Los enigmas del 11-M

Abril 2010


Trashorras se confiesa

28 de Abril de 2010 - 11:50:48 - Luis del Pino - 78 comentarios

- ¿Te has enterado? Suárez Trashorras acaba de declarar a la Policía que podría identificar a la persona que montó las bombas del 11-M.

-¿Y cómo es posible?

- Pues no sé. Habrá cambiado de opinión y habrá decidido hablar.

- No me refiero a eso. Digo que cómo es posible que pueda identificar al montador de las bombas.

- Hombre, pues porque se lo presentarían en algún momento.

- ¿Pero no me decías que en los trenes del 11-M no se había usado Goma2-ECO?

- ¡Claro que no se usó Goma2-ECO! Si se hubiera usado Goma2-ECO no habría habido necesidad de hacer desaparecer las muestras de los trenes, ni de ocultar los análisis realizados, ni de hacer aparecer mochilas milagrosas o restos de cartuchos de Goma2-ECO en dependencias policiales, ni de montar el circo de la prueba pericial de explosivos durante el juicio...

- ¿Y Suárez Trashorras no se dedicaba a traficar con Goma2-ECO?

- Sí, claro, a eso se dedicaba.

- Entonces, si en las bombas del 11-M no se usó Goma2-ECO, esas bombas no pudieron montarse con la dinamita que Trashorras suministraba.

- Obviamente no.

- Pues entonces, ¿cómo va a saber Trashorras quién montó unas bombas para las que él no suministró el explosivo?

- Eh... ¡Y yo que sé!

- Pues entonces, no me vengas con cosas contradictorias, macho. O Trashorras suministró la dinamita para las bombas, en cuyo caso sí nos podrá decir cosas sobre quién montó las bombas, o no la suministró, en cuyo caso es imposible que sepa quién montó las bombas.

- ¿Y entonces por qué dice eso Trashorras?

- Ni lo sé, ni me importa. Lo único que sé es que, o mantenemos la coherencia lógica, o al final los que vamos a acabar esquizofrénicos como Trashorras somos nosotros.

- ¿Y entonces de Trashorras no se podrá sacar nunca nada de información útil?

- ¡Claro que se podría sacar, pero de aquello que Trashorras verdaderamente conozca! Por ejemplo, nos podría decir a todos por qué en su primera declaración policial aporta una descripción física del supuesto "El Chino" que no se parece en nada a la fotografía que luego reconoce. O por qué se negó en el juicio a hablar de Rachid Aglif. O, si me apuras, nos podría decir quiénes le sugieren ahora que salga a la palestra a continuar diciendo cosas inverosímiles.

- Decididamente, eres un puñetero aguafiestas.

La querella contra Del Olmo

26 de Abril de 2010 - 18:28:44 - Luis del Pino - 36 comentarios

Entradilla al programa Sin Complejos del 25/4/2010

En agosto de 2006, en plena polémica por el tema de los explosivos utilizados en el atentado del 11-M, se producía en Leganés un extraño suceso: un gitano se presentó en comisaría con un paquete, diciendo que alguien se lo había dado como si fuera droga, para que hiciera de correo, pero que, al abrirlo, había visto que se trataba de dinamita Goma2-ECO. Así que había decidido ir a denunciar el asunto.

A partir de ese inicio de historia tan rocambolesco, en las semanas siguientes se desató un culebrón judicial en el que salió a la luz una presunta mafia policial que se dedicaba a cuestiones tales como el tráfico de explosivos y de droga o la simulación de delitos por encargo, para clientes deseosos de vengarse de tal o cual persona.

Y aquel caso tan extraño y tan embrollado le tocó en suerte al juez Del Olmo, que no desperdició la ocasión de protagonizar uno de los mayores escándalos de la instrucción del sumario del 11-M. Porque aquellas investigaciones sobre una presunta mafia policial terminaron derivando en una investigación contra dos policías - Celestino Rivera y Antonio Parrilla - que no tenían relación ninguna con esa mafia. El juez Del Olmo acusó a esos dos policías de pasarle información al periódico El Mundo, les impuso una fianza desorbitada y les hizo pasar casi un mes en la cárcel, cuando el delito del que les acusaba (revelación de secretos) no lleva aparejada más que una pena de multa.

