11 de Marzo de 2010 - 10:44:19 - Luis del Pino
Gregorio de las Heras, que perdió a su hijo en el atentado del 11-M, nos ha dirigido una emotiva carta, con la que quiere manifestar cómo se siente, seis años después de aquellos hechos, ante la falta de respuestas por parte de los poderes públicos. Recomiendo a todos los seguidores del blog que la lean y la difundan. A ver si, entre todos, logramos que se den por aludidos algunos de esos que, pudiendo utilizar sus cargos para impulsar la búsqueda de la verdad, a lo que se han dedicado es a intentar que los españoles se olviden de la masacre cuanto antes.
Carta de Gregorio de las Heras
Quizá uno de los mayores escollos con los que tropezamos a la hora de que se generalice la demanda social de justicia con respecto al 11-M, es que buena parte de la sociedad, gracias al silencio cómplice de tantos medios, está completamente desinformada en lo que a las investigaciones de la masacre se refiere. Y a veces resulta complicado explicar el tema en pocas palabras a alguien que no ha seguido lo que los medios de comunicación independientes hemos ido publicando. Es por eso que hemos querido elaborar en Libertad Digital un breve resumen, en forma de preguntas y respuestas, sobre el estado actual de las investigaciones.
Veintiuna preguntas y respuestas sobre el atentado
Finalmente, unas palabras de agradecimiento para esas personas sin las cuales no hubiéramos podido llegar a demostrar la falsedad de esa versión oficial con la que se pretendió encubrir a los verdaderos autores de la masacre. Gracias a todos los miembros de la Plataforma Ciudadana Peones Negros, y en especial a esas decenas de voluntarios que transcribieron en su día las actas del juicio y que ahora nos ofrecen dos nuevas herramientas web como ayuda para que las investigaciones continúen: un buscador de noticas y un nuevo buscador de las declaraciones del juicio. Y muchas gracias en especial a nuestro contertulio Ermaki, que es sobre quien recayó el peso fundamental de la coordinación de estos trabajos.
Buscadores de información relativa al 11-M
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8 de Marzo de 2010 - 13:37:49 - Luis del Pino
La Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, dirigida por Ángeles Domínguez, solicita nuestras colaboración para poder seguir financiando las iniciativas jurídicas que desarrollan en pro del esclarecimiento de la masacre.
Gracias a las iniciativas que hasta ahora han impulsado, hemos podido conocer, por ejemplo, las vídeos de la pericial de explosivos que los poderes públicos pretendieron ocultarnos. Asimismo, es gracias a una querella de esa asociación que hay en estos momentos dos mandos policiales imputados por presunta falsificación de pruebas y falso testimonio.
Pero para llevar adelante esas iniciativas, la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M necesita fondos. Os dejo el enlace a la web de la asociación donde esas víctimas del 11-M hacen un llamamiento a la colaboración ciudadana para poder seguir financiando las acciones jurídicas. Si podéis contribuir, aunque sea simbólicamente, bienvenido sea. Y si no, mandadle a la asociación, en cualquier caso, un mensaje de ánimo. No sabéis hasta qué punto las víctimas del 11-M agradecen el ver que cuentan con respaldo de la sociedad para seguir en su lucha.
El enlace a la web de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M es el siguiente:
http://www.ayuda11m.org/noticias/index.php?id_menu=28&id=19 303 comentarios
6 de Marzo de 2010 - 19:52:00 - Luis del Pino
Entradilla al programa Sin Complejos del 6/MAR/2010
Hace exactamente una semana, el periódico El Mundo informaba de que el entorno proetarra habría hecho llegar al Gobierno un mensaje en el sentido de que estaría dispuesto a "repudiar" el siguiente atentado de ETA. ¿Qué palabra tan medidita, verdad? El entorno proetarra no estaría dispuesto a condenar el siguiente atentado, pero sí a "repudiarlo". Y, por supuesto, lo que se repudiaría sería el "siguiente atentado", lo cual supongo que significa que dan por buenos los mil asesinatos anteriores.
Tres días más tarde, el ayuntamiento de San Sebastián, dirigido por el socialista Odón Elorza, respondía a ese gesto con una declaración en la que se pedía "que se apliquen sistemáticamente medidas de prevención de la tortura y los malos tratos", prestando así un respaldo institucional a las denuncias sistemáticas de torturas que los proetarras presentan tras cualquier detención.
Odón Elorza y el resto de concejales socialistas de San Sebastián están diciendo, ni más ni menos, que en España se tortura y se maltrata a los detenidos. Si no, no habría necesidad de prevenir las torturas ni los malos tratos. Y el Gobierno de Zapatero, hasta la fecha, no ha tomado ninguna medida para expulsar de sus filas a los miembros del Partido Socialista de Euskadi que votaron, junto con los nacionalistas, a favor de esa declaración, por lo que debemos suponer que, o Zapatero respalda esa declaración, o no considera suficientemente grave que se acuse a nuestras Fuerzas de Seguridad y al Ministerio de Interior de no impedir las torturas.
Ayer viernes, en una entrevista televisiva, el ministro Rubalcaba se descolgaba con unas sorprendentes declaraciones que no han tenido, curiosamente, demasiado eco en los medios de comunicación, pero que tal vez arrojen algo de luz sobre estos dos gestos cruzados del entorno proetarra y del ayuntamiento de San Sebastián.
