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Resulta curioso cómo el nacionalismo ha transformado Cataluña, en solo 30 años, en una encarnación de la negatividad.

Hasta el advenimiento de la democracia, Cataluña era la región más próspera de España, más avanzada culturalmente y más abierta. Ser catalán era un motivo de orgullo y muchos españoles miraban a la Barcelona de los años 70 como un faro de europeísmo y modernidad dentro de una España a la que se percibía gris y pacata.

Y sin embargo, poco a poco, treinta años de nacionalismo han conseguido conducir a Cataluña a la quiebra económica, opacarla en el terreno cultural y encerrarla en sí misma.

Pero lo peor es la transformación del sentimiento de catalanidad, que ha pasado de encarnar algo positivo (es decir, valioso en sí mismo), a ser algo definido únicamente como negativo (es decir, como reflejo invertido) de otra cosa, en este caso del sentimiento de españolidad.

Así, por ejemplo, el idioma catalán no es ya algo de lo que se presume, sino que simplemente se esgrime como lo contrario del español. Y por eso se impone, en lugar de dejar que sea voluntariamente demandado.

En lugar de estudiar con orgullo una Historia de España en la que Cataluña ha sido vanguardia tantas veces y en la que los catalanes han protagonizado tantos momentos gloriosos, se falsifica la Historia para transformarla en una supuesta lucha milenaria contra España.

Aunque es en el terreno simbólico donde mejor se percibe ese tránsito hacia la negatividad. El nacionalista catalán ha dejado incluso de presumir de su bandera, la señera, sustituyéndola por otra, la estelada, que se esgrime como lo contrario (el negativo) de España y de su Constitución.

Y, como ayer mismo pudimos comprobar, las huestes nacionalistas ya no encuentran placer en cantar su himno, sino en silbar el ajeno.

Como esos pobres tarados que solo encuentran la razón de su existencia en el acoso sistemático a algún cantante o actor famoso, el nacionalismo catalán ha dejado de encontrar en "lo catalán" un motivo de orgullo o de satisfacción, y solo cifra ya la razón de su existencia en el acoso a "lo español". Supongo que no son conscientes de la imagen patética que eso proyecta de sí mismos: quien no sabe definirse más que como reflejo negativo de otro, tiene un grave problema de autoestima.

Solo hay algo que odien más que lo español, y es a esa otra gran mayoría de catalanes que no tienen problemas de autoafirmación y que, por tanto, no ven ninguna incompatibilidad entre su ser catalán y su ser español. Catalanes que ayer se sentían avergonzados viendo la imagen friki, casi psiquiátrica, de Cataluña que muchos seguidores del Barça transmitieron.

Esos catalanes les recuerdan a los nacionalistas, día tras día, lo que podrían ser y no son. Y no hay nada que odie más un fracasado que ver a otro parecido a él llevando una vida normal y plena.

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