Por supuesto, aquella inexplicable actuación del juez Del Olmo estuvo apoyada por la consabida campaña mediática, que utilizó - ¡cómo no! - al periódico El País para el trabajo sucio. Así, en diciembre de 2006, el periódico El País justificaba - en un editorial titulado "La estrategia del ruido" - que el juez Del Olmo hubiera enviado a la cárcel a los policías Parrilla y Rivera, sugiriendo que éstos estaban implicados en esa presunta mafia policial de tráfico de droga y explosivos y achacándoles, además, una connivencia con el periódico para El Mundo para inventar noticias que vincularan a ETA con el 11-M. O sea, que para el periódico El País los policías Rivera y Parrilla eran unos canallas conspiranoicos que merecían dar con sus huesos en la cárcel.

Al final, los dos policías injustamente encarcelados pudieron salir de prisión porque hubo un sindicato policial, la CEP, que se encargó de su defensa y porque el periódico El Mundo organizó una colecta y se pudo cubrir la fianza.

Dos años y medio después, en mayo de 2009, la Audiencia Provincial de Madrid dictaba una demoledora sentencia en el caso de las investigaciones contra estos dos policías. En concreto, el fallo de la Audiencia dejaba como un trapo al juez Del Olmo, a la Unidad de Asuntos Internos de la Policía y al Ministerio de Interior. Señalaba esa sentencia que al policía Antonio Parrilla se le arrestó sin fundamento alguno, basándose en "presunciones" y "conjeturas"; señalaba también que la Unidad de Asuntos Internos "silenció" y "omitió" datos para conseguir arrestar a los policías Parrilla y Rivera y envió informes "que no respondían a la realidad"; señalaba, en fin, que el juez Del Olmo impuso a esos dos policías fianzas "desproporcionadas" y los mantuvo 24 días en la cárcel por un delito que no sólo no era tal, sino que en caso de haberlo sido tan sólo llevaba aparejada una pena de multa...

La Audiencia Provincial de Madrid dejaba al descubierto, con su sentencia, el infame montaje urdido para encarcelar a dos policías que no tenían ninguna relación con ninguna mafia policial y que tan sólo cometieron el pecado de hablar con Fernando Lázaro, un periodista del periódico El Mundo.

Hoy conocemos, precisamente a través de una noticia publicada por Fernando Lázaro, que los agentes Parrilla y Rivera han presentado ante el Tribunal Supremo una querella por prevaricación contra el juez Del Olmo, y que el Tribunal Supremo ha acordado remitir dicha querella a Murcia, que es donde Del Olmo ejerce ahora de juez.

Es tan palmaria la injusticia que en su día cometió Del Olmo en este caso, imponiendo a esos dos policías fianzas superiores a las que se les imponen a personas acusadas de colaborar con ETA; es tan evidente que se extralimitó en sus funciones, investigando un delito para el que no era competente, que la querella tendrá, muy posiblemente un largo recorrido. Y el juez Del Olmo, que pasará a la Historia como aquél que consiguió embarullar la investigación judicial del 11-M, tendrá que explicar ahora por qué se dedicó a perseguir sañudamente y sin motivo a dos policías por hablar con el periódico El Mundo, en lugar de dedicar su tiempo a cumplir con su obligación de decirnos a los españoles quiénes asesinaron a 193 personas a tres días de unas elecciones generales.

Unas elecciones generales que supusieron, por cierto, el inicio del proceso de descomposición institucional que ahora padecemos.

En defensa del pañuelo

24 de Abril de 2010 - 12:23:57 - Luis del Pino - 84 comentarios

Entradilla al programa Sin Complejos del sábado 24/4/2010

En esta semana, ha saltado a los medios de comunicación la polémica por la decisión de un instituto de Pozuelo de prohibir a una alumna musulmana la asistencia a clase con el pañuelo.

Ante eso, muchas personas han reaccionado invocando el deber que todos tienen de acatar las normas que dicte el instituto, pero se trata de un argumento falaz.

Ante lo que nos encontramos es ante un nuevo intento de coartar las libertades individuales y de expulsar toda presencia religiosa de las aulas. Y el problema debe analizarse desde esa perspectiva.

