para su análisis químico, pero la Policía Científica nunca llegó a recibir las muestras recogidas en los focos de explosión.

La actuación de Sánchez Manzano impidió, por tanto, que sepamos, a fecha de hoy, qué explosivo estalló en los trenes que mataron a 193 personas el 11 de marzo de 2004.

Por eso se querelló contra él, y contra su jefa de laboratorio, la asociación mayoritaria de víctimas del 11-M, dirigida por Ángeles Domínguez. Querella que le correspondió por reparto a la juez Coro Cillán y que nos ha permitido conocer numerosos detalles adicionales sobre el proceso masivo de destrucción, ocultación y sustitución de pruebas que se puso en marcha muy pocas horas después de que 10 bombas hicieran explosión en cuatro trenes de cercanías de Madrid.

Pero ahora, la sección 17 de la Audiencia Provincial de Madrid ha decidido dar carpetazo a la causa, impidiendo así que continúen las investigaciones.

Y no da carpetazo porque sea falso que Sánchez Manzano mintiera, ni porque sea falso que Sánchez Manzano dejara que desaparecieran las muestras del 11-M, ni porque sea falso que Sánchez Manzano incumpliera su obligación de enviar las muestras de los trenes a la Policía Científica.

El argumento de la Audiencia Provincial de Madrid para archivar la causa es que existió una querella contra Sánchez Manzano que el partido Alternativa Española presentó ante la Audiencia Nacional y que la Audiencia Nacional desestimó en su día, sin ni siquiera tomarla en consideración. Y que, por tanto, nadie más puede presentar querellas contra Sánchez Manzano por esos mismos hechos.

O sea, para que ustedes se enteren de la jugada: un mes antes de que la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M presentara su querella en 2009 contra Sánchez Manzano en los juzgados ordinarios, el partido político Alternativa Española (que nunca había emprendido ninguna iniciativa jurídica sobre el 11-M) presenta una querella en la Audiencia Nacional, que es desestimada de inmediato (quince días después). Y dos años más tarde, se utiliza ese hecho por parte de la sección 17 de la Audiencia Provincial de Madrid para dar carpetazo a una causa, la instruida por la juez Coro Cillán, que estaba empezando a irse de las manos.

Ya que no podemos achantar a la juez Cillán difamándola, echamos mano de una sorprendente querella que nadie sabe quién ha instigado y cerramos la causa por la cara.

Y si eso significa dar una nueva bofetada judicial a las víctimas del 11-M, que siguen sin saber quién las convirtió en víctimas, pues no pasa nada.

Cuánto apesta este país, ¿verdad?

Declaración solemne de apoyo a Garzón

9 de Febrero de 2012 - 17:05:31 - Luis del Pino - 62 comentarios

Yo, [PONER AQUÍ EL NOMBRE], ciudadano español, mayor de edad y con DNI [PONER AQUÍ DNI], comparezco ante notario y manifiesto:

1) Mi absoluta indignación por la condena de 11 años de inhabilitación que el Tribunal Supremo ha impuesto al juez Baltasar Garzón, por haber grabado las conversaciones entre abogados e imputados en el curso de la instrucción del caso Gurtel.

2) Aunque haya quien diga que la confidencialidad de las conversaciones abogado-cliente resulta imprescindible para garantizar el derecho de defensa; aunque las leyes establezcan que esa confidencialidad solo puede violentarse en casos muy extremos (como por ejemplo en delitos de terrorismo) y aunque haya quien sostenga que el estado de derecho no puede subsistir si se viola arbitrariamente el derecho de defensa... YO CREO que D. Baltasar Garzón actuó correctamente, porque lo lógico es que el juez intervenga cuando le venga en gana las conversaciones que quiera, aunque la ley diga lo contrario.

3) Por tanto, y como muestra de coherencia, si en el futuro alguien me acusara de cometer algún delito, AUTORIZO EXPRESAMENTE a cualquier juez a grabar las conversaciones que yo mantenga con mis abogados, diga lo que diga la ley vigente.

En [PONER AQUÍ LA CIUDAD], a [DIA] de [MES] de 2012.

Firmado [FIRMAR AQUI]

Hala, muchachotes, los que estáis criticando la condena de Garzón: a firmar la declaración renunciando a vuestros derechos. Mientras no lo hagáis (es decir, mientras  sigáis conservando intactos esos derechos que os parece muy bien que Garzón vulnere cuando se trata de otras personas), no nos deis la plasta, por favor.

Incoherencias, las justas.

Nadie sabe nada

6 de Febrero de 2012 - 20:28:55 - Luis del Pino - 49 comentarios

 

Continúa el desfile de altos cargos de Renfe por el juzgado de la juez Coro Cillán, para tratar de averiguar quién dio la orden de destruir los trenes del 11-M. Hoy le ha tocado el turno al que fuera presidente de la empresa ferroviaria el 11 de marzo de 2004, Miguel Corsini, que ha venido a declarar que a él no le consta que se recibiera ninguna orden de destruir los trenes, pero tampoco de conservarlos. Lo que sí dijo en su declaración es que alguien les autorizó en la tarde del 11-M a "retirar el material ferroviario", aunque no ha aclarado de quién partió esa autorización.