Preguntado en "Los desayunos de TVE", Rubalcaba afirmó que "aún queda margen para que la Policía arrincone completamente a los violentos", para a continuación añadir: "Después de que la violencia acabe, serán los vascos y el resto de los españoles los que decidamos lo que hacemos".
Observen lo bien elegidas que están las palabras de don Alfredo. La labor de la Policía, según el ministro, no es detener a terroristas, sino (¡Fíjense qué eufemismo!) "arrinconar a los violentos". Rubalcaba no habla ni siquiera de acabar con los violentos, de terminar con ellos, de erradicarlos... Nada de eso. Rubalcaba se conforma con "arrinconarlos".
Y, por si no había quedado claro el matiz semántico, sigue Rubalcaba hablando de lo que sucederá "después de que la violencia acabe". O sea, no de lo que sucederá después que la Policía acabe con ETA, o después de que todos los terroristas acaben en la cárcel, sino "después de que la violencia acabe". Por supuesto, ese sutil matiz implica que Rubalcaba está admitiendo como posibilidad que la violencia podría acabar sin necesidad de que ETA desaparezca, ni sea derrotada policial y judicialmente.
Si contemplamos conjuntamente ambos matices, lo que Rubacaba está diciendo es que la Policía podría arrinconar a ETA, pero sin terminar con ella, y que ETA podría hacer que la violencia acabe, pero sin que la propia banda desaparezca.
¿Y qué es lo que sucedería cuando "la violencia acabe"? Pues que, según Rubalcaba, "serán los vascos y el resto de los españoles los que decidamos lo que hacemos".
Aquí está la madre del cordero. Si tomamos esta frase aisladamente, resulta del todo incomprensible. Una vez que "la violencia acabe", ¿qué necesidad habría de que los vascos o el resto de los españoles decidamos nada? Resuelto el problema del terrorismo, no veo yo qué es lo que habría que decidir.
Pero si ponemos esta frase en el contexto de los peculiares matices semánticos introducidos por Rubalcaba, la cosa cambia. Porque no hace falta ser muy mal pensado para interpretar la intervención de Rubalcaba como una oferta implícita de negociación: "estamos dispuestos a negociar políticamente con vosotros, a cambio de un abandono de la violencia".
Nos encontramos por tanto, con toda probabilidad, ante un nuevo intento de oficializar la segunda fase de negociaciones entre ETA y el Gobierno. Me da la sensación de que acabamos de entrar en esa etapa de la negociación que consiste en intercambiar mensajes públicos, como forma de dejar constancia de que ambas partes aceptan los términos del acuerdo.
Lo venimos avisando desde hace dos años: el Gobierno volvería, antes o después, a oficializar unas negociaciones que sólo la presión de la calle le obligó a ocultar.
La rebelión cívica y la cercanía de las elecciones generales les obligó a simular hace un par de años que daban por cancelado el denominado "proceso de paz". Ahora, toca retomarlo de nuevo.
Esa, y no otra, es la razón de que la autorización parlamentaria de negociación con ETA siga vigente. Esa, y no otra, es la razón de que los terroristas sigan dirigiendo 40 ayuntamientos y financiándose con el dinero de nuestros impuestos.
Así que estén preparados para que nos sorprendan en las próximas semanas con nuevos gestos dirigidos a simular que retoman unas negociaciones que, con toda probabilidad, no se han interrumpido nunca.
¿Y Mariano Rajoy qué dice a todo esto? Pues, para serles sincero, no tengo ni la más mínima idea. Probablemente nada.
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4 de Marzo de 2010 - 09:30:07 - Luis del Pino
Gabriel Moris, víctima del 11-M, acaba de publicar en Libertad Digital un nuevo artículo cuya lectura recomiendo:
11-M Seis años de oscuridad y tres de silencio
Creo que no digo nada especialmente novedoso si afirmo que, a estas alturas, todo aquel que vive medianamente informado es consciente de que la versión oficial del 11-M es falsa en su totalidad o al menos en buena medida. Otra cosa es que una parte de esos españoles medianamente informados elijan conscientemente mirar hacia otro lado y prefiera saber lo menos posible.
Tampoco digo nada novedoso si afirmo que, a estas alturas, buena parte de la sociedad - esa parte que no ha querido o no ha podido informarse - sabe muy poquito acerca del 11-M, gracias a un pacto de silencio en los medios que sólo se explica, precisamente, por la propia falsedad de la versión oficial. (Si existiera la posibilidad de contradecirnos a aquellos que hemos ido poniendo sobre la mesa las pruebas de que lo que nos contaron no puede ser verdad, nos habrían crucificado argumentalmente, en lugar de intentar ningunearnos).
Y menos novedoso soy si digo que la labor de difusión es imprescindible y que la incorporación de nuevos medios a las informaciones, la realización de debates en televisiones de acceso general, la aparición de nuevos articulistas, el interés por el 11-M en las redes sociales... son indicios de que las demandas de justicia van calando entre la gente de forma lenta e irreversible, gracias a esa labor de difusión.
