Diciembre 2009
31 de Diciembre de 2009 - 12:59:45 - Luis del Pino - 210 comentarios
En el juicio contra los oficiales del ejército que intentaron asesinar a Hitler el 20 de julio de 1944, el juez que presidía el tribunal dominó todo el proceso de principio a fin. El fue el único en realizar preguntas, en responderlas y en juzgar cada aspecto del caso. Fue requiriendo a los acusados, uno por uno, que confirmaran las acusaciones, porque, como el propio juez explicó, el juicio no se celebraba para determinar la culpabilidad de nadie ("Eso ya lo sabemos"), sino para que el crimen quedara patente delante de la opinión pública.
The Holocaust's ghost: writings on art, politics, law, and education
F.C. DeCoste y Bernard Schwartz
En 1948 se celebró en Nuremberg el juicio contra diversos miembros de la administración de Justicia alemana durante la época nazi. Si los nacional-socialistas ocuparon todos los resortes de poder en Alemania fue, en parte, con la activa complicidad de los jueces, cuyo comportamiento entre 1933 y 1945 fue, en general, execrable. Muchos jueces alemanes abrazaron con entusiasmo, bien por afinidad ideológica, bien por interés, la causa de Adolf Hitler. Otros, se unieron al partido nazi con resignación, por miedo a que sus carreras quedaran truncadas. Casi todos los restantes, se limitaron a aplicar leyes inicuas sin hacerse demasiadas preguntas y sin cuestionar demasiado su propia responsabilidad moral.
En aquel juicio de Nuremberg sólo se sentó en el banquillo un pequeño número de jueces alemanes. Tan sólo se procesó a algunos de los que más activamente habían colaborado con el régimen nazi, por ideología o por interés, en asesinatos revestidos de una falsa apariencia de legalidad.
Un ejemplo paradigmático de aquéllos que participaron de forma activa y entusiasta en la persecución contra polacos o judíos es el de Oswald Rothaug, presidente de la Corte de Distrito de Nuremberg. En una sentencia particularmente siniestra (una entre muchas), Rothaug condenó a muerte a Leo Katzemberger, jefe de la comunidad judía de Nuremberg, en aplicación de las leyes raciales que prohibían las relaciones sexuales entre judíos y arios. Como prueba de que Katzemberger había violado esas leyes, se aportó el testimonio de una persona que dijo haber visto a una chica alemana de 19 años... ¡sentada en las rodillas del judío! Aún así, la condena que correspondía por violar ese precepto concreto de las leyes raciales era la cadena perpetua, pero el juez Rothaug argumentó que Katzemberger y su amante alemana aprovechaban para sus encuentros amorosos los apagones que se llevaban a cabo durante los ataques aéreos, y condenó a muerte a Katzemberger aplicando un agravante que preveía la muerte para aquéllos que "sacaran partido de los esfuerzos de guerra".
Un ejemplo del segundo tipo de jueces, los que abrazaron la causa nazi por interés y no por identificación ideológica plena, es el de Franz Schlegelberger, que llegó a desempeñar diversos cargos en el Ministerio de Justicia alemán entre 1931 y 1942. Schlegelberger fue un extraordinario jurista y era un hombre enormemente respetado dentro de su profesión. Alegó en su defensa, durante el juicio de Nuremberg, que estaba obligado, como juez, a aplicar las leyes emanadas de los órganos correspondientes; que sólo se afilió al Partido Nacional Socialista en 1938 porque le obligaron a ello y que intentó mitigar en la medida de lo posible los efectos de las leyes nazis. Y para explicar por qué no renunció antes a sus cargos, adujo que, si lo hubiera hecho, otro peor habría ocupado su lugar (cosa que efectivamente sucedió cuando finalmente renunció a su cargo en 1942).
Pero el tribunal le condenó a cadena perpetua (posteriormente sería liberado en 1951) argumentando que nadie puede aplicar leyes que son manifiestamente injustas. El tribunal consideró que el hecho de que Schlegelberger aceptara ocupar un alto cargo en el Ministerio de Justicia alemán contribuyó a legitimar a un régimen sanguinario. Y, si bien reconoció que el acusado hizo intentos por suavizar la aplicación de las leyes nazis, le condenó porque no tuvo reparo en estampar su firma en sentencias aberrantes cuando el gobierno nazi le presionó para que lo hiciera; por ejemplo, en la sentencia donde se condenaba a muerte a un judío por "acaparar huevos" o en la sentencia en la que se absolvía a un policía de agredir a un judío "porque la condena hubiera sido perjudicial para la moral de la Policía".
Pero al lado de los Rothaug y de los Schlegelberger, y a pesar de la sumisión casi total de la judicatura al régimen nacional-socialista, también hubo jueces (muy pocos, es verdad) que abandonaron su profesión para no ser cómplices de los crímenes nazis. E incluso hubo algunos (poquísimos) que se atrevieron a continuar actuando como verdaderos jueces y a seguir los dictados de su conciencia. Mientras les dejaron.
Uno de esos héroes poco conocidos es Lothar Kreyssig, que ocupaba el cargo de juez en la ciudad de Brandemburgo. Profundamente cristiano, Kreyssig se atrevió a desafiar en público al régimen nazi en diversas ocasiones, abandonando por ejemplo una ceremonia judicial en la que se iba a descubrir un busto de Hitler; o protestando por las sanciones contra tres magistrados que no aplicaban con suficiente contundencia las leyes raciales, o criticando en voz alta esas mismas leyes aberrantes.
Al enterarse de que los enfermos del hospital mental de la ciudad estaban siendo sacados en secreto de la institución para ser eliminados, o para ser enviados a campos de concentración, Kreyssig dictó un auto ordenando la inmediata interrupción de aquellas prácticas y abrió una investigación. Las autoridades nazis le presionaron para que cerrara aquel sumario, pero Kreyssig se negó. Presentó contra los nazis una acusación formal de asesinato de personas mental o físicamente discapacitadas, ordenó que se paralizaran los programas de aplicación de las leyes de eutanasia nacional-socialistas y amenazó con abrir proceso al propio Heinrich Himmler, impulsor de esas medidas.
La consecuencia, evidentemente, fue que el Ministro de Justicia (que por aquel entonces era Franz Gurtner) apartó a Kreyssig de la carrera judicial, jubilándole anticipadamente. Sin embargo, los nazis no se atrevieron a adoptar contra Kreyssig medidas más contundentes, para no provocar una reacción en el estamento judicial que, aunque mayoritariamente pronazi, seguía siendo enormemente corporativista.
Los ejemplos de Rothaug, Schlegelberger y Krayssig ilustran que en todas las épocas hay gente de todo tipo. Hay gente abiertamente perversa. Hay mucha gente que es simplemente ruin o egoísta. Hay muchísima gente que simplemente es acomodaticia o se deja vencer por el miedo. Pero siempre hay también, incluso en las más difíciles de las circunstancias, algunos hombres buenos, capaces de jugárselo todo por defender lo que es justo.