No estamos hablando de llevar un burka, que oculta todo el cuerpo de la mujer, ni de llevar un velo que te tape la cara, sino de si se puede o no llevar un pañuelo en la cabeza. Y no existe ninguna razón de carácter práctico ni lógico que invite a prohibir el pañuelo, así que se trata de una restricción sin ningún motivo racional. ¿Cuál es el problema porque una niña musulmana lleve un pañuelo en la cabeza? ¿Acaso se crean problemas de identificación? No. ¿Acaso es un símbolo insultante? Tampoco. Entonces, ¿cuál es el problema?

Se argumenta, en favor de la medida, que el pañuelo en la cabeza es un signo de discriminación de la mujer, pero eso no es así. O al menos no lo entienden así muchísimas musulmanas para las que el pañuelo es, simplemente, una tradición. Una tradición, por cierto, que muchas mujeres cristianas siguen conservando en muchos pueblos de España y de la Europa mediterránea. Y permitir que alguien se meta a intérprete de los sentimientos o las voluntades ajenas en materia religiosa, sentando cátedra sobre lo que el pañuelo debe querer significar, es coartar las expresiones de religiosidad en nombre de una uniformidad de pensamiento que atenta contra la libertad individual. Nadie tiene derecho a juzgar a una mujer por llevar voluntariamente el pañuelo islámico, como nadie tiene derecho a juzgar a ninguna persona por santiguarse en público o por asistir a misa los domingos.

Se argumenta también que todo el mundo está obligado a acatar las normas que fijen los colegios escolares. Y no es verdad. Los consejos escolares pueden dictar las normas que quieran, pero sólo en el ámbito de su competencia. Y no cae dentro de la competencia de ningún consejo escolar dictar normas que limiten derechos fundamentales. Un consejo escolar no puede, por ejemplo, prohibir por sus santas narices que los niños estudien en su lengua materna; como tampoco puede dictar los temas de los que los alumnos pueden hablar en sus horas de recreo.

Y no puede por la sencilla razón de que en ambos casos se estarían cercenando derechos fundamentales, como el de ser enseñado en tu lengua materna o el de expresarte libremente. Y los derechos constitucionales sólo pueden ser recortados mediante Ley Orgánica. Y el derecho a llevar símbolos religiosos es un derecho fundamental más. El consejo escolar podrá dictar las normas de uniformidad que quiera, pero esas normas no pueden limitar el derecho de una niña musulmana a llevar el pañuelo, ni impedir a un niño cristiano llevar un crucifijo al cuello.

Como ha recordado ayer el portavoz de la Conferencia Episcopal, la Constitución ampara, en su artículo 16, el derecho a "la libertad religiosa de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público". ¿Afecta al orden público el llevar un pañuelo en la cabeza o un crucifijo al cuello? No. Pues entonces, si alguien quiere limitar ese derecho constitucional, tendrá que elaborar una Ley Orgánica en el Parlamento. Pero ningún consejo escolar puede, por sí mismo, limitar la libertad religiosa de esa niña musulmana.

Como ya saben ustedes, yo soy muy mal pensado. Y me llama poderosamente la atención que esta polémica salte a los medios justo cuando el gobierno está amenazando con su Ley de Libertad Religiosa, que lo que esconde, bajo ese nombre falso, es un intento de arrinconar lo más posible cualquier manifestación de religiosidad.

Caer en la trampa de aplaudir el que un consejo escolar prohíba a una niña musulmana llevar un pañuelo en la cabeza significa dar carta blanca para que mañana los consejos escolares puedan prohibir a otros niños llevar un colgante con un crucifijo. Que es, por cierto, lo que ha pasado en Francia, donde se ha prohibido cualquier tipo de símbolo religioso en las aulas de los colegios públicos.

¡Ya está bien de prohibiciones, hombre! ¡Ya está bien de que nos impongan a golpe de norma un programa de laicización sin respetar siquiera los derechos que la propia Constitución nos otorga como individuos!

Me alegra enormemente que la propia Conferencia Episcopal, como no podía ser menos, salga en defensa de los derechos de esa niña musulmana injustamente tratada en un instituto de Pozuelo.

Creo que ya va siendo hora de que todos - musulmanes y católicos, protestantes y budistas, judíos y ateos - nos unamos para decirle a los impulsores de la laicidad que se metan sus normas por donde les quepan.

Y que saquen sus sucias manos de nuestras conciencias. Porque no les hemos dado derecho a decidir por nosotros como vivir nuestra religión o nuestra falta de religión.