A preguntas de los abogados, Corsini ha insinuado que tampoco él tenía por qué saber todo lo que pasaba en la empresa, y ha dicho que quien llevaba el contacto con las Fuerzas de Seguridad era Manuel Rodríguez Simons, que el 11-M ejercía de Director de Seguridad de Renfe en funciones, ya que el verdadero director, Carlos Román Crespo, estaba de vacaciones.

En una declaración anterior de un testigo ante la juez Coro Cillán, se apuntó a que el juez Del Olmo podría haber transmitido la orden de destruir los trenes a través del responsable jurídico de Renfe, José Luis Marroquín. Preguntado a este respecto, Corsini ha afirmado que José Luis Marroquín no le comunicó nada de ninguna autorización judicial.

Además de Corsini, han declarado también ante la juez Cillán los policías y un empresario que participaron en la destrucción, no de los trenes, sino de los efectos de las víctimas. De esa destrucción de los efectos no reclamados por ninguna víctima ya informamos en su día en Libertad Digital: centenares de objetos que podrían haberse utilizado en la realización de análisis acabaron en la incineradora de Valdemingómez y en una trituradora industrial. Se trata de un hecho escandaloso, pero que al menos está bien documentado: fue el juez Del Olmo quien autorizó la destrucción de esos efectos, a solicitud de la Policía, y sabemos dónde y cuándo se destruyeron, así que esas declaraciones no han aportado ninguna novedad.

Está claro que las comparecencias de hoy no han servido para mucho. Si acaso, para dejar claro que a quien la juez Coro Cillán debería llamar a declarar, para averiguar quién ordenó destruir los trenes, es al que era Director de Seguridad de Renfe, Manuel Rodríguez Simons, y al responsable jurídico, José Luis Marroquín, que son quienes tenían, al parecer, los contactos con la Policía y con el juez.

El Caballero de Hierro

4 de Febrero de 2012 - 11:09:09 - Luis del Pino - 32 comentarios

 

Editorial del programa Sin Complejos del sábado 4/2/2012

A principios de la década de 1970, los sindicatos ingleses constituían un auténtico poder dentro del Estado. Uno de cada dos trabajadores estaba sindicado, fundamentalmente porque para trabajar en ciertos sectores era obligatorio sindicarse. El recurso a la huelga era constante y los piquetes se encargaban de garantizar que esos conflictos laborales fueran secundados por todos los trabajadores de los sectores afectados, e incluso también de otros sectores. Para colmo, la influencia de los sindicatos dentro del Partido Laborista era enorme, lo que contribuía al radicalismo de la izquierda británica.

Fueron los sindicatos los que provocaron el descrédito del primer ministro conservador Edward Heath, que perdió las elecciones en 1974, cediendo el gobierno a los laboristas. Dentro del Partido Conservador, la caída de Heath abrió la puerta a una desconocida Margaret Thatcher, que venía a capitanear la derecha con ideas renovadas.

Cinco años después, en el invierno de 1979, los sindicatos llevaron a Gran Bretaña a un completo caos, paralizando el país con una serie de huelgas que terminaron de convencer a la opinión pública de que había que acabar con el perpetuo chantaje sindical. El hartazgo de los ingleses hizo que Margaret Thatcher obtuviera la mayoría absoluta, pasando el gobierno otra vez al Partido Conservador.

Los sindicatos recibieron a los conservadores con una nueva oleada de huelgas, pero Margaret Thatcher, sin ningún tipo de complejo de inferioridad ante la izquierda, comenzó por cambiar la legislación para quitar a los sindicatos el desmesurado e injustificado poder del que disponían. Se eliminó la obligatoriedad de afiliación, se declararon ilegales los piquetes, se declararon ilegales las huelgas generales y se estableció por ley que todas las huelgas tenían que ser aprobada por votación de los trabajadores afectados, en lugar de ser decididas, como hasta entonces, por la cúpula sindical.

No solo eso. Thatcher utilizó sin reparos a la sección de inteligencia interior del servicio secreto británico, el famoso MI-5, para infiltrar el movimiento sindical y propiciar la desunión, alentando el ascenso de líderes sindicales más moderados.

Tras una nueva victoria por mayoría absoluta en 1983, Thatcher anunció la intención del gobierno de reformar el sector de la minería del carbón, altamente subsidiado, que constituía una auténtica sangría para las arcas públicas británicas. Entre otras medidas, se decidió cerrar 20 pozos improductivos. Los sindicatos reaccionaron convocando una huelga indefinida del sector, dado que el sindicato del carbón era una de las espinas dorsales del movimiento sindical. Para poder resistir una huelga prolongada, los sindicatos contaban con la caja de solidaridad, que permitía pagar a los mineros en huelga un sueldo reducido, que salía de las contribuciones de todos los trabajadores británicos sindicados.