P.D.: Feliz Año 2010 para todos los lectores.
30 de Diciembre de 2009 - 12:27:54 - Luis del Pino - 94 comentarios
El Partido Popular se ha embarcado en una
guerra interna a cuenta del agua del Tajo, así que me he permitido hacer unos cuantos cálculos, a ver si alguna mente preclara en Génova 13 termina por recordar que lo que falta en este país no es agua precisamente. Y que esa guerra del agua no tendría por qué existir:
La innecesaria guerra del agua
En cuanto a las últimas declaraciones de Rubalcaba comunicándonos que ETA podría atentar de un momento a otro, creo que resulta imprescindible recordar las palabras de Rubalcaba el 8 de mayo de este año (es decir, hace siete meses):
Rubalcaba (ABC 8/5/2009): "Si hoy tuviéramos que celebrar unos Juegos Olímpicos podríamos ofrecer la absoluta seguridad de que ETA tampoco se haría presente".
Entonces, señor ministro, si en mayo estaba usted en condiciones de garantizar que ETA no podría atentar, ¿por qué no está usted en condiciones de garantizarlo ahora?
O mentía usted en mayo, o miente usted ahora.
O a lo mejor resulta que no mentía usted ni en mayo ni ahora, en cuyo caso lo que me gustaría es que nos explicara a todos los españoles quién tiene el botoncito para activar y desactivar a ETA a voluntad y a quién le interesa que ETA se haga ahora otra vez presente. Porque llevamos 40 años con la misma monserga y esto empieza a ser insufrible.
Y, de paso, ¿podría usted explicarnos qué porcentaje del dinero que ETA vaya a utilizar para cometer esas "acciones espectaculares" de las que usted habla, proviene de los presupuestos municipales de esos ayuntamientos gobernados por ANV que ustedes se niegan a disolver?
Es simple curiosidad. Gracias anticipadas.
26 de Diciembre de 2009 - 16:38:01 - Luis del Pino - 278 comentarios
El pasado día 21 de diciembre, Gabriel Moris publicaba un artículo en Libertad Digital haciendo un repaso de diversas noticias que hemos conocido en las últimas semanas, directa o indirectamente relacionadas con los atentados del 11 de marzo.
Recordaba Gabriel en su artículo, titulado "L
a deuda pendiente", algo que a veces se nos olvida: que "dado el silencio institucional sobre el tema, a nosotros, las víctimas, los que pensamos que la investigación del 11-M está por realizar, nos parece que todo ello [la publicación de noticias sobre el 11-M] puede representar, al menos, que el 11-M no se ha logrado olvidar por completo".
Efectivamente, seguimos sin saber quién cometió el 11-M, lo que quiere decir que quienes llevaron a cabo la masacre han conseguido uno de sus principales objetivos: quedar impunes, aunque sea de momento. Pero al menos han fracasado en otra de sus pretensiones: conseguir que el 11-M se olvidara, lo que les hubiera garantizado la impunidad perpetua. Tiene razón Gabriel en su observación: la publicación de noticias sobre los atentados del 11 de marzo tiene, en si misma, e independientemente del contenido concreto de esas noticias, dos efectos principales: representa una esperanza para las víctimas de la masacre y para los ciudadanos que no están dispuestos a olvidar, y constituye un nuevo mazazo para los que pretendieron desterrar el 11-M al baúl de los recuerdos.
Publica hoy, por su parte, José Antonio Baonza, miembro del Instituto Juan de Mariana, un acertado análisis jurídico sobre el último auto de la Audiencia Nacional en el que se desestimaba la solicitud de diligencias presentada por la familia Moris, para intentar averiguar los explosivos que se usaron en los trenes del 11-M. El artículo, titulado "
Cosa juzgada y cubrir el expediente", resalta la ausencia de rigor jurídico con la que la Audiencia ha vuelto a rechazar seguir investigando un aspecto (el de los explosivos) que está lejos de quedar aclarado en las sentencias del 11.M, aún cuando nos creyéramos a pies juntillas la versión oficial.
La verdad es que a veces tiene uno la sensación, viendo la desfachatez con que actúan determinados poderes públicos en este tema, de estarse dando de cabezazos contra un muro imposible de romper.
Sin embargo, tal como recuerda Gabriel, es posible que cada uno de esos pequeños cabezazos represente una esperanza en sí mismo.
25 de Diciembre de 2009 - 12:58:46 - Luis del Pino - 93 comentarios
Michael Crichton, fallecido en 2008 y autor de numerosas obras de ficción de enorme éxito, como Parque Jurásico, publicó en 2004 una excelente novela titulada "Estado de miedo", en la que denunciaba la falsedad de las teorías del calentamiento global. La novela - tan documentada desde el punto de vista de los datos que resulta casi un ensayo - , originó un considerable debate científico, porque era la primera vez que alguien con tanta repercusión en la opinión pública se atrevía a poner al descubierto a los farsantes del cambio climático.
Pero quizá uno de los aspectos más interesantes de la novela sea la tesis de fondo que plantea: que ese tipo de teorías catastrofistas no responden a un simple afán de lucro de personas deseosas de aprovechar las jugosas subvenciones públicas dedicadas a la "investigación" del cambio climático. Lo que Michael Crichton sostenía (aunque sin entrar a desarrollarlo con demasiada profundidad) es que el catastrofismo del cambio climático no es más que una medida (otra más, entre muchas) destinada a imponer el "estado de miedo" en la opinión pública, con el fin de forzarla a aceptar restricciones en las libertades que jamás aceptarían en condiciones normales.
No he podido evitar acordarme de la novela de Michael Crichton al leer el texto íntegro del mensaje navideño del Rey, uno de cuyos párrafos merecería formar parte del catecismo de los impulsores del "estado de miedo":
Vivimos tiempos complejos y difíciles. El Siglo XXI va a cumplir su primera década. El mundo es más global en sus posibilidades -gracias a las comunicaciones y a los avances tecnológicos-. Más global también en sus desafíos -que desbordan las fronteras nacionales-. Desafíos que van desde la lacra del terrorismo, la crisis económica o el cambio climático, hasta las pandemias o el narcotráfico. Todos ellos requieren de la acción conjunta de los Estados.
"Esos desafíos requieren la acción conjunta de los estados". Y, aunque no se diga explícitamente, requerirán, por supuesto, que las opiniones públicas acepten los sacrificios y las restricciones de libertades necesarios para enfrentarse a esos desafíos.