Bajo llave

18 de Abril de 2010 - 11:28:36 - Luis del Pino - 89 comentarios

Entradilla al programa Sin Complejos del sábado 17/4/2010:

La palabra cónclave, que designa la reunión de cardenales encargada de elegir nuevo Papa, viene del latín "cum clave", "bajo llave".

A la muerte del Papa Clemente IV en 1268, el colegio cardenalicio se reunió en la ciudad italiana de Viterbo para elegir un nuevo Sumo Pontífice. Pero, como ya había sucedido en ocasiones anteriores, las discusiones entre las facciones políticas del momento (en aquel caso, entre los cardenales de la facción francesa y de la facción italiana) hicieron que la elección se eternizara.

Finalmente, y después de tres años de deliberaciones, el elegido fue Teobaldo Visconti, que ni siquiera era sacerdote y que fue ordenado el 19 de marzo de 1271 y consagrado obispo de Roma 8 días después, adoptando el nombre de Gregorio X.

El nuevo Papa, para evitar el espectáculo en que las reuniones del colegio cardenalicio habían degenerado, reguló mediante una serie de normas draconianas las futuras elecciones. Así, Gregorio X estableció que, a la hora de elegir nuevo Papa, se encerrara a los cardenales bajo llave ("cum clave") en un recinto cerrado, en el que sólo dispondrían de un único sirviente y no contarían con habitación individual. La comida se les suministraría por un ventanuco y a partir del tercer día de cónclave sólo tendrían derecho a una comida al día. Y si el cónclave se prolongaba más de cinco días, los cardenales se verían sometidos a dieta de pan y agua. Además, todas las rentas eclesiásticas de los cardenales pasarían a engrosar las arcas de la Iglesia mientras el cónclave durara.

Aquellas normas tan estrictas vinieron a acabar con las inacabables discusiones y los eternos empates que habían transformado la elección de los Papas un espectáculo tan poco edificante.

Ayer conocíamos que el Tribunal Constitucional ha vuelto a fracasar en su intento de llegar a una sentencia sobre la inconstitucionalidad del Estatuto de Cataluña. ¡Cuatro años llevan ya debatiendo sus señorías, divididas en dos bandos irreconciliables! ¡Cuatro años durante los que María Emilia Casas, y su ponente de cámara, Elisa Pérez Vera, han intentado por todos los medios colar hasta cinco borradores sucesivos, con los que se aprobaba el grueso del anticonstitucional estatuto, realizando así una reforma constitucional encubierta sin que los españoles podamos siquiera opinar sobre esa reforma! ¡Cuatro años en los que el gobierno autónomo catalán ha continuado legislando, en aplicación de una acelerada política de hechos consumados! ¡Cuatro años que han visto el paulatino recorte de derechos constitucionales de todos los españoles, mientras todas las instituciones, y en especial el Tribunal Constitucional, permiten y consienten!

El espectáculo protagonizado por las instituciones de este régimen que murió un 11-M y cuyo cadáver empieza a apestar, resulta ya dantesco. Con un poder ejecutivo que no sólo no ha hecho nada por defender los derechos de los españoles, sino que puso todo su empeño en sacar adelante ese Estatuto que los conculca; con un poder legislativo que se ha convertido en la simple correa de transmisión del ejecutivo; con un poder judicial sometido a los criterios de reparto impuestos por los partidos; y con un cuarto poder, la prensa, que hace mucho que renunció a su labor de control y de denuncia de los otros tres poderes, los españoles no tenemos ya quien nos defienda.

Quizá debiéramos empezar a plantearnos si no sería hora de adoptar esa norma aprobada por la Iglesia católica hace 735 años, para evitar el bochornoso espectáculo de los debates eternos, con los que no se intenta otra cosa que perpetuar el reparto de poderes decidido en los despachos, al margen de la ciudadanía.

Quizá fuera bueno encerrar bajo llave, en algún recinto cerrado, a los miembros del Tribunal Constitucional, que tienen la obligación de velar por la constitucionalidad de las leyes; y a esos senadores y diputados que tienen la obligación de legislar de acuerdo con la Constitución; y a los miembros de ese gobierno que controla el Boletín Oficial del Estado; y a ese Monarca que tiene atribuida la constitucional potestad de moderar y arbitrar el funcionamiento de las instituciones.

