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Los chistes del ministro

Fernando Morán fue el primer ministro de asuntos exteriores socialista, en el primer gobierno de Felipe González. Diplomático de carrera, ocupó en vida de Franco diversos puestos en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Pero en 1974, un año antes de morir el dictador, ingresó en el Partido Socialista Popular, de Enrique Tierno Galván, que terminaría convergiendo con el PSOE.

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Profético Quino

Una de las tiras cómicas del genial humorista argentino Quino (el padre de Mafalda) que más me impactó en su día, es una en cuya primera viñeta aparece un ayudante de laboratorio gritando alborozado: "¡Profesor! ¡Doctora! ¡He logrado aislar el virus de la soledad!".

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El virus es el comunismo

Una y otra vez, con cada problema potencialmente grave de salud pública, los regímenes comunistas muestran su absoluta incapacidad de afrontar adecuadamente una emergencia. Y el patrón es siempre el mismo:

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Pleno al cero de la izquierda progre

Ayer planteamos en el programa una encuesta sobre el denominado pin parental. Le preguntamos a los oyentes, en concreto, "¿Está usted de acuerdo con que se pida a los padres autorización antes de dar a los niños ninguna charla de carácter moral en los colegios? ".

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Todos los hombres del presidente

"Todos los hombres del presidente" es una película sobre el escándalo Watergate producida y protagonizada por Robert Redford. Está basada en el libro homónimo de Carl Bernstein y Bob Woodward, los dos periodistas cuyas investigaciones sobre aquel escándalo forzaron al presidente Nixon a dimitir.

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Pedro Sánchez y el destino de Danglars

Si no ha leído Vd. "El Conde de Montecristo", apague la radio y enciéndala de nuevo dentro de cinco minutos, porque este editorial contiene un pequeño spoiler de una parte de la trama. El Conde de Montecristo es una de las más maravillosas novelas de la Historia y un precioso canto a la venganza contra los malvados, y merece la pena leerla.

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Los bogavantes socialistas

A mediados del siglo XVI, los turcos introducen en sus galeras una innovación que permitió abaratar, simplificar y hacer más eficiente la navegación a remo: en lugar de que cada galeote manejara el suyo propio, se empezaron a usar remos más grandes, cada uno de los cuales era manejado por tres hombres, que se sentaban en un mismo banco. Eso permitió usar un único tipo de remo por galera, en vez de remos de distintas longitudes, y permitió emplear también como galeotes a prisioneros sin experiencia: bastaba con que fuera experimentado el remero principal de cada banco, el que agarraba el remo por su extremo; los otros dos galeotes solo necesitaban seguir su ritmo.

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