Si yo le dijera a mi vecino que voy a escuchar todas sus conversaciones telefónicas, que le voy a prohibir utilizar su coche más de dos horas al día o que pretendo quitarle unos centenares de euros al mes, lo más probable es que mi vecino se me riera en las barbas. Pero si le digo que la amenaza del terrorismo requiere tener acceso a las conversaciones telefónicas de todo el mundo, que la posibilidad de una catástrofe climática obliga a que nadie use su coche más de dos horas diarias y que para evitar que la crisis se ahonde tenemos que dedicar dinero público a rescatar entidades bancarias, la cosa cambia. Induciendo un grado de miedo suficiente, hay gente dispuesta a aceptar incluso que le roben, que le espíen o que le impongan todo tipo de prohibiciones.
El recurso al miedo no es algo novedoso. Casi todos los estados han empleado el miedo, a lo largo de la Historia, para justificar la existencia o afianzar la posición de quienes los gobernaban: el miedo a los enemigos exteriores, el miedo a las revoluciones interiores, el miedo a las perversas innovaciones derivadas de la libertad de pensamiento, el miedo a lo desconocido, el miedo al hambre, ... Siempre se puede echar mano de alguna amenaza, real o inventada, de la que la pobre gente sólo puede protegerse aceptando que les gobiernen quienes tienen el poder: el miedo como uno de los factores principales de legitimidad política. De hecho, cabría hacerse la pregunta de si puede existir "poder" político sin el miedo.
Cuando un gobernante ostenta al poder absoluto, es el miedo al propio gobernante el que mantiene sujeta a la sociedad. Cuando el poder se diluye o debilita, cuando el recurso a la represión directa no es posible, entonces pueden utilizarse otros miedos - como el miedo a los enemigos exteriores que antes mencionábamos - para forzar a la opinión pública a comprar "protección" de forma voluntaria.
¿Qué sucedería si desaparece el miedo, todo miedo? Pues que sería imposible que ningún gobernante fuera el líder, el conductor, el conducator, el duce o el führer. Al no hacer falta protección, no hacen falta protectores. Y los gobernantes quedan reducidos al mero papel de gestores: empleados públicos, empleados "del público", a los que les exigiríamos lo mismo que a cualquier otro empleado.
En el terreno internacional, resulta curioso que, nada más venirse abajo la amenaza comunista, por el colapso de la Unión Soviética, inmediatamente aparezca la amenaza del terrorismo islámico internacional, para sustituir al enemigo anterior, ya desaparecido. Y lo que resulta no curioso, sino directamente alarmante, es que la sociedad americana (y también de otros países occidentales, incluido el nuestro) haya aceptado, a causa de la existencia de ese nuevo enemigo, restricciones en las libertades que no aceptó ni siquiera cuando el enemigo comunista estaba en su apogeo. A este respecto, cabría analizar el curioso efecto de que, cuanto más difuso e inconcreto es un enemigo, más irracional (y, por tanto, más potente) es el miedo que suscita.
Pero no se preocupen ustedes, que aún nos espera lo mejor. Ya nos anuncian que la crisis económica, el cambio climático o las pandemias se unen al terrorismo para seguir justificando, en pleno siglo XXI, la existencia, los privilegios y la capacidad de intervención de nuestros gobernantes. Así que a sacrificarse (aún más) tocan.
¡Vivan las cadenas, coño!
21 de Diciembre de 2009 - 11:11:36 - Luis del Pino - 245 comentarios
24 de febrero de 2005. Cinco y media de la tarde. Debate en el Parlamento autonómico catalán sobre el hundimiento del barrio de El Carmelo, con acusaciones cruzadas entre PSC y CIU, que se echan mutuamente la culpa del desastre.
Inicialmente, es Joaquim Nadal el que se encarga de dar explicaciones por parte del gobierno tripartito, pero Artur Mas utiliza sus intervenciones para provocar a Maragall, exigiéndole que sea él el que suba a la tribuna.
Después de la tercera intervención de Mas, Pasqual Maragall termina por entrar al trapo y saltar al ruedo y, en un momento determinado, dirigiéndose a Artur Mas, le espeta: "Ustedes [CIU] tienen un problema. Y ese problema se llama 3%".
Entre el comprensible barullo parlamentario, Artur Mas toma la palabra y le contesta "... Usted ha perdido completamente los papeles. Si el presidente de la Generalitat hoy tiene que acabar este turno parlamentario de esta manera, usted ha perdido completamente los papeles. Usted ha perdido completamente los papeles, señor Maragall. Si era por eso, realmente se podía haber ahorrado esta intervención. Yo le pediría, señor Maragall..., señor Maragall, le pediría ... (voces de fondo), le pediría una cosa, y se lo digo también con toda la modestia y espero que con toda la corrección y con todo el respeto: entre ustedes y nosotros en estos próximos meses tenemos que hacer cosas muy importantes al servicio de este país, no lo olvide. Para hacer estas cosas importantes es muy necesario que un cierto círculo de confianza entre ustedes y nosotros siga existiendo, y que este círculo de confianza, que no es de amistad, pero es de confianza política, de intentar hacer cosas juntos al servicio de nuestro país y de su gente, de la gente del Carmel y de mucha otra gente, que eso no se rompa. Y con su última intervención eso se rompe definitivamente. Usted manda la legislatura a hacer puñetas. Supongo que es consciente. Y, por lo tanto, le pido, formalmente, con modestia y con pleno respeto, que usted retire esta última expresión y que podamos volver a restablecer este mínimo de confianza que nuestro país necesita."
Ante esa respuesta, Maragall recula y le contesta, de forma casi inmediata: “Honorable señor diputado, accedo a su demanda. Pero accedo a su demanda por una sola razón, porque usted acaba de decir una cosa muy importante, que interesa más al país que todo lo que nos ha dicho antes. Y eso tan importante es que Cataluña se enfrenta a cosas muy importantes que hay que hacer y espero de usted y de su grupo que estén en condiciones de hacer frente efectivamente a su parte de esa obligación en los meses que vendrán, en los cuales se jugará el Estatuto de Cataluña, la Constitución española y, en buena medida, nuestro futuro."
Y se acabó el enfrentamiento con la aceptación de las disculpas por parte de Artur Mas.
Reflexionemos sobre ese intercambio verbal. Maragall le echa en cara a CIU el tema de la corrupción y la contestación consiste en decir: si no retiráis esas acusaciones, no vamos a apoyar esas "cosas importantes" que tenemos que hacer en los próximos meses, con lo que estaréis mandando la legislatura "a hacer puñetas". Y Maragall acepta el chantaje y retira sus acusaciones, no sin antes dejarnos claro a qué "cosas importantes" se están refiriendo: el futuro del Estatuto, el futuro de la Constitución y "en buena medida, nuestro futuro" (sic).