Quizá fuera bueno encerrarles a todos, como a los cardenales en tiempos, bajo llave; a dieta de pan y agua; sin derecho a habitaciones individuales. Y con sus sueldos embargados hasta que se den cuenta, de una maldita vez, de que ninguno de ellos tiene el más mínimo derecho a conculcar, ni a permitir que se conculquen, los derechos de los ciudadanos, como se vienen conculcando con el Estatuto de Cataluña desde hace cuatro años.

Rubarcada

12 de Abril de 2010 - 22:44:17 - Luis del Pino - 106 comentarios

"El PP defiende a sus repugnantes". Así ha contestado Rubalcaba a las palabras de Francisco Alvarez Cascos denunciando la existencia de una camarilla policial dedicada a fabricar pruebas falsas en el caso Gurtel.

Supongo que, con lo de "repugnantes", se refiere Rubalcaba a aquellos miembros del PP que están imputados en las investigaciones relacionadas con la presunta trama de corrupción dirigida por Correa. Es decir, los "repugnantes" del PP serían, a ojos de Rubalcaba, el bidimitido tesorero Bárcenas; ese Sepúlveda que según Cospedal sigue siendo trabajador del partido y Merino, amén de varios alcaldes de diversos pueblos madrileños.

E imagino que, si el señor Rubalcaba los califica de"repugantes", es porque le producen repugnancia.

Finalmente, deduzco que si al ministro de Interior le producen repugnancia esos señores no es por motivos personales, ni porque sean del PP (ya que entonces le causaría repugnancia todo miembro del partido), ni porque se trate de personas poco aseadas o extremadamente feas, sino porque su presunta implicación en una trama de corrupción es algo que le repugna.

De donde concluyo que Rubalcaba no podrá sino experimentar repugnancia ante la sola presencia de alguien presuntamente implicado en una trama de corrupción.

Lo cual les confieso que me ha dejado hondamente abatido. Porque cualquiera que sienta una mínima empatía para con el prójimo no podrá sino sentirse conmovido, pensando en lo enormemente dura que ha tenido que ser la vida de este hombre.

¿Puede alguien imaginar lo que sufriría el señor Rubalcaba entre 1983, fecha en la que le nombran Secretario de Estado de Educación en el  primer gobierno de Felipe González,  y su salida del Ministerio de la Presidencia en 1996? ¡Trece  años, trece, obligado a formar parte de un Gobierno bajo el que la corrupción, esa cosa que tanta repugnancia le produce a Rubalcaba, se convirtió en un mal endémico en nuestro país, con nuevas revelaciones casi a diario que, cuando no afectaban a un ministro, afectaban a un senador o a un compañero secretario de estado y, cuando no, al propio gobernador del Banco de España, al director de la Guardia Civil o a diversos dirigentes de su propio partido!

¿Se imaginan lo que es tener que estar venciendo la repugnancia durante trece largos años?

Y lo verdaderamente impresionante, en el sentido más emotivo del término, no es que el señor Rubalcaba se viera obligado a vencer su profunda repugnancia. ¡Es que además lo hizo dando muestras de una entereza que sólo está al alcance de muy pocas personas! Porque jamás en esos trece años se escapó de su boca una queja; jamás le oímos confesar que la repugnancia le ahogaba; nunca flaqueó, ni dejó que el asco le distrajera de las misiones encomendadas. O sea: encima de sufrir, supo hacerlo en silencio.

¿Se dan ustedes cuenta de por qué estoy conmovido? ¿Se imaginan ustedes el ímprobo esfuerzo con que nuestro actual ministro de Interior vencería cada mañana, a lo largo de esos trece años, las intensas arcadas que forzosamente le asaltarían, al verificar en los periódicos la ración diaria de corruptelas y chanchulletes que afectaban a tantos compañeros de partido a los que él quería?

¿Cómo quieren que no le quiera y le admire yo a él? Nadie como Rubalcaba llevaría el sentido del deber hasta tan lejos.

Otros, más pusilánimes, habrían sido incapaces de ocultar sus arcadas trece largos años y hubieran dado el espectáculo.

Y eso sí que hubiera sido repugnante, ¿verdad?