Pero Thatcher aguantó el tipo. Utilizó a la policía con contundencia para mantener abiertos aquellos pozos donde los mineros habían decidido trabajar, emprendió una intensa campaña de convencimiento de la opinión pública para dejar patente el chantaje de los sindicatos y se aprovisionó de carbón en el exterior, para no depender de aquel sector que había quedado paralizado.

A medida que iban pasando los meses, la moral de los huelguistas se iba resquebrajando y poco a poco comenzaron a descolgarse. En marzo en 1985, después de todo un año de huelga indefinida, más del 50% de los trabajadores del sector habían vuelto a las minas, con lo que la huelga se tuvo que dar por concluida. Los sindicatos habían cosechado una derrota sin paliativos y enormemente simbólica, y su poder quedó anulado para siempre. A finales de la década de 1980, la afiliación a los sindicatos había caído a la mitad y ya nunca volvieron a ser el grupo de presión que habían sido, lo que tuvo profundas consecuencias en la economía y en la política inglesas. Por lo pronto, el Partido Laborista se vio libre para adoptar posturas menos radicales, que terminarían haciendo posible, años después, a un dirigente como Tony Blair.

Las primeras medidas adoptadas por Rajoy tras llegar al gobierno incluían una subida de impuestos a los ciudadanos y un recorte de ciertos gastos, que resultó completamente decepcionante, por lo insuficiente. Entre otras cosas, las subvenciones a los sindicatos se recortaron de forma mínima, lo que implica que este año CCOO y UGT recibirán un 20% más de subvenciones que en 2005, año en el que todavía no había empezado la crisis.

Pero lo sorprendente es que esta semana las cámaras indiscretas han grabado a Mariano Rajoy diciéndole a su homólogo finlandés en una reunión europea que la próxima reforma laboral le va a costar una huelga general.

¿Que la reforma laboral le va a costar una huelga general, don Mariano? ¿Nos está usted tomando el pelo?

¡Pero si los sindicatos están a sueldo de usted!

¡Pero si es usted el que los paga, con el dinero de todos nosotros!

¡Pero si son empleados suyos!

¡Si no podrían funcionar sin las subvenciones que usted les entrega!

¿Que le van a montar una huelga general? ¿Y eso le incomoda? Pues entonces ¿por qué les paga para que la monten?

¿Pero a quién quiere usted engañar, hombre de dios? ¿Es que se piensa usted que los españoles nos seguimos creyendo la pantomima sindical?

Si usted quisiera, los sindicatos se acababan mañana, porque no podrían sostenerse mediante las cuotas de unos afiliados que no tienen. Pero estos sindicatos amarillos son muy útiles, ¿verdad, señor Rajoy?

Sirven, por ejemplo, para justificarse ante Bruselas: "Yo querría hacer una reforma laboral más ambiciosa, pero los sindicatos me crucificarían".

Y sirven también para que la base electoral de la derecha acepte tragar con las reformas que usted quiera plantear, por muy injustas que sean y por mucho que hagan pagar la crisis a los españoles de a pie y no a quienes la han provocado: si esos malvados sindicatos dicen que se oponen a las reformas, entonces los votantes de la derecha tendremos que acudir en rescate del pobrecito gobierno acogotado por esos malvados sindicalistas.

Y sirven también para encauzar hacia la más absoluta inanidad las posibles protestas de la base social de la izquierda. ¿Qué mejor, si uno no tiene ganas de que le monten una verdadera huelga, que montar esas huelgas uno mismo, a través de unos sindicatos controlados?

¡Por favor! ¡Déjense de pantomimas! Los sindicatos, don Mariano, son suyos. Usted es el que los mantiene en funcionamiento, a través de subvenciones de todo tipo y condición. Los mantiene en funcionamiento con nuestro dinero, eso sí, pero es usted el que decide transferírselo a ellos.

¿Que le van a montar una huelga? Permítame que me carcajee. Querrá usted decir que van ustedes a escenificar una huelga, de cara a Bruselas y a la opinión pública española, ¿no?

En el Reino Unido, los sindicatos tenían un poder omnímodo, contaban con ingentes recursos propios y gozaban de una total autonomía de acción, pero Margaret Thatcher, la Dama de Hierro, se enfrentó a ellos, les aguantó el pulso y los venció.

Y aquí, don Mariano Rajoy, el Caballero de Hierro, nos viene con la monserga de que está preocupado porque le van a echar un pulso unos sindicatos cuyo funcionamiento se encarga de costear él mismo.

¡No me digan que no es enternecedor! Nuestros gobernantes siguen completamente convencidos de que somos imbéciles.

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