Lo cual plantea un interesante problema de orden estratégico. Habiendo fracasado la intención original de olvidar el 11-M y taparlo con una versión oficial improvisada, habiendo fracasado los intentos de silenciar a los medios que nos hemos atrevido a hablar del 11-M, habiendo fracasado los intentos de intoxicación dirigidos a intentar prolongar la vigencia de la mentira o sustituirla por otra un poco más digerible para algunos... no queda en realidad ninguna línea de resistencia para la versión oficial, salvo intentar por todos los medios cerrar el paso a cualquier "oficialización" de las investigaciones, sea en sede judicial, sea en sede parlamentaria, sea por la vía policial.
Quizá sea posible imponer la disciplina de partido, pero ni se puede manipular a todos los jueces, ni se puede controlar a todos los miembros de las Fuerzas de Seguridad. Así que, tarde o temprano, las humedades del muro de la versión oficial se irán convirtiendo en gotera, hasta que ese muro de mentiras, de oscuridad y de silencio se desmorone.
Y ése es el problema estratégico al cual me refería: cuando se produzca la caída del muro, cada cual será recordado de la forma en que haya elegido ser recordado. Y habrá algunos de los que se diga: ayudaste a sostener ese muro de la vergüenza. Mientras que a otros les diremos: contribuiste, bien o mal, a derribar el muro piedra a piedra.
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1 de Marzo de 2010 - 19:30:44 - Luis del Pino
Al hilo de las últimas revelaciones del diario El Mundo, han proliferado esta pasada semana los artículos de opinión y programas dedicados a la masacre de Madrid.
Así, por ejemplo, Javier Somalo dedicaba al tema su último programa de Debates en Libertad, con un sugerente título:
11-M: caminito de Jerez
Carlos Cuesta, presentador y director del programa de Veo7 "La vuelta al mundo", ha colgado en su blog unos excelentes resúmenes de los especiales que esa televisión ha realizado:
Vuelco a la investigación del 11-M
Se desmonta la versión oficial del 11-M
Pedro J. responde sobre el 11-M
11-M: Seis años de mentiras
En el programa "Sin complejos" del sábado en esRadio, entrevistábamos al senador Luis Peral, una de las pocas voces que se han alzado desde el PP pidiendo que se continúe investigando el 11-M:
Entrevista con el senador Luis Peral
Y entre los numerosos artículos publicados en estos días, podemos mencionar tres:
Los explosivos del 11-M: hechos, de Cristina Falkenberg, publicado en El Confidencial. Un documentado y muy buen argumentado análisis del estado en que se encuentra el asunto de la determinación de los explosivos usados en la masacre.
No sabe/No contesta, del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES), publicado en Libertad Digital, sobre la actitud de Rubalcaba ante los diversos escándalos que afectan a su ministerio.
Esto apesta, de Alberto Gómez Corona, publicado también en Libertad Digital. Un inteligente análisis psicológico acerca de las investigaciones del 11-M.
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27 de Febrero de 2010 - 16:10:06 - Luis del Pino
Entradilla al programa "Sin complejos" del sábado 27/FEB/2010
Primero se intentó por todos los medios ocultar a los españoles la magnitud de la crisis. Y ese ocultamiento - al que tanto contribuyeron numerosos medios de comunicación e instituciones - permitió a Zapatero renovar su mayoría parlamentaria.
Ahora, cuando las luces rojas de alarma son imposibles ya de ocultar, han comenzado a alzarse todo tipo de voces. Pero no para exigir, como sería natural, que se convoquen elecciones anticipadas, en vista de la incapacidad manifiesta de Zapatero, sino para exigirnos a los demás que solucionemos lo que Zapatero ha estropeado.
La primera voz en alzarse fue la de la Casa Real, abogando por un pacto de estado entre los dos grandes partidos. Ahora, las Cámaras de Comercio han iniciado una campaña publicitaria con el título "Esto sólo lo arreglamos entre todos", en la que se van a gastar la friolera de 4 milloncejos de euros.
¿No me digan que no es bonito? Como tenemos un presidente incapaz, un gobierno incapaz, un parlamento incapaz y unas instituciones incapaces, entonces somos los demás los que tenemos que arreglar el asunto. Eso sí, tenemos que arreglarlo mientras seguimos pagando el sueldo de ese presidente, de ese gobierno, de ese parlamento y de esas instituciones incapaces.
¿Pero cómo se atreven a intentar socializar así las responsabilidades?
¿Dónde estaban las Cámaras de Comercio cuando Zapatero embarcaba a España en una política exterior suicida, que lo único que ha hecho ha sido convertirnos en un país antipático para invertir?
¿Dónde estaban los impulsores de esa campaña cuando el Parlamento ponía en marcha nuevos estatutos de autonomía que al final resultan en diecisiete marcos normativos diferentes, impidiendo la competitividad de las empresas españolas?
¿Dónde estaban cuando los políticos se dedicaban a dilapidar dinero desde las Cajas de Ahorros?
¿Dónde estaban cuando el Gobierno se lanzó a tumba abierta a interferir en la OPA de Endesa, lanzando así al mundo el mensaje de que en España la actividad empresarial está subordinada a los caprichos políticos?
¿Dónde estaban mientras el Gobierno repartía millonarias subvenciones a sindicatos, organizaciones empresariales, amiguetes cinematográficos y asociaciones de memoria histórica?