Omagh

7 de Abril de 2010 - 21:44:04 - Luis del Pino - 368 comentarios

El atentado de Omagh tuvo lugar el 15 de agosto de 1998 y provocó la muerte de 29 personas y heridas a otras 220.

Fue la mayor masacre terrorista que ha tenido lugar en Irlanda del Norte. Un atentado indiscriminado de gran magnitud contra la población civil. Nunca había sufrido Gran Bretaña un atentado tan atroz.

El atentado no fue reivindicado inmediatamente, pero la Policía señaló casi de inmediato como responsable al IRA Auténtico, una escisión del IRA que había nacido diez meses antes, cuando Michael McKevitt y Bernadette Sands crearon un IRA "duro" frente a la corriente mayoritaria de la organización terrorista, a la que acusaban de "blanda".

El principal dato para atribuir el atentado tan rápidamente al IRA Auténtico fue que, justo quince días antes, ese grupo terrorista había hecho estallar un coche bomba con más de 200 kg de explosivo en Banbridge, aunque sin víctimas mortales.

El atentado de Omagh despertó una gran oleada de indignación tanto dentro como fuera de Irlanda del Norte. El IRA "blando" y su brazo político, el Sinn Fein, condenaron el atentado.

La masacre se la atribuyó tres días más tarde, en efecto, el IRA Auténtico, en un comunicado en el que achacaba la responsabilidad a las fuerzas de seguridad por no haber desalojado a tiempo y en el que pedía disculpas "a los civiles".

A pesar de que las responsabilidades parecían claras, las investigaciones policiales estuvieron viciadas desde el principio. A la confusión de las investigaciones y de los juicios criminales contribuyó, en no poca medida, la intervención de dos jurisdicciones policiales y judiciales distintas: la de Irlanda del Norte y la de la República de Irlanda, duplicidad que permitió que todo se diluyera en un marasmo de confusión y que los juicios fracasaran estrepitosamente, para indignación de las víctimas.

Concretamente, el 22 de septiembre de 1998 se detuvo a 12 personas, que quedaron en libertad sin cargos. Posteriormente, el 25 de febrero de 1999, se detuvo a otros siete sospechosos.

Sólo uno de esos sospechosos, Colm Murphy, fue sometido a juicio y condenado en primera instancia, el 23 de enero de 2002, acusado de haber suministrado dos teléfonos móviles para el atentado.

Sin embargo, la condena de ese único acusado fue revocada en enero de 2005: el Tribunal de Apelaciones ordenó repetir el juicio, al dictaminar que dos policías (Liam Donnelly y John Fahy) habían falsificado las actas de los interrogatorios de Murphy. Los peritos demostraron, por análisis electrostático, que se había añadido una hoja a esas actas.

Los dos policías fueron sometidos a juicio en Dublin en 2006, pero fueron absueltos de los cargos de perjurio, al dictaminar el juez que la acusación no había podido acreditar la cadena de custodia de esas actas de interrogatorio, ni de los documentos del propio análisis electrostático.

En el juicio de revisión (febrero de 2010), Murphy fue también absuelto.

Al igual que fue absuelto su sobrino Sean Hoey en 2007, acusado de haber montado el coche bomba de Omagh. El juicio de Sean Hoey en 2007 duró diez meses y fue uno de los mayores juicios por asesinato celebrados en el Reino Unido. En la sentencia absolutoria, el juez pidió que se abriera una investigación contra otros dos policías por posible falso testimonio. Ambos policías fueron exonerados de cualquier cargo en 2009, tras una investigación no judicial.

Como consecuencia de semejante cúmulo de despropósitos, no hay nadie condenado por vía penal en relación con la mayor masacre terrorista que ha sufrido Irlanda del Norte.

Las víctimas de la masacre, ante el fiasco de las investigaciones oficiales, ya habían decidido emprender acciones por la vía civil a partir de octubre de 2000, consiguiendo en junio de 2009 que se condenara a cuatro miembros del IRA Auténtico (Michael McKevitt, Liam Campbell, Colm Murphy y Seamus Daly) a pagar 1,6 millones de libras esterlinas de indemnización.

Esa movilización de las víctimas motivó una investigación de la Defensora del Pueblo de Irlanda del Norte, que dictaminó en diciembre de 2001 que las investigaciones policiales habían sido defectuosas y que es posible que se actuara negligentemente al haber ignorado avisos previos.