Primera pregunta: Cuando Mengano amenaza a Fulano con no apoyar algo, está claro que ese algo es más importante para Fulano que para Mengano. En caso contrario, la amenaza no tiene sentido. Así que la pregunta obligada es: ¿por qué razón el sacar adelante el nuevo Estatuto era más importante para el PSC (y, por tanto, para el PSOE, como atestigua la posterior intervención de Zapatero para desbloquear el redactado final del Estatuto), que para los propios nacionalistas de CIU? ¿Qué es lo que hace que el Estatuto sea, no un proyecto nacionalista, sino un proyecto "de estado"?
Segunda pregunta: El Partido Popular se embarcó, posteriormente, en la curiosa estrategia suicida de abrir la brecha de las reformas estatutarias con la reforma del Estatuto de la Comunidad Valenciana (con lo que era el propio PP el que enterraba la pretensión de Aznar de dar por cerrado el desarrollo autonómico). Ese estatuto valenciano, aunque teóricamente era el último de la primera ronda de reformas estatutarias, en realidad pavimentó el terreno para abrir una segunda ronda de reformas, de la que el estatuto catalán fue el primer ejemplo. Pero es que después de aprobado (y recurrido) el estatuto catalán, el PP vuelve a hacer algo aparentemente incomprensible, como es apoyar un estatuto andaluz en el que se incluían muchos preceptos similares a los que el PP había recurrido en el estatuto catalán. Con lo cual, la segunda pregunta también es obligada: ese proyecto de estado llamado "estatuto catalán" ¿es sólo un proyecto de estado del PSOE, o lo es también del PP (o al menos de un cierto sector del PP)? En ese caso, ¿quién o quiénes son los que impulsan, en último término, ese "proyecto de estado" capaz de unir a ambos partidos nacionales?
Tercera pregunta: Volviendo a la intervención de Artur Mas, cuando alguien lanza una amenaza, es porque está en condiciones (al menos teóricamente) de llevarla a la práctica. Por tanto, cuando Mas le espeta a Maragall que "la legislatura se va a hacer puñetas" es porque está en condiciones (al menos teóricamente) de mandarla a hacer puñetas. Teniendo en cuenta que los votos de CIU no eran imprescindibles para la mayoría de Zapatero en el Parlamento Nacional, ni para la mayoría de Maragall en el Parlamento autonómico, Artur Mas sólo podía estar refiriéndose a que, al retirar el apoyo al Estatuto, eso conllevaba, automáticamente, el colapso de la legislatura. Esa interpretación se ve reforzada, de nuevo, por la sorprendente intervención posterior de Zapatero, que desbloquea el redactado final del Estatuto en un mano a mano en La Moncloa con Artur Mas (lo que, por cierto, apunta a que la legislatura que se iba "a hacer puñetas" si el Estatuto no salía adelante era la del propio Zapatero). Por lo tanto, la tercera pregunta es igual de obligada que las anteriores: ¿qué poderoso motivo podía haber para que el bloqueo del Estatuto catalán significara que la legislatura se iba "a hacer puñetas"? ¿Qué consecuencias directas hubiera podido tener ese bloqueo, que a su vez hubieran provocado que la legislatura de Zapatero tocara a su fin?
"¿Y qué tiene que ver todo esto con el 11-M?", se podrían preguntar ustedes.
Pues me temo que lo tiene todo que ver. De la misma manera que no se puede comprender el pre-11M sin analizar el modo en que se escenificó esa reunión de Perpignan entre Carod-Rovira y ETA (reunión que sirvió para acorralar al electorado nacionalista y de izquierda, preparándolo así para dar rienda suelta a su ira en los tres días posteriores a la masacre), tampoco se puede comprender cuáles fueron los objetivos de la masacre sin antes responder a una pregunta que resulta aparentemente absurda: ¿qué es lo que puede hacer que un proyecto de destrucción nacional se convierta en un auténtico "proyecto de estado", asumido por los dos partidos nacionales?
Una vez respondida esa pregunta, resultan comprensibles casi todas las actitudes políticas de estos últimos cinco años. Como también resulta comprensible por qué algunos accedieron a colaborar en el proceso de construcción de la versión oficial del 11-M, o se resignaron a la inevitabilidad de ese proceso. Y por qué continúan callando.
Todo esto en mi modesta opinión, claro. Aunque puedo estar perfectamente confundido. Todos los seres humanos nos equivocamos muchas veces al día.
17 de Diciembre de 2009 - 11:35:37 - Luis del Pino - 288 comentarios
Ayer conocíamos dos noticias que representan la cara y la cruz judiciales de las investigaciones del 11-M. Por un lado, el periódico El Mundo desvelaba las declaraciones en sede judicial de Alfonso Vega, en el marco de la querella presentada por la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M contra el ex-jefe de los Tedax, Sánchez Manzano.
El que fuera jefe de la pericia de explosivos durante el juicio del 11-M, declaró que la presencia de dibutil-ftalato en los análisis realizados a las muestras de los trenes no es un argumento que permita afirmar que el explosivo utilizado fuera Goma2-ECO. La razón es que el dibutil-ftalato es un componente muy común, que aparece en numerosos materiales utilizados en los propios trenes, como plásticos o pinturas.
Este detalle, en apariencia muy técnico, tiene mucha más importancia de lo que a primera vista parece, porque toda la sentencia del 11-M está construida en torno a la suposición de que en los trenes se utilizó Goma2-ECO. ¿Y cómo concluyeron los jueces que había estallado Goma2-ECO, si en los análisis aparecieron varios componentes (como por ejemplo el DNT o la nitroglicerina) que no forman parte de ese tipo de dinamita? Pues precisamente recurriendo al dibutil-ftalato. Como en los análisis apareció dibutil-ftalato y éste forma parte de la composición de la Goma2-ECO (pero no de otras dinamitas, como el Titadyn), Gómez Bermúdez concluyó que en los trenes se usó Goma2-ECO.
Pero, de acuerdo con las nuevas declaraciones de Alfonso Vega, ese dibutil-ftalato que apareció en los análisis podría provenir de cualquier sitio, con lo que todo el argumento se viene abajo. Lo único que nos queda de aquella malhadada pericial de explosivos es, por tanto, el hecho de que aparecieron varios componentes que NO forman parte de la Goma2-ECO.
Por tanto, si damos por buenas las muestras de los trenes que llegaron al juicio (lo cual requiere, por cierto, mucha buena fe), en los trenes tuvo que estallar algún otro tipo de explosivo, como por ejemplo Titadyn.
Lo más irónico es que hemos conocido esas nuevas declaraciones de Alfonso Vega el mismo día en que la Audiencia Nacional rechazaba, por enésima vez, la petición de reapertura del sumario del 11-M, formulada por la familia Moris y a la que se había adherido la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M.