¿Dónde estaban cuando, antes de las últimas elecciones, Manuel Pizarro denunció el desastre que se avecinaba?
¿Por qué no alzaron la voz cuando aún había tiempo de evitar ese desastre?
¿Por qué no protestaron ante cada arbitrariedad, ante cada estupidez o ante cada golfería?
Mientras unos pocos medios de comunicación denunciábamos el colapso institucional y la corrupción galopante, ustedes se callaban discretamente. Y ahora, una vez constatado que la fiesta se acabó y que ya no hay un euro en la caja, tienen el desparpajo de pedirnos a todos los españoles que arrimemos el hombro.
Y encima no se les ocurre otra cosa que incluir entre los personajes de la campaña publicitaria a un humorista que acaba de insultar gravemente a las víctimas del 11-M, ridiculizando sus iniciativas judiciales.
¿O sea que “Esto sólo lo arreglamos entre todos”, eh?
¡Pues claro que sí, hombre! ¡¡Claro que esto sólo lo arreglamos entre todos! Pero lo vamos a arreglar de la única manera que se arreglan las cosas en democracia: acudiendo a las urnas para sacar de La Moncloa a Zapatero y a un partido, el PSOE, que ha llevado a nuestro país a la ruina institucional y económica.
¿Quieren ustedes arreglar el desastre que ustedes han contribuido a crear? Pues empiecen a pedir que se adopte la única medida que puede arreglar esto: elecciones anticipadas, para que los culpables del desastre se vayan a su casa.
Guárdense para ustedes sus absurdas campañas de imagen. Y tengan, por favor, el decoro de no gastar 4 millones de euros en lavarle la cara al gobierno, habiendo en este país centenares de miles de parados que no cuentan en estos momentos con ningún tipo de ayuda gracias, entre otras cosas, a que ustedes han permitido que Zapatero lleve las cosas hasta el límite.
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24 de Febrero de 2010 - 20:48:20 - Luis del Pino
Buenafuente tiene mucha gracia. Tanta, que
hasta encuentra gracioso que sigamos sin saber cuál fue el arma del crimen que se utilizó para asesinar a 193 personas el 11-M. ¡No me digan que no hay que tener sentido del humor! Para mondarse de la risa, oiga. Es casi, casi tan gracioso como aquello de Elvis que dijo Zapatero en el Parlamento.
Buenafuente no sería capaz de decirles a los españoles los nombres de las personas que pusieron las diez bombas que estallaron en los trenes, por la sencilla razón de que la versión oficial ni siquiera se molesta en fingir que se saben esos nombres. Pero, en lugar de preguntarse cómo es posible que sigamos sin saber quién puso las bombas que provocaron un vuelco electoral, a Buenafuente le entra la risa floja con los vídeos de la pericial de explosivos. Verdaderamente desternillante.
Buenafuente tampoco podría explicar a los ciudadanos por qué se detuvo a bombo y platillo a 116 personas, casi todas musulmanas, a lo largo de las investigaciones, para luego irlas poniendo silenciosamente en la calle. Pero, en lugar de preguntarse cómo es posible que los tribunales españoles sólo hayan condenado a 3 personas por la autoría material de la masacre, Buenafuente se descojona vivo con los vídeos de la pericial de explosivos. Comicidad en estado puro.
Buenafuente no podría, aunque quisiera, justificar por qué todas las pruebas con las que se ha construido la versión oficial son pruebas colocadas fuera de los trenes, es decir, fuera del escenario del crimen. Pero, en lugar de maravillarse de que los trenes de la muerte se comenzaran a desguazar a toda prisa 48 horas después de la masacre, Buenafuente se parte el pecho a carcajadas con los vídeos de la pericial de explosivos. Un ataque permanente de risa.
Supongo que Buenafuente no tiene ningún familiar entre los muertos o heridos del 11-M. Porque imagino que, si lo tuviera, probablemente se daría cuenta de cómo puede sentirse alguien viéndole tomarse a chirigota esos vídeos de la prueba pericial de explosivos que fueron solicitados por una asociación de víctimas, precisamente para tratar de encontrar esa verdad que la Justicia les niega.
Buenafuente es un humorista muy profesional y muy gracioso. Tan gracioso y tan buen profesional, que estoy seguro de que, de haber vivido en la Alemania de los años 30, habría hecho unos chistes de judíos verdaderamente descacharrantes.
Y además habría sabido encontrar quien apreciara su extraordinario sentido del humor.
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22 de Febrero de 2010 - 12:05:21 - Luis del Pino
No es cierto que la verdad se termine imponiendo siempre. En muchas ocasiones, no llega a imponerse nunca. Y en otros muchos casos, las verdades terminan saliendo a la luz cuando ya no tienen ni la más mínima posibilidad de ejercer influencia alguna sobre los acontecimientos. Un ejemplo de esto último sería, por ejemplo, el documentado libro de Pedrol Ríus sobre el asesinato de Prim, publicado en 1981: evidentemente,
conocer los pormenores de ese magnicidio tiene su interés histórico, pero esa verdad, conocida 111 años después de los hechos, no sirve ya para evitar, a toro pasado, las consecuencias políticas de aquel asesinato, como por ejemplo el naufragio del reinado de Amadeo I y el advenimiento de la I República. Cuando lo que prevalece desde el principio es la mentira, el tiempo juega a favor del mentiroso.