Y surgieron supuestos confidentes policiales o de los servicios de inteligencia (Kevin Fulton, Paddy Dixon) que aseguraban que "habían avisado" y que se ignoraron sus avisos. Uno de esos confidentes, Paddy Dixon, está acogido a un programa de protección de testigos en la República de Irlanda.

El 15 de septiembre de 2008, la BBC emitió un documental en el que se afirmaba que las conversaciones telefónicas de los terroristas de Omagh estaban siendo grabadas mientras transportaban los explosivos hasta su destino.

Las investigaciones periodísticas sobre la masacre de Omagh están, como puede verse, en la fase de analizar si el atentado pudo tener lugar debido a una monumental negligencia de las Fuerzas de Seguridad.

Sea como sea, lo cierto es que, a fecha de hoy, seguimos sin saber qué ocurrió en aquel atentado.

Lo único que sabemos a ciencia cierta son los efectos políticos que aquel atentado tuvo: allanar rápidamente los obstáculos que hasta el momento habían hecho imposible el proceso de paz en Irlanda del Norte.

Las familias de algunas víctimas del atentado continúan luchando para que algún tribunal internacional intervenga y arroje algo de luz allí donde la justicia británica y la irlandesa han fracasado.

En un informe presentado por esas familias a la Cámara de los Comunes inglesa en marzo de 2009, las víctimas denunciaban cómo a la persona que confesó haber robado el coche que se utilizó para el atentado ni siquiera se la llegó a someter a juicio por robo.

Curiosidades

1 de Abril de 2010 - 18:17:41 - Luis del Pino - 262 comentarios

¿Sabe usted de dónde viene la palabra "quilate", que se usa habitualmente al hablar del peso de las piedras preciosas o de la pureza del oro y la plata?

La palabra quilate deriva del término griego keration, que quiere decir "algarroba". Las semillas de la algarroba suelen tener un peso relativamente constante, de unos 0,19 gramos, así que en la antigüedad se usaban semillas de algarroba para "pesar" las piedras preciosas. De ese modo, cuando alguien decía que un diamante era de 40 quilates, lo que estaba diciendo es que pesaba lo mismo que 40 semillas de algarroba, es decir, 40*0,19 = 7,6 gr. En la actualidad, el peso del "quilate" se ha redondeado, y ahora se lo considera equivalente a 0,2 gr. Por ello, 40 quilates modernos son equivalentes a 8 gr de peso.

Los árabes adoptaron el término keration empleado por los griegos, transformándolo en "quirat", que en español dio lugar a "quilate" y en francés a "carat".

En relación con el oro y la plata, el término "quilate" tiene un significado bastante distinto. A diferencia de lo que sucede con las piedras preciosas, el "quilate" del oro y la plata no es una unidad de peso, sino que indica la "pureza" del metal. El oro puro tiene, por definición, 24 quilates, mientras que el oro con impurezas tendrá un número de quilates menor. No existe oro ni plata de más de 24 quilates, por la sencilla razón de que 24 quilates representan la pureza total.

¿Y de dónde viene ese uso del término quilate, tan diferente del uso que se hace al hablar de piedras preciosas? Pues, de nuevo, el origen es la misma palabra griega "keration", pero con unas vicisitudes históricas distintas.

En la época del Imperio Romano, se adoptó esa unidad griega de peso llamada keration, equivalente a 0,19 gr. y que se utilizaba en todo el Mediterráneo oriental, aunque en latín se le dio a esa unidad de peso el nombre de "silicua". El emperador Constantino el Grande, como parte de sus reformas, definió la moneda de oro denominada "sólido áureo", cuyo peso debía ser de 24 silicuas (es decir, 24 quilates de peso). Y, con el paso del tiempo, ese número de "24 quilates" perdió su significado de "peso" para pasar a ser usado como expresión de la pureza relativa del oro.

Por cierto, para aquellos que se pregunten de dónde sacaron los ingleses un sistema de división monetaria y un sistema de medidas de peso tan absurdos como los que tenían antes de adoptar el sistema métrico decimal, la respuesta es muy sencilla: los ingleses conservaron los sistemas tradicionalmente empleados en Roma. La libra (como unidad de peso o como unidad monetaria) y la onza (un doceavo de libra) se usaban ya en tiempos de los romanos.
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