La petición de reapertura se basaba, precisamente, en que seguimos sin conocer el arma del crimen utilizada para cometer el atentado. Y la Audiencia Nacional (ese órgano político que simula impartir Justicia, cuando lo que en realidad hace es controlar todos aquellos casos que puedan incomodar a la casta política) contesta a la petición diciendo que ésta es extemporánea e improcedente.
En realidad, la situación está bastante clara: nadie va a mover un dedo, desde los partidos o las altas instituciones del Estado, para aclarar el atentado del 11-M. La Audiencia Nacional ha cumplido eficazmente, en estos cinco años, su papel de tapón, enfangando el terreno de juego y procurando dilatar al máximo los procedimientos para que las propias víctimas de la masacre no pudieran impulsar ningún tipo de investigación real. Mientras tanto, todos los partidos miran hacia otro lado, y lo único que queda es un par de medios de comunicación empeñados en continuar haciendo preguntas molestas. Y una opinión pública que es perfectamente consciente de que la han engañado (aunque, por supuesto, “hay gente pa to”).
Si cabe alguna esperanza, ésa es que los procedimientos judiciales en instancias ordinarias puedan servir para algo. Aunque, por supuesto, el riesgo existe de que, de nuevo, los procedimientos se dilaten y nos vuelvan a enredar en el juego de albergar falsas esperanzas que luego, finalmente, queden en nada. Lo cual no es nada improbable, por cierto.
¿Pero acaso hay alguna otra alternativa? La verdad es que no muchas. Tal vez confiar en que un cambio político permita desbloquear la situación, al desaparecer de escena los “protectores” en los que algunos confían para seguir manteniendo su silencio. O esperar, por ejemplo, que alguien pueda decidir, en un momento determinado, que está harto de callarse. O dejar que la crisis del sistema induzca los ajustes de cuentas oportunos entre esos sectores que tan precario equilibrio alcanzaron después del 11-M.
Si quieren mi opinión, la crisis de legitimidad del actual sistema (de la que el miserable papel desempeñado por la Audiencia Nacional no es más que un ejemplo menor) terminará provocando una catarsis.
Aunque, como ya saben ustedes, yo soy un optimista patológico.
10 de Diciembre de 2009 - 19:45:39 - Luis del Pino - 541 comentarios
La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) ha informado hoy de que el Ministerio del Interior ha denegado la petición de asilo político a Mohamed Haddad.
Para que los lectores se centren, Mohamed Haddad es un marroquí al que un testigo aparecido días después del 11-M afirmaba haber visto en las proximidades de la estación de Alcalá de Henares la mañana de los atentados. Es decir, se trata de uno más de esos personajes secundarios a los que se utilizó en un principio para vestir de ropajes islamistas el atentado contra los trenes de la muerte.
Luego, ese marroquí no tuvo apenas trascendencia durante la instrucción del sumario. Saltó brevemente a la fama muchos meses después del 11-M, cuando el periódico El Mundo le localizó en un bar de Tetuán jugando al dominó, y posteriormente, en junio del año pasado, Haddad cruzó de vuelta a España por la frontera de Ceuta y pidió asilo político, afirmando que los servicios secretos marroquíes le perseguían. Aquello generó algún que otro titular más, con los que seguir arrojando nombres con resonancia árabe a una opinión pública cada vez más escamada con la versión oficial del 11-M, pero la verdad es que el personaje tampoco daba más de sí.
Hoy conocemos que el Ministerio del Interior ha decidido no concederle el asilo político solicitado. Teniendo en cuenta que han pasado diecisiete meses desde que ese asilo fuera solicitado, podemos deducir que en la oficina de asilo deben de estar desbordados de solicitudes. ¡Como para unas prisas!
A no ser, claro está, que se quiera sacar el tema precisamente ahora por alguna razón. Teniendo en cuenta que Rubalcaba y sus guionistas no descansan, lo mismo nos sorprenden con alguna genialidad de las suyas.
O a lo mejor es al contrario, y alguien ha decidido abrirle un nuevo frente a Zapatero. Últimamente, desde luego, parece que alguien está empeñado en alimentar todo tipo de tensiones, reales o ficticias, en el flanco sur.
7 de Diciembre de 2009 - 18:11:58 - Luis del Pino - 184 comentarios
ENTRADILLA AL PROGRAMA "SIN COMPLEJOS" DEL DOMINGO 6/DIC/2009
Nos guste o no, los símbolos mueven el mundo. Porque los símbolos resumen y representan aquello que somos o que creemos, o permiten identificar el grupo del cual nos sentimos parte.
Banderas, himnos, uniformes... Lejos de representar creaciones del marketing o de la voluntad política, los seres humanos tienden a usar esos tipos de símbolos de modo generalizado, espontáneo y voluntario en todos los órdenes de la vida. Desde el punto de vista de su utilidad, nada diferencia a los uniformes militares, por ejemplo, de la indumentaria voluntariamente uniforme que los jóvenes góticos adoptan hoy en día. En ambos casos, no son otra cosa que una seña de identidad grupal.
Los símbolos tienen, además, la particularidad de que son extremadamente celosos. Cuando uno de ellos anida en el corazón de una persona, tiende indefectiblemente a expulsar del mismo a todos los demás símbolos competidores. Es muy difícil, por ejemplo, sentirse conmovido por dos banderas distintas. Para que la cuatribarrada o la ikurriña despierten emoción, es requisito indispensable que se anule en la persona toda emoción por la bandera española. Y eso lo saben perfectamente los nacionalistas. Ésa es la razón de que hayan puesto tanto empeño en expulsar la bandera española, el himno nacional o el propio nombre de España de todos los ámbitos de la vida pública.
El predominio en el terreno simbólico no garantiza la victoria en las urnas o en el terreno de las ideas, pero aquellas ideologías a las que se consiga castrar simbólicamente, se verán obligadas a competir en inferioridad de condiciones, porque no podrán contar con la emoción como ayuda o complemento de los argumentos racionales.
A lo largo de estos treinta años de democracia, hemos ido consintiendo, una vez tras otra, que los símbolos que representan a España fueran arrinconados. Hemos consentido, por ejemplo, que la bandera y el himno nacionales quedaran relegados a los actos oficiales y a los desfiles, a esos actos que a Rajoy, y a mucha otra gente, le parecen un "coñazo".
Nos han enseñado a esconder los símbolos que nos representan, a avergonzarnos de ellos. Nos han enseñado a no utilizar palabras como Nación, a la que sistemáticamente se sustituye por el vocablo "Estado". Nos han enseñado a interiorizar que palabras como patria o patriota resultan casposas y obsoletas, al mismo tiempo que ellos usaban con naturalidad palabras como "abertzale", que significa precisamente "patriota" en vasco, o como Aberri Eguna - Día de la Patria.
Si nos han ido derrotando en la batalla constitucional, si han conseguido acabar con la Constitución española, es precisamente porque antes les hemos dejado derrotarnos en el terreno simbólico. Les hemos concedido todas las victorias en ese terreno, sin tan siquiera resistirnos.