Si la verdad sobre un hecho es importante - dejando al margen el mero interés histórico -, lo es en tanto en cuanto esa verdad sirva para evitar las consecuencias de la mentira. Si no, no sirve de nada. Es por eso que, en el caso del 11-M, lo primero que había que conseguir era "parar el reloj": hacer que los mentirosos dejaran de poder confiar en que el tiempo todo lo borra y todo lo oscurece.
En ese sentido, si algo se ha logrado con las investigaciones periodísticas en estos seis años transcurridos desde los atentados del 11 de marzo, es precisamente conseguir tres cosas fundamentales:
1) que la mentira quedara, en primer lugar, al descubierto, centrando la atención no en las teorías (tan fácilmente manipulables), sino en las pruebas directas: "he aquí la mentira que nos han contado".
2) poner el foco sobre las consecuencias de esa mentira, señalando las dinámicas políticas que el atentado del 11-M puso en marcha y llamando la atención sobre aquéllas que más probablemente hubieran servido como motivación del atentado: "he aquí los posibles porqués de esa mentira".
3) que la sociedad española no diera por cerrado el episodio, que no lo archivara en el cajón de los misterios históricos sin resolver: "he aquí por qué tenemos que luchar contra las consecuencias políticas de esa mentira ".
Conseguido eso, el tiempo dejó de jugar a favor de los mentirosos, para empezar a militar en nuestro bando. Porque cada nueva revelación, cada pequeño dato, cada comentario en las ondas, cada declaración de las víctimas, cada acto conmemorativo... representaba una gota que horadaba lentamente el muro de engaño y de silencio. El radio máximo de estragos del tsunami de mentiras se alcanzó en la primera mitad de 2004. A partir de ahí, todo ha sido un lento reflujo. Desesperantemente lento a veces, pero siempre un constante retroceso.
Publica hoy El Mundo parte de los diálogos y las imágenes de esa prueba pericial de explosivos con la que la Justicia sembró la esperanza entre muchos, principalmente entre las víctimas, para al final ahogar toda esperanza en un mar de manipulación y chapuzas.
Merece la pena comprar hoy el periódico. Merece la pena leer la crónica de Manuel Marraco y Joaquín Manso. Merece la pena reflexionar sobre al análisis de Casimiro García Abadillo. Merece la pena fijarse en las imágenes, leer las palabras intercambiadas por los peritos, imaginar los gestos... y luego comparar todo ello con el obsceno espectáculo vivido en la sala del juicio.
Esta noche, Veo7 emitirá esos videos que se intentaron infructuosamente ocultar a las víctimas de la masacre. Cuando los vean, les recomiendo a ustedes que hagan un ejercicio mental: traten de retroceder cinco años y piensen cómo estaba la sociedad española, cómo estaban los medios de comunicación, cómo estábamos nosotros mismos, en aquellos meses inmediatamente posteriores al atentado de Madrid.
Traten de rememorar. Y entenderán a qué me refiero cuando digo que, en el 11-M, hemos conseguido derrotar a la mentira. Aún no conocemos la verdad, pero el llegar a conocerla depende sólo de nosotros: de los ciudadanos, de los medios de comunicación, de las víctimas de la masacre...
Porque, al menos, nosotros no tenemos ya que luchar contra el tiempo para evitar que la mentira triunfe y que las consecuencias con ella buscadas se materialicen.
Quienes ahora luchan contra el tiempo, en una pelea imposible de ganar, son otros: aquellos que diseñaron una masacre con el fin de cambiar, una vez más, la Historia de España.
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21 de Febrero de 2010 - 12:37:06 - Luis del Pino
Entradilla al programa Sin Complejos del domingo 21/FEB/2010
Me gustaría invitarles a todos ustedes a que reflexionaran conmigo sobre las evidentes diferencias entre dos casos de extraordinaria gravedad que han sacudido a nuestra frágil democracia en los últimos años. Me refiero, concretamente, a la investigación de los atentados del 11-M y a la de ese ejemplo de chivatazo a ETA que se ha dado en denominar el caso Faisán.
En estas últimas semanas, hemos conocido diversas noticias, declaraciones e interpelaciones parlamentarias que permiten albergar un cierto grado de esperanza en que el caso del Bar Faisán termine clarificándose. O, al menos, en que termine pasando factura política a sus aparentes responsables.
Así, el Partido Popular se ha personado, junto a diversas organizaciones cívicas, en la causa que investiga el chivatazo. Y, además de personarse, el Partido Popular no ha dudado en realizar contundentes declaraciones públicas sobre las responsabilidades políticas del caso, ni en llevar a cabo interpelaciones parlamentarias sobre un asunto que al ministro Rubalcaba parece ponerle de los nervios.
Pero no es sólo el PP el que parece dispuesto a llegar hasta el final en ese caso. También la Audiencia Nacional ha dado muestras de querer profundizar en los hechos, propinando un fuerte varapalo al juez Garzón y obligándole a realizar una serie de diligencias que las acusaciones populares habían solicitado y que nuestro ínclito juez estrella desestimó sin demasiado fundamento.
Tenemos, por tanto, un caso – el del chivatazo del Bar Faisán – en el que no sólo la Oposición, sino también la Justicia, se enfrentan al Gobierno con el aparente fin de tratar de esclarecer la verdad de los hechos y de exigir las responsabilidades políticas a que hubiere lugar.
