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Si no reforman ellos, lo harán los españoles

Si Rajoy tuviera una lámpara maravillosa, le pediría que los separatistas fueran capaces de ponerse de acuerdo y de elegir un presidente de la Generalidad que alejara de él, del propio Rajoy, el cáliz de gobernar Cataluña. Tendría que ser un personaje no afectado por causas judiciales y dispuesto a seguir tensando la cuerda de la independencia poco a poco, en vez de romperla. Volveríamos así al juego de "haz lo que quieras en Cataluña, menos proclamar la república, y yo miro para otro lado y te sigo financiando". El mismo juego que han venido practicando desde hace 40 años. El problema es que esos tiempos pasados no volverán, porque han cambiado las reglas del juego.

Y la imposibilidad de volver al statu quo anterior al 1 de octubre no radica en los separatistas. Si por ellos fuera, firmaban mañana mismo el aplazamiento de la independencia por 5 o 10 años, a cambio de seguir gobernando Cataluña, de que el Estado siga permitiendo que la ley se incumpla y de la cancelación de los procesos judiciales contra los líderes separatistas, casos de corrupción incluidos.

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Si el francés y el alemán están condenados a la extinción, imaginen el catalán

Fíjense Vds. hasta qué punto es el catalán el idioma propio de Cataluña, que hay que imponerlo por la fuerza. Es tan propio, tan propio, que hay que impedir a toda costa que la gente pueda elegir libremente el idioma de enseñanza para sus hijos. Los catalanes lo consideran tan suyo, tan suyo, que los separatistas tienen que recurrir a las prohibiciones y a la coacción para que ningún catalán decida estudiar en castellano.

Lo cual es aún más triste si comparamos la actual situación con la de hace 40 años. Tenía yo 16 cuando salió al mercado aquel mítico disco llamado "Dies y Hores de la Nova Cançó" muy poco después de la muerte de Franco. Fuimos legión los españoles que corrimos a comprar ese vinilo y que nos aprendimos de memoria, en catalán, las canciones de aquella recopilación: "Cap al futbol", de Delfí Abella, "El rey Joan Primer", de Gloria… El catalán, lo catalán, representaban en aquel 1978 un soplo de aire fresco, un aire de libertad.

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Una propuesta de reforma electoral: la segunda vuelta instantánea

Como saben Vds., andan los partidos discutiendo, no sé si en serio o como mera cortina de humo, la posibilidad de modificar la ley electoral, para tratar de mejorar la proporcionalidad. Es decir, para tratar de que el porcentaje de escaños que obtenga cada partido se corresponda más fielmente con el porcentaje de votos que hubiera logrado.

En realidad, la propuesta realizada por Podemos no cambia nada sustancialmente. Sustituir un algoritmo matemático de reparto de escaños (el sistema D’Hondt) por otro algoritmo distinto (el sistema Sainte-Laguë) solo sirve para primar un poco a los partidos pequeños a expensas de los grandes, pero no resuelve el problema de la proporcionalidad.

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Diez preguntas a Podemos

Esta semana, la portavoz de Podemos, Irene Montero, ha logrado acaparar todos los titulares, y también muchas conversaciones, con una simple frase, en la habló de los portavoces y "portavozas" de los partidos, arreando así una importante patada al diccionario.

Se trata de un recurso político muy habitual: si la actualidad política te perjudica, porque los temas candentes te son desfavorables o porque has perdido la iniciativa, cambia de tema. Un maestro en este tipo de argucias es Donald Trump, que suelta la primera chorrada o la primera provocación que se le viene a la mente y consigue con eso que todos sus oponentes políticos dejen de hablar de lo que estaban hablando y pasen a hablar de él. Y a la vista está que esa técnica, a Donald Trump, le funciona: consigue marcar la agenda y consigue también acaparar titulares.

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Cuando nadie piensa en España

Comentábamos ayer la tormenta perfecta en que acabó sumido el último gobierno de la denominada Década Moderada. El 28 de junio de 1854, la facción derecha de la conspiración (los moderados "puritanos", y generales como O’Donnell) se decide a dar el paso adelante y se pronuncia contra el gobierno del Conde de San Luis, exigiendo a la Reina que le destituya y respete la Constitución. El primer choque armado entre O’Donnell y las tropas gubernamentales tuvo lugar dos días más tarde en Vicálvaro.