En la pasada legislatura, las manifestaciones contra el Gobierno por la negociación con ETA constituyeron un éxito tan rotundo que terminaron doblándole la mano a José Luis Rodríguez Zapatero y obligándole a sumergir las negociaciones a la espera de mejores tiempos. Y me gustaría que reflexionaran ustedes sobre el papel que en esa movilización popular desempeñaron los símbolos.
¿Por qué esas concentraciones se fueron convirtiendo gradualmente en una exhibición cada vez más generalizada de banderas españolas? Pues porque por primera vez en muchos años, los españoles podían salir a la calle a exhibir sin avergonzarse una enseña que les representa a ellos y a los principios que ellos defienden. Y la misma exhibición de esas banderas nacionales actuaba como banderín de enganche para incrementar la asistencia a la siguiente manifestación. Porque los símbolos, además de celosos, son extremadamente contagiosos.
Si los que creemos en la libertad y la igualdad de todos los españoles queremos volver a tomar la iniciativa en el terreno político, tenemos que comenzar por plantear la batalla de los símbolos. De otro modo, los defensores del totalitarismo etnicista tendrán media guerra ganada. Les invito, por tanto, a que aprovechen cualquier oportunidad para recuperar el terreno que hemos permitido que nos arrebataran a lo largo de estos treinta años. Les invito, por ejemplo, a que no utilicen ustedes la palabra Estado para referirse a España. Aprendan a utilizar de nuevo la palabra Nación. Les invito a que procuren emplear el himno español de forma cotidiana y natural. Y les invito, por supuesto, a que hagan lo que puedan por normalizar el uso de la bandera española.
Por ejemplo, hoy. Al igual que en otros países es costumbre poner en el balcón una bandera en casi todas las celebraciones, hoy es un buen día, en el aniversario de la Constitución, para poner en el balcón una bandera de España, así que les invito a que lo hagan.
Porque cada vez que desperdiciamos una oportunidad de utilizar nuestros símbolos, otorgamos una nueva victoria a aquéllos que no quieren otra cosa que destruir esos símbolos y todo lo que esos símbolos representan.
¡Feliz Día de la Constitución a todos!
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5 de Diciembre de 2009 - 12:10:05 - Luis del Pino - 121 comentarios
ENTRADILLA AL PROGRAMA "SIN COMPLEJOS" DEL 5/DIC/2009
Mañana se cumplen treinta y un años desde que fuera proclamada la Constitución de 1978. Pero me parece que tenemos bastante poco que celebrar.
A lo largo de los últimos 200 años, hasta siete constituciones, más diversos proyectos que nunca llegaron a entrar en vigor, se han ido sucediendo en nuestro país.
Como si una maldición persiguiera a todos los intentos de instaurar unas reglas de juego aceptadas por todos, tan sólo dos de esas siete constituciones lograron alcanzar la mayoría de edad y superar los 18 años de tiempo de vigencia efectivo. Y en ambos casos, el precio que hubo que pagar, en términos democráticos, fue alto. La Constitución de 1876 basaba su solidez en la alternancia pactada entre los dos grandes partidos, cimentada en el masivo fraude electoral y el caciquismo. En cuanto a la de 1978, su periodo de vigencia estuvo salpicado por el reguero constante de asesinatos terroristas, y fomentó un caciquismo localista de nuevo cuño que terminó por dar al traste con el propio concepto de Nación.
Desde que fuera promulgada, la Constitución del 78 fue siendo violentada de manera gradual, hasta llegar a un punto en que no queda otro remedio que reconocer que hace mucho que dejó de estar vigente.
En el primer párrafo de "Conversación en La Catedral", mi obra preferida de Vargas Llosa, el protagonista se hace una pregunta que resume en una sola frase la trama argumental del libro: "¿Cuándo se jodió el Perú?".
Viendo los rasgados fragmentos de papel en que ha quedado convertido el texto constitucional, también nosotros podríamos preguntarnos cuándo, exactamente, se vino abajo eso que un día llegamos a denominar, ilusos de nosotros, la "Constitución del Consenso".
Nuestra Norma Suprema murió un 11 de marzo de 2004, cuando manos aún desconocidas asesinaron a 193 personas para influir en el resultado de las elecciones. A partir de ese momento, y desde el mismo instante en que nuestra clase política aceptó convertir aquel golpe de régimen en un secreto de familia que había que ocultar a ojos de todo el mundo, la Constitución dejó de existir.
Los acontecimientos posteriores, como el estatuto catalán o la huida legislativa hacia adelante de Zapatero, no son la causa de la muerte de la Constitución. Sólo son su consecuencia.
Pero, aunque tengamos clara la fecha oficial de fallecimiento de la Constitución del 78, lo cierto es que nuestra Carta Magna había entrado en estado de coma mucho antes.
Tal vez fuera en aquel momento en que un político insensato sentenció que Montesquieu había muerto y su partido comenzó a legislar para acabar con la independencia del poder judicial.
O quizá fue cuando el Tribunal Constitucional aceptó su sumisión al poder político, con la escandalosa sentencia sobre la expropiación de Rumasa.
O puede que fuera cuando instauramos la norma de que a los asesinados por ETA había que sacarlos de las iglesias por la puerta de atrás, mientras sus asesinos tomaban chiquitos en la plaza del pueblo.
O a lo mejor cuando el gobierno socialista decidió crear escuadrones de la muerte, en lugar de intentar deslegitimar a esa ideología nacionalista que hacía posible el terrorismo.
O quizá cuando nuestros propios servicios de información contribuyeron a organizar aquel golpe de estado del 23 de febrero, afortunadamente fallido.
O cuando nuestros espías inauguraron la moda de dedicar sus esfuerzos a espiar a los ciudadanos normales, en lugar de a los enemigos interiores o exteriores del país.
O cuando toda la clase política se puso de acuerdo en ocultar a los españoles aquel atentado del Corona de Aragón que causó decenas de muertos, decidiendo que los españoles no tenían derecho a conocer la verdad.
O puede, simplemente, que la Constitución entrara en estado vegetativo el mismo día en que perdimos de vista que cuando se niega un derecho constitucional, como por ejemplo el derecho a que los padres eduquen a sus hijos en castellano, se abre la veda para denegarlos todos.
No lo sé. Me siento incapaz de identificar cuándo se jodíó, exactamente, la Constitución del consenso. Lo único que acierto a constatar es que hoy en día está muerta.
El pasado 1 de diciembre, Santiago Abascal pronunció una conferencia en la que vino a reclamar algo que ya pusieron sobre la mesa diversas asociaciones cívicas antes de las últimas elecciones generales: es necesario proceder a una reforma urgente que restaure la vigencia de la Constitución y la blinde frente a futuros abusos.