Pero las comparaciones son odiosas. Y aunque ese celo investigador en el caso del chivatazo a ETA me llena de satisfacción, no puedo menos que preguntarme a qué se deben las evidentes diferencias con otro caso, el del 11-M, que continúa sin resolverse, aunque todos sospechemos en realidad qué fue lo que pasó.
Porque todo ese celo investigador, ese ardor declarativo, esa contundencia parlamentaria que el PP exhibe con el caso del Bar Faisán, se torna en un sepulcral y clamoroso silencio en lo que al 11-M se refiere. El PP, por ejemplo, no se ha atrevido a personarse en ninguna de las causas judiciales abiertas en relación con la masacre de Madrid. El PP huye como de la peste de hacer cualquier tipo de declaración de la que pudiera deducirse que no comparte la versión oficial del atentado del 11-M. Para el PP, el 11-M no parece existir parlamentariamente hablando.
Y las diferencias no afectan únicamente al PP. La Audiencia Nacional, que tan contundente se ha mostrado ahora para exigir al juez Garzón que continúe investigando el chivatazo, es esa misma Audiencia Nacional que no ha vacilado en rechazar – por activa y por pasiva – todas las solicitudes de investigación que las víctimas del 11-M le han ido planteando.
¿A qué puede deberse semejante incoherencia?
Intentemos buscarle una explicación. ¿Acaso el asunto del chivatazo del Bar Faisán es menos grave que el 11-M? Evidentemente, no. En el caso del chivatazo, estaríamos hablando de una presunta colaboración con banda armada. Una colaboración gravísima, ya que el dinero de las extorsiones etarras sirve para financiar las actividades criminales de la banda, pero es una colaboración que no habría ido directamente dirigida a la comisión de ningún asesinato. El 11-M, por el contrario, no es otra cosa que el asesinato premeditado, a sangre fría, de 193 españoles elegidos al azar. Por tanto, si el PP o la Audiencia Nacional no se atreven con el 11-M y sí con el chivatazo no es porque el 11-M sea menos grave.
Tratemos de buscar otra explicación. ¿Acaso puede tener el PP algo que esconder en el tema del 11-M? No parece que ése sea el caso. Porque, si fuera así, entonces el PSOE no dudaría en estarle restregando por la cara al PP la masacre de Madrid un día sí y otro también, y lo cierto es que el propio gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero es el que más ha hecho porque el 11-M no se investigue.
¿Pero entonces, cuál puede ser la razón de semejante diferencia de trato para con los dos casos?
En realidad, se trata de una pregunta retórica, ¿verdad? Porque todos sabemos cuál es la única respuesta lógica. La diferencia de trato se debe a que, si el chivatazo se resolviera, el único que se vería en apuros, por la necesidad de asumir responsabilidades políticas, sería el Partido Socialista. Eso podría ser grave para los implicados, pero para nadie más.
Sin embargo, la resolución del 11-M conllevaría un resultado bien distinto.
Porque el 11-M no fue – como la actitud de todas las instituciones democráticas ha ido poniendo de manifiesto – ni un atentado islamista, ni un atentado de ETA. Si hubiera sido un simple caso de terrorismo, o el PP o el PSOE (dependiendo de quién fuera el responsable de la masacre) habrían capitaneado las investigaciones para machacar a su oponente lo más posible. Y la Justicia habría funcionado, aunque fuera parcialmente.
Pero el 11-M no fue un caso de simple terrorismo, sino otra cosa bien distinta. Fue un caso de utilización directa de una violencia indiscriminada para conseguir una serie de efectos políticos inmediatos en nuestro país. Lo cual no es otra cosa, técnicamente hablando, que la definición de golpe de estado.
Y no hace falta ser muy avispado para imaginar que la resolución del 11-M traería consigo un verdadero cataclismo político, una auténtica sacudida de las estructuras del estado, que tendría consecuencias imprevisibles y que llevaría a poner en cuestión muchos aspectos de nuestro actual sistema político. De ahí las diferencias de trato.
El caso del chivatazo no es otra cosa, al fin y al cabo, que una mera investigación criminal. El 11-M, por el contrario, se ha convertido en una auténtica cuestión de estado.
Porque así lo previeron quienes organizaron aquella masacre.
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18 de Febrero de 2010 - 20:19:13 - Luis del Pino
Reproduzco, por su interés, el análisis que me hace llegar uno de nuestros contertulios, Philidor.
El falso dilema ETA-Islam: la comparecencia de Astarloa
En el 11-M, la Policía, la Guardia Civil, el CNI y las terminales políticas -los pilares, en suma, de la Versión Oficial (V.O.) de los hechos- desde el primer momento, esto es, desde la reunión ministerial de las 12 horas del día 11, establecieron un axioma: o es ETA o es el integrismo islámico.
Hasta cierto punto, el planteamiento no carecía de lógica, si tenemos en cuenta que estos dos tipos de terrorismo son los que fundamentalmente han actuado en España y en el resto de los países occidentales.