La batalla quedó en tablas, así que las tropas rebeldes se dedicaron a vagar unos días por el territorio mientras esperaban a que otros sectores se unieran al golpe. Pero a las dos facciones de la izquierda (progresistas y demócratas) las demandas de O’Donnell les sabían a poco y no querían un gobierno encabezado por él. Y en cuanto al pueblo llano, no estaba dispuesto a apoyar lo que percibían como un simple "quítate tú para ponerme yo".

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Los prolegómenos de la Vicalvarada

Los últimos años de la denominada Década Moderada, durante el reinado de Isabel II, son un perfecto ejemplo de la imposibilidad de mantener un gobierno en un país democrático, cuando el poder ha perdido toda legitimidad y no se da cuenta de ello.

La influencia de la reina madre, de las camarillas palaciegas y de los empresarios sin escrúpulos había creado en el reinado de Isabel II una tormenta perfecta: corrupción galopante, crisis económica y conspiración de todos contra todos. A eso se sumaba el ambiente revolucionario en Europa y los profundos cambios sociales y económicos que la industrialización traía consigo.

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Lo que distingue a las democracias

Leí Archipiélago Gulag nada más publicarse en España. Debía de tener yo unos catorce años. Y el libro de Solzhenitsyn sobre las atrocidades en los campos de concentración soviéticos me impresionó, por muchos motivos. Por supuesto, por la minuciosa descripción de las torturas a las que el régimen comunista sometía a los prisioneros. Tengo clavado en la mente, por ejemplo, el relato de los presos a los que encerraban durante horas en un armario lleno de chinches. Al principio, narraba aquel testimonio, matabas los insectos a manotazos. Y los seguías matando. Y matando. Hasta que dejabas de hacerlo por puro agotamiento y cientos de chiches podían alimentarse a placer con tu sangre, cuando ya no te quedaban fuerzas para seguir resistiendo. No era la más brutal de las torturas empleadas por aquel régimen maldito, pero se me quedó grabada por la crueldad extraña, casi exótica.

Recuerdo también esa sensación como maquinal que el libro transmite: el horror convertido en cotidiano termina siendo una burocracia más. Es tanto el dolor acumulado, y es tan rápidamente eclipsado por otros sufrimientos posteriores, que todo termina transformado en una gris y machacona cadena de producción, con una especie de inevitabilidad. Y con todas sus consecuencias: una vez puesta en marcha la maquinaria, hay que seguir alimentándola con seres humanos. No porque haya enemigos que abatir, sino simplemente porque no se puede tolerar que la maquinaria se detenga.

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La ruina de Rufián

Que una frase sea cierta no exime a quien la pronuncia de quedar como un falsario. Déjenme ponerles un ejemplo: imaginen que a Bill Gates le pillan robando un foulard de caballero en unos grandes almacenes y que, al interrogarle un periodista por los hechos, Bill Gates le contesta: "Casi todos los que somos padres haríamos lo que fuera, incluso robar, para llevar un mendrugo de pan a nuestros hijos".

La frase es cierta, qué duda cabe. ¿Qué padre que se precie no estaría dispuesto incluso a robar para dar de comer a sus hijos hambrientos, si no le quedara más alternativa que esa para alimentarlos?

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El circo de Trump

Hoy se cumple un año desde la toma de posesión de Donald Trump como presidente americano. ¿Y qué balance podemos hacer de su mandato? Pues acudamos a los hechos objetivos:

Economía

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Carmen feminista

Como saben Vds., en Italia se ha generado una gran polémica porque Leo Muscato ha puesto en escena un montaje feminista de la ópera Carmen, de Bizet. En el peculiar montaje, Muscato ha cambiado el final, para que Carmen no muera a manos de su amante, sino que sea ella la que lo mate de un pistoletazo. Eso ha generado grandes críticas, aunque también ha contribuido al éxito comercial de las representaciones. La pregunta que muchos críticos y opinadores plantean es hasta qué punto es lícito hacer eso con la ópera de Bizet o con cualquier otra obra clásica. "¿Qué será lo siguiente?", preguntaba un periodista italiano. "¿Cambiar el final de Moby Dick, para que el capitán Ahab no mate a la ballena, sino que solo la anestesie?".

A simple vista, este tipo de alteraciones parecen una falta de respeto, tanto a la Historia, como al autor de la obra original. Pero, si me lo permiten, creo que la polémica está mal planteada. El montaje de Leo Muscato es inaceptable, sí, pero no porque cambie de modo sustancial la obra de Bizet. Tomemos, precisamente, el ejemplo de Moby Dick para clarificar la cuestión:

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