No es importante, en estos momentos, debatir sobre cuál debe ser el alcance de esa reforma. Lo verdaderamente crucial ahora es darse cuenta de que ya no existe ninguna otra alternativa. La Constitución ha dejado de estar vigente. Y sólo quedan, por tanto, dos caminos: elaborar una nueva (que puede estar, o no, basada en la actual) o aprender a vivir en un estado de no-Constitución, es decir, en un régimen populista que sólo tendrá de democrático la apariencia.
Mañana celebramos el aniversario del nacimiento de la Constitución. Pero va a ser un aniversario triste, con nuestra pobre Carta Magna ahí tirada, de corpore insepulto. Aunque sólo fuera por caridad, creo que sería hora de que reclamáramos que entierren al difunto.
En el Reino Unido, los reyes son reyes en cuanto muere su predecesor, sin esperar a ninguna ceremonia de coronación. Ésa es la razón de la famosa fórmula: "El Rey ha muerto. Viva el Rey", que no pretende sino recalcar que la Corona jamás está vacante.
De la misma manera, mañana, día 6 de diciembre, cuando me levanté, dedicaré un momento a pensar con nostalgia en esa Constitución que nos han matado. Pero inmediatamente después me pondré a hacer cuanto esté en mi mano para conseguir que la entierren cuanto antes y que los españoles nos dotemos, cuanto antes, de una nueva Constitución.
Creo que es hora de que empecemos todos a reclamar una nueva Carta Magna. Pero una con la que podamos aprender de los errores cometidos. Una nueva Constitución cuyo maderamen esté protegido frente a la carcoma de los nacionalismos, de la corrupción, de los abusos de poder y del sectarismo.
Una nueva Constitución que haga que los españoles podamos ser, de una vez, ciudadanos libres e iguales.
Les invito a todos ustedes a trabajar también para ello.
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2 de Diciembre de 2009 - 12:20:04 - Luis del Pino - 219 comentarios
Debo de ser un tanto corto, pero no entiendo la estrategia de defensa que está siguiendo el ex-jefe de los Tedax Sánchez Manzano.
Ayer, comenzaron a declarar
los testigos propuestos por la defensa en la querella que la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M ha interpuesto contra él y contra su jefa de laboratorio. Y, lejos de servir de ayuda a Sánchez Manzano, esas declaraciones vinieron a corroborar que hubo multitud de muestras de los trenes (por ejemplo, algodones con frotis de los focos o muestras de tierra de los cráteres) que se enviaron directamente al laboratorio sin pasar por la mesa de criba de muestras. Cosa, por otra parte bastante lógica: si has tomado una muestra de tierra de los focos, ¿para qué la vas a mandar a la mesa de criba? Ya sabes de antemano que se trata de una muestra especialmente relevante para la investigación, así que no es necesario someterla a una criba para ver si es relevante.
Pero entonces, eso quiere decir que al laboratorio de los Tedax llegaron numerosas muestras que luego ni fueron reflejadas en actas de recepción, ni tampoco fueron entregadas a los peritos encargados de analizar los explosivos durante el juicio. O sea, que se confirma la desaparición de muestras.
Pero los frotis de los focos y las tierras de los cráteres no son las únicas muestras que desaparecieron. El encargado de la tarea de criba declaró también (y esto tiene una gran importancia) que por sus manos no pasaron restos electrónicos de ningún tipo.
Sin embargo, sabemos que en los trenes sí se recogieron (como no podía ser menos) restos electrónicos. Lo sabemos, por ejemplo, porque a la pericial del juicio llegaron (salidos de no se sabe dónde) algunos de esos restos, como por ejemplo una pila de petaca que nadie nos ha explicado qué era. Como también lo sabemos porque el juez Del Olmo ordenó destruir numerosos restos electrónicos que pertenecían (se supone) a viajeros de los trenes.
Pero entonces, si en los trenes se recogieron restos electrónicos y si esos restos no pasaron por la mesa de criba, quiere decir que alguien tuvo que hacer una selección preliminar de esos restos electrónicos, separándolos de los demás restos antes de que el equipo de criba entrara en acción.
Si los miembros del equipo de criba no fueron, ¿quién efectuó esa retirada previa de los restos electrónicos? Y, de la misma manera que los frotis y tierras de los cráteres fueron enviados directamente al laboratorio de análisis de los Tedax, ¿podemos suponer que los restos electrónicos fueron enviados directamente al Grupo de Reconstrucción de Artefactos de los Tedax? Si es así, ¿qué actas se levantaron de esos restos? ¿Qué tareas de reconstrucción de los artefactos se efectuaron? ¿Qué informes emitió el Grupo de Reconstrucción de Artefactos?
Cuanto más vamos sabiendo, más clara queda la sordidez de ese truco de ilusionismo con el que nos vendieron a todos la moto de la autoría islámica del atentado: desaparición de los restos originales y sustitución de esos restos por pruebas colocadas fuera de los trenes.
Como también va quedando claro, con
la detención en Honduras de uno de los confidentes relacionados con las investigaciones del 11-M, hasta qué punto fueron sórdidas las maniobras de intoxicación puestas en marcha (¿por quién?) para tratar de llevar a los medios de comunicación que investigábamos la masacre a callejones sin salida. A lo largo de estos años, se ha utilizado a diversos colaboradores de los servicios de información españoles para ir tendiendo cebos con los que afianzar sutilmente la autoría islamista del atentado. Siempre se trataba de la misma cantinela: nos presentaban datos aparentemente escandalosos (por ejemplo, las eventuales conexiones de los "suicidas" de Leganés con etarras o con servicios secretos) para tratar de forzarnos a indagar en esas conexiones, validando con ello la tesis de que los "suicidas" de Leganés tenían alguna relación con la masacre.
Pero en realidad (como la desaparición de las pruebas originales de los trenes demuestra) todo apunta a que la versión oficial es falsa no en una u otra parte, sino de principio a fin. Por reiterarlo una vez más: si las pruebas originales de los trenes fueron eliminadas y se las sustituyó por pruebas "colocadas" fuera de los trenes, ¿cómo vamos a dar por probada la participación en la masacre de unos "suicidas" de Leganés a los que sólo se llega a partir de las pruebas "colocadas"?
Si las pruebas "colocadas" son falsas, también lo será la trama a la que esas pruebas "colocadas" conducen. Y quien pretenda sostener que los "suicidas" de Leganés tienen algo que ver con la masacre tendrá que demostrar (con pruebas sobre las que no pesen sospechas de manipulación) que eso es así.