Sin embargo, las amenazas de un país, las amenazas a España, no se agotaban en ese binomio. España podía muy bien estar amenazada por Marruecos, con quien mantenía unas relaciones tremendamente conflictivas que huelga enumerar. Tampoco se podía dejar de lado a Francia, firme apoyo de la política frentista de Marruecos en el asunto de Perejil, que veía como una intromisión intolerable la coalición que Aznar estaba liderando junto a Inglaterra, Holanda, Dinamarca y los nuevos países del Este, para desbancar a Francia y Alemania del centro de decisiones de la Unión Europea: algo potencialmente intolerable para el orgullo francés, que sólo podía imaginar a España en un papel subalterno en el concierto de las naciones europeas.
En el orden interno, no podemos olvidar que en época muy reciente España había desarrollado otro tipo de terrorismo, el Terrorismo de Estado de la época de los Gal, durante la etapa de gobierno de Felipe González. Muchos de los actores, por acción u omisión, de ese desaguisado seguían incrustados en el seno de las FSE, por la desidia del PP.
En cualquier crimen, uno de los elementos fundamentales para poder avanzar es preguntarse por el famoso qui prodest, ¿a quién beneficia? Y ante esta pregunta tampoco deberían haberse librado del ojo escrutador entidades políticas o económicas de gran relieve, privadas o públicas, nacionales o internacionales, siempre imbricadas en los intersticios del poder, del Poder con mayúsculas. Pero el qui prodest se prohibió en el 11-M: tenía que ser o ETA, o Al Qaeda.
Ni siquiera se tambaleó este dilema cuando la prensa independiente empezó a aflorar enigmas y agujeros negros que ponían el signo de interrogación directamente sobre las contradicciones en el seno de las Fuerzas de Seguridad del Estado (FSE). ¿Cómo pueden explicarnos las FSE a todos los españoles que su propia red de confidentes a sueldo, en colaboración con delincuentes fichados y controlados por esos mismos confidentes, les dieran el golpe terrorista más brutal que se pueda imaginar: el primer caso en la historia de Occidente? Si este fue el caso, y en eso consiste la V.O., la reacción debería haber sido poner en marcha expedientes, auditorias de asuntos internos y depuraciones sin límite.
Pero no fue eso lo que ocurrió. Lo que se hizo fue, por un lado, anatematizar (“Conspiranoicos”), amenazar (Secretario de Estado Camacho: «Seremos implacables contra cualquier conducta tanto dentro como fuera de las instituciones policiales que ponga en cuestión el buen hacer de una policía profesional y democrática») y perseguir (Inspector Parrilla, peritos del ácido bórico, querellas a Federico Jiménez Losantos, Pedro J. Ramírez, Fernando Múgica y Luis del Pino, entre otros) a todo aquel que pusiese en duda la V.O. y se aproximara a terrenos minados. Y, ¡cómo no!, ascender o aparcar en trabajos bien remunerados a los responsables de las FSE que deberían haber evitado los atentados, en caso de que la V.O. fuera cierta. Algo que habla por sí sólo.
Sin embargo, no es cierto que el falso dilema ETA-Islam se mantuviera de forma absolutamente homogénea. En algunos contados momentos, se han producido significativos desmarques, aunque éstos constituyen una rarísima excepción. Es el caso, por ejemplo, del que era Secretario de Estado de Interior el 11-M, que pronunció en el Congreso algunas frases que en su momento pasaron desapercibidas, pero que releídas a fecha de hoy resultan sorprendentes.
El 18 de Noviembre de 2004, en las postrimerías de la Comisión de investigación Parlamentaria sobre el 11-M, compareció Ignacio Astarloa Huarte-Mendicoa y soltó, como quien no quiere la cosa, esta andanada: «... pero varias de las preguntas obligadas –y ahora irán saliendo- son qué piensa Ud. de la relación entre el terrorismo islámico y ETA, qué piensa Ud. de si aquí han intervenido servicios secretos, qué piensa Ud. de si esto es Al Qaeda. Siempre he contestado lo mismo: que no tengo el más mínimo a priori sobre ninguna de las hipótesis, que es quien haya sido.... para llegar a saber quién ha sido no descartar nada..., hay que llevar hasta sus últimas consecuencias todas las líneas, se llamen ETA, Al Qaeda, servicios secretos, se llame lo que se llame» (Comisión de Investigación, Diario de Sesiones nº 18, pág. 4).
Esto lo dijo en la introducción que todos los comparecientes hacían para exponer su visión de las cosas -antes de que comenzara el turno de preguntas. Es decir, son palabras que pronunció con perfecto conocimiento de causa, después de haber dispuesto de todo el tiempo del mundo para prepararse: diciendo, por tanto, lo que quería decir. Pero no quedó ahí la cosa. Más adelante, en su turno con Olabarria, fue todavía más allá: «He mencionado servicios secretos, terrorismo de Estado...» (Idem, pág. 27).
¿Por qué soltó esa traca Astarloa? No es lo mismo que siembre esa sospecha un periodista “conspiranoico” a que lo haga todo un ex-Secretario de Estado de Interior. ¿Lo hizo para desplegar cortinas de humo? No parece que sea ese el caso. La impresión es que fue más bien un “aviso para navegantes”, al estilo de los mensajes y advertencias que los políticos suelen enviarse cuando quieren neutralizar alguna ofensiva del adversario (recordemos el 3% de Maragall y el “no hay estatuto” de Artur Mas).