P.D.: Para Lugoma. Lo de que la disminución del agujero de la capa de ozono se debe a que se dejaron de emitir CFCs a la atmósfera es otra falsedad más. En primer lugar, nunca se han dejado de emitir CFCs a la atmósfera, por la sencilla razón de que China (el principal productor y consumidor de CFCs) aplazó su aplicación del protocolo de Montreal hasta 2010, de modo que el nivel de emisión de CFCs sigue siendo significativo. Pero es que, además, aunque fuera cierto (que no lo es) que hubiéramos dejado de emitir CFCs, las teorías sobre el agujero de la capa de ozono decían que los CFCs tardan entre 75 y 100 años en descomponerse, por lo que hubieran debido pasar décadas antes de que el agujero de la capa de ozono disminuyese. Lo que demuestra que esas teorías no eran más que otra patraña más. Eso sí, una patraña con la que muchos han hecho pingües negocios.
Puedes encontrar una explicación completa del tema en el artículo que publiqué en su día en La ilustracion liberal:
¿Dónde está el maldito agujero?
1 de Diciembre de 2009 - 12:28:58 - Luis del Pino - 85 comentarios
El pasado sábado dedicamos buena parte del programa "Sin complejos" a hablar del inmenso derroche de dinero público que representan las denominadas energías alternativas, así como a comentar el reciente escándalo de las manipuladas investigaciones del cambio climático.
Ésta es la entrevista que le realizamos a D. Gabriel Calzada en torno a estos temas, y a continuación se reproduce el texto de la
entradilla al programa.
EL WATERGATE CLIMÁTICO
Esta semana saltaba a los medios de comunicación de todo el mundo un escándalo de enorme gravedad y que, sin embargo, ha sido silenciado por la mayoría de los medios españoles.
Un pirata informático consiguió introducirse en los servidores de correo electrónico de uno de los principales centros de investigación británicos en el campo del cambio climático. Y ese pirata informático hizo públicos en Internet los mensajes intercambiados por los científicos de ese centro y de otros centros oficiales dedicados a difundir investigaciones catastrofistas sobre el calentamiento global.
De esos mensajes de correo se desprende que esos científicos partidarios de la teoría del cambio climático habían falseado datos de temperaturas para adecuarlos a sus fraudulentos modelos del clima; habían ocultado aquellos otros datos que cuestionaban sus teorías; habían presionado a revistas científicas para tratar de silenciar a los investigadores que cuestionaban el calentamiento global y habían obtenido suculentas sumas de dinero con sus truculentas divagaciones anticientíficas.
Aquellos de los oyentes que tengan más edad, probablemente recuerden cómo en la década de 1980 se difundieron teorías catastrofistas que afirmaban que la Humanidad se encaminaba hacia una nueva era glacial, con una bajada generalizada de las temperaturas. A principios de los 90, esas teorías catastrofistas habían sido sustituidas por otras, que afirmaban que a lo que nos encaminábamos era a una progresiva desertización del planeta. A finales de los 90, esa nueva estupidez fue sustituida por las amenazas del famoso “agujero de la capa de ozono”, que nos iba a tragar a todos y a matar de cáncer a media Humanidad.
Pero también esa teoría catastrofista se vino abajo, cuando ese temible agujero empezó a disminuir de tamaño, en contra de las predicciones de aquellos que sostenían que su aparición se debía a la utilización de aerosoles. Una agencia de la ONU llegó a la desvergüenza de
falsificar datos sobre el tamaño del agujero de la capa de ozono, para tratar de convencer a la opinión pública de que seguía constituyendo un peligro. Pero la realidad terminó por imponerse: el agujero de la capa de ozono no era más que una estafa más.
Inmediatamente, los catastrofistas cambiaron de tema y comenzaron a difundir teorías acerca de un supuesto calentamiento global, provocado por las emisiones de CO2. Y de nuevo contagiaron su histeria anticientífica a la opinión pública. Pero esta vez los datos tardaron menos tiempo aún en desmentir a los estafadores, que se vieron obligados a reconocer que la temperatura global se ha estabilizado en los últimos años.
¿Creen ustedes que eso acabó con la estafa? De ninguna manera. Lo que los estafadores hicieron fue dejar de hablar de calentamiento global y empezar a dar la matraca con el concepto, mucho más difuso, de “cambio climático”.
Hay que reconocer que la jugada es inteligente, porque en lo de “cambio climático” cabe todo. ¿Que las temperaturas aumentan? Eso es porque hay cambio climático. ¿Que hace un frío que pela? Pues también se debe al cambio climático. ¿Se producen inundaciones? El responsable es el cambio climático. ¿Hay sequías prolongadas? Pues también. Hasta los terremotos se pueden achacar a algo tan difuso como el “cambio climático”. Todo vale, con tal de seguir estafando a los contribuyentes.
¿Pero es que acaso no existe cambio climático? ¡Pues claro que existe! La temperatura y el clima de nuestro planeta están cambiando de forma constante desde que la Tierra se formara, hace ahora 4.500 millones de años. Ha habido, y habrá en el futuro, épocas mucho más cálidas que la actual. Y también mucho más frías. Ha habido épocas mucho más húmedas y también mucho más secas. Y, evidentemente, la actividad humana nada tiene que ver con esos drásticos cambios de clima que la Tierra ha estado experimentado desde miles de millones de años antes de que existiera el hombre.
Las teorías sobre el cambio climático son una estafa anticientífica, que no tiene la más mínima apoyatura en los datos, ni en la realidad. Pero lo verdaderamente grave no es que se difundan teorías erróneas, sino que esas teorías sean utilizadas por instituciones y organizaciones sin escrúpulos para enriquecerse a costa de los contribuyentes.
Científicos charlatanes o ineptos los ha habido en todas las épocas, porque la posesión de un título universitario no aumenta la moralidad de una persona, ni es tampoco aval, necesariamente, de objetividad e inteligencia. El problema, en el caso del cambio climático, es que esos científicos charlatanes e ineptos, junto con ciertas organizaciones ecologistas y buena parte de una clase política corrupta o ignorante, han construido una estructura de captación de dinero público y una auténtica red mafiosa destinada a silenciar a los científicos honestos que se han atrevido a cuestionar las mentiras en las que se ha basado el catastrofismo del cambio climático.
La difusión de esos correos electrónicos interceptados por un pirata informático ha puesto de manifiesto la sordidez y la sensación de impunidad con que se mueven esos estafadores del catastrofismo, que llevan décadas amenazándonos con todos los males del Universo para que les dejemos seguir saqueando a placer las arcas públicas.
¿Será este escándalo la puntilla de esas teorías del cambio climático que han sustituido a las teorías del calentamiento global, que sustituyeron a su vez a las del agujero de la capa de ozono, que antes había sustituido a las anteriores memeces con las que nos amenazaban?
Muy posiblemente. Pero no se crean ustedes que nos vamos a librar de los estafadores del catastrofismo. Tengan por seguro que tardarán muy poco en difundir la siguiente mamarrachada para seguir robándonos a todos.