Y no cabe duda de que, si se trató de una advertencia, tuvo plena eficacia, porque la reacción de los grupos parlamentarios fue la habitual cuando se acusa de lleno un golpe: el silencio. Sólo Gaspar Llamazares, un outsider sin ningún poder en la estructura del Estado, le interpeló a Astarloa y le afeó la literalidad de sus palabras. Los que si tenían poder, los representantes de los partidos nacionalistas y el PSOE, miraron respetuosamente para otro lado.
Pero no sólo es que ninguno de ellos recogiera el guante que Astarloa lanzaba. Es que, al revés que con Acebes o Aznar, tanto los nacionalistas como el PSOE trataron a Astarloa con guante de seda, de una manera que hoy miramos con sonrojo e incredulidad, si no sospecha. Olabarría se deshizo: «...porque yo sí que le aprecio de verdad, y lo sabe, y evidentemente creo en su sinceridad». El PSOE no se quedó atrás. Rascón Ortega, como si fuera un Píndaro redivivo, le ofrendó esta oración o ditirambo: «Gracias, señor Astarloa, primero, obviamente, por los servicios que ha prestado hasta ahora a este país, y gracias por su sinceridad en su comparecencia, sinceridad que se puede traducir en un doble sentido: sinceridad política y sinceridad jurídica. Parece ser que a alguien le ha defraudado esta comparecencia. Desde luego, al portavoz del Grupo Socialista, no».
¿A qué pudo deberse ese aviso de Astarloa, tan crudo y tan directo? Podría entenderse, a lo mejor, como una estrategia defensiva del PP, que amenazaba directamente al PSOE si las conclusiones de la Comisión Parlamentaria, en las que tendría mayoría la coalición gubernamental PSOE-nacionalistas, fueran letales para su imagen e intereses. Pero en ese rifirrafe ya estaban enzarzados los dos partidos sin un ganador claro (“mentiste tú; no, que fuiste tú”).
¿Es posible que fuera un aviso a navegantes no del PP, sino del propio ex –Secretario de Estado de Interior? Astarloa es de las personas que más debería saber de la intrahistoria del 11-M en España. También la persona con más capacidad de decisión, directa, en asuntos de política antiterrorista. Lo normal es que Astarloa, por su cargo y por responsabilidad, no se hubiera hecho eco de teorías que él considerara descabelladas. Y sin embargo, sí que avanzó teorías enormemente sugerentes, aunque lo negara –con circunloquios algo sorprendentes para una persona de su precisión jurídica- cuando le interpeló Llamazares: «En cuanto a las especulaciones que se hacen por un diputado, he dicho lo que he dicho de forma absolutamente..., que no es hacer ninguna imputación a ningún Estado ni a nadie. Como usted comprenderá, eso se saldría absolutamente de mi proceder. He dicho que, de las tesis que circulan donde circulan, lo que hay que hacer de los elementos que están puestos en circulación y en duda es, entre otras cosas, como usted dice muy bien, si se plantease la más mínima duda, cerrarla para saber con quién nos estamos relacionando» (CI, DS, nº 18, pág. 33).
Las cosas no son como la respuesta a Llamazares apunta. Astarloa no dijo en su introducción, ni con Olabarria, que había dudas que “circulaban”. Las “circuló” él, directamente. Además, hasta entonces, nadie en la Comisión, ni nadie de su propio partido, había avanzado ese tipo de conjeturas. A lo más que llegaban, de una manera prudentísima, era a apuntar a la ETA o a una hipotética joint-venture ETA-Islam.
No, la verdad es que es bastante difícil entender que Astarloa dijera “lo que dijo” si no se acude a la hipótesis de que podía haber algo en la trastienda del PP que era mejor seguir manteniendo en la oscuridad. ¿Qué significado último tenían las palabras de Rubalcaba (“España se merece un gobierno que no mienta, un gobierno que diga siempre la verdad”), que dejaron paralizado y noqueado al PP en la víspera electoral? ¿Por qué no las rebatieron con vigor en ese momento? ¿Prefirieron, acaso, optar por algo (la versión oficial) que en cierto sentido representaría "un mal menor"? La sombra del primer Agujero Negro de Fernando Múgica, y el supuesto regalito electoral, con sus secuelas, que le querían ofrendar las Fuerzas de Seguridad a Aznar, deteniendo a la cúpula de ETA el 12-M –regalito que se habría tornado en misil- sigue rondando la cabeza de muchos. Esta es la única explicación, a mi juicio, del inexplicable silencio que guarda el PP en todo lo que concierne al 11-M.
¿Por qué nunca nos ha dicho nadie cuál es ese lugar que no se encuentra en desiertos lejanos ni en remotas montañas y en el que, según Aznar, se fraguó el 11-M? ¿O es que tan impactante frase era otro “aviso para navegantes”, destinado con exclusividad a quien tenía que recibirlo?
A estas alturas de la película, en que no se sabe muy bien quién está más interesado en enterrar el 11-M, si el PP o el PSOE, la única certeza que tenemos es que una especie de omertá transversal ha unido a todas las instituciones del Estado en un indisoluble y letal abrazo, algo que algunos, con indiscutible propiedad, definen como “el Régimen”, fuera del cual sólo existe la soledad, la nada.
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